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213: LA PROMETIDA

last update Date de publication: 2026-10-09 09:02:11

Me temblaron las piernas mientras un montón de mariposas empezaban a revolotear en mi estómago.

—¿Ayer?

—Ayer —respondió, sonriendo.

—¿Lo viste?

—Lo vi con mis propios ojos.

Me quedé mirándola, intentando encontrar en su expresión alguna señal de que solo se estaba inventando aquello para hacerme daño.

—Dices eso porque estás enfadada conmigo.

—Cree lo que quieras.

—¿Acabas de descubrir que estamos juntos y ahora, casualmente, sales con esa historia de que te has acostado varias veces con él y
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  • En las garras del juez   215: DUDA SINCERA

    Cuando llegué al juzgado, me senté a mi mesa y empecé a trabajar. Poco después, la puerta del despacho de Dante se abrió y el corazón casi se me salió por la boca al pensar que podía ser él. Sin embargo, solo era la limpiadora, que estaba terminando de limpiar el despacho, señal de que todavía no había llegado.—Dios mío, tengo que controlarme —susurré.Volví a concentrarme en el trabajo, pero, al cabo de un rato, levanté la mirada y me di cuenta de que Bianca me estaba observando. Me extrañó, pero intenté ignorarlo. Sin embargo, cuando nuestras miradas se encontraron y ella apartó rápidamente la suya, no pude resistirme.—¿Ha pasado algo, Bianca?—No, nada —respondió, volviendo la mirada al ordenador.Retomé lo que estaba haciendo, pero no tardé mucho en darme cuenta de que volvía a observarme.—¿Estás segura? —pregunté.Esta vez pareció vacilar. Miró rápidamente a su alrededor antes de levantarse y acercarse a mi mesa.—¿Es verdad que unos ladrones entraron en la mansión de Dante? —

  • En las garras del juez   214: ¿CREER O NO CREER?

    Nunca fui el tipo de persona que intentaba aparentar ser mejor que los demás, y mucho menos me gustaba humillar a nadie. Pero, en aquel momento, mientras observaba a mi hermana coger el móvil y buscar información sobre Dante y su prometida, no pude evitar sentir cierta satisfacción al ver su expresión de incredulidad.Cada foto mía a su lado parecía suponer una nueva sorpresa para ella.Viviane deslizaba el dedo por la pantalla, abría una noticia, volvía a los resultados de la búsqueda y entraba en otra. Cuanto más leía, más le cambiaba la cara.—No me lo puedo creer —dijo en voz baja, como si hablara consigo misma.Me crucé de brazos.—¿Ahora te crees que hay algo serio entre nosotros?No respondió. Siguió mirando el móvil hasta que se detuvo en el vídeo en el que él anunciaba públicamente nuestro compromiso.—¿Esto es verdad?—Lo estás viendo con tus propios ojos.—¿De verdad estás prometida con él?Vacilé durante una fracción de segundo.—Sí.Solo entonces levantó finalmente la mir

  • En las garras del juez   213: LA PROMETIDA

    Me temblaron las piernas mientras un montón de mariposas empezaban a revolotear en mi estómago.—¿Ayer?—Ayer —respondió, sonriendo.—¿Lo viste?—Lo vi con mis propios ojos.Me quedé mirándola, intentando encontrar en su expresión alguna señal de que solo se estaba inventando aquello para hacerme daño.—Dices eso porque estás enfadada conmigo.—Cree lo que quieras.—¿Acabas de descubrir que estamos juntos y ahora, casualmente, sales con esa historia de que te has acostado varias veces con él y de que ayer lo viste con otras mujeres?—No necesito inventarme nada, Fabi. Tú misma conoces la fama que tiene.La conocía. Y quizá fuera precisamente por eso por lo que aquellas palabras habían conseguido meterse en mi cabeza con tanta facilidad.—Si pasó todo eso entre vosotros, ¿por qué nunca me lo contaste?La pregunta pareció pillarla desprevenida.—Porque no era asunto tuyo.—Qué curioso. Hace unos minutos estabas furiosa porque no te había contado lo nuestro, pero resulta que tú habrías s

  • En las garras del juez   212: PROVOCACIÓN

    Me detuve en el acto.—¡Habla más bajo! Mamá y Vinicius están durmiendo.—¡Me importa una mierda!—Pues debería importarte. Acabas de venir a reprocharme que estuviera fuera mientras los dos dormían y ¿ahora vas a despertarlos gritando?Mi respuesta pareció irritarla todavía más.—No intentes cambiar de tema, Fabi.—No estoy cambiando de tema. Solo quiero que hables más bajo.Respiró profundamente, pero, cuando volvió a hablar, bajó el tono.—Eres una traidora.—Eso ya lo has dicho. ¿Ahora puedes explicarme por qué?Me miró como si hubiera hecho la pregunta más absurda del mundo.—Te lo conté todo.Sentí una opresión en el pecho. Sabía perfectamente hacia dónde se dirigía aquella conversación.—Viviane…—No. Ahora vas a escucharme. Te conté que me gustaba. Te conté lo que sentía, te hablé de las cosas que habían pasado entre nosotros, y tú te quedaste ahí, escuchándolo todo, fingiendo que no pasaba nada.—Yo nunca he fingido nada.—¿Ah, no? —soltó una risa sin humor—. Entonces, ¿qué e

  • En las garras del juez   211: ¿QUÉ SOMOS?

    No sabía qué era peor en aquel momento: Viviane golpeando la ventanilla del coche o mi corazón a punto de salírseme por la boca.Me aparté rápidamente de Dante y me acomodé en el asiento del copiloto, mientras él enderezaba el asiento del conductor, dejándolo en la posición en la que estaba antes.—¿Qué hago ahora? —susurré, nerviosa.Dante me miró y, al darse cuenta de mi expresión de pánico, me cogió de la mano.—No te preocupes. Yo me encargo.Con expresión de estar completamente tranquilo, se arregló la camisa y bajó la ventanilla.—Buenas noches, Viviane.Mi hermana no respondió de inmediato. Primero lo miró a él, después a mí y, por último, volvió a mirar el interior del coche, como si estuviera intentando entender exactamente qué acababa de interrumpir.—Buenas noches —dijo finalmente, un poco incómoda, probablemente cohibida por su presencia.Dante permaneció en silencio, mirándola como si esperara que dijera algo, pero los ojos de ella no tardaron en dirigirse hacia mí. Y no

  • En las garras del juez   210: VUELTA A CASA

    Permaneció en silencio durante unos segundos, hasta que volvió a hablar:—No te arrepientas.—¿Por qué?—Porque no hay nada malo en ello.Apreté una mano contra la otra, nerviosa.—Solo no quería que te hicieras alguna expectativa y que, cuando ocurriera, te sintieras decepcionado porque no fuera como habías imaginado.—¿Decepcionado contigo? —preguntó, como si aquello ni siquiera tuviera sentido—. Fabi, eso jamás ocurriría.—No puedes estar tan seguro.—Sí que puedo.—¿Cómo?Sostuvo mi rostro entre sus manos y se quedó mirándome durante unos segundos.—Porque te quiero a ti. No espero que sepas hacer esto o aquello, y mucho menos que tengas que demostrarme nada.Bajé la mirada, todavía un poco avergonzada, pero volvió a levantarme el rostro.—En realidad, ahora el que está preocupado soy yo.—¿Preocupado por qué?—Acabo de descubrir que tengo una enorme responsabilidad entre manos.Fruncí el ceño.—¿Qué responsabilidad?—Tu primera vez.Mis ojos se abrieron de par en par.—¡Dante!—¿

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