Masuk“¿Hace tiempo no vienes?” Le pregunta Matilda, alejándose de sus pensamientos.
“Ya no vengo por negocios aquí. No lo disfrutaba tanto por ser así…”
“Te entiendo, yo también he tenido que cambiar de lugares.”
Mariano se sintió más aliviado, “Entonces cada vez que quiera venir, te traeré a ti… Y tú, me llevas a tus lugares, será más placentero.”
“Trato” dijo Matilda con una sonrisa genuina, que iluminaba todo su rostro.
Mariano se sentía bastante complacido con su avance. Secretamente, él había desarrollado sentimientos hacia Matilda desde hace algún tiempo, pero no había tenido el valor de expresarlos, especialmente porque por experiencias cercanas, una vez alguien confesaba sus sentimientos, la relación de amistad o laboral que había se desvanecía. Ante esto, el prefería guardárselo para sí mismo, de lo contrario temía no volverla a ver o estar tan cerca de ella nuevamente.
Una vez llega la comida, comienzan a disfrutarla.
“Mmm, Mariano, esto estaba espectacular. Ahora me arrepiento no haber vuelto antes.”
“Hemos vuelto en el momento justo. Hace un tiempo no quería ni mencionar este lugar.”
“Por todo lo que me haz hecho comer ahora, no lograré dormir tan pronto…”
“No pasa nada, vamos a caminar si así lo prefieres.”
“Mmm, vale…” Matilda se quedó pensando en algo más pero no lo dijo.
Sin embargo, Mariano continuó, “Dime.”
“¿Decir qué?”
“Lo que quieres decir.”
Matilda se sonrojó, “¿Cómo lo sabes?”
Mariano arqueó una ceja y sonrió, “Te conozco tan bien. Tanto tiempo juntos, sería pecado no hacerlo.” Era cierto, habían ciertas expresiones de Matilda que la delataban, como ahora, para él fue evidente que quería decir algo más y no lo dijo, se lo guardó para ella misma. Pero él estaba dispuesto a fortalecer la confianza.
Matilda estaba color tomate, “No te creo. Un día te haré una prueba, a ver qué tanto dices conocerme...”
“Adelante. Acepto el reto. Ahora… Dime.” No iba a dejar pasar el momento, quería que Matilda expresara lo que quería.
“No pienses que abuso de tu confianza… Pero, ¿Podemos pasar por un té?”
Mariano asintiendo con la cabeza responde, “Sí, me haría bien a mi también.”
Matilda sonrió con una mirada suave y dulce, “Qué consentidor eres.”
Mariano invitó a la cena, no sin antes una pequeña lucha con Matilda en la que a regañadientes ella terminó cediendo. Pasaron comprando un té y desde ahí caminaron a orilla del muelle, hacia el área verde en donde finalmente se sentaron.
“Mariano… sé sincero…”
En ese momento él se tensó, no sabía que esperar, “Mjm.”
“¿Por qué le huyes a volver a dar clases?”
Suspira soltando tensión pero a la vez en resignación, “Uno, no tengo tanto tiempo como antes. Dos… Porque, antes lo hacía contigo.”
Matilda se volteó a verlo, sus ojos abiertos, grandes como platos, “Pero… No es que no puedas hacerlo sin mi.”
“Pues, cuando comenzaste… Te convertiste en mi complemento y no quiero cambiar ese patrón. Si vuelvo, será contigo. Pero, no estamos para volver con esa carga.”
Matilda bajó la mirada, sintiendo un pequeño calor en su corazón y un hormigueo en su cuerpo. Si no fuera en este contexto, seguro creería es una confesión amorosa. Sin embargo, en aquel entonces, ambos acordaron que sus agendas ya no permitían volver a la docencia. Fue justo en el momento que ella ya había ascendido a la dirección.
Suspira, “Tienes razón. Es solo que… Eres tan bueno en eso, en compartir lo que sabes. La forma como hablas, haces que todo este mundo en el que vivimos laboralmente, suene maravilloso. Haz formado a excelentes profesionales… Que… Me resulta una pena que no puedas seguir compartiéndolo.”
