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161: DECISIÓN

last update publish date: 2026-09-22 07:36:55

Caminaba por el pasillo del juzgado con las piernas temblorosas y unas ganas enormes de llorar. Me sentía fatal y la conciencia me pesaba con cada paso que daba. En el fondo, sabía que lo que estaba a punto de hacer estaba mal. Tenía una prueba en mis manos, pero, aun así, las palabras de Talita no se me iban de la cabeza.

Cuando me detuve delante de la puerta del despacho de Renner, las manos empezaron a temblarme todavía más. Ya podía imaginar la expresión que pondría cuando oyera lo que tení
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  • En las garras del juez   165: TRANSACCIÓN

    —Vaya… —Fue lo único que conseguí decir.—Me ha dado pena porque estaba haciendo muy bien su trabajo.Oír a Júlia elogiar el trabajo de mi hermano me hizo sentir un poco mal. Si aquel imbécil supiera utilizar sus habilidades para algo bueno, podría estar trabajando de verdad en alguna casa, ganando su propio dinero y siguiendo con su vida sin meterse en problemas. Pero Flávio no quería trabajar; su principal objetivo era volverme loca, y a aquellas alturas ya tenía la cabeza bastante alterada.—No te preocupes por eso. Seguro que hay muchos profesionales por ahí tan buenos como él o incluso mejores —respondí.Noté la sorpresa en la mirada de Júlia, como si mi respuesta le hubiera parecido un poco insensible, pero no me importó. Si demostraba demasiado interés o empezaba a hacer preguntas sobre la repentina marcha del encargado de la piscina, podría acabar despertando alguna sospecha. Lo mejor era no meterme.Subí las escaleras y caminé hacia el dormitorio. Sin embargo, antes de entrar

  • En las garras del juez   164: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

    Oír aquello solo hizo que me entraran todavía más ganas de llorar. Dante me apretó contra su pecho mientras me acariciaba la cabeza, sin decir nada más. Me consolaba de una manera que nadie lo había hecho en toda mi vida y, por algún motivo, en aquel momento me sentía muy, pero que muy protegida entre sus brazos.Creo que fue precisamente eso lo que hizo que me derrumbara todavía más. Cuanto más segura me sentía a su lado, peor me pesaba la conciencia. Estaba cambiando; cada vez podía percibirlo con mayor claridad. Poco a poco, aquel hombre arrogante, frío y egoísta que había conocido estaba dejando paso a alguien que jamás imaginé que existiera.Mientras tanto, parecía que yo seguía el camino contrario. Cada día ocultaba una verdad diferente. Mentía, omitía cosas, tomaba decisiones equivocadas y encontraba nuevas justificaciones para convencerme a mí misma de que lo hacía todo por una buena razón.En aquel momento, abrazada precisamente por el hombre al que más cosas le ocultaba, una

  • En las garras del juez   163: ABRAZO SINCERO

    —Está bien —dijo, dejando las tijeras que utilizaba para podar una de las plantas—. Acepto. Pero necesito una garantía.Fruncí el ceño.—¿Una garantía?Sus ojos bajaron hasta mi cuello.—Tu collar.Instintivamente, llevé la mano hasta la joya.—¿Qué?—Dámelo como garantía.—No puedo darte esto, Flávio.—Entonces no tenemos trato.—¡Deja de decir tonterías! Acabo de decirte que voy a darte treinta mil reales.—¿Y voy a marcharme de aquí confiando únicamente en tu palabra? Ni hablar. Quiero algo que me garantice que vas a pagarme.—Este collar no es mío.—Está en tu cuello.—Eres increíble.—Y tú estás desesperada. —Extendió la mano—. Así que dejemos de perder el tiempo.Apreté el colgante entre los dedos. Todo en aquella situación parecía estar mal. Utilizar a escondidas la tarjeta de Dante ya era bastante malo. Entregar una joya como garantía para sobornar a mi propio hermano conseguía que todo fuera todavía peor. Sin embargo, pensé en Gabriela y en la forma en que había dicho que le

  • En las garras del juez   162: UNA PROPUESTA DESESPERADA

    Se me erizó el vello de todo el cuerpo en ese mismo instante. En medio de todo lo que estaba ocurriendo, todavía no había pensado en cómo iba a contárselo.—La decisión es mía.—Claro que sí. Pero los dos sabemos que ese argumento no va a funcionar demasiado bien con Dante Alencar.Me quedé en silencio.—Tú misma viste cómo se volvió loco cuando le contaste lo que había ocurrido en aquella sala. Imagínate cuando vea el vídeo…—¿Ya se lo has enseñado?—Sí. Ya se lo he enviado, pero todavía no me ha respondido. Supongo que estará ocupado resolviendo todo lo que ha ocurrido con su hija.—Está bien. ¿Sabes qué? Me da igual si lo ve o no. La decisión final sigue siendo mía.—En eso tienes razón.—Pues ya está.Intenté convencerme de que aquello estaba resuelto.—Pero tener derecho a decidir no significa que Dante vaya a aceptar quedarse de brazos cruzados —continuó.—Tendrá que aceptarlo. —Respiré hondo—. Esto me pasó a mí, Renner. Fui yo quien entró en aquella sala, fui yo quien pasó por

  • En las garras del juez   161: DECISIÓN

    Caminaba por el pasillo del juzgado con las piernas temblorosas y unas ganas enormes de llorar. Me sentía fatal y la conciencia me pesaba con cada paso que daba. En el fondo, sabía que lo que estaba a punto de hacer estaba mal. Tenía una prueba en mis manos, pero, aun así, las palabras de Talita no se me iban de la cabeza.Cuando me detuve delante de la puerta del despacho de Renner, las manos empezaron a temblarme todavía más. Ya podía imaginar la expresión que pondría cuando oyera lo que tenía que decirle.Respiré hondo y levanté la mano para llamar a la puerta, pero vacilé.Todavía estaba a tiempo de echarme atrás y simplemente marcharme, fingir que aquella conversación con Talita nunca había ocurrido, pero había tomado una decisión y, por muy equivocada que pudiera parecer, había dado mi palabra.Llamé dos veces a la puerta.—Puedes entrar —oí la voz de Renner.Cerré los ojos durante un breve instante antes de girar el pomo. Ahora necesitaba encontrar el valor para decir en voz al

  • En las garras del juez   160: PETICIÓN

    Dicen que una de las peores cosas que pueden ocurrir es ver cómo alguien a quien quieres y consideras un amigo se convierte en tu enemigo. Por la forma en que Talita me hablaba, empezaba a darme cuenta de que eso era exactamente lo que estaba ocurriendo.Conocía aquella voz. Conocía sus manías, sus reacciones e incluso la forma en que hablaba cuando estaba dolida o enfadada. Pero aquello era diferente. Me interrumpía cada vez que intentaba explicarle algo y parecía no considerar siquiera la posibilidad de escucharme. En aquel momento, Talita no quería saber la verdad. Quería hacerme daño.Tal vez creía que me merecía aquello por todo lo que, según ella, había hecho contra Derick. Y, como me conocía tan bien, sabía exactamente cuál era mi punto débil. Daba miedo darse cuenta de que alguien a quien un día le había contado mis secretos ahora podía utilizarlos como armas contra mí.—Voy a hacer que pagues por todo lo que me estás haciendo, Fabi. Y, si le pasa algo al bebé que estoy espera

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