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Capítulo 122

Autor: Blanca Estelar
—Sí. No, espera.

María se puso roja de golpe.

¡Seguro lo decía por aquel mensaje de voz!

—No tiene nada de malo que los novios se tengan confianza. María, vuelve a tomarle las medidas. Antes se las tomabas a Julio. Yo ya no veo bien y la persona que me ayuda no está. Hazme ese favor y no vuelvas a equivocarte. Con el cuerpo que tiene tu novio, sería una lástima que el traje le quedara mal.

—Ramiro, no es...

Antes de que pudiera explicarse, Ramiro le puso una cinta métrica en las manos.

Resignada
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  • El precio de abandonarme   Capítulo 125

    David se dio la vuelta y se acercó a Ramiro.—¿A qué vino María?Su expresión sombría dejaba claro que no sería fácil engañarlo.Ramiro se acomodó los lentes.—A recoger un traje que había encargado.David soltó una risita.Por las fechas, tenía que ser para él.Lo sabía. María había dicho todo aquello en el hospital psiquiátrico porque estaba enojada. Fingía que él no le importaba, pero seguía sin poder dejarlo ir.Recordó lo ocurrido ese día. Quizá sí había sido demasiado duro con ella.Por alguna razón, en ese momento tenía muchas ganas de verla.Llevaban mucho tiempo sin hablar con calma.David volvió al presente y asintió hacia Ramiro.—Entendido. Puedes quedarte la ropa y seguir vendiéndola. Si me queda bien, mandaré que te llamen para que vengas a tomarme medidas a domicilio con regularidad.—Está bien.Ramiro no entendió del todo aquellas palabras. Solo sabía que había recibido el dinero y no tenía que entregar la ropa.David se dio la vuelta para salir.Laura no se resignó.—

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    María miró aquellos labios tan cercanos.Bastaba con que Héctor se moviera un poco para besarle la frente.Bajó la cabeza de inmediato, sin atreverse a seguir mirando.Pero terminó apoyándola contra su pecho, lo que volvió la postura todavía más íntima.Entonces sintió su aliento más cerca del oído.—María, no tengo tanto autocontrol como crees. Si sigues moviéndote...María parpadeó, nerviosa. Sentía un hormigueo en el cuero cabelludo y las mejillas le ardían.Por suerte, mantenía la cabeza baja, así que Héctor no podía verle la cara ni darse cuenta de que el rubor le llegaba hasta el cuello.Héctor miró a María entre sus brazos. Le parecía todavía más tentadora que antes.Cerró los ojos un instante y apretó el puño para contenerse.María miró la postura en que habían quedado y recordó lo ocurrido antes de que David entrara.Había dicho que no iba a evitarlo, pero pensar en sus acusaciones sin fundamento la llenaba de fastidio.Él había querido terminar y ella lo había aceptado. ¿Por

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    Al entrar, David escuchó música de otra época. La decoración del local resultó mucho más elegante de lo que esperaba.Un hombre de mediana edad dibujaba inclinado sobre una gran mesa de trabajo.Al escucharlos, se enderezó y se acomodó los lentes.—Bienvenidos. ¿Buscan un traje a la medida?David miró a su alrededor, pero no encontró a María.—¿Dónde está María?Ramiro se sorprendió y se acercó para observarlo mejor.—¿Con quién tengo el gusto?David metió las manos en los bolsillos y sonrió ligeramente.—Un amigo. Supe que había venido con alguien y pasé a verla.Su tono era despreocupado, pero estaba tanteando el terreno.Ramiro dejó el lápiz y sonrió con cortesía.—Ah, un amigo de María. Mucho gusto. Pero llegó tarde. Ella vino por un traje y ya se fue. Y no la vi con nadie.David lo observó unos segundos. No parecía estar mintiendo.Laura, en cambio, empezó a impacientarse.—Imposible. Preguntamos en el camino y nos dijeron que ella y ese hombre estaban aquí. La otra salida está e

  • El precio de abandonarme   Capítulo 122

    —Sí. No, espera.María se puso roja de golpe.¡Seguro lo decía por aquel mensaje de voz!—No tiene nada de malo que los novios se tengan confianza. María, vuelve a tomarle las medidas. Antes se las tomabas a Julio. Yo ya no veo bien y la persona que me ayuda no está. Hazme ese favor y no vuelvas a equivocarte. Con el cuerpo que tiene tu novio, sería una lástima que el traje le quedara mal.—Ramiro, no es...Antes de que pudiera explicarse, Ramiro le puso una cinta métrica en las manos.Resignada, se acercó a Héctor.—Levanta los brazos.—Claro.Su voz tenía un matiz divertido, como si María hubiera buscado una excusa para tocarlo.Y lo parecía.Después de medirle el ancho de hombros y el largo de los brazos, tocaba medirle el pecho.María se puso de puntitas y lo rodeó con los brazos. La cara casi le rozaba el pecho.Por más que intentó controlar sus movimientos, lo rozó varias veces.La respiración de Héctor se volvió más pesada sobre su cabeza.María sintió arder las orejas y se apre

  • El precio de abandonarme   Capítulo 121

    Los cubiertos de David cayeron de golpe sobre el plato.—¡Imposible! Conozco a todos los hombres que se han acercado a María desde que llegó a mi casa a los catorce años. ¿De dónde salió ese desconocido?—No alcanzaron a verle la cara, pero dicen que se tomaron de la mano y se subieron juntos a un carro.Juan repitió lo que le habían dicho y miró de reojo a Laura.Ella aprovechó la oportunidad para tomar la mano de David y fingir que defendía a María.—¿Y si está dolida por lo que pasó entre ustedes y se buscó a un hombre cualquiera para darte celos? Si la engaña, la que va a salir perdiendo es ella.David se levantó con gesto sombrío.—Cada vez se cree con más derecho a hacer lo que le dé la gana. Voy a la zona sur. Sé a qué fue.Laura también se puso de pie.—Voy contigo. A veces, estas cosas es mejor hablarlas entre mujeres.—Está bien. Ojalá fuera tan comprensiva y obediente como tú.David salió con los demás.***En la zona sur, María caminaba por una calle conocida, mirando las h

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    En el hospital, el buen humor de Laura desapareció en cuanto leyó la respuesta de María.Ya le había ganado. ¿Con qué derecho se burlaba de ella?Dejó el celular. Como le molestaba el olor a desinfectante del cuarto, salió a dar una vuelta.Al regresar, vio a Juan salir del elevador.Así que David seguía preocupado por ella y había vuelto para recogerla.Sabía que María no podía ganarle.Laura se acercó sonriendo, pero antes de saludarlo lo escuchó hablar por celular.—Consigue un vestido de marca. No hace falta que sea de pasarela, con que tenga la etiqueta basta. David lo quiere para un regalo. No es para Laura, así que no lo pidas en su talla.La sonrisa de Laura se congeló.Solo podía pensar en una persona a quien regalarle un vestido: María, porque ese día le habían manchado el suyo.Aunque fuera un vestido de marca cualquiera, le molestaba.Cuando David estaba con María, a Laura le bastaba una llamada para que él volviera a su lado.Ahora que por fin podían estar juntos abiertame

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