INICIAR SESIÓNUno, dos, tres.
Fueron tres disparos.
No cerré los ojos ante la escena, pero si me sobresalté cada vez que apretaba el gatillo. Su sonido era ensordecedor. Sentí un cosquilleo en las palmas. Emocionalmente… no me dolió.
No iba a mentir, era humana, ver a una persona asesinada, con heridas de bala en la cabeza y el pecho era traumatizante y asqueroso. Pero al recordar que el cuerpo que yacía e
••Narra Karina•• Mis laditos aumentaban entre la expectación crecía. Sus ojos avellanas me penetraban sin contemplación. Me veía como una presa de primera calidad que no estaba dispuesto a dejar escapar. ―No podemos casarnos, no te conozco. Quiero casarme por amor no por venganza. ―Podemos conocernos. Tenemos mucho tiempo para conocernos ―insistió. No podía negar que desde que lo vi quedé anonadada por su atractivo y que me ayudara, cuidara y preocupara por mí solo aumentó mi interés. Sus dedos tocaron la línea de mi clavícula. ―Te sientes atraída por mí ―declaró y no lo pude negar. Le permití indagar en mi boca, repasar mi cuerpo, desnudarme. Y si me lo hubiera pedido, hubiera dejado que me hiciera suya si lo pedía.―Tú también. ―Pero no soy yo quien se resiste.―Que raro, porque fuiste tú el que se apartó mientras nos… ―repliqué. ―¿Lo has hecho alguna vez? Mis mejillas se sonrojaron. ―No. ―¿Y si te lastimo? ―susurró―. Y si hago algo que no te gusta y eso provoca que te
••Narra Austin•• Después de subirle la maleta a Karina, me encontré con otros dos guardias distintos con gesto severo y una expresión que decía: de nuevo tú causando problemas. En menos de veinte minutos, mis padres estaban sermoneándome. ―¿Cómo se te ocurre pegarles a los empleados? ¿Quieres que nos enfrentemos a una demanda? ―La voz de mi madre resonaba en la oficina. ―Esos incompetentes estuvieron a nada de asesinar a una chica ―A mi Karina, para ser específicos―. La estaban asfixiando en la cama. ¿Hablaron con la señora de la limpieza? Ambos se miraron, confundidos. ―¿Qué señora de la limpieza? ―Intervino mi padre―. Sánchez y Pérez llegaron aquí acusándote de haberlos golpeado. Y la nariz sangrante de Sánchez nos impidió contradecirlo. ―Una de las chicas de servicio observó todo. Inclusive cuando fueron muy bruscos con Ka… con la muchacha ―Me corregí. ―¿Y qué pasó con la jovencita? ¿Está bien? ―preguntó mi madre, con honesta preocupación. Mi madre era sensible con l
••Narra Austin•• Me metí en el pasillo por el que se perdió Karina y los guardias de seguridad. Seguí los pasos a las escaleras de servicio y vi las figuras de los guardias unos pisos más arribas. Subí escalón tras escalón. En el cuarto piso, la puerta que daba al interior de los pasillos estaba abierta. Ya no los veía, pero iba dónde el rastro me llevaba. Era como una película de acción. Disminuí el ritmo al entre en la sección de pasillos. El área estaba muy tranquila. A lo lejos, visualice un carrito de limpieza volcado, una señora de servicio aterrorizada viendo una de las puertas abiertas de las habitaciones. Sumé dos más dos y me dio cuatro. Entré y la escena activó en mi cerebro una parte cruel y despiadada que no sabía que poseía. Era una sección de mi mente que exigía ver a los guardias sufriendo y disculpándose entre sollozos por ponerle las manos encima a Karina. ―¿Qué creen que están haciendo? ―gruñí. Karina estaba en la cama, con la parte superior de su cuerp
••Narra Austin••―¿Me gustaría saber que pasaba por tu mente al hacer tal atrocidad? ―hablaba mi madre con severidad. Sus ojos avellanas, iguales a los míos, me perforaban con enfado e intriga. ―Solo fue un poco de gelatina, no es para tanto. Pensé que a los huéspedes les parecería divertido y una innovación para el hotel ―dije mientras jugueteando con mi reloj. Ya habían pasado más o menos veinte minutos desde que mi madre y mi padre se les ocurrió sermonearme. ―¿Por qué creíste que a los huéspedes les gustaría encontrar el jacuzzi del hotel cubierto de gelatina roja? ¡Pensaron que era sangre! ―Intervino mi padre―. Santo cielo, casi metes al hotel en un pleito policial. Deberías preocuparte más por mantener en pie nuestros negocios que en un futuro serán tuyos y de tu hermana. No me interesaba manejar la herencia Cooper ni todas las responsabilidades que conllevaba. Quería una vida pacífica, lejos del caos y el estrés de la oficina. ¿Por qué debo preocuparme por terrenos y pr
―No lo autorizo, no lo apruebo ―dije con rabia. ―La decisión ya está tomada. Es lo mejor para tu futuro ―Mi padre habló con firmeza―. Este matrimonio fortalecerá nuestro imperio. ―¡No soy una yegua de cambio! ―grité, arrojando un cojín al suelo. No estaba dispuesta a casarme con un desconocido, a dejar mi vida de lado, mi carrera, mi sueño. A compartir cama con un hombre que solo me veía como un intercambio de negocios. ―No te estoy preguntando, solo te informo. Mañana temprano te harás unos exámenes médicos importantes. Necesitamos confirmación de tu himen. ―¿M-mi himen? ―Se me revolvió el estómago. Me revisarían como si fuera un objeto, un juguete. Mi propio padre me estaba tratando como si fuera menos que una persona.―No me haré ningún examen. No me casaré con nadie ―proclamé como un mantra―. No le entregaré mi virginidad a alguien que no amo. Suspiró con irritación. Sus ojos me penetraron, implacables y carentes de amor. ¿Este es el mismo hombre que me arrullaba de p
Tomamos un avión y volvimos a la ciudad dónde nuestro amor prosperó en tan poco tiempo. ―¿Vamos a vivir aquí? Negó con la cabeza. ―No. Viviremos en nuestro país natal, ahí tendremos a nuestro bebé y lo criaremos en la casa era de mis padres. Así es como siempre debió ser. Me hubiera gustado vivir cada año de mi vida ahí, pero las circunstancias me obligaron abandonar mi hogar temporalmente. Pensaba que Austin no tenía ningún sentimiento albergado por su país de origen, que simplemente no le interesaba más que para vengarse y producir dinero en el futuro. Que equivocada estaba. Austin amaba su país, lo extrañaba y fue obligado alejarse por su propio bien. Las pocas veces que visitaba el país era un caos dónde su vida peligraba. ―Pero este país siempre será nuestro lugar. Siempre lo será. Los momentos más preciados de nuestra juventud ocurrieron en este país. El destino decidió que nos uniéramos aquí; en este país compartiste tus vulnerabilidades, me expresarte tus preocupaciones







