LOGINDurante tres años, Marie Rose amó a Julien Terry con todo su corazón. Estaba convencida de que se casarían y construirían una vida feliz juntos. Pero todo se derrumba el día en que lo sorprende en los brazos de su mejor amiga. Sin el menor remordimiento, Julien la humilla y pone fin a la relación como si esos tres años nunca hubieran significado nada. Destrozada, Marie Rose decide seguir adelante. Acepta un nuevo trabajo que cambiará por completo el rumbo de su vida. Su nuevo jefe no es otro que Clark Terry, un poderoso y respetado multimillonario, tan atractivo como inaccesible. Lo que descubre demasiado tarde es que Clark es el tío de Julien. Con el paso del tiempo, Marie Rose empieza a conocer al hombre que se esconde detrás de su rostro impasible. Bajo esa apariencia fría hay un hombre leal, protector y marcado por profundas heridas. Poco a poco, entre ellos nace una atracción sincera que termina convirtiéndose en un amor imposible de ignorar. Pero enamorarse del tío de su ex no estará exento de consecuencias. Consumido por los celos, Julien se niega a aceptar que la mujer que perdió rehaga su vida al lado de su propio tío. Entre manipulaciones, traiciones, secretos familiares y una sed insaciable de venganza, la familia Terry queda atrapada en una guerra donde todos tienen algo que perder. Cuando la persona que te rompió el corazón descubre que alguien más está logrando sanar esas heridas... ¿hasta dónde será capaz de llegar para recuperar lo que siempre creyó que le pertenecía? ¿Y si el verdadero destino de Marie Rose nunca hubiera sido Julien, sino Clark?
View MoreNadie se movió. El nombre seguía apareciendo en la pantalla. VICTORIA DELCOURT. Alexander tenía el rostro completamente rígido. Parecía haber olvidado cómo respirar. Miraba a su hermana como si acabara de salir de su propia tumba. —Estás muerta. Victoria inclinó ligeramente la cabeza. —Sigues repitiéndolo. Alexander apretó los puños. —Vi tu cuerpo. Una sonrisa fría curvó los labios de Victoria. —No. Viste el cuerpo que el Consejo quería que vieras. Nadie volvió a hablar. El silencio se había vuelto insoportable. Adrian, en cambio, no apartaba los ojos de su madre. La confusión se veía claramente en su mirada. —¿Mamá? Victoria giró inmediatamente la cabeza hacia él. Y por primera vez desde su aparición, su expresión cambió. Toda aquella frialdad desapareció. Sus ojos se llenaron de una emoción que nunca antes le había visto. —Adrian... Se acercó al cristal que los separaba. Su voz se volvió más suave. —Hijo mío. Adrian permaneció inmóvil. Sus labios temblaron
La sonrisa del joven seguía allí. Ni el más mínimo temblor apareció en su rostro. Alexander, en cambio, ya no se movía. Nunca lo había visto así. Incluso cuando todo parecía escapársele de las manos, siempre encontraba la manera de mantener el control. Pero esta vez, su mirada había cambiado. Parecía desconcertado. —¿Qué acabas de decir? El muchacho se levantó lentamente de su silla. Se tomó su tiempo, como si supiera perfectamente que todos estábamos pendientes de cada una de sus palabras. —Me has oído perfectamente. Su voz era tranquila. Demasiado tranquila para las alarmas que seguían sonando a nuestro alrededor. PROTOCOLO ORION: INICIALIZACIÓN EN CURSO. Las luces rojas parpadeaban en las paredes. Luciana corrió hacia una consola y comenzó a presionar frenéticamente varios comandos. —¡Hay que detener esto! La pantalla no respondía. Lo intentó de nuevo. Nada. Sus dedos se quedaron inmóviles. —No puedo... Noah se acercó inmediatamente. —¿Por qué? Luciana tragó
El nombre quedó suspendido en el silencio.Edward.Nadie se movió.Miré a Isabella.Tenía una mano pegada a la boca. Sus ojos estaban muy abiertos, llenos de un miedo que jamás había visto en ella.—No...La palabra apenas salió de sus labios.El hombre se detuvo frente a nosotros.—Hola, Isabella.Ella retrocedió instintivamente.—Estás muerto.Una sonrisa triste apareció en el rostro de Edward.—Eso era lo que todos debían creer.Alexander seguía inmóvil.Sin embargo, algo había cambiado en él.Miré sus manos.Tenía los dedos tan apretados que los nudillos se le habían puesto blancos.—Edward... —murmuró.El hombre giró lentamente la cabeza hacia él.—Alexander.Solo un nombre.Pero el odio que había en aquella palabra me hizo comprender que aquellos dos hombres tenían una historia. Y, por lo visto, esa historia estaba lejos de terminar.Clark se colocó a mi lado.—¿Alguien va a explicarnos de una vez qué está pasando?Samuel no apartaba los ojos de Edward.—Él fue el primer directo
Mi cuerpo se quedó paralizado.Durante unos segundos, fui incapaz de respirar.Al otro lado de la enorme puerta metálica, una voz acababa de pronunciar mi nombre.—¿Marie?Dejé de moverme.Esa voz...Suave. Débil. Casi temblorosa.Una voz que no había escuchado en doce años.Retrocedí un paso, con el corazón latiéndome con fuerza.—No...Clark se volvió inmediatamente hacia mí.—¿Qué pasa?Negué lentamente con la cabeza. Mis dedos se habían quedado helados.—No es posible.Noah se acercó también.—Marie, ¿quién era?Sentí un nudo en la garganta.Miré fijamente la puerta sin poder apartar los ojos de ella.—Elise.El silencio que siguió fue pesado.Me volví bruscamente hacia mi hermana.Elise estaba allí, a unos metros de mí.Viva.Pero su rostro acababa de perder todo el color.Se llevó una mano a la boca.—Esperen...La voz volvió a escucharse detrás de la puerta.—Marie... abre.Esta vez, nadie podía fingir que no la había oído.Elise se quedó inmóvil.Sus ojos se abrieron de par en












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