Ahora era el turno de Mariano de sonrojarse, aclaró su garganta y respondió, “Diciéndolo de esa manera, me pintas como un súper héroe. Pero, si tanto te agrada, entonces acepta la ponencia. ¿Te haría feliz?”
Matilda le sonrió, “Claro que sí. Solo es un par de horas y vuelves. ¡Eres lo más!”
“Con una condición…”
“¡Ay!”
“Vas conmigo.”
“Mariano…”
“Organízate para despejar tu agenda.”
“Ay no…”
“¿Por qué no?”
“Es mucha gente.”
Mariano levantó una ceja y se carcajeó, “¡Vamos! Haz hablado frente a millones de personas, ahora por unos cientos, te da pánico escénico.”
“Si lo pones así, pues…”
“No es nada, tu me hiciste aceptar. Ahora, acepta tú por mi.”
Con un tono casi de suplica Matilda comenzó, “Marianito… porfi…”
“No intentes convencerme.”
“Pleasee!”
“¿Y si te doy un incentivo?”
El rostro de Matilda cambió, con mayor interés, “¿Cómo cual?”
Con una leve sonrisa Mariano le dice, “Que irás a la semana de la moda…”
“¿QUÉ?!” El rostro de Matilda era de total sorpresa.
Mariano asintió.
“Eso ya es chantaje!”
Mariano se rie.
“Además, seguro y siempre sí me ibas a mandar…”
“¿Entonces, sí me acompañas?”
“Ugh! te gusta ponérmela difícil… Está bien.”
Matilda internamente estaba emocionada por ambas situaciones. Aunque sí, la ponencia la ponía nerviosa. Un pequeño escalofrío recorrió todo su cuerpo y la hizo temblar.
Mariano al darse cuenta se quitó su chaqueta y se la colocó a Matilda, “No te vayas a resfriar.”
En realidad era mas por sus pensamientos que por el clima.
Matilda se sonroja nuevamente, “Gracias jefecito.”
“Con gusto.”
Matilda bostezó, Mariano vio la hora y dijo, “¿Estás agotada?”
“Tal vez un poco.”
“Vamos, te llevo.”
Ambos se levantaron y comenzaron a caminar de regreso, en ese instante Matilda se percató de lo mucho que habían caminado.
Sin dudarlo, se sostuvo del brazo de Mariano y se quitó sus tacones, él no comprendió y pregunta, “¿Qué haces?”
Matilda sonríe juguetonamente y se sonroja, “Pues, el cansancio del día…”
“¿Y te quitas los zapatos, así por así?”
Ella se encoge de hombros y asiente, “Pues… Sí. Lo he hecho toda mi vida, no te preocupes.”
Mariano sacude su cabeza en un gesto de negación, “Primera vez que te veo hacerlo.
Deja, te ayudo…”
“No, no hace falta, los guardo en el bolso.”
Efectivamente, guardó los zapatos en el bolso que llevaba. El sonríe y le dice, “No me refería a eso.”
“¿Entonce…”
Mariano con un movimiento rápido, levantó a Matilda y la cargó en sus brazos.
“¡Ah!
Mariano, bájame… ¡Estás loco!”
Mariano ríe, “Te llevo, no es nada la distancia. Estamos cerca.”
Matilda en su interior quería golpearlo, pero no dejaba de ser su jefe. No podía permitirse ofenderlo, ¿Verdad?
“No, cómo crees. Bájame ya… estamos en público…”, recordando llevar la chaqueta de Mariano, la sujeta con su mano y justo le logra cubrir la mitad del rostro.“Jajaja, no hay nadie, ya es noche.”
Matilda voltea y efectivamente, casi solo están ellos.
“Mariano, no, luego pensarás que me aprovecho de ti.”
“Matilda, estás cansada. Solo te ayudo. Además, no me he ejercitado todos estos días, me viene bien.”
Matilda suspira, “Que suerte que llevo pantalón, ¿Sino qué?”
