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Autor: HET
last update Fecha de publicación: 2025-02-11 02:23:51

Casi no he dormido. Por la mañana yo ya debería estar lejos de la ciudad, de la familia que no me quiere, de todo este embrollo. Bien sabiendo que esto era algo que podía pasarme, algo más tranquila me deja saber que es Killian y que lo conozco. Sigo mirando al techo cuando abren la puerta y una chica sonriente me saluda.

—Buenos días —dice y se ríe. ¿Está loca?—. Killian me ha pedido que te traiga esto. Yo me llamo Andrea, me parece que me va a tocar vigilarte mientras estés en el club —bromea.

¡Mi mochila! He tenido que dormir con la ropa puesta y menos mal que llevo un chándal. Me levanto de un salto de la cama y se la quito de las manos. Dios. Se ha quedado mis papeles, mi dinero.

—Gracias —musito de todas formas—. Yo soy Dana.

—Oh, lo sé. Ya lo sabemos todos. Eres la hija prófuga de los Bennet. Te están buscando.

Me buscan por lo que sé. Porque solo les da miedo quedarse sin sus lujos, que los clientes de la empresa se enteren de que han sido estafados, que toda esa gente que confía en ellos les den la espalda.

—Ah.

Ojalá no me encuentren nunca más. Killien puede quedarse los papeles, que les chantajee o algo y que a mi me deje ir.

—Tengo mil preguntas que hacerte, pero el presidente quiere verte en su despacho. Tengo que llevarte.

Su pelo castaño se balancea en una coleta justo delante de mi cara mientras me guía escaleras abajo hasta una puerta en las escaleras. Ella se queda ahí clavada y me sonríe de nuevo, se le entrecierran los ojos azules.

—Te está esperando abajo.

Suspiro y piso el primer escalón, enseguida me cierra la puerta y la ténue luz que alumbra el corto pasillo del sótano casi hace que me caiga rodando. Me paso los dedos por el pelo, debería haberme aseado, necesito una ducha después de la caminata de anoche y de dormir con esta ropa. Solo hay dos puertas, pero en una pone claramente: PRESIDENTE. Golpeo con los nudillos.

—Pasa —Su voz atraviesa la madera.

Me está esperando sentado en su silla, con un cigarro entre los labios y mis papeles y dinero sobre la mesa.

—Te dije que era verdad —digo.

—¿Qué es toda esta m****a?

Me acerco y me siento en la silla frente a él. Por miedo decido no tocar nada.

—Cuentas del banco, transacciones, estafas de las empresas. Tu dinero y todos los tratos con las otras bandas.

—¿Por qué lo tienes tú? ¿A dónde coño creías que ibas con todo esto?

Creo que estoy temblando un poco. Intentar que no note lo asustada que estoy es ridículo.

—Estaba escapando. Yo... No sé cómo crees que son las cosas en esa familia pero tú eras el único que sabe que soy su hija.

Su ceño se frunce más.

—¿De qué hablas?

En la mansión teníamos una buena mentira.

—Casi nadie me ha visto. Me conoce la gente de la mansión y tú me viste por pura coincidencia, pero cuando alguien los visita yo tengo que encerrarme. Ha sido así siempre. Tengo veintidós años y no he salido casi de esa casa. Pasaba tanto tiempo ahí que cuando se iban podía caminar dónde quisiera, una vez entré a su despacho y encontré los papeles, saqué las fotocopias por si las fuera a necesitar. No soy yo la que vale dinero, Killian, es esa información.

Sus ojos negros como el carbón examinan cada cosa que digo, el humo de su cigarro le acaricia el pelo cuando exhala.

—Así que puedo quedarme estos papeles y llevarte de vuelta.

Casi me da algo. Me pongo rígida en la silla y me inclino sobre los papeles.

—No no, por favor, no quiero volver. No son solo los papeles, son las cosas que sé.

—¿Qué cosas?

—Contraseñas, nombres.

—¿Qué contraseñas y qué nombres? —exige.

—No soy tonta. Dejas que me marche y cuando esté lejos te lo digo.

Sonríe como una fiera.

—Tú no te vas a ir de aquí, Dana. Tus padres me deben mucha m****a y hasta que no lo tenga solucionado esta es tu casa, así que vete acostumbrando al club y como intentes jugármela como a tu familia no voy a ser tan bueno. No me jodas.

Asiento con la cabeza, asimilándolo.

—De verdad que no quiero volver, Killian.

—Ya veremos —dice y sacude la mano—. Ahora vete y que Andrea te dé las instrucciones. Si es verdad lo que dices y nadie sabe quién eres, vamos a mantener eso

Eso me gusta.

—Vale —susurro.

Siento como me mira mientras salgo de su despacho, giro el cuello para mirarlo una última vez antes de salir y le doy un gesto de cabeza. Por lo menos aquí, en su club, puedo hablar con alguien que no me trata mal.

