FAZER LOGINUn silencio pesado se apoderó del despacho.
Julien me miraba como si yo fuera la última persona que esperaba encontrar allí. Tenía el ceño fruncido y el desconcierto se reflejaba claramente en su rostro.
—Marie Rose... ¿qué haces aquí?
Respiré hondo para mantener la calma.
No era el momento ni el lugar para perder el control.
—He venido a una entrevista de trabajo.
Se le escapó una risa sin humor.
—¿Una entrevista? ¿En Terry Group?
Lo miré directamente a los ojos.
—Sí.
Negó con la cabeza mientras una sonrisa burlona se dibujaba en sus labios.
—No me digas que ahora me estás siguiendo.
Sus palabras me atravesaron el corazón, pero me negué a demostrarle que todavía podía herirme.
Enderecé los hombros.
—Te estás imaginando cosas. Ni siquiera sabía que trabajabas aquí.
Antes de que Julien pudiera responder, Clark dejó su bolígrafo sobre el escritorio con total tranquilidad.
El leve sonido del metal al chocar contra la madera bastó para captar nuestra atención.
—Julien.
Su voz era serena, pero firme.
Julien se volvió de inmediato hacia él.
—¿Sí, tío?
Clark lo observó unos segundos antes de hablar.
—Estás interrumpiendo una entrevista.
Julien bajó ligeramente la mirada.
—Yo... no lo sabía.
—Ahora que lo sabes, puedes volver más tarde.
El tono era cortés, pero no dejaba espacio para discutir.
Julien permaneció inmóvil durante unos instantes.
Su mirada iba de mí a su tío, como si intentara entender qué estaba ocurriendo.
Podía imaginar todas las preguntas que pasaban por su cabeza.
Finalmente apretó la mandíbula.
—De acuerdo.
Dio unos pasos hacia la puerta, pero se detuvo justo delante de mí.
—Marie Rose, tenemos que hablar.
Crucé los brazos.
—No tengo nada que decirte.
Su expresión se endureció.
Por un momento pensé que iba a insistir.
Pero se limitó a lanzarme una última mirada antes de salir del despacho, cerrando la puerta con suavidad tras de sí.
El silencio volvió a instalarse.
Bajé la vista, un poco incómoda.
—Lo siento... No imaginé que esto fuera a pasar.
Clark no respondió enseguida.
Permaneció sentado, con los dedos entrelazados sobre el escritorio.
Después preguntó con calma:
—¿Conoce a mi sobrino?
Levanté lentamente la cabeza.
Ya no tenía sentido ocultar la verdad.
—Sí.
—¿Desde hace mucho tiempo?
Me humedecí discretamente los labios.
—Fuimos pareja durante tres años.
Su expresión no cambió.
No hubo sorpresa.
Ni juicio.
Simplemente asintió.
—Entiendo.
No intentó averiguar nada más.
Su reacción me sorprendió.
En su lugar, la mayoría de las personas habría hecho decenas de preguntas.
Él no.
Simplemente volvió a tomar mi expediente.
—Sus referencias son excelentes.
Parpadeé.
Casi esperaba que diera por terminada la entrevista después de lo que acababa de ocurrir.
Sin embargo, continuó como si nada hubiera pasado.
—Trabajó dos años como asistente administrativa.
—Sí, señor.
—¿Qué es lo que le atrae de este puesto?
Reflexioné unos segundos antes de responder.
—Me gusta que todo esté bien organizado. Soy una persona disciplinada y aprendo con rapidez. Incluso bajo presión, siempre doy lo mejor de mí.
Me observó durante unos instantes.
—Aquí la presión forma parte del día a día.
Una leve sonrisa apareció en mi rostro.
—Eso no me asusta.
Por una fracción de segundo, me pareció ver cómo sus facciones se suavizaban.
Fue casi imperceptible.
Un ligero movimiento en la comisura de sus labios.
Pero bastó para que su expresión pareciera menos fría.
Cerró lentamente el expediente.
—Muy bien.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Clark se puso de pie.
En ese instante entendí por qué todos parecían respetarlo tanto.
Su sola presencia imponía autoridad.
Sin necesidad de levantar la voz, conseguía que todo quedara en silencio.
Rodeó el escritorio y se detuvo frente al enorme ventanal que dominaba la ciudad.
Con las manos en los bolsillos, contempló los edificios durante unos segundos antes de girarse hacia mí.
—Señorita Rose.
