LOGIN“Quiero arruinarte. Siempre ha sido mi sueño. Pero cuanto más deseo tu ruina… más te deseo.” Ava Duval, heredera de una de las organizaciones más temidas, nunca debió ser la presa. Pero un ataque brutal destroza su mundo y la deja sin otra opción que buscar protección. Ethan es elegido de inmediato. Callado. Letal. Indescifrable. El arma perfecta. Para el mundo, Ava es intocable— el activo más valioso de la nación. Para Ethan, es una misión. Un medio para un fin. Una debilidad esperando ser explotada. Pero cuanto más se acerca a ella, más se desdibujan las líneas. Lo que comienza como un juego calculado de control se convierte en obsesión— peligrosa, absorbente e imposible de escapar. Porque en un mundo construido sobre el poder y la traición, el deseo es el error más letal de todos.
View MoreAVA DUVAL
Salí tambaleándome del club, apenas sujetando mi bolso con el brazo. Alguien había drogado mi bebida por segunda vez esta semana y necesitaba llegar a casa lo antes posible, al menos antes de que mi padre regresara de su viaje. Pero cumplir diecinueve años era algo que quería celebrar personalmente, y eso fue lo que me llevó a esta fiesta solo para mayores de veintiuno, donde todos estaban o bien frotando sus cuerpos sudorosos unos contra otros o inhalando humo de esa maldita pipa. Caminaba despacio, mis tacones haciendo un pésimo trabajo manteniéndome estable.
Mis ojos estaban somnolientos, pero estaba decidida a llegar a casa sin levantar ni una pizca de sospecha en mi padre. Sabía que no debía haber dejado mi coche, y ahora lo lamentaba. Pero estaba demasiado drogada para conducir, y por eso, cuando un auto se detuvo frente a mí, abrí la puerta de un tirón y me lancé dentro.
—Residencia Duval —balbuceé, sujetándome la cabeza, aunque no sirvió de nada para detener el martilleo del dolor de cabeza que había regresado después de meterme dos pastillas para el dolor en la boca.
Espera…
Yo no tenía ninguna pastilla para el dolor encima, entonces ¿cómo…?
—Es bastante fácil ponerle las manos encima al activo más valioso del estado… —se rio el conductor, con el rostro oculto tras la luz tenue, además de que mis ojos estaban borrosos.
—¡Tch! Los jóvenes de hoy en día, solo saben de fiestas… bueno, tengo que admitir que me vino bien.
El hombre se giró hacia mí. Apenas podía distinguir su cara, pero sus ojos me atravesaron el alma: oscuros, peligrosos y con una clara intención de matar.
No. No era mera intención.
¡Quería matarme!
Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras mi instinto de supervivencia se activaba. Empujé la puerta para abrirla y tropecé al salir, incapaz de moverme con normalidad.
—Tengo que correr —murmuré, luchando por ponerme de pie.
Malditos tacones.
El hombre saltó del coche, con la mano apretando con fuerza un b**e que arrastraba consigo. El metal repiqueteaba al ritmo de sus pasos pesados.
Tragué saliva.
—Me encanta cuando corren… Hace que sea divertido. ¿Verdad?
Retrocedí, guiando mi movimiento con las manos. Cada paso hacía que mi corazón retumbara en mis oídos. Hoy era mi cumpleaños y el último día que vería la luz del sol.
Mis dedos me dolían mientras me obligaba a moverme hacia atrás… No podía ver, ni tampoco gritar.
—Eres tan fácil de matar, ¿verdad, gatita?
—¡No me llames así! —logré decir por fin, pero mis palabras salieron rotas y confusas.
Mi voz pareció irritar al hombre. Levantó el b**e y me golpeó, devolviéndome momentáneamente la sobriedad.
Grité sujetándome el brazo izquierdo. El dolor se extendió por mis huesos… mi cerebro no podía procesar nada.
—Necesito correr… —volví a murmurar, mientras su sombra se cernía sobre mí.
Mi cuerpo reaccionó de forma descoordinada. Me levanté como pude y huí… o más bien, me tambaleé. De cualquier manera, lo único que quería era llegar a casa, a la seguridad de la mansión Duval. A la seguridad de mi habitación.
Mi mano derecha se apretaba contra la otra mientras luchaba por correr, pero él se acercaba cada vez más. Su enorme figura avanzaba con paso rápido, como una sombra sobre mí.
Necesitaba escapar a un lugar seguro y luego llamar a mi padre o a la policía, pero no había ninguna zona segura.
El sonido de la fiesta ahora quedaba lejos, casi fuera del alcance del oído. El hombre se reía a carcajadas, como si disfrutara cada pedazo de mi sufrimiento. Como si mi dolor le produjera un éxtasis que el sexo no podía darle.
