Se connecterAVA DUVAL
—¡Siguiente!— gemí, mirando el currículum. Han pasado tres horas y nadie era de mi gusto. Eran demasiado grandes, demasiado seguros o simplemente no me agradaban.
Uno entró y leí su nombre en voz alta.
—Enzo.— Evalué su perfil y, curiosamente, era sobresaliente. Experiencia militar, diez recomendaciones y ¿tanque?
Levanté la mirada, midiéndolo. Su cabello era oscuro y sus cejas espesas. Tenía ojeras que añadían a su atractivo.
—¿Qué puedes hacer?— pregunté.
—Lo que quieras— respondió, flexionando sus músculos.
—¿Lo que sea?
—Sí.
La comisura de mis labios se movió un poco, luego hablé casi en un susurro.
—¿Puedes follarme? ¿Y hacerlo bien?— Se mostró un poco sorprendido, antes de sonreír, quizá siguiéndome el juego. O quizá no.
—Si eso es lo que quieres…
—¡Puedes irte!— lo interrumpí, poniendo los ojos en blanco.
Había entrevistado al menos a veinte personas en tres horas y todos eran un desastre. Miré la lista sobre la mesa. Cinco más y termino por hoy.
—Diles que tomaré un breve descanso— le dije a la secretaria de mi padre.
Revisé los archivos buscando a alguien que al menos llamara mi atención.
Quince recomendaciones. Doce… ocho… ¿una?
Tomé un expediente y lo leí. Tenía solo una recomendación, sin experiencia y sin ninguna habilidad especial.
—Ethan Nikolai Cole— murmuré, observando su rostro. Sus ojos eran oscuros, como si atravesaran mi alma. Una mandíbula marcada y cabello negro azabache.
¿Cómo alguien tan atractivo podía tener solo una recomendación?
—¿VAR?
Había oído el nombre una vez, pero solo de pasada. Todo lo que sabía de la organización era que era demasiado poderosa, y si recomendaban a ese Nikolai, entonces era de primera categoría.
—Diles que pase, se acabó mi descanso— ordené, burbujeando de emoción por conocer a ese extraño hombre.
El siguiente recluta entró, tenía un parche en un ojo y una cicatriz en el otro.
—¿Jace? Muéstrame lo que tienes— dije, inclinándome en mi asiento.
Quería menos charla y más acción. La secretaria de mi padre cumplió bien su papel, ya que dominaba las artes marciales. Observé con asombro cómo Jace la levantó y la lanzó al suelo. Pero estaba demasiado lleno de sí mismo como para notar el cuchillo que ella clavó en su cadera. Gritó, pero ella no había terminado. Con la rodilla le golpeó en los genitales y cayó al suelo quejándose de dolor.
—Y eso que eras vikingo— me burlé, llamando al siguiente.
Su habilidad especial era la rapidez, así que nos trasladamos al campo de entrenamiento de seguridad de mi padre. La secretaria Lee le lanzó bolas pesadas y él pasó la prueba.
—¿Cómo te llamas?
—Simon.
—Me gusta tu cabello— dije, mostrándole una sonrisa encantadora. Antes de que pudiera hablar, una bola golpeó su cabeza.
—¡Siguiente!
Me concentré en mi teléfono, revisando mensajes interminables mientras la secretaria Lee hacía el trabajo. Nada parecía interesante, y la noticia de mi ataque ya se había disipado gracias a la influencia de mi padre.
—Solo una recomendación, Ethan Nikolai Cole— dijo Lee, y levanté la cabeza de inmediato al oír su nombre.
Mis ojos recorrieron su cuerpo; vestía como si estuviera en la mafia, y esos ojos… eclipsaban mi mirada.
—¿Qué puedes hacer?— pregunté, levantándome de mi asiento. Hice un gesto para que todos se fueran —para encargarme yo misma de ese hombre que había captado mi atención.
—Lo que me están pagando por hacer— respondió, y su voz hizo que mi estómago se agitara. Sonaba un poco familiar, aunque no lograba ubicarla.
¿Era él quien me salvó? pensé, pero descarté la idea. Este hombre parecía más calmado que esa bestia que, con una sola mano, levantó a mi atacante y lo llamó diversión.
No había similitudes entre Ethan y ese misterioso hombre. Era demasiado fácil diferenciarlos y, además, a veces las voces suenan parecidas.
