MasukValentín regresó a su mansión. Estaba despavorido. En su transición de consumir sangre humana a sangre animal, debía controlar los instintos que le producía el hecho de oler así fuera una mínima cantidad de sangre humana. Sabía que, si Sophie perdía su virginidad con él, habría una pequeña mancha de sangre que lo volvería loco, y después de eso sería completamente imposible controlar la bestia que había en sí mismo.
Aunque esto no era lo que realmente lo detenía. Cuando ella le dijo que era su primera vez, una gran corazonada atravesó su pecho. Eso no lo sentía hacía siglos, solo cuando conoció a su prometida, la gran Cleopatra Vernacci. Ella también era virgen cuando se entregó a Valentín por primera vez, y él con su veneno intentó convertirla en su diosa, pero ella cargaba una maldición, una que la llevó a la muerte en un enfrentamiento con los licántropos enemigos.
Valentín sintió la misma sensación con Sophie que sintió con ella, y aunque había pasado tanto tiempo, recordaba esa sensación como si hubiera sido ayer.
Cuando ya estaba dispuesto a arreglarse para irse a la gran factoría, sus padres y su hermana lo enfrentaron.
—Valentín, ¿en dónde estabas? —Aby, su madre, lo confrontó. Sus ojos estaban rojos y llenos de fuego. Al igual que los dos hermanos, ella tenía habilidades sobrenaturales; era más fuerte que un roble y cuando se enfurecía no había ningún poder humano o sobrenatural que la detuviera.
—Estaba dando un tour, madre. ¿Por qué la pregunta? ¿Estás enfadada? ¿Pasó algo de lo que tenga que preocuparme?
—Estás mintiendo, hijo. No estás diciéndonos la verdad y es que tu hermana está demasiado preocupada por ti —Morgan era el padre de la familia Von Strudel. Nunca sacaba sus habilidades a relucir, así que muchos pensaban que era un vampiro del común; sin embargo, su destreza la mantenía en secreto.
—Lea, preciosa, dime, ¿por qué razón estás preocupada por mí? Si tú sabes que yo sé cuidarme solo, lo he hecho por años —Valentín se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Ella era la persona que él más adoraba en su mundo.
—Sé que has estado donde la chica de la posada, tu empleada, y ese no es el problema. El problema en este momento, Valentín, es que tú no puedes tener nada con ella. No puedes mezclarte con esa humana.
—¿Me estás espiando, Lea? —Valentín la miró con sus ojos rojos y su mirada malhumorada. Si algo le molestaba era que su hermana o sus padres lo persiguieran.
—¡Por favor! Hemos tenido que vivir por siglos cuidándote de tus andanzas y malas decisiones en lo que respecta a las mujeres, ¿y ahora reclamas que si te estoy espiando? Es evidente que mis visiones me muestran todo lo malo que está por suceder.
—¿Estás insinuando que Sophie me traerá algo malo?
—Sí, hermanito. Ella no es la indicada. He visto varias visiones en donde estamos en grandes enfrentamientos con una manada asesina, y ella está ahí, como una gran hechicera. Además, ella es la luna de un licántropo. Estoy completamente segura de eso.
—No, Lea. Esta vez no puedo creer en tus visiones. Estás hablando de algo irracional completamente. Estamos en pleno siglo XXI; las hechiceras no existen desde que… —Lea lo interrumpió de inmediato.
—Desde que te enamoraste de una pensando que era una humana. Valentín, esa mujer no te conviene. No vuelvas a hablarle, por favor. Aprovecha que ella no se ha dado cuenta de tu condición de vampiro y aléjate de ella. Es más, cámbiala de compañía, envíala de nuevo a las grandes ciudades de los humanos, donde existe toda esa tecnología de los teléfonos celulares, el internet… Eso aleja cualquier superpoder que haya podido despertar en la calma de Charleston. Hazlo por el bien de nosotros y de los humanos también.
