FAZER LOGINCapítulo 2.
Prueba del dolor. POV Armando Málaga Mi nombre es Armando Málaga. Tengo veintisiete años y, hasta hace muy poco, el mundo parecía estar a mis pies. Físicamente, soy un hombre que impone; o al menos eso dice mi reflejo cada mañana. Soy alto, de hombros anchos y complexión atlética, resultado de años de una disciplina casi militar. Mi piel es pálida, herencia de mis raíces mediterráneas, y mis ojos… bueno, dicen que mis ojos azules son como el mar en calma justo antes de que estalle una tormenta. Llevo el cabello castaño claro, siempre cortado con precisión, y una barba corta que intento mantener prolija a pesar del caos que ahora gobierna mi vida. Pero detrás de esa fachada de “príncipe” como suelen llamarme en los círculos sociales de la élite, solo hay un hombre que siente cómo el suelo se desmorona. Soy el heredero de un imperio que se desangra, un hombre que regresa de sus estudios en el extranjero solo para encontrar a su familia sumergida en la penumbra. —¡Armando! ¡Armando, rápido! —El grito de mi hermana menor rompe el silencio del pasillo. Mi corazón da un vuelco. El miedo, ese compañero constante en las últimas semanas, me hiela la sangre de inmediato. —¡Mamá despertó! ¡Mamá despertó! —exclama ella con los ojos empañados. —Voy, voy… —susurro, casi sin aliento. Corro tras ella por el pasillo de la mansión, que ahora se siente demasiado grande y dolorosamente vacía. Al llegar a la habitación, el olor a medicamentos me golpea con fuerza. Ahí está ella, la mujer que siempre es mi fortaleza, ahora reducida a una figura frágil bajo las sábanas. Me acerco y tomo su mano; está fría, pero sus ojos luchan por enfocarse en mí. —Hijo mío… no te preocupes, voy a estar bien —murmura con una voz que es apenas un hilo. Siento un nudo en la garganta que amenaza con asfixiarme. Le aprieto la mano con suavidad, intentando transferirle mi propia energía. —Papá va a conseguir el dinero que falta para los tratamientos, ya verás. Vas a estar mejor, mamá. —Mis niños… mi amor… yo lo sé, tranquilo —responde ella, cerrando los ojos lentamente, vencida por el cansancio. Beso la mano de mi madre con un dolor oprimido en el pecho. Solo cuando ella vuelve a quedarse dormida, me permito soltar un suspiro tembloroso. En ese momento, la puerta se abre apenas un centímetro. —Hijo, su padre lo llama. ¿Me acompañas? —Es el asistente de confianza de mi padre. —Sí, vamos —respondo, recomponiendo mi postura y ocultando cualquier rastro de debilidad. La caída de los Málaga Poco después, acompaño a mi padre a una reunión que representa nuestra última esperanza. Nos sentamos frente a Logan, un antiguo socio que solía brindar por nuestros éxitos en los años dorados y que ahora nos cierra las puertas en la cara. —Málaga, lamentablemente ustedes están fuera del mercado desde hace dos o tres años —dice Logan, cruzando las manos sobre su escritorio de caoba—. Y mientras tanto, los Nazer están en la élite. Son líderes. No quiero ofenderte, Armé, pero seamos honestos: nadie quiere colaborar con una empresa que está al borde de la ruina. Estamos hablando de una inversión a ciegas y, aunque tu propuesta sea buena, Armando, no nos garantiza que sea una buena inversión. —Escúchame, Logan —interviene mi padre, con una desesperación que me duele escuchar—. Te aseguro que si me ayudas con esta inversión, los Málaga vamos a retribuirle. Confíe en mí. Logan suspira con una lástima que me resulta insultante. —Confío en usted. Pero debe entender que los intereses del pasado no son los mismos. Escuchen, hagamos algo: si logran convencer a los Nazer de entrar al negocio, entonces yo estoy dentro. ¿Qué les parece? Mi mirada se enfoca en el hombre mayor y me levanto, negándome a humillarme un segundo más. —Gracias —digo cortante, ignorando cualquier respuesta. Salgo disparado del lugar. —Armando, espera —me llama mi padre al salir al aire frío de la calle. Me volteo a ver a mi padre con una frustración latente, casi explosiva. —No van a ayudarnos, nadie. Después de que fuimos la élite, de que estuvimos arriba y todos querían hacer negocios con nosotros… ahora todos nos dan la espalda. —Cálmate hijo, todo es mi culpa —dice él, bajando la mirada—. Yo