Andrea me pasea por el club enseñándome un par de habitaciones vacía, me explica que los miembros de la banda duermen aquí a veces o se quedan tras las fiestas si han conseguido a alguna chica a la que "dar placer". No me meto en la vida de las bandas, sé como van: drogas, alcohol, sexo... Algunos lo hacen peor y otros mejor. Parte de la banda de Killian se sostiene con el taller mecánico y el club, pero los grandes ingresos no son de las legalidades.

—Normalmente los integrantes que encuentran pareja se van a vivir a la ciudad, pero siguen viniendo mucho por aquí. Como yo. Mi chico, Ben, trabaja en el taller y yo lo hago en el bar, así que vivimos aquí. Nuestro cuarto está al otro lado del pasillo por si quieres algo alguna vez. Soy de las pocas chicas que están por aquí siempre, las otras son unas zorras, no te las recomiendo.

Escucho todo y observo. Se me da bien planificar, observar, escuchar.

—Entendido —musito.

Me pasea por la cocina, gigante para todos los miembros, y por la gran explanada trasera que lleva hasta el taller de coches. Allí conozco a su novio, Ben. Es alto, fuerte, rubio y no me sorprende lo tatuado que está.

—Hola, guapa —le sisea a Andrea y ella se ríe. Yo nunca me he reído así, enamorada.

—Hola, cariño. Mira, esta es Dana, la chica Bennet.

Se limpia las manos pero aun así no me la ofrece, solo me hace un gesto de cabeza. Cuando se miran parece que se hablan con los ojos y Andrea me arrastra al bar junto al club. Entramos por la puerta trasera y el olor me pega fuerte. Solo hay una chica semidesnuda tras la barra limpiando algunos cristales rotos del suelo.

—El presidente no estará contento si ve que traes a tus amiguitas las estiradas —brama la chica. Andrea resopla.

—Cierra la boca. El presidente la ha traído, temporalmente es parte del club.

¿Temporalmente? ¿Me va a devolver o me va a dejar libre?

La rubia me mira con la boca abierta y los ojos fruncidos. Los pechos se le van a salir por la camisa anudada sobre el hombligo y me pregunto si no es muy pronto para ir tan incómoda así vestida, con los tacones y la falda tan corta.

—Nueva zorrita para su polla —dice con veneno.

—A ti ya todo el club ya te tiene muy usada —le debate Andrea.

Las discusiones en la mansión no eran así, normalmente eran sobre mi, sobre que nunca debí haber nacido y sobre la de problemas que podía causar si abría la boca y soltaba lo que sé. Más de una vez me amenazaron con sellarme la boca con pegamento. Jess, una vez, me puso el pegamento de sus pestañas en los labios mientras dormía. Para ese entonces yo ya sabía que quejarme no servía de nada a mi favor, así que me resolvía mis propios asuntos.

El terreno del club no tiene mucho más, Andrea me lleva de vuelta a mi habitación.

—Tienes suerte, hay pocas habitaciones con baño propio. Te traeré jabón y esas cosas para que te des un baño, seguro que te viene bien para relajarte. Y tranquila, no somos malos, Killian aterra pero no es tan malo —me dice, sin embargo sé que ni ella misma está segura.

Soy una tarjeta de crédito ahora mismo y no creo que a nadie le importe si me quedo sin fondos. Tiene razón, la ducha me viene muy bien y al salir me doy cuenta de que vuelvo a estar encerrada.

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Último capítulo

  • Eres mi salvación   28

    DANACuando por fin nos asentamos y hemos cogido de nuevo el ritmo a las noches en vela y a tener un bebé en casa, Killian se atreve a organizar una reunión en el club para que todos conozcan a nuestra pequeña Alina.Sofía corretea con otros niños por ahí y arrastra de la mano a Josh que no puede seguirle el ritmo y se queda dormido en el regazo de Andrea durante la comida. Si corretea por ahí por lo menos llegará cansada a casa y dormirá del tirón. Y Killian necesitaba beber con sus amigos y quitarse de encima la carga de la paternidad durante un rato.—¿Está invitada? —me pregunta Andrea en un susurro y sigo la dirección a la que mira.Frunzo el ceño. No, no está invitada pero yo le dije a Levi que no tenía problema en verla por aquí. Es la primera vez que Jess está cerca de mi familia, nunca ha visto a mis hijas y ahora Sofía casi se choca con sus piernas. Son incapaces de reconocerse.—No me importa —digo. No lo hace, no pienso en Jess como mi hermana. Ya solo es una persona más,

  • Eres mi salvación   27

    DANAKillian lo intenta pero creo que es imposible. Todas las mañanas dejamos a Sofía en el colegio y me arrastra con él al club para no dejarme sola en casa con los ocho meses de embarazo. Muchas veces Andrea está conmigo pero hoy no es uno de esos días así que me paso horas sentada delante del escritorio de Killian leyendo papeles de la empresa.—Me aburro —canturreo—. Voy a subir a ver una película o a hablar con los chicos.Él me mira de reojo. Hay muchos chicos que han entrado nuevos al club, otros tantos se han retirado para formar sus familias o por mellas de las peleas. A mi ni se me ocurre discutir con Killian el echo de que puede dejar la banda y centrarse solo en la empresa; él lo dice: esto es su vida, le gusta y lo disfruta. Solo nos armaría una discusión si intento decirle que deje este mundo.—Que no se pasen de listos —me advierte.—A algunos les da miedo hablar conmigo por tu culpa.—Eres mi mujer, tienen que saber los límites.Le doy un beso y subo las escaleras. Me

