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195: AGONÍA

last update Veröffentlichungsdatum: 01.10.2026 21:02:54

—Tita…

La voz de mi sobrino resonó en mi subconsciente.

—Tita, levántate, tengo hambre.

Abrí los ojos lentamente, sintiendo un dolor enorme en la cabeza. Tardé unos segundos en entender dónde estaba. Me encontraba tumbada en el suelo de la casa de invitados y, agachado a mi lado, estaba Vinícius, mirándome con expresión confundida.

Moví el cuerpo con dificultad y sentí dolor por todas partes. La cabeza me palpitaba terriblemente y, durante unos segundos, no conseguí entender por qué estaba en e
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  • En las garras del juez   196: UN VERDADERO PADRE

    —Dios mío… Dios mío…Me acerqué a Dante, intentando comprender en qué estado se encontraba. Se me encogió el corazón al verlo de aquella manera, inconsciente en el suelo.—¿Qué le han hecho?—Le han pegado porque intentó defenderme —respondió Gabriela entre sollozos.—Por favor, intentad mantener la calma. Tenemos que llamar a una ambulancia y a la policía.—Sí, Júlia, por favor —supliqué, dándome cuenta de que ella parecía ser la más serena de nosotras en aquel momento.Júlia salió rápidamente del baño, diciendo que utilizaría el teléfono fijo, ya que los hombres se habían llevado sus móviles.—Dante… —Lo llamé en cuanto salió, acercándome todavía más a él—. Dante, por favor, háblame.Yo no podía dejar de llorar, y Gabriela no estaba mucho mejor.—Es culpa mía —repetía, desesperada—. Le han hecho esto por mi culpa. Uno de esos hombres quería llevarme a la habitación y mi padre no se lo permitió. Se abalanzó sobre ellos, Fabiane. Aunque todos estaban armados, intentó defenderme.Miré

  • En las garras del juez   195: AGONÍA

    —Tita…La voz de mi sobrino resonó en mi subconsciente.—Tita, levántate, tengo hambre.Abrí los ojos lentamente, sintiendo un dolor enorme en la cabeza. Tardé unos segundos en entender dónde estaba. Me encontraba tumbada en el suelo de la casa de invitados y, agachado a mi lado, estaba Vinícius, mirándome con expresión confundida.Moví el cuerpo con dificultad y sentí dolor por todas partes. La cabeza me palpitaba terriblemente y, durante unos segundos, no conseguí entender por qué estaba en el suelo.¿Qué había pasado?Miré a mi alrededor, todavía desorientada, reconociendo poco a poco la cama, los muebles y el baño de la casa de invitados. Fue entonces cuando todo regresó de golpe.Los hombres. Las armas. El golpe en la cabeza.—Dante…Intenté levantarme rápidamente, pero un dolor me atravesó la cabeza y todo a mi alrededor empezó a dar vueltas. Apoyé una mano en la cama y cerré los ojos, respirando hondo mientras esperaba a que aquella sensación pasara.—Tita, tengo hambre —repiti

  • En las garras del juez   194: PROTEGIENDO A SU HIJA

    No pensé en las armas, ni en cuántos eran y mucho menos en lo que podía ocurrirme. Solo vi a aquel desgraciado sujetando a Gabriela y me abalancé sobre él.Conseguí alcanzarlo, pero, antes de que pudiera hacer nada, otros hombres se lanzaron sobre mí. Intenté liberarme, dominado por una rabia que me hacía ignorar por completo el peligro, pero me inmovilizaron. Aun así, seguí intentando avanzar.—¡Suéltala, hijo de puta!—¡Papá! —oí gritar a Gabriela.Un golpe me alcanzó y sentí que mi cuerpo perdía el equilibrio. Aun así, intenté levantarme. No podía aceptar que aquel hombre se llevara a mi hija dentro de la habitación mientras yo simplemente obedecía y miraba.—¡Señor juez, pare! —gritó Júlia desesperada.Recibí otro golpe y después otro más. Mi visión empezó a volverse borrosa, pero aun así busqué a Gabriela con la mirada. Seguía en el pasillo, completamente paralizada, mirándome como si no pudiera creer lo que estaba viendo. Quizá, después de todo lo que había ocurrido entre nosotr

