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" La Voss que tanto querían "

last update 公開日: 2026-09-14 09:09:21

CAPÍTULO 4

Jana llegó a las 8:00 en punto. Como siempre. Puntual, perfecta, impecable.

Yo ya estaba formada desde las 5:00 de la mañana. Sin dormir. Porque después de que el Capitán me dijo que venía mi hermana, no pude volver a cerrar los ojos.

Escuchamos el camión. La puerta de hierro del cuartel se abrió. Y bajó.

Si yo era la otra Voss, ella era LA Voss.

Jana Voss tiene 17 años. Un año menos que yo. Pelo rubio largo hasta la cintura, que mi padre le dejaba largo porque decía que era de princesa. Ojos verdes claros. Piel blanca sin una sola cicatriz. Cuando sonríe, le salen dos hoyitos. Cuando yo sonrío, parezco enojada.

Bajó con su mochila perfectamente doblada, su uniforme planchado, sin una arruga. Sin una venda. Sin lodo.

"Recluta Jana Voss, ¡presente, Capitán!" Su voz es dulce. Hasta cuando grita, suena dulce.

Vi como todo el patio la miró. Vi como 199 reclutas se enderezaron un poco más. Hasta el Toro, al que le había ganado la cama, se acomodó el pelo lleno de lodo.

Y vi a Kael.

Kael Vance, que nunca sonríe, sonrió.

No fue una sonrisa cruel como las que me dedicaba a mí. Fue una sonrisa... real. Corta, pero real. Le cambió toda la cara. Se le marcó la cicatriz de otra forma.

"Recluta Voss. Llega a tiempo. Así me gusta."

Jana le devolvió la sonrisa. Dos hoyitos perfectos.

"Gracias, Capitán. Mi padre me enseñó que llegar tarde es faltarle al respeto al tiempo de los demás."

Mi padre. Siempre mi padre. Ella podía decir "mi padre" y sonaba a orgullo. Cuando yo lo decía, sonaba a carga.

Kael asintió. "Su padre es un gran hombre. Ya me hablaron mucho de usted. Dicen que es usted la mejor de su generación. Tiro, estrategia, combate."

"Intento honrar su nombre, Capitán."

Sentí un nudo en el estómago. Era la misma frase que yo había repetido toda mi vida. Pero en su boca sonaba verdad. En la mía sonaba a excusa.

Kael me miró. Un segundo. Solo un segundo. Y en ese segundo entendí todo.

Él ya había elegido. Antes de vernos pelear, antes de ver nada, ya había elegido quién era la verdadera Voss. Y no era yo.

"¡Formación! ¡Hoy vamos a ver de qué están hechas las Voss!" gritó Kael, de buen humor por primera vez desde que llegué. "¡Voss mayor y Voss menor al centro! ¡Combate de exhibición! ¡Sin mochilas! ¡Quiero ver si la sangre Voss es tan buena como dicen!"

El mundo se me vino abajo.

¿Pelear contra mi hermana? ¿Ahora? ¿Frente a todos?

Jana caminó al centro del círculo. Ligera, como si flotara. Se quitó la chaqueta y quedó en camiseta. Ni una cicatriz en sus brazos.

Yo entré al círculo. Mi rodilla me mataba. Tenía 24 horas sin comer bien, 3 horas sin dormir, las manos rotas.

"Tranquila, hermana," me susurró Jana cuando nos pusimos frente a frente, tan bajo que solo yo escuché. "No te voy a lastimar mucho. Solo haz que se vea real."

Ella también pensaba que yo estaba jugando.

Kael levantó la mano. "¡Empiecen!"

Jana no se movió como Toro. Se movió como mi padre me enseñó. Perfecta. Técnica pura de la Academia Voss. La que a mí nunca me salió bien porque yo era más rápida que técnica.

Me atacó. Un jab directo a la cara. Lo esquivé por instinto.

Otro. Me dio en el hombro. Fuerte. Sabía pegar.

La gente empezó a gritar. "¡Vamos, Jana! ¡Eso!"

Nadie gritaba mi nombre.

Jana me barrió, igual que yo le hice a Toro. Caí de espaldas. El lodo frío me entró por la camiseta.

Me puso la rodilla en el pecho para inmovilizarme. Su cara quedó a centímetros de la mía. Seguía sonriendo.

"Ríndete, Elara. Es por tu bien," susurró, todavía dulce.

Vi a Kael detrás de ella. Mirándonos. Analizándonos. Y por primera vez, lo vi mirarme con lástima. Como si dijera "te dije que no eras una verdadera Voss".

Algo se rompió dentro de mí por segunda vez en dos días.

No iba a rendirme frente a ella. No frente a todos. No frente a él.

Grité y la empujé con las dos piernas. Usé todo el peso de mi mochila imaginaria, de mis 20 vueltas, de mi patio limpiado con cepillo de dientes. La tiré a un lado y me levanté.

Y la ataqué. No como me enseñó mi padre. Como me enseñó la calle. Como aprendí peleando con chicos más grandes que se burlaban de la hija del general.

Le di un golpe en el estómago. No fuerte, pero suficiente para sacarle el aire. Jana se dobló, sorprendida. Nadie le había pegado nunca.

Me le fui encima y la tiré. Ahora yo estaba arriba. Con mi antebrazo en su cuello, igual que con Toro.

Todo el patio se quedó mudo. Nadie podía creer que la Voss perfecta estaba en el lodo, debajo de la otra Voss.

Le gané. Por un segundo, le gané.

"¡Suficiente!"

Kael me quitó de encima de un jalón. Su mano me agarró del brazo con fuerza. Me dolió.

"¡Se acabó! ¡Las dos de pie!"

Nos levantamos. Las dos llenas de lodo. Pero yo jadeando como animal, ella solo despeinada.

Kael miró a Jana primero.

"Buen trabajo, recluta Jana. Técnica impecable. Se nota la sangre Voss."

Jana sonrió, recuperando el aire, con sus hoyitos. "Gracias, Capitán."

Luego me miró a mí. Y su sonrisa se borró. Volvió a ser el Capitán de hielo.

"Voss mayor. Demasiada fuerza bruta. Cero técnica. Así no se pelea, así se pelean en un bar. Mañana a las 4 de la mañana, entrenamiento extra de técnica. Conmigo. Hasta que aprenda a pelear como una Voss y no como una callejera."

Y se fue.

Me dejó ahí, en medio del círculo, con todo el cuartel mirándome.

Jana se acercó y me intentó abrazar. Llena de lodo, me susurró al oído:

"No te preocupes, hermana. Yo le digo a papá que te ayude."

Y eso dolió más que cualquier golpe.

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