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Espejo Roto   En él vi mi reflejo
Espejo Roto En él vi mi reflejo
Author: Alicia Books

CAPÍTULO 1 El hombre que no debía existir

Author: Alicia Books
last update publish date: 2026-05-01 01:19:28

Eva Beltrán no quería estar ahí.

El bar estaba bastante abarrotado de gente para su ánimo por el piso. Las luces bajas,la música vibrando fuerte en el pecho y los cuerpos moviéndose como si el mundo no les pesara. Ella había aceptado salir solo por insistencia de su amiga, por ese impulso absurdo —y un poco desesperado— de demostrarse que, al menos esa noche,iba a divertirse.

—Es tu divorcio, Eva —le había dicho Laura, alzando la copa—. Brindemos porque saliste ganando… y porque ese infiel no logró quedarse con todo.

Eva sonrió.Desde antes de casarse no salía a un sitio así.

Había elegido el vestido sin pensar demasiado. Negro como siempre se ponía ,simple y elegante. Se había mirado al espejo antes de salir y se vió distinta. No más joven. Como si algo se hubiera cerrado definitivamente en ella… y algo más ,estuviera esperando su turno.

Fue entonces cuando lo vio.

Estaba apoyado en la barra, con un vaso en la mano y la camisa arremangada hasta los codos. No parecía a simple vista un hombre llamativo. No sonreía. Parecía cansado,alguien que lleva una carga demasiado pesada por mucho tiempo.Quizás unos treinta y cinco años no lo descifraba bien por su barba. Tenía el cuerpo tenso y la mirada se dirigía a la botella que tenía en una de sus manos.

Eva no supo por qué lo miró con pesar.

Laura ya estaba bailando, haciendo de las suyas. Seguía soltera, no se ataba a nadie,reía fuerte, dejándose llevar como siempre.

Eva se le acercó y le habló cerca del oído:

—Toma menos, Laura. Dentro de un rato nos tenemos que ir. Dejé a los chicos con mi mamá y los tengo que pasar a buscar.

Laura se rió, la había visto viendo hacia la barra.

—¿Conocés a ese señor? —le dijo, señalando hacia la barra.

—No… no sé quién es.

—No sabés… y ya te lo estás comiendo con la mirada.

—No digas pavadas —respondió Eva, incómoda.

—Ah Eva relájate, a mí me gusta el alto, yo no solo me lo voy a comer con la mirada —agregó Laura, guiñandole un ojo—. Andá acércate, tómate algo y salí a bailar con él . Yo me llevo a su amigo.

El hombre alto ya se había unido a Laura sin demasiado problema cuando lo tomó de la mano. Eva los vio alejarse hacia la pista, perderse entre luces y la música, como si esa noche hubiera decidido quedarse solo con ella y con él.

Cuando volvió a mirar, lo vio de nuevo. Esta vez, con los ojos brillosos. No sé lo estaba imaginando. Estaba triste y llorando.

Algo le hizo clic.

Siempre el mismo patrón, pensó.

Alguien cargando culpas que no le pertenecen del todo.

No supo por qué, pero se acercó.

Tal vez fue costumbre,o fue instinto.

Tal vez fue verse reflejada en esos ojos.

El hombre volvió a llenar su vaso y lo tomo de una ,después se sirvió otro.

Eva no había tomado casi nada, pero se dio cuenta de que él había tomado por demás. Cuando lo vio levantarse para ir al baño y tambalear, supo que no estaba bien. Entonces se acercó y al volver, él se apoyó de nuevo en la barra, como si el mundo estuviera en su espalda.

—No tomes más —dijo ella, sin mirarlo directamente.

No fue una orden.

Él la observó. Tenía la voz baja.Como si le doliera hablar.

—Estoy bien —respondió, aunque ni él mismo parecía creerlo.

Ella negó con la cabeza.

—No lo estás.Yo lo sé.

Algo en esa frase, en la forma en que se la dijo una desconocida, le rompió la última resistencia.

—No puedo seguir así —confesó—. Callándome todo lo que siento. Fingiendo que estoy bien cuando no lo estoy.

Giró hacia ella. Sus ojos eran oscuros, atentos. La barba de varios días lo hacía ver aún más atractivo.

—No puedo más —continuó—. Quince años de matrimonio… y todavía no sé qué hice mal.

