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Capítulo 4

Author: Mila Mercado
last update publish date: 2026-05-20 05:13:32

Valeria salió del centro comercial con una bolsa barata de ropa interior y productos básicos. Había gastado sus últimos dólares en cosas esenciales para el embarazo. La cabeza le daba vueltas por el hambre y las náuseas constantes. Apenas dio dos pasos fuera del mall cuando una voz familiar y fría la paralizó. 

—Mira nada más quién sigue arrastrándose por la ciudad. 

Alexander Blackwood bajaba de un lujoso auto negro con Sophia del brazo. Ella llevaba un vestido rojo ajustado y gafas de diseñador, sonriendo como si acabara de ganar un premio. Varias personas sacaron sus teléfonos al reconocerlos. 

Valeria intentó ignorarlos y seguir caminando, pero Alexander la alcanzó en dos zancadas y la tomó del brazo con fuerza. 

—¿Todavía estás aquí? —siseó cerca de su oído para que solo ella escuchara—. Pensé que ya te habrías ido a morir debajo de un puente como la rata que eres. 

Sophia se acercó riendo y le arrancó la bolsa de las manos, tirándola al suelo. Las prendas baratas rodaron por la acera sucia. 

—Qué patética. Comprando porquerías en rebajas mientras nosotras venimos de la zona VIP. ¿Sigues pensando que alguien te va a dar trabajo después de lo que Alexander dijo de ti? 

La gente empezó a grabar. Valeria sintió las lágrimas quemarle los ojos, pero se negó a llorar delante de ellos. 

—Déjenme en paz… —suplicó en voz baja—. Ya no soy nada para ustedes. 

Alexander apretó más su brazo, clavándole los dedos. 

—Exacto. No eres nada. Si te veo otra vez respirando el mismo aire que yo, haré que te arrepientas de haber nacido. 

La empujó con desprecio. Valeria tropezó y cayó sentada sobre la acera. Un dolor agudo le atravesó el vientre y se abrazó instintivamente, protegiendo a su bebé. La multitud murmuraba, algunos riendo, otros grabando el espectáculo. 

En ese momento, un hombre alto de unos cuarenta años, con un  traje gris impecable y de mirada afilada, se acercó con paso decidido. Era Damien Cross, el principal rival de Alexander en el mundo de los negocios. Dueño de Cross Empire, enemigo declarado de los Blackwood. 

—Esto es patético incluso para ti, Blackwood —dijo Damien con voz fría y alta para que todos escucharan—. Humillar a una mujer en la calle no te hace más hombre. Solo demuestra lo pequeño que eres. 

Alexander soltó una risa oscura. 

—Cross… No te metas en mis asuntos. Esta mujer ya es historia. 

Damien ignoró a Alexander y se agachó frente a Valeria, ofreciéndole su mano. Sus ojos oscuros mostraban una mezcla de lástima y cálculo. 

—Señorita Montenegro, ¿está bien? Permítame ayudarla. 

Valeria dudó. Su orgullo estaba destrozado, pero el dolor en su vientre y el miedo por su hijo le hicieron aceptar la mano. Damien la levantó con gentileza y recogió sus cosas del suelo. 

—Venga conmigo —le dijo en voz baja mientras la guiaba hacia su auto—. Tengo una propuesta que podría salvarla de todo esto. 

Alexander dio un paso adelante, furioso. 

—Cross, si te llevas a esa mujer… 

—Ya ella no es tu esposa, ¿verdad? —respondió Damien con una sonrisa desafiante—. Ya la descartaste públicamente. 

Sin decir más, Demián ayudó a Valeria a caminar hacia su auto bajo la atenta mirada de todos los presentes.

Dentro del auto de lujo, Damien le ofreció una botella de agua y la miró con seriedad. 

—Sé quién eres y lo que te han hecho. Necesito una asistente personal de confianza para mi sucursal en España. Buen sueldo, casa incluida, protección total. Nadie sabrá dónde estás. Alexander no podrá tocarte. Si aceptas yo personalmente te sacaré del país esta misma semana. 

Valeria bajó la mirada, tocándose el vientre discretamente. Por su hijo. Tenía que protegerlo. 

—Yo… acepto —susurró con voz temblorosa—. Pero necesito irme pronto. 

Damien sonrió satisfecho. 

—Excelente decisión. 

Esa misma noche, Valeria estaba empacando sus pocas pertenencias en el hotel cuando la puerta se abrió violentamente. Alexander entró como un huracán, acompañado de dos hombres de seguridad. La tomó del cuello y la empujó contra la pared. 

—¿Te atreves a irte del país con mi enemigo? —gruñó con los ojos llenos de rabia posesiva—. Escúchame bien, Valeria. Si subes a ese avión, te encontraré. Y te mataré. No permitiré que mi ex mujer la puta oportunista que eres se convierta en el trofeo de Damien Cross. Te destruiré antes. 

La soltó bruscamente. Valeria cayó al suelo, jadeando y temblando de miedo. 

—Eres mía hasta que yo decida lo contrario —escupió Alexander antes de salir—. Intenta huir y verás lo que soy capaz de hacer. 

La puerta se cerró con un golpe seco. 

Valeria se abrazó las rodillas, llorando en silencio. El miedo la paralizaba, pero dentro de ella, la pequeña vida que crecía le recordaba que tenía que ser fuerte. 

Ahora tenía dos enemigos poderosos… y solo una oportunidad de escapar.

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