  • En las garras del juez   193: FUERA DE CONTROL

    —Queremos todo lo de valor que haya en esta casa —respondió uno de ellos—. Si colaboras, nadie tiene por qué salir más herido.Asentí despacio. En aquel momento, me daba igual lo que se llevaran. El dinero podía recuperarlo, los objetos podían comprarse de nuevo. Solo quería que salieran de allí sin hacer daño a nadie más.Dos de ellos me agarraron por los brazos y me pusieron de pie.—¿Dónde están las cosas de valor?—Dentro de la casa.—¿Dónde?—Tengo dinero en el despacho. Las joyas y otras cosas están en mi habitación.El hombre me observó durante unos segundos.—Vas a llevarnos hasta allí.—Está bien.—Y no intentes ninguna tontería.—No voy a intentar nada. Podéis llevaros lo que queráis.Antes de empezar a caminar, busqué a Fabi con la mirada. Seguía tendida en el suelo y aquello hizo que me doliera el pecho. Me empujaron hacia la casa. A cada paso, intentaba controlar la rabia y pensar con claridad. Necesitaba averiguar dónde estaban Gabriela y Júlia y asegurarme de que seguía

  • En las garras del juez   192: PLANES

    DANTE ALENCARCuando mi hija me pidió que terminara con Fabi y la echara de casa, dudé. Ni mi mente ni mi corazón querían aquello en absoluto.Todavía no entendía ni sabía explicar qué significaba aquel sentimiento, pero comprendía que Fabiane se había convertido en alguien importante para mí, alguien a quien no quería simplemente descartar de mi vida.Sin embargo, aquella había sido la primera vez que Gabriela me pedía algo y explicaba sus motivos sin gritar ni discutir. Quizá por eso, impulsivamente, le dije que haría lo que quería, pero impuse mis condiciones.—No puedo romper un compromiso de la noche a la mañana. Sabes que tengo un nombre que proteger y que lo valoro tanto como mi propia vida. Además, está el hecho de que Fabiane me está ayudando con los escándalos relacionados con mi nombre.—Siempre tú en primer lugar, ¿no? —se burló.—¿Y quién más iba a ponerme en primer lugar si no lo hago yo mismo? —pregunté.Se puso seria.—Puedo hacer lo que me has pedido, pero tendrás que

  • En las garras del juez   191: ROMPIENDO EL AMBIENTE

    En cuanto oí mi propia voz, sentí que se me encendía el rostro. Lo había dicho y ya no había vuelta atrás.—¿Qué has dicho? —preguntó, sorprendido.—Por favor, no me hagas repetirlo —pedí, nerviosa.Sin valor para seguir mirándolo, hice ademán de levantarme, pero Dante me agarró de la mano antes de que pudiera hacer ningún movimiento.—¿Adónde crees que vas?—A cualquier lugar donde no tenga que mirarte a la cara después de lo que acabo de decir.Se rio.—Siéntate aquí.—No.—Fabiane…—Me da vergüenza.—No tienes por qué sentirte así.—Entonces suéltame la mano.—Tampoco.Intenté apartarla, pero sus dedos siguieron rodeando los míos.—Dante…—Mírame.—No quiero.—Fabi.Respiré hondo antes de reunir finalmente el valor para mirarlo.—No tienes ni idea de cuánto quería oír eso —confesó.Antes de que pudiera decir nada, me atrajo hacia él. Mi cuerpo chocó contra el suyo y, al instante siguiente, sus labios estaban sobre los míos.No dudé, correspondí al beso casi de inmediato, sintiendo

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