—¿Y para qué te están pagando?— repliqué, acercándome más a él.
—Tendré que ver el contrato primero.— Sonrió de lado, haciendo girar su pistola. No iba a contratarlo solo porque parecía un dios griego.
Mi padre quería que consiguiera un guardaespaldas porque era un objetivo para criminales, y contratar a alguien solo porque su voz hacía que mi corazón se acelerara parecía bastante absurdo.
—¿Por qué quieres ser mi guardaespaldas?— pregunté, negándome a caer en su encanto.
Ethan observó su pistola por un momento, admirando la textura fría del arma. Tenía una inscripción, pero era difícil de distinguir.
De repente, giró el arma y me apuntó. La amartilló, con una sonrisa traviesa en su absurdamente atractivo rostro.
—Por el dinero, señorita Ava. Mataré por dinero.
Apretó el gatillo.
Cerré los ojos con fuerza, preguntándome si él también formaba parte de quienes querían verme muerta. Tras lo que pareció un minuto, los abrí.
Girándome, vi a un guardia muerto en el suelo, un rojo intenso manchando el piso como vino derramado, solo que era sangre.
No sabía dónde había encontrado mi padre a ese hombre, pero parecía peligroso. No, era abiertamente peligroso. Conocía el juego y lo jugaba bien —parecía que nosotros éramos solo piezas en su pequeño juego de diversión.
Respiré hondo y solté el aire con descuido.
Por un momento pensé que quería matarme, pero solo estaba demostrando su objetivo.
Ethan Cole podía hacer cualquier cosa por dinero, y VAR lo había recomendado personalmente. Levanté la vista hacia él y sonreí. No era un guardaespaldas, era un asesino en toda regla.
—¡Estás contratado!
Extendí la mano y él la estrechó. Lo observé hasta que abandonó el campo de entrenamiento.
Esperaba no estar cometiendo un gran error al contratar a un hombre tan peligroso.
—Lee, ¿le hiciste una verificación de antecedentes?— pregunté cuando entró.
Asintió.
—¿Y?
—No encontré nada, ni siquiera un certificado de nacimiento. Su historial está limpio— respondió.
Tragué saliva, sabiendo exactamente en qué me había metido.
ETHAN COLEUn búho ululó sobre mí, tensándome los músculos ante la inquietud del lugar.La oscuridad eclipsó la luna mientras las hojas crujían, moviéndose con la suave brisa.Arrastré los pies, aguzando la vista para examinar el área.El mensaje anónimo me rondaba la mente por tercera vez aquel día. Seguramente era de uno de los representantes de VAR, y estaba aquí para pedir un informe o lanzar una advertencia.Mi mano golpeó la pistola escondida en el cinturón. Era un lugar muy decepcionante para reunirse con alguien tan importante. Mis zapatos se arrastraron por el suelo y se detuvieron al llegar a un callejón sin salida.—Hmm —exhalé.Había estado intentando soportar el hedor penetrante de aquel callejón. El olor a hojas húmedas mezclado con una sustancia desconocida flotaba en el aire y se metía en mi nariz.—Has sufrido cosas peores, Nikolai —murmuré, girándome de espaldas a la valla baja.El agua de una tubería goteaba sobre una superficie dura, salpicando al caer.El lugar gr
AVA DUVALMe miró como si no debiera haber presenciado lo que acababa de ocurrir. Como si todavía fuera esa heredera caprichosa que no quería mancharse los ojos.Quizá había olvidado lo mucho que él había manchado mi inocencia. Y lo mucho que yo anhelaba eso.Ethan sonrió, acariciándome el cabello con suavidad.—Es solo un pequeño malentendido. Se olvidará pronto —dijo, yendo hacia la cama.Un pequeño malentendido no habría hecho que Winnie saliera pisando fuerte de la habitación y pasara a su lado.—Estás mintiendo —dije.Se detuvo un momento antes de soltar una risa sarcástica.—¿No confías en mí cuando te digo que es un malentendido?El pecho se me apretó ante sus palabras. Nuestras discusiones siempre terminaban con uno de los dos herido… o ambos.Di tres pasos y me senté justo a su lado. Él era mucho más grande que yo; podía tragarme con solo un abrazo.—No me estás contando nada. Winnie estaba enfadada contigo al principio, ¿y ahora?Winnie tenía razón al decir que nunca hablaba
ETHAN COLEMientras caminábamos por el pasillo, un silencio espeso flotaba sobre nosotros. —Tengo la sensación de que estás mintiendo sobre Zero —murmuró mientras caminábamos uno al lado del otro. Mis labios se estiraron en una sonrisa baja. —¡Mentiroso de mierda! —lanzó el puño, apuntando a mi mandíbula. Sujeté su mano y la alejé de mi cara. —Pero hay algo más interesante que eso —aseguré, intentando pasar el brazo por encima de su hombro. —¿Qué podría ser más interesante que mi novio? —me apartó el brazo como si fuera una mosca. Cuando llegó a mi habitación, abrió la puerta de un tirón y entró. Me dirigí a mi escritorio y saqué uno de los tres cajones. Debajo de una pila de libros y papeles sueltos, extraje un expediente. —Esto te va a interesar… —Nada me interesa más que verte dar una paliza… —su voz se apagó cuando le entregué el expediente. Lo miró un rato antes de pasar una página. —¿Cómo conseguiste esto? Me dirigí a la cama y me dejé caer en ella.
