LOGIN—Thomas... —susurró con la voz rota de pánico—. Se me rompió la fuente. Lyra viene ya.Me quedé congelado. La mirada se me clavó en el charco de agua transparente que empapaba la alfombra a los pies de Emma. Sentí un zarpazo helado en las entrañas, un pánico primitivo que me paralizó por un segundo crucial.—¿Cómo que la fuente? —dije en un murmullo sordo, buscando sus ojos desorbitados por el miedo—. No... esto no es posible, Emma. Todavía no cumples los ocho meses, apenas vas a llegar a las treinta y dos semanas. La cesárea estaba programada para más adelante. ¡Harrison dijo que la placenta aguantaría!—¡No lo sé, Thomas! —soltó ella en un chillido ahogado, doblándose hacia adelante por el impacto de una contracción brutal que le sacó las lágrimas—. ¡No lo sé, pero se me rompió! Siento una presión enorme aquí abajo... ¡Lyra viene ya!No esperé ni un segundo más. La tomé por debajo de las rodillas y la espalda, levantándola en brazos contra mi pecho. Su cuerpo temblaba sin control y
El mes y medio posterior al ataque a la clínica del doctor Harrison se convirtió en un infierno.Durante seis semanas no hubo descanso en el despacho ni tregua en el perímetro. La montaña entera respiraba bajo una tensión asfixiante, pero la cacería silenciosa que ordené en las sombras finalmente comenzó a dar frutos.Estaba de pie frente a la gran mesa de madera de roble, con el plano topográfico del sector sur desplegado bajo la luz amarillenta de las lámparas. A mi izquierda, Gideon mantenía los brazos cruzados, con esa compostura militar que solo el deber lograba sostener. A la derecha, Kaelen ajustaba una pantalla táctil donde se desglosaban decenas de escrituras, nombres falsos y transferencias bancarias de las últimas dos décadas.—Encontramos la red completa, Alfa —dijo Kaelen, marcando con el dedo una serie de puntos rojos sobre la pantalla—. El rastreo de inteligencia de las cuentas ciegas dio resultado. Mapeamos un total de catorce propiedades a nombre de terceros: tres bod
La noche cayó. Cada minuto que pasaba en ese sofá era una tortura, con Freya y Valeska vigilando los accesos como estatuas, no se movian ni parpadeaban. El sonido de los motores en el patio exterior finalmente rompió el silencio alrededor de las ocho de la noche.La puerta principal se abrió de par en par. Thomas cruzó el umbral.Venía con la chaqueta táctica manchada de barro y ceniza, los guantes cubiertos de un hollín y los nudillos rojos. La rabia pura le deformaba las facciones; la bestia en sus ojos dorados brillaba con una ferocidad descontrolada, y su respiración venía agitada, pesada, cargada de una frustración aplastante que nunca le había visto.En cuanto me vio intentar ponerme de pie, me apuntó con la mano en un gesto tajante.—No te levantes, Emma —ordenó.Se acercó a paso pesado, desabotonándose la chaqueta con torpeza y dejándola caer al suelo sin importarle. Se dejó caer en el sofá, justo a mi lado, apoyando los codos sobre las rodillas y hundiendo el rostro entre sus
Freya estaba sentada en la orilla de la gran mesa auxiliar, con una pierna cruzada y examinando distraída una de las chaquetas de lana que Valeska había traído horas antes. —Thomas encontró a mis padres —solté de golpe, sin dar rodeos.Freya se congeló. La chaqueta quedó a medio doblar en sus manos y levantó la vista despacio, fijando sus ojos claros en los míos con una mezcla de sorpresa genuina y alerta táctica.—¿Qué? —preguntó, dejando la tela sobre la mesa y erguíos de inmediato—. ¿Hablas en serio, Emma? ¿Tus padres biológicos?—Hablo en serio —asentí, acomodándome en la cama y pasando las manos sobre la curva prominente de mi vientre—. Recibió el informe hoy. Sabe quiénes son, dónde viven y la historia real de por qué nos separamos.Freya se acercó a la cama a paso lento. Se dejó caer en la silla de madera frente a mí, apoyando los codos en las rodillas y mirándome con una intensidad inédita en ella. La capitana dura y distante había desaparecido por completo; enfrente solo ten
—Tus padres biológicos —asentí con total seriedad, sosteniéndole las manos con firmeza—. Encontré a las personas que te trajeron al mundo, Emma. Sé quiénes son, dónde viven y la historia real detrás de tu separación.Un silencio inundó la habitación. Emma se quedó rígida, procesando el golpe. Durante años, dudar de su pasado, de su sangre humana con rastro de lobo y del vacío sobre su origen fue una sombra constante. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no dejó caer ninguna; se mantuvo firme.—¿Ellos... ellos están vivos? —preguntó, con la voz temblándole ligeramente.—Están vivos —confirmé, acariciándole la mejilla con el dorso de la mano—. Viven en una provincia tranquila hacia el sur, lejos de las guerras de las manadas. Llevan una vida discreta. Y la investigación confirmó que nunca te abandonaron por desamor o negligencia, Emma. Hubo circunstancias peligrosas en su momento, amenazas que los obligaron a ocultarte para salvarte la vida.Emma tragó saliva con dificultad, bajando l
Me separé del ventanal del despacho y me encamine al recibidor, justo cuando las puertas principales de la mansión se abrían de par en par.Valeska cruzó el umbral encabezando a cuatro hombres de la guardia de élite, todos cargados hasta los topes. No traían un par de bolsas discretas; eran bolsas de tela pesada y paquetes perfectamente sellados que sumaban fácilmente más de veinte bultos.—Misión cumplida, Alfa —anunció Valeska, cuadrándose con una inclinación de cabeza breve mientras los hombres empezaban a apilar la carga en el centro del vestíbulo—. Trajimos todo lo que la Luna especificó en la lista, además de varias opciones adicionales en telas de hilo natural, abrigos de lana ajustables y calzado sin tacón.—Bien hecho —asentí, observando la montaña de paquetes—. Suban todo directamente a la habitación principal.Subí detrás de ellos a paso tranquilo. Al abrir la puerta de nuestra habitación, Emma estaba sentada en el borde de la cama, usando una de mis camisas negras que le c