Valentín hizo un gesto de desacuerdo. Lo que ella le estaba diciendo no le gustaba para nada. Lea no siempre era acertada con sus premoniciones; algunas veces no tenían el significado que ella decía, pero sus palabras le hacían sentir un poco de temor.
Él se había obsesionado por proteger a los humanos, en especial porque tenía una fuerte obsesión por las mujeres humanas. Hacerlas suyas era algo con lo que vivía a diario, pero con Sophie estaba pasando algo completamente diferente.
—Pues no me voy a alejar. No creo que todo lo que me estés diciendo sea cierto. Si ella fuera una hechicera o no fuera humana, simplemente yo lo sentiría. Tú también conoces mis habilidades sobrenaturales, y ella es una simple humana.
—Una humana a la cual quieres poseer —Aby no dejaba de mirarlo con furia. Valentín siempre había discutido con su madre por su adicción al sexo con las mujeres humanas, pero esta vez estaba pensando en la estabilidad de su tierra, pues ellos no eran el único clan de vampiros. Había muchas familias habitando la tierra; poco a poco los vampiros se habían venido extinguiendo producto de la cacería de los humanos y de las grandes guerras con los licántropos.
Lo que menos quería ella en este momento era que lo que tanto había cuidado por años fuera a desaparecer por un descuido de su hijo caprichoso.
—Madre, tú no lo entiendes. Ella es diferente. No puedo explicar qué es lo que me está pasando, pero no solo se trata de sexo. Es cierto que hemos evolucionado y hemos tenido que adaptarnos a las costumbres modernas del mundo, pero eso no quiere decir que se hayan eliminado los sentimientos dentro de mí. Creo que ella es mi diosa, y no voy a descansar hasta que ella se transforme en eso que tanto deseo.
—Hijo, sé que por años has creado una especie de obsesión con las humanas, y es algo que no pienso discutirlo. Eres un hombre demasiado guapo y por supuesto muy joven y atractivo, pero con ella no puedes conservar esa obsesión. Debes despedirla de inmediato de la factoría y hacer que Sophie Robinson salga de Charleston. Ella no pertenece aquí —Morgan, en su serenidad, intervino. Sus palabras por lo general eran certeras e imponentes; no necesitaba dar una orden más de una sola vez para que fuera atendida completamente.
—¡Pues no, padre! No lo haré de esa manera. Ella será mía, les guste a ustedes o no, y si tengo que enfrentarme a un arsenal de lobos, licántropos, híbridos o humanos, lo pienso hacer. Ella será mía —Valentín le respondió desafiante.
—¿Te has preguntado si ella siente lo mismo por ti? —Lea estaba cruzada de brazos, también desafiante. Todos estaban en una posición de enfrentamiento.
—Sé que ella siente lo mismo por mí. Lo puedo sentir.
—¡Ni siquiera sabe que eres un vampiro! Es más, ella ni siquiera sabe que es una maldita hechicera. Nació en tiempos y mundos completamente diferentes. Tú naciste cuando estábamos en la época de la conquista; ella nació en un tiempo en donde la tecnología y la sociedad está hecha un completo desastre. Ella no es para ti, por favor.
Valentín se desvaneció por un segundo y apareció frente a Lea. Se aprovechó de su altura y la miró sobre el hombro; le mostró sus dientes y sus ojos rojos, retándola a un enfrentamiento. Ella también se mostró en la misma posición y no sacó solo sus dientes, sino que también sus garras.
—¿Vas a atacarme, Valentín? ¿Solo por una humana?
—Si sigues diciendo estupideces, ¡sí!
Aby de inmediato se atravesó entre los dos y, de un solo empujón, lanzó a Valentín lejos de su hermana.
—Con ella no vas a pelear nuevamente. Ella solo está tratando de protegerte. Vas a dejar a la humana, ya lo hemos dicho. Nosotros hemos sido y seremos tu familia siempre. No vas a cambiarnos por una simple aparecida —Aby estaba invadida por la furia.