Yo también me levanté.
—¿Sí, señor?
Me sostuvo la mirada.
—El puesto es suyo.
Me quedé paralizada.
Estaba convencida de haber oído mal.
—¿Perdón?
—Está contratada.
Lo miré sin poder ocultar mi sorpresa.
—¿Habla... habla en serio?
Su expresión permaneció impasible.
—Nunca bromeo cuando se trata de mi empresa.
Una inmensa sensación de alivio me invadió.
Tenía ganas de sonreír, de llorar... quizá incluso de reír.
—Gracias... Muchísimas gracias, señor Terry.
Él inclinó levemente la cabeza.
—Olivia le explicará cuáles serán sus nuevas funciones. Empezará el lunes a las ocho de la mañana.
—Estaré aquí antes de la hora.
—No lo dudo.
Recogí mi bolso.
Cuando llegué a la puerta, me volví una última vez.
—Gracias por darme esta oportunidad.
Clark levantó la vista hacia mí.
—No se trata de darle una oportunidad.
Lo miré sin entender.
Continuó con la misma calma de siempre.
—Obtuvo este puesto por sus capacidades. Nada más.
Sus palabras me conmovieron mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Le dediqué una sonrisa sincera.
—No lo decepcionaré.
Luego salí de su despacho.
Apenas se cerró la puerta, Olivia se acercó a mí con curiosidad.
—Entonces... ¿cómo ha ido?
Dejé escapar una pequeña risa, todavía en estado de shock.
—Creo... que acaban de contratarme.
El rostro de Olivia se iluminó.
—¡Felicidades! Bienvenida a Terry Group.
Me estrechó la mano con entusiasmo.
Le di las gracias con una sonrisa.
Cuando empezábamos a caminar por el pasillo, sentí que alguien nos observaba.
Giré lentamente la cabeza.
A unos metros de distancia, apoyado contra la pared y con los brazos cruzados sobre el pecho, Julien seguía allí.
No se había movido.
Me miraba fijamente.
Sus ojos oscuros no se apartaban de mí ni por un segundo.
No parecía dispuesto a marcharse.
Y algo me decía que ya no iba a poder seguir evitando la conversación que llevaba tanto tiempo exigiéndome.
Nadie se movió. El nombre seguía apareciendo en la pantalla. VICTORIA DELCOURT. Alexander tenía el rostro completamente rígido. Parecía haber olvidado cómo respirar. Miraba a su hermana como si acabara de salir de su propia tumba. —Estás muerta. Victoria inclinó ligeramente la cabeza. —Sigues repitiéndolo. Alexander apretó los puños. —Vi tu cuerpo. Una sonrisa fría curvó los labios de Victoria. —No. Viste el cuerpo que el Consejo quería que vieras. Nadie volvió a hablar. El silencio se había vuelto insoportable. Adrian, en cambio, no apartaba los ojos de su madre. La confusión se veía claramente en su mirada. —¿Mamá? Victoria giró inmediatamente la cabeza hacia él. Y por primera vez desde su aparición, su expresión cambió. Toda aquella frialdad desapareció. Sus ojos se llenaron de una emoción que nunca antes le había visto. —Adrian... Se acercó al cristal que los separaba. Su voz se volvió más suave. —Hijo mío. Adrian permaneció inmóvil. Sus labios temblaron
La sonrisa del joven seguía allí. Ni el más mínimo temblor apareció en su rostro. Alexander, en cambio, ya no se movía. Nunca lo había visto así. Incluso cuando todo parecía escapársele de las manos, siempre encontraba la manera de mantener el control. Pero esta vez, su mirada había cambiado. Parecía desconcertado. —¿Qué acabas de decir? El muchacho se levantó lentamente de su silla. Se tomó su tiempo, como si supiera perfectamente que todos estábamos pendientes de cada una de sus palabras. —Me has oído perfectamente. Su voz era tranquila. Demasiado tranquila para las alarmas que seguían sonando a nuestro alrededor. PROTOCOLO ORION: INICIALIZACIÓN EN CURSO. Las luces rojas parpadeaban en las paredes. Luciana corrió hacia una consola y comenzó a presionar frenéticamente varios comandos. —¡Hay que detener esto! La pantalla no respondía. Lo intentó de nuevo. Nada. Sus dedos se quedaron inmóviles. —No puedo... Noah se acercó inmediatamente. —¿Por qué? Luciana tragó
