로그인El taxi se detuvo frente a mi edificio.
Permanecí inmóvil durante unos segundos, aferrando mi bolso con fuerza. A través de la ventanilla, las luces de la ciudad seguían brillando, pero mi mirada las atravesaba sin llegar a verlas de verdad.
El conductor se volvió hacia mí.
—Señorita... hemos llegado.
Me sobresalté levemente, como si acabara de despertar de una larga pesadilla.
—Gracias...
Pagué el viaje y bajé del taxi.
El aire fresco de la noche acarició mi rostro, pero no logró aliviar el dolor que me oprimía el pecho.
Abrí la puerta de mi apartamento.
Apenas entré, dejé caer el bolso en el recibidor.
Las piernas ya no me sostenían.
Me deslicé lentamente por la pared hasta quedar sentada en el suelo.
Y entonces me derrumbé.
Los sollozos que había contenido durante toda la noche finalmente estallaron.
Lloré sin contenerme.
Lloré por los tres años de amor que acababa de perder.
Lloré por el hombre al que le había entregado mi corazón.
Y también lloré por la mujer a la que consideraba mi mejor amiga.
Ya no sabía cuál de los dos me había herido más.
El silencio del apartamento se rompió de pronto con la vibración de mi teléfono.
Miré la pantalla.
Emma Collins.
No tenía fuerzas para contestar.
El teléfono dejó de sonar.
Pero enseguida volvió a hacerlo.
Una vez más.
Y otra.
Al cuarto intento, terminé respondiendo con la mano temblorosa.
—¿Marie? ¿Dónde estás? —preguntó Emma, con la voz cargada de preocupación.
Abrí la boca, pero no salió ningún sonido.
—Marie... contéstame. ¿Qué ha pasado?
En ese instante, todas las barreras que había intentado mantener en pie se vinieron abajo.
Rompí a llorar.
Emma guardó silencio durante unos segundos.
Solo podía escuchar su respiración al otro lado de la línea.
Luego habló con firmeza, aunque con una infinita dulzura.
—No te muevas de ahí. Voy para allá.
Colgó sin esperar respuesta.
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Menos de media hora después, alguien llamó a la puerta.
Ni siquiera tuve tiempo de levantarme cuando Emma ya estaba entrando al apartamento.
En cuanto me vio sentada contra la pared, con los ojos enrojecidos y el rostro cubierto de lágrimas, su expresión cambió por completo.
Comprendió de inmediato que había ocurrido algo grave.
Sin hacer más preguntas, se arrodilló frente a mí.
—¿Ha sido Julien?
Asentí lentamente.
Tenía la garganta tan cerrada que apenas podía hablar.
—Él... me estaba engañando...
Emma se quedó inmóvil.
—¿Qué?
Bajé la mirada.
—Con Vanessa...
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Vanessa Moore?
Respondí con un leve movimiento de cabeza.
Emma se llevó una mano a la boca, completamente impactada.
—Esa chica... no puedo creer que haya sido capaz de hacerte algo así.
No respondí.
Ya no me quedaban fuerzas.
Ella me atrajo suavemente hacia sus brazos.
No me resistí.
Su abrazo me dio un poco de consuelo.
Durante varios minutos permaneció en silencio, dejándome llorar sobre su hombro sin intentar detenerme.
Cuando por fin mis sollozos comenzaron a calmarse, se levantó, fue a la cocina y regresó con un vaso de agua.
—Bebe un poco.
Tomé el vaso con las manos temblorosas y bebí unos sorbos.
Emma se sentó a mi lado.
—Vas a salir de esta, Marie.
Esbocé una sonrisa triste.
—Siento que toda mi vida acaba de derrumbarse.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—No.
Puso su mano sobre la mía y entrelazó sus dedos con los míos.
—Lo que se derrumbó fue la mentira en la que estabas viviendo. Tú sigues aquí. Y tu vida no termina con Julien.
Sus palabras consiguieron calentar un poco mi corazón.
Por primera vez desde aquella horrible noche, logré respirar con un poco más de calma.
Emma guardó silencio durante unos instantes antes de volver a hablar.
Se notaba que estaba dudando.
—En realidad... quería hablarte de algo.
Levanté la cabeza.
—¿De qué?