dejé que todo se fuera al demonio. Ninguna de estas personas tiene la culpa, ahora solo tenemos que solucionar. —Tenemos la hipoteca sobre nuestros hombros, padre. ¿Cómo haremos eso? —Encontraremos una solución hijo, ya verás. Una promesa en la distancia Volver a la mansión con las manos vacías es un dolor insoportable. Apenas logro calmarme un poco cuando suena mi teléfono. Es Eloísa. Demoro en responder, tomando aire antes de contestar. —Hola cariño —digo, intentando que mi voz no tiemble. —Hola, mi amor. Te he estado llamando, ¿cómo estás? ¿Cómo sigue tu madre? —Estamos bien, por ahora descansa con los analgésicos del dolor. —¿Y cómo va la búsqueda de socios? Cierro los ojos con fuerza. —Estamos en ello. Escucha, ahora no es un buen momento. Sé que te dejé allá, pero te prometo que cuando resuelva esto, iré a buscarte, ¿de acuerdo? —Tranquilo mi amor, sé por lo que estás pasando. Si yo pudiera ayudarte… Pero sabes que no tengo nada y todo lo que hago es para mantener a mi tía. No sabes cuánto quisiera ayudarte. —No pasa nada, bonita. Todo va a estar bien. Tranquila, voy a resolverlo. No te preocupes. Después de todo, esto solo será un mal recuerdo. Ya lo verás. — Te amo, mi amor, ¿Lo sabes, verdad? — Lo sé, yo también te amo, Eloísa. Descansa. — Tú también, mi amor intenta dormir. Cuelgo la llamada, el corazón pulsante de inquietud, mientras espero. Eh enviado correos a amigos, llevado documentos al banco, amistades antiguas y parece que todo eso se esfumó, cuando empezamos a caer en picada, es aquí donde reconocimos, quienes son amigos, enemigos, y conexiones, vimos como cuando estás abajo te dan la espalda y cuando estás arriba, eres su dios, juro que cuando esté arriba de nuevo, muchos suplicaran por ayuda. Reunión sorpresa. Paso la noche pensando en estrategias, logísticas, no logro conciliar el sueño. En cuanto amanece, tomo una ducha y me preparo para salir a desayunar, encontrando a mi padre con Elvidal Nazer, tomando té en mi sala. — Hijo, que bueno que estás aquí, ven, acércate, mira quién vino a vernos, nuestro amigo, Nazer. Me aproximo, lentamente, enfocando al hombre mayor con su turbante, quien me enfoca directamente. — ¿Cómo está, señor Nazer? — Muy bien, muchacho, ¿Y tú? — Bien…— Respondo mecánicamente.— ¿A qué se debe su visita? Nota de autor: Aquí vamos, esto apenas comienza y las cosas están tensas, ¿se lo van a perder? no olvides seguirme en I*******m, @isabellacreadora16Epílogo. La beso con una desesperación que raya en lo inhumano, una necesidad de anclarme a ella para no desaparecer. Le hago el amor con una devoción casi religiosa, recorriendo cada centímetro de su piel, esa seda bendita que emana un aroma a jazmín capaz de domar mis instintos más salvajes. En este instante, el mundo exterior no existe. —Te amo, Alicha —le susurro al oído, dejando que mi alma se escape en esas tres palabras.Ella no responde de inmediato. Solo me dedica una sonrisa enigmática, y comienza a alejarse de la cama, envuelta en la luz del amanecer que se filtra por los ventanales de nuestra villa en Dubái.—¿A dónde vas? —pregunto, incorporándome de golpe, sintiendo un vacío repentino en el pecho.La sigo con premura, apenas dándome tiempo a cubrirme con un pantalón de mono. Ella camina envuelta en mantas blancas, deslizándose hacia el umbral que da al jardín privado, ese oasis de palmeras y buganvilias que mandé a plantar solo para ella. Se detiene y sonríe mient
Capítulo 80. Justicia. POV Alicha. Emir se tensa, sus ojos inyectados en sangre saltando de las sombras a la entrada principal.—¡Es él! —grita Emir, con una carcajada que se quiebra en un sollozo de rabia.— Esto será emocionante. Emir se abalanza sobre Alara. En un acto de crueldad, antes de intentar arrastrarme hacia la salida trasera, descarga la culata de su arma sobre la sien de mi prima. El sonido del impacto es un golpe seco que me desgarra el alma. Alara se desploma, su cuerpo quedando inerte, una mancha de sangre comenzando a extenderse sobre el concreto frío.—¡No! ¡Alara! —grito, forcejeando contra las bridas que cortan mis muñecas.—¡Cállate! —Emir me agarra por el cabello, tirando de mí con una fuerza bruta que me obliga a ponerme en pie—. Ella ya no importa. Ahora somos tú y yo, hacia el final que nos corresponde.En ese instante, el mundo estalla. Las ventanas superiores de la bodega revientan en una lluvia de cristales que brillan como diamantes bajo las luces