Eva tragó saliva.

No preguntó,solo hizo lo que sabía hacer.

Escuchó.

—Ella dice que la descuidé. Que es mi culpa… —rió sin humor—. Yo solo quería que no les faltara nada. A ella y a mis hijos. Estuve en cada acto del colegio. En cada cumpleaños. No soy perfecto, pero no soy el monstruo que me hace creer que soy.

Las palabras se le trababan en la lengua por el alcohol y el llanto.

—Nunca he estado con otra mujer. Si estuve ausente fue por trabajo. Siguió tomando otra copa y otra más.

Algo se le apretó a Eva en el pecho.

—¿Y aun así querés salvarlo? —preguntó.

Él asintió. Con una convicción que dolía.

—No quiero perderla. Ni puedo perder a mi familia. Si el problema soy yo… tengo que cambiar.

Eva cerró los ojos un segundo.

—Estoy viéndome en ti —dijo, casi sin darse cuenta—. Me estás contando mi vida.

Sonrió, con tristeza. Y supo que tenía que ayudarlo.

No sabía si él entendió algo de lo que pasó después. Estaba demasiado borracho. Apenas recordó su nombre cuando ella lo acompañó hasta el taxi. Apenas escuchó su voz cuando lo ayudó a entrar a su casa, porque su amigo no volvió y Laura tampoco, la noche se había escurrido de explicaciones.

—¿Qué hacés acá? —murmuró él, dejándose caer en el sillón, vencido por el cansancio y el alcohol.

Eva lo miró un segundo de más.

—¡Festejando mi divorcio! —respondió, sin ironía.

—¿Te divorciaste?

Él sonrió triste. Se incorporó despacio, como si una fuerza que no entendía le hubiera devuelto el equilibrio solo para ese gesto.

Le tomó el rostro con ambas manos, con una delicadeza inesperada en alguien tan borracho, y la miró fijamente, como si necesitara recordarla.

—Sos muy linda —dijo, casi con asombro.

Y antes de que Eva pudiera decir nada, la besó.

Fue sorpresivo y ardiente. Un beso que encendió algo peligroso, que le recorrió el cuerpo como un latigazo. Por un segundo, Eva no pensó. No fue psicóloga, ni analizó.ni fue madre, ni una mujer responsable. Fue piel, fue hambre, fue reflejo.

Respondió solo un momento.Pero ese instante bastó para entender.

Se apartó de golpe, con la respiración agitada y el corazón desbocado.

—No.No puedo..

Ese hombre, horas antes, había dicho que había sido fiel. Quería salvar su matrimonio. Estaba borracho, herido, roto. Y cualquier cosa que pasara ahí no sería deseo compartido, sino un error.

Algo que lo marcaría a él… y que ella no podría perdonarse nunca.

—Shh… —susurró, apoyando la mano en su pecho para mantener la distancia—. ¡No. Basta!

Él intentó decir algo, pero las palabras no llegaron. El cuerpo le pesó de golpe. Eva lo guió con suavidad hasta apoyarlo en el sillón.

—Dormí —le dijo en voz baja—. Estás borracho.

Le acomodó una manta que había cerca. Y él cayó dormido casi de inmediato, ajeno a todo.

Eva se quedó mirándolo unos segundos. Conmovida y aterrada. Temblando todavía por ese beso que iba a guardar para siempre en su memoria y que no sabía si él recordaría.

Tomó su bolso pero antes de irse, dejó una tarjeta sobre la mesa baja del living.

—Por si necesitás hablar —susurró, más para ella que para él.

Cerró la puerta sin mirar atrás.

A la mañana siguiente, Agustín Leone despertó solo.

Su esposa no estaba. Sus hijos seguían con sus abuelos.

No recordaba el bar.

No recordaba la conversación con Eva.

No recordaba quién lo había traído.

Le dolía la cabeza como si le martillaran por dentro.

Revisó la mesa: su billetera, su teléfono…

Y una tarjeta.

Eva Beltrán

Psicóloga ,experta en terapias de pareja.

La sostuvo entre los dedos sin entender por qué sentía que debía recordar algo importante ,una sensación extraña … y aunque quería su memoria se negaba a recordárselo.

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Comments (2)
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Dani
Buen comienzo
goodnovel comment avatar
Lila
creo que debe engañarlo
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