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Capítulo 5

작가: Mila Mercado
last update 게시일: 2026-05-20 05:14:08

Valeria temblaba en el suelo de la habitación del hotel, con la espalda apoyada contra la pared fría. La mano de Alexander aún parecía quemarle el cuello. Sus ojos grises, llenos de una rabia posesiva y oscura, se habían clavado en ella como dagas. “Te mataré”, había dicho con esa voz baja y letal que usaba en las salas de juntas cuando destruía competidores. No era una amenaza vacía. Alexander Blackwood nunca hablaba en vano. 

Se tocó el vientre con manos temblorosas. El bebé —aún no sabía que eran tres— era lo único que importaba ahora. No podía quedarse. Si se quedaba, moriría de hambre, de humillaciones o, eventualmente, a manos de él. 

Tomó su teléfono con decisión y marcó el número que Damien Cross le había dado. 

—Señor Cross… acepto. Quiero irme. Esta misma noche, por favor. 

Del otro lado, la voz de Damien sonó calmada y firme: 

—Buena decisión, Valeria. Un auto negro sin placas te recogerá en la puerta trasera del hotel en cuarenta minutos. Lleva solo lo esencial. Yo me encargo del resto. 

Alexander, mientras tanto, regresaba a su penthouse. Sophia lo esperaba con dos copas de vino, vestida solo con una bata de seda. 

—¿La encontraste? —preguntó con una sonrisa venenosa. 

—La amenacé —respondió él, quitándose la corbata con violencia—. Si se atreve a huir con Cross, la mataré. Nadie me humilla usando a mi exmujer. 

Sophia se acercó y le acarició el pecho. 

—Esa zorra oportunista no se merece ni el aire que respira. Si se va, mejor. Pero si se queda… seguiremos destruyéndola. 

Valeria empacó todo en menos de veinte minutos: ropa, documentos falsos que Damien le había enviado por mensaje, las vitaminas y algo de comida. Un dolor agudo le atravesó el bajo vientre cuando se agachó. Se dobló, respirando con dificultad. Náuseas violentas la invadieron. Corrió al baño y vomitó con fuerza, sintiendo cómo su cuerpo se rebelaba. Gotas de sudor frío le recorrían la frente. Era el primer síntoma fuerte del embarazo. Las piernas le flaqueaban y un mareo intenso la obligó a sostenerse del lavabo. 

—Resiste, por favor… —suplicó al bebé, tocándose el vientre—. Mamá va a sacarte de aquí. 

Exactamente a la hora acordada, un auto negro la esperaba en el callejón trasero. El conductor, un hombre callado y musculoso, solo asintió cuando ella subió. Damien la llamó mientras el vehículo se alejaba a toda velocidad. 

—Estás bajo mi protección ahora. Tengo gente en el aeropuerto privado. Pasaporte nuevo, identidad temporal como Elena Vargas. Alexander no podrá rastrearte fácilmente. En España tendrás seguridad 24/7. 

Valeria miró por la ventana mientras la ciudad que tanto le había dolido quedaba atrás. Lágrimas silenciosas caían por sus mejillas. Sentía miedo, alivio y una profunda tristeza. Había amado a Alexander con todo su ser. Ahora solo quedaba odio y terror. 

En el penthouse, el teléfono de Alexander sonó. Uno de sus hombres le informó: 

—Señor, la vieron subir a un auto negro. Se dirige hacia el aeropuerto privado del sur. 

Alexander estrelló el vaso contra la pared. Sophia dio un salto. 

—¡Maldita sea! —rugió—. ¡Cross! ¡Esa perra se atrevió a desobedecerme! 

Marcó el número de Valeria. Ella contestó con manos temblorosas, pero no habló. 

—Escúchame bien, Valeria —gruñó Alexander con voz mortal—. Si subes a ese avión, te encontraré. No importa en qué país te escondas. Te sacaré de debajo de las piedras y te mataré lentamente. Y si estás pensando en usar a mi rival para lastimarme… te juro que destruiré todo lo que toques. No eres nada. Nunca fuiste nada. Solo una puta oportunista que calentó mi cama. 

Valeria colgó, sollozando. El mareo regresó con fuerza. Sintió un calambre fuerte en el abdomen y se dobló en el asiento, gimiendo de dolor. El conductor la miró por el espejo. 

—¿Señora? ¿Está bien? 

—Solo… náuseas —mintió ella, pálida como un papel. 

Damien, que esperaba en el hangar privado, la recibió personalmente. Alto, traje gris oscuro, cabello castaño bien peinado y ojos negros inteligentes. La ayudó a bajar del auto y la sostuvo cuando casi se desmaya. 

—Tranquila. Ya casi estamos fuera de su alcance. El jet está listo. 

Mientras subían al avión, Alexander llegó al aeropuerto comercial más cercano con varios guardaespaldas, furioso. Sophia lo seguía, disfrutando del drama. 

—Busquen en todos los vuelos privados —ordenó—. Si es necesario, sobornen a quien haga falta. Esa mujer no se va a escapar tan fácil. 

El jet de Damien despegó en la oscuridad de la noche. Valeria, sentada en el asiento de cuero, miró por la ventanilla cómo las luces de la ciudad se hacían pequeñas. Un nuevo calambre la hizo jadear. Damien se arrodilló frente a ella, preocupado. 

—¿Qué tienes? ¿Estás herida? 

Valeria negó, pero las lágrimas cayeron. 

—Estoy embarazada… —confesó en un susurro—. Y tengo mucho miedo. 

Damien apretó la mandíbula. Una mezcla de sorpresa y satisfacción cruzó sus ojos. Esto era mejor de lo que había planeado contra Alexander. 

—Aquí estarás protegida. Ni Alexander Blackwood ni nadie te tocará. Descansa. Tienes un largo camino por delante… Elena. 

Valeria cerró los ojos, exhausta. El primer síntoma fuerte del embarazo la había debilitado, pero también le había dado la fuerza final para huir. 

Ahora empezaba una nueva vida. Lejos del hombre que juró matarla. 

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