MasukCapítulo 2: Una distancia inesperada
Me quedé unos segundos apoyada contra el escritorio, intentando recuperar la respiración que me había quitado y ordenar mis pensamientos. Diego estaba acomodándose la camisa y él traje frente al espejo de su oficina sin decir una palabra. Mientras tanto, yo lo observé en silencio.
Hacía apenas unos minutos sus manos habían estado sobre mi cuerpo y ahora parecía que nada había ocurrido entre nosotros. Esa transformación siempre me sorprendía, pero ya lo había hecho antes.
Él se abrochó los últimos botones de la camisa, acomodó sus mangas y volvió a ponerse el reloj que antes se había quitado. Su expresión cambió por completo. El hombre que había estado conmigo desapareció y frente a mí volvió a estar el señor Lancaster. Serio, impecable y distante.
— Cuando salgas, redacta el informe de la reunión — dijo mientras revisaba unos documentos sobre su escritorio al pasar por mi lado — Quiero tenerlo todo listo antes de terminar el día.
Parpadeé.
— Claro, los tendrás — me quedé quieta unos segundos.
No era la primera vez que hacía aquello después de estar conmigo. Ya sabía que Diego podía pasar de la intimidad a los negocios en cuestión de minutos. Aun así, algunas veces me costaba acostumbrarme. Sin embargo, tomé todas mis cosas y me acomodé la ropa antes de dirigirme hacia la puerta.
— Diego — dije y él levantó la mirada.
— ¿Sí?
— ¿Vas a ir esta noche al departamento?
Esperé su respuesta con más ilusión de la que quería mostrar, pero él negó con la cabeza.
— No — dijo y sentí una pequeña decepción.
— ¿También tienes algo que hacer esta noche?
— Sí. Tengo algunos asuntos pendientes — eso fue todo lo que dijo antes de dejar de mirarme y asentí lentamente.
— Está bien.
Cuando estaba a punto de abrir la puerta para salir de la oficina, volvió a hablar y detuve mis pasos.
— Resérvame un vuelo para mañana temprano, el primero que salga para Ibiza.
— me giré de inmediato.
— ¿Vas a viajar?
— Sí. Tengo que atender unos asuntos de negocios fuera de la ciudad — mi rostro cambió por completo sin que pudiera evitarlo.
— ¿Reservo también un pasaje para mí? — no pude ocultar la ilusión en mi voz.
Habíamos viajado juntos varias veces. Aunque siempre eran viajes de trabajo para Diego, siempre terminábamos aprovechando algunos momentos para conocer lugares nuevos y, cuando estábamos lejos de todos, podíamos olvidarnos de que nuestra relación tenía que mantenerse en secreto. Por eso pensé que esta vez sería igual, pero Diego simplemente me miró antes de contestar.
— Esta vez no. El vuelo es solo para mí — sentí que mi sonrisa desaparecía.
— Ah...
— Tú tienes que quedarte en la ciudad. Necesito que te encargues del papeleo.
— Entiendo — solo dije.
No sabía por qué aquello me había decepcionado tanto. Era un viaje de negocios. Nada más, pero creía que sería igual que las otras veces. Además, él tenía razón yo tenía trabajo y ese sería mi aliciente para no pensar demasiado. Aun así, algo dentro de mí se sintió extraño.
— Ya puedes retirarte y Ámbar — dijo — Recuerda tomarte las pastillas. No queremos sorpresas.
Asentí, con mi corazón latiendo con fuerza.
— Claro, señor Lancaster. Siempre me acuerdo — salí de su oficina y cerré la puerta detrás de mí.
Durante unos segundos permanecí inmóvil contra la puerta. Después respiré profundamente y regresé a mi escritorio. Tenía trabajo que hacer y eso fue exactamente lo que hice durante toda la mañana.
Redacté el informe, organicé los documentos y terminé todos los pendientes que Diego me había dejado. Intenté no pensar demasiado en él, pero no funcionó. Cada cierto tiempo miraba hacia la puerta de su oficina, con la empresa de que me llamara.
Cuando finalmente llegó la hora de irme, recogí mis cosas y me quedé esperando verlo salir. Quería despedirme. Quizás esperaba que al menos me dijera algo, pero Diego salió acompañado de uno de sus socios, hablando sobre el viaje del día siguiente. Él caminó por la oficina sin siquiera mirarme y se fue sin despedirse.
Sentí una presión en el pecho. Aquello no era normal o quizás sí lo era y yo simplemente estaba empezando a notarlo. Miré la hora y sentí que todavía era temprano para regresar a casa. A nuestro departamento. Al lugar que Diego me había regalado y donde tantas veces había esperado por él. No quería estar sola allí esa tarde. Así que saqué mi teléfono y busqué el contacto de mi única amiga en la ciudad.
Necesitaba hablar con alguien.
— ¿Hola? — respondió Clara después de varios tonos.
— ¿Estás ocupada esta noche? — hubo un pequeño silencio.
— Depende ¿Por qué?
— Quiero salir. Necesito despejarme.
— ¿Tú quieres salir? ¿La mujer que nunca tiene tiempo para hacer nada?
— sonreí ligeramente.
— Sí, esa misma.
— Entonces algo serio pasa ¿Dónde nos vemos? — solté una pequeña risa.
— En dónde siempre. Necesito contarte algunas cosas.
— Entonces nos vemos en media hora y hablamos.
Miré por última vez hacia la puerta por donde Diego había desaparecido y volví a suspirar.
— Ahí estaré — dije y colgué la llamada.