  • Eres mi salvación   26

    DANALa llamada nos despierta. Killian se sienta en calzoncillos en la cama y creo ver como cruza los dedos. Yo lo sé en cuando veo el movimiento de sus músculos y como aprieta el puño en celebración, así que cuando cuelga el teléfono me echo sobre su espalda y me cuelgo de él como un mono.—Estás de cuatro semanas.—¡Qué bien! —exclamo.Me gira en su cuerpo y termino sentada en su regazo.Es domingo y parece que se le ha olvidado el lío que tiene fuera de casa. De echo no parece el jefe de ninguna banda ni un hombre que intimide. Está feliz dentro de casa y con nosotras.Mientras yo tomo el sol en una tumbona, él enseña a Sofía a nadar y se le sale el corazón por la boca cuando la ve correr por el borde. A mi también.—¡Sofía! —grito—. Que no corras por ahí, te puedes caer.—Hazle caso a tu madre —le reprende Killian.Se planta al borde y flexiona las rodillas.—¡Papá cógeme! —exclama y se tira. Su padre la coge al vuelo—. ¡Mamá ven al agua!Me levanto de la tumbona y me tiro de cabe

  • Eres mi salvación   25

    DANAUn par de años después, cuando Sofía ha cumplido cinco años y no deja de usar a Josh (hijo de dos años de Andrea y Ben) como un muñeco de trapo al que puede mangonear para jugar con sus muñecas, me entero.—¿Estás segura? ¿Al cien por cien?—Me siento igual que cuando me quedé embarazada la primera vez y el test dio positivo. ¿Se lo debería decir o voy primero al médico?Con el embarazo de Sofía fue todo muy diferente porque no tenía a Killian para mi durante los primeros meses. Ahora, si resulta que lo estoy, me gustaría que me acompañaría desde el inicio.Desde ahora, sobre todo porque lo hemos estado buscando desde hace... bueno, desde hace un mes o dos que volvimos a hablar de tener otro bebé.—Díselo. Últimamente está de lo más irritante con la banda y por el club, a ver si eso le pone de mejor humor.Ya lo sé, y a veces trae ese mal humor a casa y terminamos discutiendo. Sé que hay problemas ahí fuera, que han perdido dinero y otras cosas y que mi padre se ha enfrentado a é

  • Eres mi salvación   24

    DANAMe despierto esa mañana súper agotada pero enérgica. Las piernas todavía me tiemblan cuando camino entre la ropa tirada por el suelo buscando mis gafas (que casi las piso) y me pongo una de las camisetas de Killian para bajar a la cocina. Nuestra bebé de casi dos años sigue dormida en su cuarto y el olor a café me llega a mitad de las escaleras. Quiero tirarme encima de él cuando lo veo descamisado en la cocina, con todos esos músculos perfectamente entrenados y siendo tan... Killian. A veces me parece mentira que sea tan fácil querer a alguien tanto como yo lo quiero a él y como él me demuestra que me quiere a mi.Me enredo en su espalda envolviéndolo con mis brazos y aplastando la cara contra su espalda. El calor de su cuerpo me envuelve a mi y podría volver a quedarme dormida.—Iba a subirte el desayuno a la cama —dice con su voz ronca de por las mañanas. Levanta el brazo y deja que me cuele entre su cuerpo y la encimera—. ¿Estás bien?Sus labios me besan la frente y bajan le

  • Eres mi salvación   23

    KILLIANEs guapísima.Cada mañana me quedo admirándola durante un buen rato, está preciosa tumbada en nuestra cama. Duerme mucho, sé que está agotada de este último mes y se lo merece todo por aguantar a nuestra hija dentro. Veo como se revuelve, mi camiseta se le sube hasta descubrir sus bragas y se queja. Me acerco y le termino de subir la camiseta hasta por debajo de las tetas. Se nota como patea y no deja a su madre en paz. Deja de moverse cuando pongos mis manos sobre ella.—Gracias —musita Dana adormilada.Me encorvo sobre su cuerpo para besarla. Si por mi fuera la tendríamos ya con nosotros. Queda menos, queda una semana para que salga de cuentas y siempre la tengo por ahí descansando, sentada en el sofá, quejándose, intento como puedo hacerlo más ameno.Intenta ayudarme a hacer la cena pero gimotea al rato de estar de pie.—Me duele, Killian —lloriquea casi a punto de llorar. Es la primera vez que se porta tan débil.—¿Qué te duele?Me clava las uñas en el brazo cuando se incl

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