El nombre quedó suspendido en el silencio.Edward.Nadie se movió.Miré a Isabella.Tenía una mano pegada a la boca. Sus ojos estaban muy abiertos, llenos de un miedo que jamás había visto en ella.—No...La palabra apenas salió de sus labios.El hombre se detuvo frente a nosotros.—Hola, Isabella.Ella retrocedió instintivamente.—Estás muerto.Una sonrisa triste apareció en el rostro de Edward.—Eso era lo que todos debían creer.Alexander seguía inmóvil.Sin embargo, algo había cambiado en él.Miré sus manos.Tenía los dedos tan apretados que los nudillos se le habían puesto blancos.—Edward... —murmuró.El hombre giró lentamente la cabeza hacia él.—Alexander.Solo un nombre.Pero el odio que había en aquella palabra me hizo comprender que aquellos dos hombres tenían una historia. Y, por lo visto, esa historia estaba lejos de terminar.Clark se colocó a mi lado.—¿Alguien va a explicarnos de una vez qué está pasando?Samuel no apartaba los ojos de Edward.—Él fue el primer directo
Mi cuerpo se quedó paralizado.Durante unos segundos, fui incapaz de respirar.Al otro lado de la enorme puerta metálica, una voz acababa de pronunciar mi nombre.—¿Marie?Dejé de moverme.Esa voz...Suave. Débil. Casi temblorosa.Una voz que no había escuchado en doce años.Retrocedí un paso, con el corazón latiéndome con fuerza.—No...Clark se volvió inmediatamente hacia mí.—¿Qué pasa?Negué lentamente con la cabeza. Mis dedos se habían quedado helados.—No es posible.Noah se acercó también.—Marie, ¿quién era?Sentí un nudo en la garganta.Miré fijamente la puerta sin poder apartar los ojos de ella.—Elise.El silencio que siguió fue pesado.Me volví bruscamente hacia mi hermana.Elise estaba allí, a unos metros de mí.Viva.Pero su rostro acababa de perder todo el color.Se llevó una mano a la boca.—Esperen...La voz volvió a escucharse detrás de la puerta.—Marie... abre.Esta vez, nadie podía fingir que no la había oído.Elise se quedó inmóvil.Sus ojos se abrieron de par en
El nombre seguía apareciendo en la pantalla.ALEXANDER DELCOURT.Nadie se atrevía a hablar.Yo no apartaba la mirada del hombre que estaba frente a nosotros.El hombre que, hacía apenas unos instantes, aseguraba haber regresado para salvarnos.El hombre al que mi madre había amado.El hombre que acabábamos de recuperar después de tantos años.Sentí que se me cerraba la garganta.—Di algo.Mi voz tembló a pesar de mí misma.Alexander permaneció en silencio durante unos segundos.Entonces, Clark salió lentamente de detrás de la columna.Su rostro estaba serio, pero podía ver el miedo en sus ojos.—Es un error, ¿verdad?Alexander levantó la mirada hacia él.—No.Un escalofrío me recorrió el cuerpo.Noah se colocó instintivamente delante de Luciana.—¿Qué significa eso?Alexander respiró profundamente.—Significa que el sistema está diciendo la verdad.Isabella se quedó completamente pálida.—Alexander...—Déjame hablar.Ella dio un paso hacia él.—No. No de esta manera.Alexander giró le
Nadie se movió.Todas las miradas estaban dirigidas hacia los altavoces.Clark los observaba como si esperara encontrar allí alguna respuesta.—Mi hijo...Su voz apenas era un susurro.A mi lado, Gabriel había perdido por completo el color del rostro.Lo miré directamente a los ojos.—¿Es ella?No respondió.—¡Gabriel!Cerró los ojos lentamente.Cuando volvió a abrirlos, vi algo que nunca antes había visto en él.Miedo.—Sí.Clark retrocedió un paso.—¿Mi madre?Un ligero ruido de interferencia atravesó los altavoces.Entonces la voz volvió a escucharse.—Prefiero el término que usabas antes.Los puños de Gabriel se cerraron con fuerza.—Detente.La mujer soltó una pequeña risa.—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que por fin descubran la verdad?Clark se acercó a los altavoces.—¿Dónde está?Hubo un breve silencio.Después, la mujer respondió con calma:—Más cerca de lo que imaginas.De repente, las luces se encendieron.Todos nos volvimos hacia la entrada del nivel cero.Una silueta estaba