Guardé el teléfono en mi bolso y tomé mis cosas del escritorio. No sabía exactamente qué estaba pasando con Diego, pero algo había cambiado en él y por primera vez en mucho tiempo, necesitaba hablar de ello con alguien que pudiera decirme si estaba imaginando cosas donde no las hay... o si realmente había una razón para sentir que algo no estaba bien.
Capítulo 4: La mujer en sus piernasNo podía apartar los ojos de Diego. Él estaba al otro lado del club, sentado en uno de los reservados como si fuera un rey junto a varios hombres que reconocí de la empresa. Eran sus amigos más cercanos. Los había visto en algunas ocasiones cuando iban a visitarlo, pero nunca me había presentado ante ellos como algo más que su secretaria.Entonces la vi.Una mujer alta, de cabello negro, cuerpo de modelo y vestido ajustado, estaba sentada sobre sus piernas como si aquel fuera su lugar. También tenía un brazo alrededor de su cuello y acariciaba su rostro con una confianza que me hizo sentir un vacío en el pecho. Diego sonreía, sonreía de verdad.Era una sonrisa que pocas veces había visto durante aquellos casi tres años y la mujer parecía conocer perfectamente a todos los hombres que estaban con él. Hablaba con ellos, reía y se movía con una naturalidad que me dejó claro que no era la primera vez que compartían una noche así.Sentí que los ojos comen
Capítulo 3: Una noche inesperadaLlegué al restaurante unos minutos antes de la hora acordada y elegí una mesa junto a los ventanales. Necesitaba despejarme. Desde que había salido de la empresa, no había dejado de pensar en Diego y en su extraño comportamiento. Así que tomé el menú y pedí algo de comer mientras esperaba a mi amiga. Sin embargo, no tuve que esperar demasiado.Unos minutos después, la vi entrar y sonreí.— ¡Ámbar! — me levanto al verla y acercarse a mí.— Clara — nos abrazamos como siempre y después tomamos asiento una frente a la otra.— ¿Qué está pasando? — preguntó mientras dejaba su bolso a un lado — Por teléfono sonabas bastante extraña.— Eso es porque estoy extraña. Más bien confundida — Clara me miró con atención.— Eso no me dice absolutamente nada — solté una pequeña risa.— Esta mañana pasó algo con Diego — su expresión cambió inmediatamente.— ¡Qué novedad! Sabía que ese hombre tenía algo que ver cuando me llamaste. Ya te tengo dicho que él no te conviene.
Capítulo 2: Una distancia inesperadaMe quedé unos segundos apoyada contra el escritorio, intentando recuperar la respiración que me había quitado y ordenar mis pensamientos. Diego estaba acomodándose la camisa y él traje frente al espejo de su oficina sin decir una palabra. Mientras tanto, yo lo observé en silencio.Hacía apenas unos minutos sus manos habían estado sobre mi cuerpo y ahora parecía que nada había ocurrido entre nosotros. Esa transformación siempre me sorprendía, pero ya lo había hecho antes.Él se abrochó los últimos botones de la camisa, acomodó sus mangas y volvió a ponerse el reloj que antes se había quitado. Su expresión cambió por completo. El hombre que había estado conmigo desapareció y frente a mí volvió a estar el señor Lancaster. Serio, impecable y distante.— Cuando salgas, redacta el informe de la reunión — dijo mientras revisaba unos documentos sobre su escritorio al pasar por mi lado — Quiero tenerlo todo listo antes de terminar el día.Parpadeé.— Claro,
Capítulo 1: La oficina El sonido de mis tacones contra el mármol de la entrada fue lo primero que escuché al entrar en la empresa aquella mañana.Tac, tac, tac.Caminaba con la espalda recta, una carpeta contra el pecho y una sonrisa que intentaba esconder lo que realmente estaba pensando o mejor dicho en quien; Diego.Desde que había abierto los ojos esa mañana, no había podido dejar de pensar en él ni un solo segundo. La noche anterior no nos habíamos visto. Tal vez para cualquiera podía parecer una tontería el hecho de no verse, pero para mí no lo era. Ya estaba acostumbrada a tenerlo cerca en mi cama, a escuchar su voz en mi oído, a sentir su presencia en la alcoba aunque solo fuera durante pocas horas. Y aquella noche lo había extrañado más de lo que quería admitir. Por eso, desde que llegué a la empresa, no veía la hora de que apareciera por las puertas del elevador.Llevaba una falda negra de corte elegante, una blusa clara con escote y unos tacones que había elegido con cuida
Prólogo: La última nocheLa ciudad brillaba al otro lado de los grandes ventanales de cristal, pero apenas podía verlas realmente, ya que toda mi atención estaba puesta en Diego Lancaster.Me había llevado hasta mi apartamento después de una cena que ninguno de los dos terminó y apenas cruzamos la puerta, dejó las llaves sobre la consola y se acercó a mí sin decir una palabra.Conocía perfectamente esa mirada. La había visto cientos de veces durante aquellos casi tres años. Era la misma mirada que conseguía hacerme olvidar que, al día siguiente, volveríamos a ser solo jefe y secretaria.Sin embargo, cuando Diego me tomó por la cintura y me besó con ferocidad. Respondí de inmediato, rodeando su cuello con los brazos. El beso se volvió más intenso mientras me hacía retroceder lentamente hasta el sofá más cercano.— Te deseo — murmuró contra mis labios casi inaudibles.Aquellas dos palabras fueron suficientes para hacer que mi corazón palpitara con fuerza dentro de mi pecho. Siempre era







