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Capítulo 3

last update Data de publicação: 2026-07-14 01:35:22

Apenas pude dormir aquella noche.

Cada vez que lograba cerrar los ojos durante unos minutos, volvía a ver la misma escena: Julien... entre los brazos de Vanessa. Sus miradas, sus sonrisas, sus manos entrelazadas.

Siempre terminaba despertando sobresaltada.

Cuando sonó el despertador, ya estaba despierta.

Permanecí unos instantes acostada, con la vista fija en el techo. Una parte de mí quería quedarse bajo las sábanas y olvidarse del mundo. Pero sabía que esa no era la solución.

Tenía que seguir adelante.

Aunque doliera.

Me levanté despacio, me duché y dejé que el agua fría corriera unos segundos más sobre mi rostro. Esperaba que también se llevara una parte de mi tristeza.

Al mirarme en el espejo, solté un leve suspiro.

Mis ojos seguían enrojecidos y ligeramente hinchados.

Saqué mi neceser de maquillaje e hice todo lo posible por disimular las huellas de aquella noche interminable.

Después me puse un traje sastre color beige, sencillo y elegante. Me recogí el cabello en un moño bajo y tomé mi bolso.

Justo antes de salir del apartamento, apoyé una mano sobre el pomo de la puerta.

—Hoy... empiezas de nuevo, Marie —me dije en voz baja para darme ánimo.

Y salí.

---

Media hora después, el taxi se detuvo frente a la sede de Terry Group.

Levanté lentamente la vista.

El edificio era imponente.

Sus enormes fachadas de cristal resplandecían bajo los primeros rayos del sol. Los empleados entraban y salían con paso decidido, algunos hablando por teléfono y otros con un maletín bajo el brazo.

Me quedé inmóvil durante unos segundos.

Nunca había estado en una empresa tan prestigiosa.

—¿Se encuentra bien, señorita? —preguntó el taxista.

Le dediqué una leve sonrisa.

—Sí... gracias.

Pagué el viaje y bajé del coche.

Frente a las puertas automáticas respiré profundamente.

Tú puedes hacerlo.

En la recepción, una joven con un elegante uniforme levantó la vista hacia mí.

—Buenos días.

—Buenos días. Me llamo Marie Rose. Tengo una entrevista esta mañana.

La recepcionista revisó rápidamente su ordenador y volvió a sonreír.

—Sí, señorita Rose. El señor Terry la espera en el piso veinticinco.

—Muchas gracias.

Entré al ascensor.

A medida que los números iban cambiando, mi corazón latía cada vez con más fuerza.

Cuando las puertas se abrieron, una joven rubia se acercó enseguida.

—Buenos días. Soy Olivia Carter, la asistente ejecutiva del señor Terry.

Me tendió la mano.

—Encantada de conocerla.

—El gusto es mío.

Su sonrisa era cálida y consiguió aliviar un poco mis nervios.

—Sígame, por favor.

La seguí por el pasillo.

Era amplio, luminoso e impecable.

Los empleados iban de una oficina a otra completamente concentrados en su trabajo. Solo se escuchaba el sonido de los teclados y alguna conversación en voz baja.

Todo transmitía profesionalismo.

Finalmente, Olivia se detuvo frente a una imponente puerta de madera negra.

Giró ligeramente la cabeza hacia mí.

—El señor Terry la recibirá ahora.

Me limpié discretamente las manos sudorosas en el pantalón.

—Gracias.

Olivia llamó dos veces.

Al instante, una voz grave respondió desde el otro lado.

—Adelante.

Ella abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarme pasar.

Entré en el despacho.

Era enorme.

Un gran ventanal ofrecía una vista espectacular de toda la ciudad.

El mobiliario era moderno, elegante y sobrio.

Detrás de un amplio escritorio de madera oscura había un hombre vestido con un impecable traje negro.

Estaba revisando unos documentos con absoluta concentración.

Sin levantar la vista, señaló el sillón que tenía enfrente.

—Siéntese.

Su voz era tranquila, profunda... e intimidante.

Me senté sin decir una palabra.

Unos segundos después, cerró la carpeta y por fin levantó la mirada.

Nuestros ojos se encontraron.

Me quedé paralizada.

El hombre frente a mí irradiaba una seguridad natural.

Su rostro era serio, casi inexpresivo. Sus ojos oscuros parecían analizar hasta el más mínimo detalle sin revelar lo que pensaba.

No necesitaba alzar la voz para imponer respeto.

Tomó mi currículum.

—Marie Rose.

—Sí, señor.

Asintió levemente.

—Tiene un perfil interesante.

—Gracias.

Continuó leyendo sin añadir nada más.

El silencio volvió a adueñarse de la oficina.

Podía escuchar los latidos de mi propio corazón.

Finalmente dejó la carpeta sobre el escritorio.

—Dígame... ¿por qué quiere dejar su antiguo trabajo?

Bajé la mirada de manera instintiva.

Era imposible contarle lo que había ocurrido el día anterior.

Respiré con calma.

—Simplemente necesito empezar de nuevo.

No respondió enseguida.

Sentía su mirada fija sobre mí.

Como si intentara descubrir todo aquello que mis palabras ocultaban.

Después de unos segundos, cerró la carpeta con suavidad.

—Aprecio a las personas sinceras.

Sentí un nudo en el estómago.

¿Se había dado cuenta de que escondía algo?

Abrí la boca para responder, pero en ese momento alguien llamó a la puerta.

Sin esperar autorización, un joven entró directamente en la oficina.

—Tío Clark...

Reconocí aquella voz en cuanto resonó en la habitación.

El corazón se me detuvo por un instante.

Julien.

Se quedó inmóvil en cuanto me vio sentada frente a su tío.

Su expresión cambió de inmediato.

—Marie Rose... ¿qué haces aquí?

Me quedé sin palabras.

Entonces giré lentamente la cabeza hacia el hombre sentado detrás del escritorio.

Clark Terry.

Así que era él.

El tío de Julien.

Clark alternó la mirada entre su sobrino y yo.

Entrecerró ligeramente los ojos, como si acabara de comprender que existía algún vínculo entre nosotros.

El silencio que invadió el despacho era pesado.

Y, sin saber por qué, tuve la sensación de que aquel encuentro estaba a punto de cambiar mi vida para siempre.

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