—Hay una empresa que está buscando una asistente personal. Es un puesto muy bueno, con un sueldo excelente.
Negué con la cabeza de inmediato.
—Emma... ni siquiera soy capaz de pensar con claridad. Mucho menos de presentarme a una entrevista.
Ella me interrumpió con una sonrisa alentadora.
—No tienes nada que perder.
Abrió su bolso, sacó una elegante tarjeta de presentación y la dejó en mi mano.
Bajé la vista.
Terry Group.
Sentí que el pecho se me encogía al instante.
Estuve a punto de devolverle la tarjeta.
—No... es imposible.
Emma frunció el ceño.
—¿Por qué?
La miré a los ojos.
—No quiero volver a tener ningún vínculo con esa familia.
Soltó un leve suspiro antes de responder con tranquilidad.
—Escúchame bien. No puedes permitir que Julien siga controlando tu futuro. Ese trabajo no es para él. Es una oportunidad para ti.
Permanecí en silencio.
Tenía razón.
Si rechazaba la oferta solo porque Julien llevaba ese apellido, seguiría teniendo poder sobre mi vida.
Y me negaba a darle esa victoria.
Respiré hondo.
Luego volví a mirar la tarjeta.
Esta vez, la guardé.
—¿Cuándo es la entrevista?
El rostro de Emma se iluminó de inmediato.
—Mañana por la mañana. A las nueve.
Levanté la vista de golpe.
—¿Mañana?
Ella asintió con una pequeña sonrisa.
—Sí. Y sé que puedes hacerlo.
Dejé escapar un largo suspiro.
Definitivamente, el destino no pensaba darme un respiro.
No tenía la menor idea de lo que me esperaba tras las puertas de Terry Group.
Todavía estaba muy lejos de imaginar que aquella simple decisión cambiaría mi vida para siempre.
Porque al día siguiente conocería a un hombre tan poderoso como enigmático.
Clark Terry.
Nadie se movió. El nombre seguía apareciendo en la pantalla. VICTORIA DELCOURT. Alexander tenía el rostro completamente rígido. Parecía haber olvidado cómo respirar. Miraba a su hermana como si acabara de salir de su propia tumba. —Estás muerta. Victoria inclinó ligeramente la cabeza. —Sigues repitiéndolo. Alexander apretó los puños. —Vi tu cuerpo. Una sonrisa fría curvó los labios de Victoria. —No. Viste el cuerpo que el Consejo quería que vieras. Nadie volvió a hablar. El silencio se había vuelto insoportable. Adrian, en cambio, no apartaba los ojos de su madre. La confusión se veía claramente en su mirada. —¿Mamá? Victoria giró inmediatamente la cabeza hacia él. Y por primera vez desde su aparición, su expresión cambió. Toda aquella frialdad desapareció. Sus ojos se llenaron de una emoción que nunca antes le había visto. —Adrian... Se acercó al cristal que los separaba. Su voz se volvió más suave. —Hijo mío. Adrian permaneció inmóvil. Sus labios temblaron
La sonrisa del joven seguía allí. Ni el más mínimo temblor apareció en su rostro. Alexander, en cambio, ya no se movía. Nunca lo había visto así. Incluso cuando todo parecía escapársele de las manos, siempre encontraba la manera de mantener el control. Pero esta vez, su mirada había cambiado. Parecía desconcertado. —¿Qué acabas de decir? El muchacho se levantó lentamente de su silla. Se tomó su tiempo, como si supiera perfectamente que todos estábamos pendientes de cada una de sus palabras. —Me has oído perfectamente. Su voz era tranquila. Demasiado tranquila para las alarmas que seguían sonando a nuestro alrededor. PROTOCOLO ORION: INICIALIZACIÓN EN CURSO. Las luces rojas parpadeaban en las paredes. Luciana corrió hacia una consola y comenzó a presionar frenéticamente varios comandos. —¡Hay que detener esto! La pantalla no respondía. Lo intentó de nuevo. Nada. Sus dedos se quedaron inmóviles. —No puedo... Noah se acercó inmediatamente. —¿Por qué? Luciana tragó
