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Entrenamiento a las 4 AM

last update Tanggal publikasi: 2026-09-14 09:18:41

CAPÍTULO 5

A las 4 de la mañana el cuartel está muerto.

No hay trompetas, no hay gritos, no hay 199 reclutas mirando. Solo hay niebla, frío y la luz amarilla del patio de entrenamiento.

Y él.

Yo llegué a las 3:55. No había dormido. ¿Cómo iba a dormir después de lo de ayer? Mi hermana es la favorita de todos, incluso del hombre que me odia. Jana durmió en la cama de al lado de la mía anoche y hasta dormida se veía perfecta. Yo me pasé la noche mirando el techo del hangar, con la rodilla palpitando.

Kael ya estaba ahí. Sin chaqueta, solo en camiseta negra y pants militar. El pelo mojado, como si acabara de ducharse. Estaba vendándose las manos con vendas negras, despacio.

No me miró cuando llegué.

"Llegas temprano, Voss. ¿Miedo a que te castigue de nuevo?"

"Usted dijo a las 4, Capitán."

"Yo digo muchas cosas. La mayoría de ustedes no las cumple."

Terminó de vendarse y por fin me miró. De arriba abajo. Yo estaba en camiseta y pants también, con el pelo recogido mal, sin maquillaje, con ojeras gigantes. Jana seguro se ve bonita hasta recién levantada. Yo me veía como me sentía: destruida.

"Tu hermana no tuvo que venir a las 4 de la mañana," dijo, como si me leyera la mente. "Ella sí sabe pelear."

"Lo sé."

"¿Entonces por qué te quedaste? Pudiste decir que estabas lesionada. Pudiste irte a tu litera."

"No soy débil."

"Esa es la frase de tu padre. Ya me la sé. Quiero que me digas una tuya."

Me quedé callada. Nadie me había pedido nunca una frase mía. Siempre era la frase de mi padre, la técnica de mi padre, la hija de mi padre.

"Vamos a corregir tu técnica de bar," dijo, y se puso en posición de combate frente a mí. "Pégame."

"¿Qué?"

"Pégame, Voss. Como le pegaste a tu hermana. Como le pegaste a Toro. Quiero ver esa fuerza bruta."

Dudé. Pegarle a un Capitán era motivo de calabozo.

"¿Tienes miedo?"

No. Tenía rabia. Le tiré un golpe directo a la cara, con todo lo que tenía.

Él ni se movió. Solo ladeó la cabeza y mi puño pasó rozando. Tan rápido que no lo vi.

"Débil. Lento. Predecible. Otra vez."

Le tiré otro. Y otro. Y otro. Todos al aire. Él se movía centímetros, lo justo para humillarme. Estaba jugando conmigo.

"¿Así peleas? ¿Así quieres sobrevivir a un titán? Un titán te arrancaría la cabeza antes de que terminaras de levantar el puño."

Me estaba haciendo enojar a propósito. Y lo estaba logrando.

"¡Deje de moverse!" grité.

"¡Haz que deje de moverme!"

Grité y me lancé contra él. Sin pensar. Lo empujé con todo mi cuerpo. Logré que retrocediera un paso. Solo un paso. Pero fue un paso.

Caímos los dos al suelo de lodo frío del patio. Yo encima de él por medio segundo, hasta que me giró y quedé yo debajo.

Su cuerpo sobre el mío. Su peso completo. Sus manos agarrando mis muñecas y clavándolas en el lodo por encima de mi cabeza.

Nos quedamos así. Respirando agitado. Su cara a diez centímetros de la mía. Podía ver cada gota de niebla en sus pestañas. Podía ver la cicatriz de su ceja de cerca. Podía oler su jabón. Madera y algo limpio.

"¿Ves? Así se inmoviliza," susurró. Su voz ya no era de Capitán. Era baja. Ronca.

Yo no podía moverme. No por su fuerza. Porque todo mi cuerpo se había olvidado de cómo pelear y solo sentía calor. Un calor estúpido y traicionero que me subía por el cuello.

"Suelte..." dije, pero sonó sin fuerza.

No me soltó. Me miró la boca. Un segundo. Solo un segundo, pero lo hizo.

"Tu técnica es una m****a, Voss," dijo, pero su voz tembló un poco. "Pero tienes algo que tu hermana no tiene."

"¿Qué?"

"Rabia. Odio de verdad. Jana pelea bonito. Tú peleas como si quisieras matar a alguien."

Me soltó de golpe, como si se hubiera quemado. Se levantó y se pasó la mano por el pelo, nervioso, dándome la espalda.

"Otra vez. Desde el principio. Y esta vez, piensa. No sientas."

Me levanté, con las rodillas temblando, pero no de frío.

Peleamos por una hora. Una hora en la que me corrigió cada postura agarrándome la cintura, cada puño agarrándome la muñeca, cada pierna agarrándome el tobillo. Cada roce era rápido, profesional, pero me dejaba la piel ardiendo.

En un momento, para corregirme una patada, me agarró de la cintura desde atrás, pegando su pecho a mi espalda.

"Así. La fuerza sale de aquí, no del pie," dijo en mi oído. Su aliento me erizó todo el cuello.

Me quedé congelada. Si me movía, iba a rozar más.

"¿Entendiste, Voss?"

"Sí..." Mi voz salió en un hilo.

Me soltó.

A las 5:30 sonó la campana lejana del cuartel. Nuestro tiempo se había acabado.

"Ya puedes irte a formar. Y Voss..."

Me giré en la puerta del patio, con el corazón a mil.

"¿Sí, Capitán?"

"Si le cuentas a alguien de esto, te juro que te saco del programa. Esto no es un favor. Es porque no quiero que una Voss muera por estúpida en mi cuartel y tenga que darle la noticia a tu padre."

Asentí y salí corriendo.

Pero no fui directo a formación. Me metí al baño y me miré al espejo. Estaba roja, sudada, llena de lodo, con el pelo hecho un desastre.

Y sonriendo. Como una idiota.

Afuera, en el patio de formación, Jana ya estaba formada, perfecta, al lado de Toro. Cuando me vio llegar corriendo, llena de lodo y tarde, me susurró:

"¿Dónde estabas, hermanita? El Capitán preguntó por ti. Se veía preocupado por ti."

Y por primera vez, sentí que yo sabía algo que mi hermana perfecta no sabía.

Y eso para mí era mucho.

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