Capítulo 79. El regreso del pasado. POV Alicha. Armando termina de ajustar su corbata de seda frente al espejo, su reflejo proyectando esa mezcla de poder y serenidad que lo ha convertido en una leyenda viviente. Se gira hacia mí, y por un segundo, el CEO de acero desaparece para dejar paso al hombre que me ama con una devoción casi religiosa.—Solo serán cuarenta y ocho horas, Alicha —dice, rodeando mi cintura con sus brazos y depositando un beso persistente en mi frente—. La cumbre en Dubái es un trámite necesario para consolidar la fusión, pero mi mente se queda aquí, contigo y con los niños.—Lo sé, mi amor. Estaremos bien —le respondo, forzando una sonrisa que intenta disipar un presentimiento amargo que me oprime el pecho—. Ve y has lo que tengas que hacer. Nosotros te esperaremos con los brazos abiertos.Lo acompaño hasta el helipuerto privado. El rugido de las aspas del helicóptero corta el viento de la mañana mientras lo veo elevarse. Al quedarme sola en la terraza
Capítulo 78. El renacer. POV Alicha. El sol de la tarde en Michigan brilla con gran esplendor, estrellándose contra los ventanales de mi oficina en el piso treinta del Nazer Financial Center. Me observo en el gran espejo de pared, ajustando el cuello de mi blazer de seda color crema. La mujer que me devuelve la mirada ya no es la misma que huía de su destino; es la CEO de “Alicha Beauty & Pharma”, la mente detrás de la corporación que ha fusionado la sabiduría botánica del desierto con la biotecnología más avanzada de América. Mis nuevos proyectos, especialmente la línea de regeneración celular basada en el néctar de la flor de azahar y minerales del Mar Muerto, han causado un terremoto en la industria. Las revistas de negocios me han condecorado como la CEO más joven y disruptiva de la década. Pero para mí, el éxito no son las portadas; es el poder de caminar por los pasillos de mi laboratorio y saber que ninguna sombra me persigue.Siento una presencia en la puerta. No ne
Capítulo 77. Dicha. POV Armando. Han pasado doce meses desde que el estallido de tres llantos distintos transformó el silencio de nuestra fortaleza en una sinfonía de vida. El presente es un torbellino de descubrimientos; ya no mido mis días por el cierre de la bolsa de valores, sino por los centímetros que crecen mis hijos y la velocidad con la que conquistan cada rincón de nuestra residencia.Observo desde el piso superior el gran salón, donde la alfombra de seda persa se ha convertido en el campo de entrenamiento de la nueva generación Málaga Nazer. Mohamed, con una determinación que me asusta, gatea con una rapidez militar hacia un juguete lejano. Ahmed lo sigue, riendo a carcajadas, mientras la pequeña Jade se detiene a mitad del camino para observar un rayo de sol, con esa curiosidad mística que heredó de su madre. Verlos así, fuertes y sanos, es el interés más alto que mis inversiones han devengado jamás.El Triunfo del CEO. Mi regreso a los negocios en Dubái no ha s
Capítulo 76. Nacimiento. El aire en la suite de obstetricia se vuelve denso. El zumbido rítmico de los monitores fetales, tres latidos distintos, tres galopes constantes, llena la estancia, compitiendo con el sonido de la lluvia que golpea rítmicamente contra los ventanales. Alicha está en el centro de la habitación. Su rostro, habitualmente de una serenidad, está transfigurado por el esfuerzo. El sudor perla su frente, y sus dedos se hunden en mis antebrazos con una fuerza que nace de las entrañas. Cada contracción es una ola que amenaza con sumergirla, pero ella emerge de cada una con una determinación que me estremece el alma. —Mírame, Alicha. Solo a mí —le susurro, pegando mi frente a la suya.— No estás sola. Estoy aquí, y ellos están listos para conocerte. Ella exhala un grito que es mitad súplica y mitad rugido de dolor. La doctora, una mujer cuya mirada posee la frialdad necesaria para manejar este milagro triple, hace una señal al equipo de neonatología. Tres cunas t