El nombre quedó suspendido en el silencio.Edward.Nadie se movió.Miré a Isabella.Tenía una mano pegada a la boca. Sus ojos estaban muy abiertos, llenos de un miedo que jamás había visto en ella.—No...La palabra apenas salió de sus labios.El hombre se detuvo frente a nosotros.—Hola, Isabella.Ella retrocedió instintivamente.—Estás muerto.Una sonrisa triste apareció en el rostro de Edward.—Eso era lo que todos debían creer.Alexander seguía inmóvil.Sin embargo, algo había cambiado en él.Miré sus manos.Tenía los dedos tan apretados que los nudillos se le habían puesto blancos.—Edward... —murmuró.El hombre giró lentamente la cabeza hacia él.—Alexander.Solo un nombre.Pero el odio que había en aquella palabra me hizo comprender que aquellos dos hombres tenían una historia. Y, por lo visto, esa historia estaba lejos de terminar.Clark se colocó a mi lado.—¿Alguien va a explicarnos de una vez qué está pasando?Samuel no apartaba los ojos de Edward.—Él fue el primer directo
Mi cuerpo se quedó paralizado.Durante unos segundos, fui incapaz de respirar.Al otro lado de la enorme puerta metálica, una voz acababa de pronunciar mi nombre.—¿Marie?Dejé de moverme.Esa voz...Suave. Débil. Casi temblorosa.Una voz que no había escuchado en doce años.Retrocedí un paso, con el corazón latiéndome con fuerza.—No...Clark se volvió inmediatamente hacia mí.—¿Qué pasa?Negué lentamente con la cabeza. Mis dedos se habían quedado helados.—No es posible.Noah se acercó también.—Marie, ¿quién era?Sentí un nudo en la garganta.Miré fijamente la puerta sin poder apartar los ojos de ella.—Elise.El silencio que siguió fue pesado.Me volví bruscamente hacia mi hermana.Elise estaba allí, a unos metros de mí.Viva.Pero su rostro acababa de perder todo el color.Se llevó una mano a la boca.—Esperen...La voz volvió a escucharse detrás de la puerta.—Marie... abre.Esta vez, nadie podía fingir que no la había oído.Elise se quedó inmóvil.Sus ojos se abrieron de par en
El nombre seguía apareciendo en la pantalla.ALEXANDER DELCOURT.Nadie se atrevía a hablar.Yo no apartaba la mirada del hombre que estaba frente a nosotros.El hombre que, hacía apenas unos instantes, aseguraba haber regresado para salvarnos.El hombre al que mi madre había amado.El hombre que acabábamos de recuperar después de tantos años.Sentí que se me cerraba la garganta.—Di algo.Mi voz tembló a pesar de mí misma.Alexander permaneció en silencio durante unos segundos.Entonces, Clark salió lentamente de detrás de la columna.Su rostro estaba serio, pero podía ver el miedo en sus ojos.—Es un error, ¿verdad?Alexander levantó la mirada hacia él.—No.Un escalofrío me recorrió el cuerpo.Noah se colocó instintivamente delante de Luciana.—¿Qué significa eso?Alexander respiró profundamente.—Significa que el sistema está diciendo la verdad.Isabella se quedó completamente pálida.—Alexander...—Déjame hablar.Ella dio un paso hacia él.—No. No de esta manera.Alexander giró le
Nadie se movió.Todas las miradas estaban dirigidas hacia los altavoces.Clark los observaba como si esperara encontrar allí alguna respuesta.—Mi hijo...Su voz apenas era un susurro.A mi lado, Gabriel había perdido por completo el color del rostro.Lo miré directamente a los ojos.—¿Es ella?No respondió.—¡Gabriel!Cerró los ojos lentamente.Cuando volvió a abrirlos, vi algo que nunca antes había visto en él.Miedo.—Sí.Clark retrocedió un paso.—¿Mi madre?Un ligero ruido de interferencia atravesó los altavoces.Entonces la voz volvió a escucharse.—Prefiero el término que usabas antes.Los puños de Gabriel se cerraron con fuerza.—Detente.La mujer soltó una pequeña risa.—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que por fin descubran la verdad?Clark se acercó a los altavoces.—¿Dónde está?Hubo un breve silencio.Después, la mujer respondió con calma:—Más cerca de lo que imaginas.De repente, las luces se encendieron.Todos nos volvimos hacia la entrada del nivel cero.Una silueta estaba