ETHAN COLEMis ojos se deslizaron de Winnie a Ava. La tensión entre ellas flotaba en el aire como un humo espeso. Ava clavó el tenedor en el pastel y se lo llevó a la boca con una gracia despreocupada.Sus ojos estaban cerrados mientras masticaba el trozo. De inmediato se le abrieron de golpe. Me miró fijamente, cortando otro pedazo con el tenedor.—¡Esto está rico!Winnie gruñó y se acercó a mi lado. Sacó un plato y se sirvió una porción pequeña del pastel. De un solo bocado se tragó el trozo que había cortado.Esa rivalidad invisible no habría sido un problema si Winnie se hubiera mantenido en su sitio. La miré de reojo, intentando comprender el motivo de todo aquello.Era simple.No la soportaba.El plato resonó al golpear la encimera. Ava sonrió.—Ahora que lo pienso, tu cocina no es tan mala —empezó.—Claro —repitió Winnie, dejando el plato blanco sobre la encimera.Si tan solo pudieran llevarse bien…Agarré los platos y los llevé al fregadero. Había una razón por la que mi cocin
AVA DUVALEl sudor me empañaba la visión mientras cortaba el aire con mi cuchillo, imaginando que era la garganta de alguien. En mi movimiento final, mis rodillas hicieron contacto con su estómago, provocando que tropezara y cayera al suelo.Jadeé, intentando recuperar el aliento. El entrenamiento era duro, pero necesitaba hacerlo, aunque significara aprender lo básico para poder protegerme.Justo entonces, oí el taconeo de unos tacones acercándose. Habría reconocido aquellos pasos engreídos en cualquier parte.Me mordí el labio, conteniendo el impulso de no golpearla en la cara… si pudiera.—¿Qué eres? ¿Una gatita que todavía está aprendiendo a usar sus garras? —se burló Winnie. Se detuvo justo detrás de mí, emitiendo un aura intimidante.Me giré hacia ella, agarrando el cuchillo con tanta fuerza que pensé que el mango me cortaría la palma.—Al menos lo estoy intentando —me defendí.Winnie soltó una risita, sacó un cuchillo pequeño, casi del tamaño del mío. La hoja brillaba bajo el s
**ETHAN COLE**La puerta se cerró de un portazo. La habitación se sentía extrañamente brillante, obligándome a entrecerrar los ojos. Me sujeté la mejilla, frotándola para aliviar el dolor de la bofetada de Winnie. En el transcurso de un mes, había recibido suficientes bofetadas como para durar un año entero. Levanté la cabeza para ver con claridad su rostro; sus labios estaban torcidos por la irritación y sus cejas fruncidas, como si estuviera lista para abalanzarse sobre mí en cualquier momento. Sus manos descansaban sobre las caderas, su mirada firme y un poco aterradora viniendo de Winnie. Había ignorado sus llamadas y mensajes durante casi dos semanas, todo por una decisión. Un suspiro escapó de mis labios. Merecía más que solo una bofetada y un regaño. —Winnie… Levantó la mano, deteniéndome para que no hablara. No le importaba ninguna explicación, y con toda honestidad, lo entendía. —Tú… ¡dime por qué no debería despellejarte vivo! —Estaba esforzándose mucho por