—Todo tiene solución. Debemos pensar qué podemos hacer, Aby. Tal vez ella es la diosa de nuestro querido hijo Valentín. Ha pasado demasiado tiempo desde que perdió a su prometida; es normal que ahora se quiera enamorar de nuevo. Podemos ayudarle con eso, claro, si ella lo acepta —nuevamente Morgan intervino.
—Padre, ese no es el problema. Si ella es su diosa, no es el problema. El maldito problema es que ella no es una humana corriente. Ella es una hechicera, ella es la luna de un licántropo enemigo. Eso va a desatar una guerra, una que hemos venido evitando por siglos, papá, y no estamos listos para soportarla de nuevo. En esa guerra tú perdiste a dos de tus hijos. ¿No te importa si nos pierdes a nosotros también?
Lea estaba completamente desconsolada y angustiada. El hecho de ver el futuro y tener premoniciones la ponía en una situación bastante compleja, pues podía predecir el mal, y esta vez estaba viendo un futuro bastante oscuro.
—Son otros tiempos, querida hija, y claro que jamás quisiera perderlos, pero todo esto ha avanzado. La humanidad es otra. Ya no habrá más guerra, eso te lo prometo.
—¿No escuchaste a Elian? Que algo grande y peligroso se avecinaba.
—Pero eso nada tiene que ver con la chica que le gusta a tu hermano —Morgan se acercó a Valentín y lo ayudó a levantar. Él le sonrió y se puso en pie.
—Padre, yo los amo demasiado. No los quiero perder, pero no cuenten conmigo para esto.
Lea desapareció de la sala. Estaba completamente indignada por la situación, mientras que los padres de Valentín no les quedó más opción que apoyar a su hijo. Al final de cuentas estaban convencidos de que no pasaría nada más grave; tal vez Lea estaba exagerando.
Dos siglos habían transcurrido desde que Valentín y Sophie dejaron atrás Charleston y emprendieron un nuevo camino en busca de aventuras y nuevos horizontes. El mundo había cambiado en innumerables formas, pero su amor y legado perduraban en las memorias de aquellos que alguna vez habitaron la ciudad.En medio de un prado verde y frondoso, Aisha, ahora una mujer adulta y poderosa vampira, exploraba el mundo que se extendía ante ella. Sus ojos centelleaban con una curiosidad inagotable, heredada de sus padres, mientras se adentraba en el bosque que rodeaba aquel lugar.De repente, un susurro se hizo presente en la brisa, como si el viento mismo llevara un mensaje. Aisha detuvo su paso, buscando la fuente de aquel sonido. Entonces, entre los árboles, apareció un joven apuesto y fuerte, con ojos penetrantes y una sonrisa cautivadora.Era Lycan, el hijo de Elian y Mía, un licántropo que había heredado la ferocidad y nobleza de su linaje. Aisha y Lycan se miraron fijamente, como si el tiem
El sol se ponía en el horizonte, bañando el cielo con tonos dorados y rosados. Valentín y Sophie se encontraban en el jardín de su hermosa mansión, rodeados de flores y susurros del viento. Aisha, su hija que, a pesar de tener tan solo dos años, aparentaba tener diez, jugaba despreocupada cerca de ellos, irradiando la misma belleza que su madre.Dos años habían pasado desde la guerra en Charleston. Los escombros habían sido reemplazados por la reconstrucción, y la paz había vuelto a la ciudad. Valentín y Sophie sabían en su corazón que habían cumplido su misión allí, y ahora era el momento de comenzar una nueva etapa en sus vidas.Sophie acariciaba suavemente su vientre abultado. Aunque los vampiros no solían embarazarse, un milagro había ocurrido, y ella estaba esperando otro hijo. Era un recordatorio constante de la magia y el amor que los envolvía.Se miraron el uno al otro, con los ojos llenos de amor y gratitud por todo lo que habían superado juntos. Valentín tomó la mano de Soph
