MasukUn cuarto embate brutal y desesperado, terminó por partir el marco de madera del dormitorio. La peinadora de roble se desplazó a un lado con un chirrido estridente y la puerta se abrió de par en par.El sujeto que encabezaba el ataque entró a tropezarse, sujetándose la muñeca lastimada. Detrás de él, con la mirada desencajada, el cabello revuelto y vistiendo una chaqueta oscura sobre la ropa de la prisión, apareció Vivian. Llevaba en la mano derecha un cuchillo con el que no perdió oportunidad para amenazar a las tres mujeres.—¡apártate, de estas perras me encargo yo—ordenó Vivian con la voz ronca, fuera de sí, empujando a su compinche hacia un lado.Elisa ahogó un grito de terror desde el rincón y Lorena levantó la lámpara de metal, pero Elena se interpuso en el camino, cubriendo a su madre y a su amiga con el cuerpo. Tenía en la mano el trozo de cerámica afilada, el rostro pálido pero la mirada cargada de una determinación feroz.—Déjalas en paz, Vivian —dijo Elena con voz gélida,
El sonido del metal contra el cerrojo retumbó en la pequeña estancia sumida en la penumbra. Elena retrocedió tres pasos sin desviar la mirada de la puerta, sintiendo cómo el corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas.—A la habitación de mamá, ahora —ordenó Elena en un susurro tajante, jalando a Lorena del brazo mientras Elisa la seguía de cerca, ahogando un gemido de terror.—Elena, ¿qué está pasando? —preguntó Lorena con la voz temblorosa mientras se internaban en el pasillo a oscuras.—Es Vivian. Se escapó de la cárcel —respondió Elena entre dientes, cerrando la puerta del dormitorio principal y pasándole el pestillo —. Ayúdenme con esto.Entre las tres arrastraron la pesada peinadora de roble hasta pegarla contra la puerta, bloqueando el acceso. Elena caminó de inmediato al ventanal que daba al tragaluz posterior del edificio, pero las protecciones de hierro no permitían una salida rápida.En la entrada principal, el ruido de la cerradura cediendo retumbó con un golpe sec
La víspera de la boda amaneció con un cielo plomizo que amenazaba lluvia. En la nueva residencia, los toldos blancos y la estructura para la recepción en el jardín ya estaban montados, pero en el departamento de Elena la atmósfera respiraba un ajetreo silencioso. Elisa ultimaba los detalles de su vestido, mientras Lorena no paraba de checar el reloj, nerviosa por la llegada del equipo de peinado y maquillaje.Elena, sentada junto al ventanal con una taza de café entre las manos, miró la calle. La sensación de inquietud que la había acompañado desde la noche anterior reapareció como un cosquilleo frío en la nuca.—¿Pasa algo, Elena? —preguntó Elisa, acercándose a tocarle el hombro.—No lo sé, mamá... Tengo un mal presentimiento. Siento como si algo fuera a suceder.—Son los nervios de la boda, mi amor —la tranquilizó su madre con una sonrisa tibia—. Llevas meses bajo mucha presión. Intenta relajarte.A unas cuantas calles de allí, en el corporativo Valenti, Alessandro terminaba de rev
La noticia del compromiso corrió como agua entre los más allegados, transformando las semanas siguientes en un ajetreo constante. La mesa de la sala en el departamento de Elena quedó sepultada bajo catálogos de flores, muestras de mantelería e invitaciones impresas.Lorena, con las piernas cruzadas en el piso, revisaba la lista de invitados en una tableta.—Todavía no me lo creo, Elena —dijo Lorena, levantando la vista—. Pasamos de aquel contrato absurdo y del drama con Vivian a organizar la boda de tus sueños con el hombre que amas. Exijo ser la dama de honor principal.Elisa salió de la cocina con una jarra de té y la puso sobre la mesa, sonriendo al ver la alegría de las chicas.—Déjala respirar, Lorena —intervino Elisa con tono tranquilo—. Elena ha tenido jornadas pesadas en la academia y con todos los preparativos, apenas ha podido dormir. yo me siento muy contenta por ti hija, más que nadie mereces ser feliz después de todo lo que han sufrido, gracias a Dios las cosas se están h
Un mes después de que las sombras del pasado quedaran sepultadas de forma definitiva, el ritmo de vida de Elena y Alessandro había recuperado un cauce de absoluta serenidad. Recuperado por completo de sus lesiones, el magnate no escatimaba en detalles ni en gestos de atención, pero siempre respetando la sencillez que Elena tanto valoraba.Aquella tarde de fin de semana, Alessandro citó a Elena al atardecer. Sin revelarle el destino, la llevó en auto hacia las afueras de la ciudad, enfilando por el camino arbolado que conducía a la propiedad de piedra blanca y portón de madera que habían visitado meses atrás.Al detener el vehículo frente a la casa, Elena miró los ventanales iluminados por una luz cálida y se giró hacia él con curiosidad.—¿Qué hacemos aquí, Alessandro? —preguntó con una sonrisa intrigada.—Quería que la vieras de nuevo porque hay algunas novedades —respondió él, bajando del auto a prisa para abrirle la portezuela y ofrecerle la mano con caballerosidad.Al cruzar el po
Los días posteriores al atentado transcurrieron en una atmósfera de absoluta calidez dentro del departamento de Elena. Aunque el diagnóstico médico descartó fracturas o lesiones internas graves en la espalda de Alessandro, el contundente impacto contra el escenario lo obligó a guardar reposo estricto durante una semana.Para Elena, no hubo mejor lugar donde cuidarlo que en su propio hogar. Entre compresas calientes, medicamentos a la hora exacta y desayunos servidos en la cama, la joven no se separó de él ni un solo instante. Para Alessandro, ver a su mujer entregada al cuidado de su salud con tanta ternura transformó los días de reposo en la etapa más dulce de su recuperación.—Elena, de verdad ya puedo ponerme de pie —renegó él con una sonrisa divertida, mientras ella le acomodaba las almohadas tras la espalda—. Siento que me estás consintiendo demasiado.—Te quedas sentado, señor Valenti —lo reprendió Elena con suave firmeza, apoyando las manos en sus hombros para mantenerlo en la







