FAZER LOGINEl aire comenzaba a desaparecer poco a poco mientras las últimas burbujas escapaban de mi boca. Agitaba las manos con fuerza, intentando elevarme.No pasaba.Por más que luchaba, el peso de mi cuerpo me hundía cada vez más, a una profundidad que poco a poco me alejaba más de la superficie.El agua comenzaba a entrar en mis pulmones y aquel azul que me rodeaba poco a poco se tornaba oscuro. La desesperación comenzó a invadirme hasta volverme loca. Frenéticamente moví las piernas y los brazos, luchando contra el agua como si cada movimiento fuera un grito desesperado por salir.Mi cuerpo me gritaba que peleara. No podía morir. No así. No en ese momento, pero la lucha parecía interminable. No había manera de que pudiera elevarme. Sin poder evitarlo, poco a poco, mi cuerpo comenzó a rendirse.Mis piernas dejaron de moverse. Después, poco a poco, mis brazos las siguieron. Abrí la boca intentando respirar y varias burbujas escaparon de mis labios, llevándose con ellas el poco aire que todav
POV Matthew SinclairIba a hundirle la existencia.Con una desesperación palpable, tamborileaba los dedos sobre el volante mientras avanzaba por Nueva York. No quería ir a ese lugar. Había tenido la oportunidad de mi vida y ese hijo de…Mis pensamientos se volvían erráticos. No tendía a insultar, pero estaba dispuesto a mandarlo al mismísimo infierno. Lo único que me mantenía ligeramente cuerdo era el perfume y el calor de ella sobre mi cuerpo. Lo sentía tan vívido que parecía una película reproduciéndose una y otra vez en mi cabeza.Llegué al área de un pequeño bar clandestino que había sido reservado por él. Acomodé la corbata de mi camisa con brusquedad antes de entrar. El guardia de seguridad me miró y, sin decir nada, me dio paso hacia la sala privada donde se encontraba.Sentado, tomando una copa de vino, estaba él.Peter.Al escuchar mis pasos detrás de él, su sonrisa se ensanchó de una manera que distorsionó su rostro.—Matt…—Tienes cinco minutos —revisé mi reloj.—¿En serio
—Matthew, ¿por qué tardas? Quítate el saco.Sus ojos brillaron con expectación, con un destello imposible de no notar. Sus ojos azules me recorrieron con detenimiento.—Me gusta invitar a un café o algo más antes de que me quiten el saco —bromeó en tono pícaro.—Matthew, solo quítatelo —rodé levemente los ojos—. Solo te quiero para mi trabajo.—Lo sé, Amber. Solo déjame tener la ilusión de que mi esposa por contrato me desea.Su risa ronca provocó que me estremeciera levemente. Dejó los cubiertos sobre la mesa y se quitó el saco con calma. Me acerqué a él con el frasco que había traído y, al colocarme frente a él sin tacones, me di cuenta de que era demasiado alto. Sí, él había dicho que medía dos metros, pero con mi metro setenta y siete sin tacones me hacía sentir diminuta. Colocó su saco en el respaldo de la silla, observándome con curiosidad.Miré su camisa ajustada a su cuerpo. A pesar de que intentaba concentrarme, mi cuerpo reaccionó al suyo. Me quedé mirando fijamente sus pecto
—Esto no va a funcionar. Ya hemos intentado todo.Mónica, mi secretaria, dejó escapar un suspiro frustrado. Habíamos recibido ya la octava muestra del día. En mi escritorio se encontraban quince tiras diferentes que mantenían el olor.El mismo perfume.Resultados diferentes sobre la piel femenina. Era perfecto. Para unas era elegante; para otras, floral, dulce, cítrico. Era como si la esencia y personalidad de cada mujer se intensificaran con el perfume…Pero había un grave problema.En los hombres no funcionaba.Habíamos cambiado la fórmula más de treinta veces. Concentraciones, flores, ingredientes… nada funcionaba. En las mujeres el perfume reaccionaba exactamente como quería; en los hombres se convertía en un aroma floral, seco y demasiado pesado.Y se suponía que debía ser unisex.—Señora Sinclair, creo que deberíamos continuar mañana —sus ojos me miraron de reojo—. Hemos trabajado todo el día y casi todos los empleados se han ido.—Solo será una última prueba.—Señora Sinclair,
POV Matthew Sinclair—Vas a perderlo todo por este matrimonio falso.Tecleaba en mi ordenador, ignorando la puerta que se abrió de golpe en mi oficina. Mi secretaria, desesperada, intentaba detenerlo, aunque sabía que no serviría de mucho. Hice una pequeña señal para que se retirara mientras leía el correo de una de mis empresas, apenas inmutado por su presencia.—Dave, si no vienes a decirme algo relevante sobre alguna compañía, te pediré de una manera muy educada que te largues de mi oficina.Una sonrisa apareció en sus labios, aunque desapareció lentamente.—Matthew, solo vengo a hablar amablemente contigo.—¿Amablemente? —aparté la mirada de mi computadora para observarlo fijamente—. Dime qué pretendes. No solo eres tú quien anda hablando sobre mi matrimonio con Amber, también buscaste a Alana, ¿no es así?Con aparente inocencia, se acercó y se sentó en la silla frente a mi escritorio. Sus ojos azul verdoso me observaron con detenimiento.—Debo reconocer que fuiste muy astuto para
La pregunta seguía en el aire, filosa, y supe que, si no respondía, sería problemático.—Me enamoré de Matthew —respondí aceleradamente.La respuesta salió tan rápido que no supe si fue mero reflexivo o una actuación tan compenetrada que mi mente ya estaba acostumbrándose a esa respuesta. Bastion mantuvo una mirada seria, de esas que, de forma extraña, conseguían mantenerme ligeramente nerviosa.—Amber, no tienes que decir algo que no sientes —pronunció con calma—. No necesitas fingir conmigo.—No lo estoy haciendo.—Escucha, no voy a juzgarte —dio un paso hacia mí—. No formo parte de la junta de las empresas de mi padre y tampoco pienso decirle nada a nadie. Si esta relación entre ustedes es real o no, no me interesa comprobarlo. Al final del día, antes que empresario, soy su padre. Y lo único que me importa es saber si mi hijo es feliz.Hubo una pausa entre nosotros mientras me observaba. No me juzgaba, solo tenía esa mirada paternal preocupada. De alguna manera, me hacía sentir com