“Pues, llevas mi chaqueta, te cubro y ya.”
“Mañana no llego, eh.”
“No te atreves.”
Juguetearon así todo el camino, haciendo que Matilda se fuera relajando poco a poco.
Al llegar al coche, Mariano la sentó en el asiento del pasajero y luego se sonrió a sí mismo.
Siempre han tenido una relación cercana y juguetona, además, con ella podía bajar la guardia. Sin embargo, nunca había logrado esa cercanía física, internamente regocijaba de alegría en un nudo de emociones.
Hace algún tiempo, Mariano se había aceptado a sí mismo que se había enamorado de Matilda. Cuando finalmente lo entendió, Matilda ya estaba saliendo con alguien más, luego intervino Miguel y luego formalizaron su relación, lo que dejó a Mariano con las palabras en su boca sin poder hacer nada.
Ahora, Mariano aprovecharía cualquier oportunidad que se le presentara.
Esa noche al llegar a casa, Mariano durmió de una forma placentera.
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Mientras que Matilda era un nudo de nervios, preguntándose ¿podría tener menos vergüenzas con Mariano? Solo hoy me ha han sido miles de veces.
Pero… A pesar de eso, ¡ay! qué hombre. Solo de pensarlo… Mejor ni lo pienso.
Por ese camino NO, Matilda.
Es tu jefe.
En casa de Aaron, ya los esperaban con Sofía, quien había llegado antes para ayudar a preparar la comida.Aaron y Sofía tenían una conexión especial, no solo por Alonso, sino también porque Aaron siempre estuvo cerca de ellas. En muchas ocasiones, Matilda lo tomaba como una figura paterna.Ese mismo día, Aaron le tenía un regalo especial; eran vestidos que había encontrado de su abuela. Solo requirieron un par de ajustes para que quedaran como nuevos. Matilda estaba extremadamente feliz y en ese instante cambió la ropa que llevaba, por un hermoso vestido de su abuela.En casa de Aaron hay habitaciones para ambas mujeres, decoradas según las preferencias de cada una. Así como también en el campo, había un área de juego y descanso, animales y jardines, pensados en Matilda.La casa de Aaron tenía acceso al lago, por lo que Aaron siempre mantenía el muelle en orden. Algunos barcos de remo, una pequeña lancha de motor para la pesca, kayaks, motos de agua y lo que fuera necesario para que M
El día siguiente, Mariano había despertado muy temprano, para ayudar con los desastres que la tormenta había dejado.Alonso, lo veía desde la ventana.Aprobando en algunos momentos, al asentir con la cabeza.Y en otros hacía una mueca, pensando que él lo habría hecho diferente.Matilda, en sus quehaceres, por momentos robaba miradas en dirección a Mariano, desde donde estuviera.Quería pasar más tiempo con él pero había varias tareas por hacer.Cada uno en lo suyo, finalizaron pronto. Con tiempo justo para refrescarse y prepararse para visitar a Aaron.“¿Todo bien?”Pregunta Matilda una vez en el coche.Mariano vuelve a verla, sus labios curvados en una sonrisa, “mucho mejor ahora que te tengo cerca.”Matilda baja la mirada, “no había otra manera…”“Lo sé.Y tu abuelo, está como mi sombra.”Matilda se echa a reír, “así que lo notaste.”Mariano asiente, “claro.Nadie había estudiado cada uno de mis movimientos desde quién sabe cuándo.”Matilda ríe de nuevo y lleva su mano al cuello de
