Mag-log inAl salir de la boutique de ropa de lujo, Randy no llevó a Miranda directamente de vuelta al apartamento. El hombre invitó a Miranda a subir a su lujoso auto deportivo para dirigirse a *L'Écrin*, la joyería más exclusiva y cara de la ciudad, el lugar donde alguna vez se exhibió el collar de diamantes de una reina europea.Durante el trayecto, Randy se transformó en la definición del caballero más perfecto. Abrió la puerta de cristal para Miranda, la guio con una mano protectora en la espalda de la chica, e incluso le acercó la silla para que Miranda se sentara en la sala VIP de la joyería.Sin embargo, detrás de la calidez que Randy irradiaba hacia Miranda, había otro lado de esa escena que era tan contrastante y cruel.Detrás de ellos, estaba Sharon. La mujer no podía moverse libremente. La mano grande y robusta de Joy agarraba con fuerza la parte posterior del cuello de Sharon, obligando a la mujer a mantenerse erguida, mirando directamente hacia Miranda.Ese agarre no era doloroso h
—¿Por qué disculparte? —preguntó Randy, su tono lleno de una broma sorprendente—. Al contrario, me alegra escuchar ese otro lado tuyo. El más divertido. Pero lo de la alarma de sirena... es una buena idea. Después le pediré a Ringgo que te la instale en la muñeca.Miranda se quedó boquiabierta.—Señor... no.Randy se rió. Una risa cristalina, una risa que hizo aparecer las finas líneas en su frente que normalmente siempre estaban fruncidas por el trabajo. Miró a Miranda con una mirada tan cálida, una mirada que hizo que las rodillas de Miranda se sintieran débiles.—Escuché todas tus quejas desde afuera —dijo Randy, su pulgar acariciando la mejilla sonrojada de Miranda—. Sobre el horario, sobre la muñeca de porcelana, y sobre el horario para respirar.Miranda cerró los ojos un momento, sintiéndose muy avergonzada.—Perdóneme...—No te disculpes —susurró Randy, acercando su rostro—. ¿Sabes por qué lo controlo todo? Porque durante nueve meses, no estuve allí. Te dejé pasar hambre, te de
La decisión de Miranda de rechazar la ayuda de Sharon fue un momento pequeño, pero para la chica, era el primer paso para recuperar el control de su vida.—Lo siento, señorita Sharon —dijo Miranda. Su voz quizás era suave, pero por primera vez en años, no había ningún tono tembloroso ni de miedo en ella—. Pero creo que me siento más cómoda si Lisa me ayuda. Además, Lisa entiende mejor mi talla y la forma de mi cuerpo.Sharon jadeó, su rostro se encendió entre vergüenza y rabia. Abrió la boca, lista para lanzar el insulto habitual que usaba para intimidar a Miranda en el pasado. Sin embargo, antes de que saliera una sola palabra, la figura gigante de Joy bloqueó la luz frente a ella.—Usted oyó a la señora —la voz de Joy resonó baja, fría y amenazante—. Su tarea es solo llevar las bolsas y quedarse quieta. Si siente que su boca tiene demasiada comezón para hablar, puedo pedirle a la gerente de la boutique que se la cosa. ¿Entendido?Sharon tragó su saliva amarga. Asintió rígidamente, l
Sin embargo, la cruda realidad la detenía. Sharon recordó la celda de prisión fría, la amenaza de Randy de llevarla a la cárcel y entregarla al mundo criminal si se rebelaba. No tenía elección. Finalmente se convirtió en chofer, sirvienta y esclava de la mujer que odiaba.El auto finalmente se detuvo frente a un edificio majestuoso en una zona elitista. Era 'Maison de Rêve', la boutique de 'haute couture' y 'ready-to-wear' más exclusiva y cara de la ciudad. Solo celebridades, esposas de magnates y nobles podían pisar este lugar.Joy abrió la puerta del auto. Miranda bajó con paso vacilante. Miró el escaparate de la boutique que exhibía vestidos valorados en miles o incluso cientos de miles de dólares. Su respiración se entrecortó.—Yo... no puedo entrar ahí —susurró Miranda—. La ropa de ese escaparate... seguramente cuesta miles de dólares. No soy digna. Arruinaré sus cosas con mis manos ásperas.Sharon, que acababa de estacionar el auto y caminaba detrás, no pudo contenerse. Resopló
Miranda levantó la vista para ver quién era el conductor. Y cuando sus ojos se encontraron con el espejo retrovisor central, su respiración se detuvo de inmediato. Su sangre pareció congelarse, fluyendo hacia atrás hacia su corazón.Ese rostro en el espejo. El rostro que durante años había sido la fuente de sus pesadillas. El rostro que siempre se burlaba de su sufrimiento, que ordenaba que la encerraran en el baño oscuro, que la obligaba a trabajar como esclava.Sharon.Su hermanastra. La mujer que en ese momento debería estar en prisión, ahora estaba sentada detrás del volante, vistiendo el uniforme de chófer personal de la familia Adinata, impecable pero degradante."¡Ella... esta... esta es Sharon!" La voz de Miranda chilló presa del pánico. De inmediato retrajo su cuerpo, escondiéndose detrás de la espalda de Jihan, que estaba sentada a su lado. "¡Ella... qué hace ella aquí?! ¡Me va a lastimar! ¡Va a llevarse a Kevin!"El trauma del pasado atacó a Miranda sin piedad. Las paredes
La mañana en el apartamento 'penthouse' de Randy Adinata se sentía diferente. El aire que antes era frío y solitario ahora estaba lleno del aroma de comida caliente que abría el apetito, y el ocasional llanto de un bebé era respondido por el suave arrullo de una canción de cuna.Habían pasado dos días desde que Miranda y el bebé Kevin fueron llevados a este lugar. Randy no había escatimado esfuerzos para darle la mejor vida a su esposa e hijo. No solo les había dado un lugar donde vivir, sino también un equipo especial para asegurarse de que Miranda no tuviera que mover ni un dedo.Jihan, una mujer de 27 años presentada por una agencia de colocación de personal profesional exclusivo, era una 'especialista en bebés' que había atendido a los hijos de conglomerados. Sus manos estaban entrenadas, sus movimientos eran rápidos, y lo más importante, tenía un nivel de paciencia muy alto.Mientras tanto, Wati, una mujer de mediana edad que alguna vez fue cocinera privada de una familia noble e