—Me estoy cansando un poco, gatita. ¡Fue divertido verte intentarlo! —exclamó, sonriendo ampliamente como si yo fuera algún tipo de deporte para él. Balanceó el b**e hacia mí con todas sus fuerzas. Un paso en falso. Un tacón roto. Caí sobre el asfalto y solté un chillido agudo.
Todo estaba sucediendo demasiado rápido. Mi padre ya debía haber llegado a casa y aquí estaba yo, gritando hacia mi propia muerte.
—Que alguien me ayude —gemí, rezando… esperando que alguien viniera a rescatarme.
Mis manos temblaban, arañando el asfalto. La sangre hizo que mi corazón latiera más rápido. El sudor me corría por la cara… No podía respirar.
En ese momento, necesitaba un salvador… un maldito príncipe azul.
Cerré los ojos esperando lo peor. Esperando que el b**e impactara en un punto vital de mi cuerpo.
Escuché un sonido metálico, como si el b**e hubiera caído al suelo. Rodó hasta mis pies y el frío metal me hizo estremecer.
Mis labios se torcieron de horror. ¿Había elegido otro método para acabar con mi vida?
La noche se quedó en silencio, con la brisa acariciándome la cara… ¿y alguien tosiendo?
Mis manos temblorosas subieron hasta mi cuello mientras buscaba alguna señal de herida.
No. No estoy muerta. ¡Alguien me ayudó!
Levanté la cabeza, abriendo ligeramente los ojos, intentando distinguir el rostro del hombre que estaba frente a mí.
Sus manos estaban apretadas con fuerza contra la garganta de mi atacante, levantándolo del suelo hasta que sus piernas pataleaban en el aire.
—¿Qu… quién… tos… quién carajos eres tú? —balbuceó mi atacante, forcejeando mientras sus pies pateaban el vacío.
Vi que el hombre sonreía como si lo disfrutara y estuviera acostumbrado a ello. La precisión, la forma en que sus dedos presionaban listo para estrangularlo. Este hombre conocía demasiado bien el cuerpo humano.
Mis sentidos se activaron una vez más; este hombre era peligroso. Pero mi cuerpo se negaba a moverse por más que lo intentara.
—Mato a gente como tú por diversión —murmuró el hombre, y su voz me provocó escalofríos.
Antes de que el atacante pudiera protestar, cayó al suelo inconsciente, apenas respirando.
—Gracias —murmuré, aunque sabía que no me había oído. Mi cuerpo se sentía demasiado cansado para funcionar y mis pesados párpados no ayudaban en nada.
Sentí que mis ojos se cerraban y lo último que vi fue una tenue luz roja y azul acompañada del fuerte sonido de las sirenas de los coches.
***
ETHAN COLE
Arrastré los pies, contando mis pasos cuando mi zapato golpeó el suelo de madera. El aire estaba cargado y mi traje también. Sentía como si la corbata alrededor de mi cuello tuviera la intención de estrangularme.
—¡Maldita sea! —maldije, dejándome caer en el asiento frente a la barra. Aflojé la corbata y la dejé colgando alrededor de mi cuello.
—¿Lo de siempre? —canturreó la camarera, con una voz que se había convertido en una molestia a la que ya me había acostumbrado.
—Sí, ponle mucho endulzante —respondí con voz ronca. Ella me dedicó una sonrisa cómplice, encendió la televisión y comenzó a preparar mi bebida como de costumbre.
Las noticias estaban puestas, cada titular igual al anterior. Muertes… muchas muertes.
—Te fuiste tan de repente, ¿por qué? —preguntó mientras añadía hielo a la mezcla de alcohol antes de deslizar el vaso hacia mí. Lo atrapé antes de que llegara al borde de la barra y lo bebí de un trago.
—Joder —gruñí, deslizando el vaso de vuelta hacia ella.
—Tuve una emergencia, Winnie. A diferencia de ti, mi vida es interesante.
Winnie se rio entre dientes y sirvió otro vaso con mucho endulzante.
Permanecimos en silencio un rato, ella limpiando vasos mientras yo miraba la televisión de vez en cuando, hasta que un titular captó mi atención.
«¡HEREDERA DEL CONGLOMERADO DUVAL ENCONTRADA INCONSCIENTE, CASI SIN VIDA!»
Los flashes de las cámaras saltaban mientras la metían en la ambulancia, con los ojos cerrados. La policía esposaba al criminal mientras este gritaba maldiciones a todo el mundo. Los reporteros se arremolinaban alrededor del lugar, empujando sus micrófonos hacia su padre, el hombre más poderoso del estado: el señor Han Duval.
Para ser exactos, la escena parecía un completo desastre.
—Los adolescentes son unos seres tan imprudentes. ¡Imagínate al activo de la nación inconsciente! —exclamó Winnie, poniendo los ojos en blanco al decir la palabra «activo».
