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24. Esposa ejemplar

مؤلف: J.M.Rose
last update تاريخ النشر: 2026-10-06 12:00:21

Aún escuchaba el sonido del agua cayendo como un recordatorio de que todo aquello era real. Mientras tanto, estaba paralizada, leyendo una y otra vez ese mensaje.

Cada palabra parecía tatuarse en mi piel, como un recordatorio de que tal vez Matthew me había mentido. Podía soportar que hubiera estado con una mujer, pues nosotros no éramos nada. Además, no comprendía por qué me molestaba tanto… pero lo que más ira me provocaba era imaginar que Matthew me hubiera mentido.

No había sobrevivido a un
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  • El renacer de la heredera despreciada    24. Esposa ejemplar

    Aún escuchaba el sonido del agua cayendo como un recordatorio de que todo aquello era real. Mientras tanto, estaba paralizada, leyendo una y otra vez ese mensaje.Cada palabra parecía tatuarse en mi piel, como un recordatorio de que tal vez Matthew me había mentido. Podía soportar que hubiera estado con una mujer, pues nosotros no éramos nada. Además, no comprendía por qué me molestaba tanto… pero lo que más ira me provocaba era imaginar que Matthew me hubiera mentido.No había sobrevivido a un matrimonio lleno de mentiras para terminar encerrada en una vida donde todo volviera a convertirse en un círculo vicioso lleno de veneno. Por unos momentos intenté convencerme, de manera casi inocente, de que debía existir una explicación para ese mensaje.Claro…Una leve risa burlona apareció en mi cabeza, recordándome que nunca debí confiar en Matthew. Perdida en mis pensamientos, otro mensaje llegó, pero no desde el teléfono de Matthew…Desde el mío.Era un número que no conocía, pero identi

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    Esa noche todo había pasado demasiado rápido. Aún tenía aquella frase de Alana dando vueltas en mi cabeza, aunque la mano cálida de Matthew sostenía la mía como un pequeño recordatorio de que debía olvidarlo.Suspiré profundamente, recostándome sobre mi asiento.—¿Estás incómoda, conejita? Si quieres, podemos volver a dormir en la cama del jet.Su voz tenía ese tono coqueto que intenté ignorar. Habíamos viajado en su jet privado y, a pesar de que intenté evitar quedarme dormida, no lo conseguí. Terminé entre sus brazos en aquella cama, recordándome una vez más que él era mi debilidad. Aunque sabía que este amor tenía fecha de caducidad, Matthew me hacía sentir preciada.Por momentos, me había sentido más amada con él que durante años de matrimonio con Peter.—Paso —ladeé la cabeza—. Por cierto, ya me dijiste que nos quedaríamos un tiempo en España, pero ¿en qué hotel nos quedaremos?Matthew me observó durante unos segundos antes de reír levemente. Esa expresión me hizo sentir que esta

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    El silencio se volvió espectral. Tan pesado que fue suficiente para congelar el ambiente.Alana me observó con una sonrisa. Esa sonrisa de quien sabía algo que yo no y había venido exclusivamente a disfrutar el momento de decírmelo. Miré de reojo a mi secretaria, quien parecía esperar la mínima señal para echarla, pero hice algo que ni siquiera yo esperaba.—Mónica, mueve mi reunión para las once —volví mi mirada hacia Alana—. Espero que lo que tengas que decir sea lo suficientemente importante como para hacerme perder el tiempo.—Claro que lo será.La dejé acompañarme hasta mi oficina. Alana entró como si conociera perfectamente el lugar y se sentó en uno de los asientos frente a mi escritorio. Yo ocupé el mío.Durante unos segundos ninguna habló. El único sonido era el murmullo constante del aire acondicionado.—Señorita Hughes —comenzó con una leve sonrisa.—Para ti, soy señora Sinclair —recalqué, levantando una ceja.Alana pareció sorprendida por mi respuesta. Aquella expresión co

  • El renacer de la heredera despreciada    21. Resiste

    El aire comenzaba a desaparecer poco a poco mientras las últimas burbujas escapaban de mi boca. Agitaba las manos con fuerza, intentando elevarme.No pasaba.Por más que luchaba, el peso de mi cuerpo me hundía cada vez más, a una profundidad que poco a poco me alejaba más de la superficie.El agua comenzaba a entrar en mis pulmones y aquel azul que me rodeaba poco a poco se tornaba oscuro. La desesperación comenzó a invadirme hasta volverme loca. Frenéticamente moví las piernas y los brazos, luchando contra el agua como si cada movimiento fuera un grito desesperado por salir.Mi cuerpo me gritaba que peleara. No podía morir. No así. No en ese momento, pero la lucha parecía interminable. No había manera de que pudiera elevarme. Sin poder evitarlo, poco a poco, mi cuerpo comenzó a rendirse.Mis piernas dejaron de moverse. Después, poco a poco, mis brazos las siguieron. Abrí la boca intentando respirar y varias burbujas escaparon de mis labios, llevándose con ellas el poco aire que todav

  • El renacer de la heredera despreciada    20. Fotografía

    POV Matthew SinclairIba a hundirle la existencia.Con una desesperación palpable, tamborileaba los dedos sobre el volante mientras avanzaba por Nueva York. No quería ir a ese lugar. Había tenido la oportunidad de mi vida y ese hijo de…Mis pensamientos se volvían erráticos. No tendía a insultar, pero estaba dispuesto a mandarlo al mismísimo infierno. Lo único que me mantenía ligeramente cuerdo era el perfume y el calor de ella sobre mi cuerpo. Lo sentía tan vívido que parecía una película reproduciéndose una y otra vez en mi cabeza.Llegué al área de un pequeño bar clandestino que había sido reservado por él. Acomodé la corbata de mi camisa con brusquedad antes de entrar. El guardia de seguridad me miró y, sin decir nada, me dio paso hacia la sala privada donde se encontraba.Sentado, tomando una copa de vino, estaba él.Peter.Al escuchar mis pasos detrás de él, su sonrisa se ensanchó de una manera que distorsionó su rostro.—Matt…—Tienes cinco minutos —revisé mi reloj.—¿En serio

  • El renacer de la heredera despreciada    19. No te muevas

    —Matthew, ¿por qué tardas? Quítate el saco.Sus ojos brillaron con expectación, con un destello imposible de no notar. Sus ojos azules me recorrieron con detenimiento.—Me gusta invitar a un café o algo más antes de que me quiten el saco —bromeó en tono pícaro.—Matthew, solo quítatelo —rodé levemente los ojos—. Solo te quiero para mi trabajo.—Lo sé, Amber. Solo déjame tener la ilusión de que mi esposa por contrato me desea.Su risa ronca provocó que me estremeciera levemente. Dejó los cubiertos sobre la mesa y se quitó el saco con calma. Me acerqué a él con el frasco que había traído y, al colocarme frente a él sin tacones, me di cuenta de que era demasiado alto. Sí, él había dicho que medía dos metros, pero con mi metro setenta y siete sin tacones me hacía sentir diminuta. Colocó su saco en el respaldo de la silla, observándome con curiosidad.Miré su camisa ajustada a su cuerpo. A pesar de que intentaba concentrarme, mi cuerpo reaccionó al suyo. Me quedé mirando fijamente sus pecto

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