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184: DESCARTADA

last update publish date: 2026-09-28 08:38:49

—Tienes que ver tu habitación, hija. Es tan bonita como el resto de la casa.

Mi madre continuó hablando cuando se dio cuenta de que me había quedado en silencio.

—La casa está completamente amueblada. Hasta hay televisión en las habitaciones.

—¿En serio, mamá?

—Sí. Y hay una habitación para cada uno. Solo tu hermana tendrá que compartir la suya con Vini.

—Qué bien.

—¿Estás en la universidad ahora?

—Sí.

—Entonces voy a prepararte algo para que comas cuando llegues. No comas nada fuera.

—Está bie
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  • En las garras del juez   185: CULPA

    Hablé un poco más con mi madre y después me fui a acostar. El cansancio terminó venciéndome y me dormí rápidamente.A la mañana siguiente, fui a trabajar como de costumbre.Lo bueno de mi rutina era que me mantenía fuera de casa prácticamente todo el día. Cuando llegaba por la noche, apenas me cruzaba con mi padre y mis hermanos, ya que a esas horas cada uno estaba ocupado con su propia vida. En cierto modo, aquello también me ayudaba a evitar conflictos.Así pasaron tres días.Tres días en los que seguí en aquella casa sin tener ninguna noticia de Dante. Ni un mensaje, ni una llamada. Nada. Era como si simplemente se hubiera olvidado de mí.Al principio, todavía miraba el móvil más veces de las que me gustaría admitir, esperando encontrar algún mensaje suyo. Después del segundo día, dejé de hacerlo. No sabía qué estaba pasando con él, pero tendría paciencia y esperaría; fuera cual fuera su decisión, al final tendría que respetarla, ya que siempre había sido así.Una tarde, cuando ya

  • En las garras del juez   184: DESCARTADA

    —Tienes que ver tu habitación, hija. Es tan bonita como el resto de la casa.Mi madre continuó hablando cuando se dio cuenta de que me había quedado en silencio.—La casa está completamente amueblada. Hasta hay televisión en las habitaciones.—¿En serio, mamá?—Sí. Y hay una habitación para cada uno. Solo tu hermana tendrá que compartir la suya con Vini.—Qué bien.—¿Estás en la universidad ahora?—Sí.—Entonces voy a prepararte algo para que comas cuando llegues. No comas nada fuera.—Está bien. Mándame la dirección por mensaje. Cuando salga de aquí, cogeré un taxi.—Te la envío ahora mismo.En ese momento, el profesor pasó junto a mí y entró en el aula.—Mamá, tengo que colgar. El profesor ya ha entrado.—Está bien, hija. Ven con cuidado.—Sí. Hasta dentro de un rato.Colgué y volví al aula.Quizá porque ya me sentía mal, aquella clase pareció durar una eternidad. Miré el reloj tantas veces que empecé a pensar que las agujas se habían empeñado en llevarme la contraria. Cuando por fi

  • En las garras del juez   183: ¿DE VUELTA A CASA?

    De repente, sentí como si me hubieran dado un puñetazo en la cara. Las manos empezaron a sudarme y a temblarme, mientras un revoloteo de mariposas invadía mi estómago.—¿Qué?—Me has oído.—¿Tu padre ha dicho eso?Asintió.—Sí, justo después de que le pidiera que terminara todo contigo y te echara de aquí.Se me formó un nudo en la garganta.—¿Por qué hiciste eso?—Porque quise.La forma en que me miraba con desprecio, hablando como si no le importara lo que yo sintiera al escuchar aquello, me hacía daño. No conseguía entender por qué no le caía bien sin siquiera conocerme de verdad.Intenté fingir que no me importaba, pero algunas cosas eran más fáciles de ignorar cuando no te las decían a la cara.—¿Te he hecho algo? —pregunté.Soltó una risita y cruzó los brazos.—Todavía no lo has entendido, ¿verdad?—He entendido que no te caigo bien. Lo que no entiendo es el motivo.—Quizá porque no todo necesita un motivo, Fabiane. A veces, simplemente alguien no te cae bien.Aquello me hizo ap

  • En las garras del juez   182: EXTRAÑO 2

    «Plantearme esa opción.»Aquella respuesta se quedó en mi cabeza y, por mucho que quisiera entenderla, no lo intenté en aquel momento. Simplemente asentí y salí del despacho de Dante, sin saber muy bien qué pensar ni qué decir.Estaba extraño, no podía negarlo. Desde que entré en su despacho, sentí que había algo diferente en la forma en que me hablaba, y aquella última frase solo aumentó la sensación de que algo había cambiado. Aun así, aquel no era el momento adecuado para hablar de ello. Estábamos trabajando y, seguramente, Dante tenía muchas cosas que resolver en lugar de tener una discusión de pareja conmigo en mitad de la jornada.Volví a mi mesa, intentando apartar aquello de mi cabeza. Más tarde, cuando estuviéramos en casa, le preguntaría qué estaba pasando. Al menos eso era lo que pretendía hacer, pero no fue lo que ocurrió.Cuando llegué a casa, descubrí que Dante tenía las maletas preparadas para pasar unos días fuera. El viaje estaba relacionado con el caso de corrupción

  • En las garras del juez   181: EXTRAÑO

    Llegué al juzgado un poco tarde, algo que, obviamente, Bianca no dejó pasar por alto.—¿No sabes cumplir un horario?—Perdona, he tardado en encontrar un taxi.—No quiero saber nada de tus excusas. Solo quiero que cumplas con tus obligaciones.—Y lo haré.Me senté en mi mesa y, casi inmediatamente, miré hacia la puerta del despacho.—¿Ha llegado Dante?—Sí, ha llegado.Me levanté en el acto.—Voy a hablar con él.Di unos pasos hacia el despacho, pero Bianca se interpuso en mi camino.—¿Quién te crees que eres para entrar en su despacho cuando te apetezca?Me detuve, sorprendida por la forma en que me había hablado.—Necesito hablar con él. Es urgente.—No me interesa tu urgencia. Si el doctor Alencar no ha solicitado tu presencia, no puedes entrar en su despacho sin más.—Bianca, no quiero crear problemas. Es un asunto personal y necesito hablar con él ahora.—Entonces espera a que tenga tiempo para ti.La forma en que lo dijo me molestó.—Solo tardaré unos minutos.Intenté pasar, per

  • En las garras del juez   180: BECA DE ALOJAMIENTO

    De repente, toda la felicidad que sentía se esfumó. Gabriela me dejó sola en el pasillo y entró en su habitación dando un portazo. Entendía que era una adolescente llena de heridas y traumas; lo que no conseguía comprender era por qué no le caía bien sin siquiera conocerme de verdad y, sobre todo, por qué parecía disfrutar diciendo cosas que sabía que podían hacerme daño.Intenté ignorarlo, pero ya era demasiado tarde. La sonrisa que llevaba en el rostro había desaparecido mientras bajaba las escaleras.Cuando llegué al comedor, encontré la mesa completamente preparada, pero vacía. Dante no estaba allí.—Buenos días, señorita Fabiane.Júlia apareció con un jarrón de flores.—Buenos días, Júlia. ¿Dante ya se ha despertado?—Sí. Se ha levantado muy temprano, ha desayunado y ha salido. Comentó que tenía varias cosas que resolver.No pude evitar sentirme decepcionada. Después de todo lo que había ocurrido la noche anterior, imaginaba que lo encontraría allí aquella mañana. Quizá incluso m

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