—Hmm, parece interesante —respondí, tomando otro vaso de sus manos. Esta vez saboreé el sabor agridulce del contenido, bebiéndolo poco a poco.
—Es peligrosa —advirtió Winnie.
¿Peligrosa? Si el peligro fuera una persona, esa sería yo.
Una sonrisa sucia se dibujó en mis labios al recordar su rostro aterrado cuando ese bastardo levantó el b**e metálico hacia ella. Ava Chrys Duval.
Sin duda era un personaje interesante.
ETHAN COLEUn búho ululó sobre mí, tensándome los músculos ante la inquietud del lugar.La oscuridad eclipsó la luna mientras las hojas crujían, moviéndose con la suave brisa.Arrastré los pies, aguzando la vista para examinar el área.El mensaje anónimo me rondaba la mente por tercera vez aquel día. Seguramente era de uno de los representantes de VAR, y estaba aquí para pedir un informe o lanzar una advertencia.Mi mano golpeó la pistola escondida en el cinturón. Era un lugar muy decepcionante para reunirse con alguien tan importante. Mis zapatos se arrastraron por el suelo y se detuvieron al llegar a un callejón sin salida.—Hmm —exhalé.Había estado intentando soportar el hedor penetrante de aquel callejón. El olor a hojas húmedas mezclado con una sustancia desconocida flotaba en el aire y se metía en mi nariz.—Has sufrido cosas peores, Nikolai —murmuré, girándome de espaldas a la valla baja.El agua de una tubería goteaba sobre una superficie dura, salpicando al caer.El lugar gr
AVA DUVALMe miró como si no debiera haber presenciado lo que acababa de ocurrir. Como si todavía fuera esa heredera caprichosa que no quería mancharse los ojos.Quizá había olvidado lo mucho que él había manchado mi inocencia. Y lo mucho que yo anhelaba eso.Ethan sonrió, acariciándome el cabello con suavidad.—Es solo un pequeño malentendido. Se olvidará pronto —dijo, yendo hacia la cama.Un pequeño malentendido no habría hecho que Winnie saliera pisando fuerte de la habitación y pasara a su lado.—Estás mintiendo —dije.Se detuvo un momento antes de soltar una risa sarcástica.—¿No confías en mí cuando te digo que es un malentendido?El pecho se me apretó ante sus palabras. Nuestras discusiones siempre terminaban con uno de los dos herido… o ambos.Di tres pasos y me senté justo a su lado. Él era mucho más grande que yo; podía tragarme con solo un abrazo.—No me estás contando nada. Winnie estaba enfadada contigo al principio, ¿y ahora?Winnie tenía razón al decir que nunca hablaba
ETHAN COLEMientras caminábamos por el pasillo, un silencio espeso flotaba sobre nosotros. —Tengo la sensación de que estás mintiendo sobre Zero —murmuró mientras caminábamos uno al lado del otro. Mis labios se estiraron en una sonrisa baja. —¡Mentiroso de mierda! —lanzó el puño, apuntando a mi mandíbula. Sujeté su mano y la alejé de mi cara. —Pero hay algo más interesante que eso —aseguré, intentando pasar el brazo por encima de su hombro. —¿Qué podría ser más interesante que mi novio? —me apartó el brazo como si fuera una mosca. Cuando llegó a mi habitación, abrió la puerta de un tirón y entró. Me dirigí a mi escritorio y saqué uno de los tres cajones. Debajo de una pila de libros y papeles sueltos, extraje un expediente. —Esto te va a interesar… —Nada me interesa más que verte dar una paliza… —su voz se apagó cuando le entregué el expediente. Lo miró un rato antes de pasar una página. —¿Cómo conseguiste esto? Me dirigí a la cama y me dejé caer en ella.
ETHAN COLEMis ojos se deslizaron de Winnie a Ava. La tensión entre ellas flotaba en el aire como un humo espeso. Ava clavó el tenedor en el pastel y se lo llevó a la boca con una gracia despreocupada.Sus ojos estaban cerrados mientras masticaba el trozo. De inmediato se le abrieron de golpe. Me miró fijamente, cortando otro pedazo con el tenedor.—¡Esto está rico!Winnie gruñó y se acercó a mi lado. Sacó un plato y se sirvió una porción pequeña del pastel. De un solo bocado se tragó el trozo que había cortado.Esa rivalidad invisible no habría sido un problema si Winnie se hubiera mantenido en su sitio. La miré de reojo, intentando comprender el motivo de todo aquello.Era simple.No la soportaba.El plato resonó al golpear la encimera. Ava sonrió.—Ahora que lo pienso, tu cocina no es tan mala —empezó.—Claro —repitió Winnie, dejando el plato blanco sobre la encimera.Si tan solo pudieran llevarse bien…Agarré los platos y los llevé al fregadero. Había una razón por la que mi cocin






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