…“Bebe esto y a dormir.”“Mmm”, gruñe Matilda.Eran los únicos despiertos a esa hora; la tormenta afuera era ensordecedora.Habían logrado entrar justo antes de que el cielo pareciera caer.La casa entera estaba a oscuras.Solo una lámpara los acompañaba en la cocina.Sofía y Alonso estaban dormidos.Matilda juega con la taza que Mariano había puesto frente a ella, quien estaba sentada en la barra.Con el cabello húmedo.Envuelta en una manta.Mariano le muestra el reloj, “son las 3 de la mañana, no creo que te despiertes de buen humor…”Matilda ladea la cabeza, “claro que no…”Matilda bebe un sorbo del chocolate.Estaba en la temperatura ideal, con unos cuantos malvaviscos que daban el toque dulce ideal.“Gracias”, dice ella suavemente.“No hay de qué.Tengo que mantenerte caliente…”Matilda asiente, “no me refiero solo al chocolate.Gracias, por haber ido por mí.”Mariano se apoya sobre la barra, “no iba a estar tranquilo.De hecho, no me siento cómodo que tú estés allá y yo muy có
Mariano se acerca a toda prisa.Le sostuvo una mano entre una de las suyas y con la otra tocó la frente para verificar si había fiebre.Pero no era eso.La toma entre sus brazos y le da suaves palmadas en la espalda. Para calmarla.Mariano sintió un pequeño nudo en el pecho.Otra vez.Era la misma expresión.La misma respiración entrecortada.El mismo miedo.Ya la había visto así.Esperaba que, después de lo de Miguel, no tuviera que verla de la misma manera.“¡Aaah!”, se despierta Matilda y al abrir los ojos, se sostiene del brazo de Mariano.No comprendía del todo lo que pasaba.Lo abrazó.Con fuerza.Sin pensar.Solo unos segundos después abrió completamente los ojos."...¿Mar?"“Calma.Aquí estoy.”Matilda, con el entrecejo fruncido, levanta la mirada y se da cuenta que es Mariano quien está con ella.Ya había despertado de su sueño.“¡Sh, sh!Todo fue una pesadilla.”El corazón de Matilda estaba agitado.Su mente no terminaba de procesar qué había sucedido.¡Braam!Se escucha otr
Esa noche, la conversación fluyó con naturalidad.Entre pruebas del whisky, algunas botanas, historias de Aaron y Alonso, hasta algunas historias de la infancia de Matilda.Matilda estaba exhausta y le dice a Mariano, “es momento de ir a descansar.Puedes quedarte con los chicos…”“No te preocupes.Me voy a descansar también.No quiero que Amore piense que soy un holgazán”, le dice con un guiño.Matilda no puede esconder el bostezo, “me llevo el cochecito, vengo mañana temprano por ti…”“Te llevo.”“No… es noche.”“Justamente por eso.”Matilda no va a discutir frente a sus mayores, por lo que asiente y acepta que Mariano la lleve.“Nos vemos, tío.Llegamos mañana a visitarte; además, quería llevar al lago a Mariano…”“Vale.Los espero”, le da un fuerte abrazo a Matilda y la ve salir, seguida de Mariano.El corto trayecto, parecía que la había arrullado, se estaba quedando dormida.Mariano no se molesta en despertarla. Se acomoda para llevarla en brazos, cuando Matilda, por cuenta prop
“Alonso… Ya sabes cómo es.Serio.Casi no habló con Mariano.Mariano, pues… ha buscado entablar conversación con tu abuelo.Y fue entonces que Mariano se ofreció a los quehaceres del hogar, para ayudarme un poco.Total, tú estabas en tu pequeño mundo.”Matilda frunce el ceño, “eso suena a Mariano…”Sofía asiente con una pequeña sonrisa, “Tu abuelo le dijo que en esta casa nadie se queda de brazos cruzados. Que, si pensaba seguir apareciendo por aquí, más le valía aprender dónde guardamos las herramientas.”Matilda deja escapar una carcajada, “¡Madre! Qué vergüenza.”“¿Qué? Tú sabes que es verdad.”“Pobre Mar…”“Pobre nada”, la corrige Sofía. “Tu abuelo lo puso a prueba.”Matilda se sonroja, después de todo, Sofía no es tonta y lee bastante bien la situación, “¿Y?”“Y Mariano no se quejó ni una sola vez.”Matilda no logra ocultar la sonrisa que aparece en su rostro.Sofía la observa unos segundos.“Limpiaron el huerto juntos. Luego revisaron unas cercas y terminaron hablando de caballo