En una noche llena de misterio y encanto, Lestat y Lea se encontraron en un antiguo castillo rodeado de ruinas y susurros del pasado. Las sombras danzaban a su alrededor, como si el universo mismo estuviera celebrando su unión.Lestat tomó la mano de Lea y sus ojos se encontraron, irradiando una complicidad única. —Lea, mi amada compañera de eternidad, hemos compartido momentos mágicos y aventuras inolvidables. Cada instante a tu lado ha sido un regalo. Quiero pasar el resto de mi existencia junto a ti.Lea sonrió, sus ojos centelleantes con la promesa de un amor eterno. —Lestat, has iluminado mi vida de maneras que no puedo describir. Tu pasión y valentía me han enseñado a apreciar cada segundo de nuestra existencia inmortal. Estoy lista para sellar nuestro compromiso en esta noche de ensueño.En ese momento, el viento susurró palabras de amor y las estrellas brillaron aún más intensamente. Los dos vampiros se abrazaron, envueltos en un resplandor mágico que parecía fundir sus alma
Sophie y Valentín no pudieron aguantar las ganas de estar a solas, así que, ni siquiera habiendo terminado la reunión, abandonaron a los invitados. En menos de dos segundos ya estaban en su mansión. Por fortuna para ellos, su pequeña hija —que ya no lo era tanto— había hecho amigas humanas y estaba pasando con ellas una noche de pijamas.Valentín comenzó a besar a Sophie con pasión. Ella empezó a gemir sin ningún reproche; llevaba mucho tiempo sin estar a solas completamente con él, así que aprovechó para desahogar todos sus deseos. Ambos se encontraban en su gran habitación de la mansión de los Von Strudel.Sophie se desnudó lentamente frente a los ojos de su amado, quien la miraba con deseo puro. Desde que ella se había convertido en vampiro, sus momentos de intimidad se habían vuelto realmente mágicos, mucho más intensos de lo que eran antes.Cuando la vio completamente desnuda, Valentín también se desnudó con lentitud frente a ella, mostrándole que estaba completamente listo para
Después de la guerra en Charleston, la ciudad y sus habitantes estaban en ruinas. Los edificios estaban destrozados, las calles cubiertas de escombros y la energía del lugar era sombría y desoladora. Sin embargo, en medio de la devastación, la esperanza comenzó a surgir.Gary, el valiente alfa de los lobos, se acercó a los supervivientes que habían decidido irse con él y les ofreció refugio en su territorio. Muchos aceptaron su oferta y, bajo su liderazgo, comenzaron a reconstruir sus vidas y la ciudad que tanto amaban.El trabajo fue arduo y desafiante. Día tras día, los habitantes de Charleston se unieron en una muestra de solidaridad y resiliencia. Juntos, levantaron los escombros, reconstruyeron los edificios y devolvieron el esplendor a cada rincón de la ciudad.Elian, a pesar de ser un licántropo exiliado, había sido un gran aliado en la guerra y se unió a los esfuerzos de reconstrucción. A pesar de su pasado tumultuoso, había encontrado un propósito en ayudar a los demás y enme
Valentín estaba sumido en un llanto profundo, consumido por la tristeza al ver cómo Sophie se desvanecía entre sus brazos. Con delicadeza sacó la daga que tenía clavada en medio del pecho y observó cómo brotaba la sangre oscura de su interior.De repente, a su lado apareció una figura blanca con rostro nostálgico y ojos tristes: una mujer muy parecida a Cleopatra, pero con facciones más marcadas.—Hola, Valentín. Esto ha sido mi culpa.Valentín levantó la cabeza, incrédulo ante la voz que escuchaba. Sus ojos estaban empañados por las lágrimas.—¿Qué haces aquí, Alice?—Intentando devolver a Brenda al mundo donde pertenece. Pero sin un cuerpo físico es imposible. Te ayudaré con Sophie.Alice posó sus manos sobre el pecho de Sophie y comenzó a moverlas sobre la herida. Ella empezó a reaccionar un poco, pero seguía demasiado débil; así no podría seguir enfrentando a Brenda.—Sophie, mi amor… ¿estás bien? —Ella asintió con la cabeza y, con las pocas fuerzas que le quedaban, tomó a Valentí







