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SU CÁRCEL.

Author: Alexyta
last update publish date: 2023-12-15 21:27:35
Cuando Marcos salió de la habitación, encontró a Maite poniendo la cacerola en el velador. En cuanto Maite se giró, sus ojos se posaron en el cuerpo desnudo de Marcos, sus ojos recorrieron su abdomen musculoso y sus fuertes brazos que una vez la levantaron como una pluma durante el acto sexual. Recordando que en esa misma cama se entregaron a besos y que esas manos anchas la agarraban de las nalgas para llevarla al orgasmo, Maite soltó un suspiro y cerró los ojos, tratando de apartar esos pensam
Alexyta

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  • Esposa de un hombre cruel   EPÍLOGO.

    La vida de Maite y Marcos como padres era cada día más difícil, puesto que no sabían cómo ser padres. Se habían convertido en demasiados protectores con su pequeño Albert. Se les hizo más fácil cuando la adopción de aquel pequeño que acompañaba a Albert el día en que Marcos lo encontró llegó. Ahora tenían dos hijos, a los cuales les darían el amor que habían perdido cuando la mujer que cuidaba de ellos murió. Aquellos niños que habían carecido de amor ahora tenían de sobra. Albert se sentía feliz y contento viviendo con sus nuevos padres y visitando cada cierto tiempo a su tío, prima y abuela en Estados Unidos. Marcos se encontraba en la oficina cuando le anunciaron a una persona. —Déjelo pasar. Tenía muchos años que no lo veía, para ser exactos desde el día que le confesó por qué había ayudado a Emma cuando le pidió que intercambiara las pruebas. El día que le hizo saber que el hijo que Emma perdió en realidad era suyo. Ese día, Marcos lo golpeó hasta cansarse; si no hubiera sido

  • Esposa de un hombre cruel   FIN.

    La policía llegó, apuntó a Emma y solicitó que bajara el arma, pero ella quería llevarse a Maite por delante. Intentó disparar nuevamente a una Maite que estaba en shock, observando a su esposo en el suelo, con una bala tras su espalda. Al intentar matar a Maite, la policía disparó, derribando así a Emma. Elisa salió del coche; al ver a Marcos en el suelo, cubrió su pecho, sus rodillas se doblaron y Santiago evitó que cayera al suelo. —¡Tú no, Marcos! ¡Tú no puedes dejarme! —ya había enterrado a su esposo, hijo y ahora nieto. Dicho eso, se desmayó. Maite, por su parte, dejó al niño en el suelo. Sus rodillas se estamparon contra la tierra, sus manos temblorosas la llevaron al rostro de su amado. Soltando un grito impotente, lo abrazó, hundió el rostro en el cuello y sintió lo bajo del pulso. Inmediatamente la apartaron, lo encasillaron y subieron a la ambulancia. Maite se abrazó de nuevo a su hijo; no quería soltarlo, pero tampoco quería dejar solo a su esposo. Pero ahora, él la ne

  • Esposa de un hombre cruel   RESCATE.

    Ya tenía todo arreglado; el maletín se encontraba por sus pies. Al salir Maite del baño y encontrarlo así, le preocupó. —¿Qué sucede? —Quieren que lleves el dinero. Se quedó un momento en silencio. —Lo llevaré —agarró el maletín para irse. —No, no puedo permitirlo. Soy yo quien debe llevarlo… Se levantó y la detuvo. —Si pidieron que sea yo, lo haremos como dicen. No pondré en riesgo la vida de mi hijo —acarició el rostro de su hombre, acercó los labios y lo besó—. Si queremos de regreso a nuestro hijo, hay que hacerlo como piden. Supongo que amenazaron con hacerle algo si no acatábamos su orden, ¿cierto? ¿quieres eso? ¿quieres que lastimen a nuestro bebé? —Marcos negó. —Entonces, amor. Déjame ir. —¡No lo permitiré! Primero muerto antes que dejarte ir sola. No importa las amenazas que hagan; yo sé que no le harán daño mientras no obtengan el dinero. Si tú lo llevas, podrían lastimarlo a los dos. —¿¡No confías en que sea capaz!? —sonrió acariciando esa carita delicada. —No es

  • Esposa de un hombre cruel   SACANDOLE LA VERDAD.

    —¿Y tú? ¿Quién te crees para entrar así a mi casa? —replicó Ángel. Marcos miró con altivez todo a su alrededor y, con arrogancia, respondió: —¿Estás seguro de que es tu casa? Si bien era cierto que el abogado tenía su casa, pero ahora mismo se encontraba en la mansión de su abuelo, el lugar donde vivía su madre y en el que vivió desde la niñez. Y esa casa también era parte de la herencia que su abuelo le dejó a Marcos. Por petición de Elisa, este aceptó no desalojar a la madre de Ángel. Sin embargo, después de todo lo que habían hecho los hijos de esa mujer, no dudaría en echarlos a la calle. Caminó alrededor de la sala, pisando con fuerzas el suelo y haciendo sonar la suela de sus caros zapatos. —¡Estás en mi territorio, y puedo aplastarte cuando me dé la gana! —lanzó al suelo el maletín de Ángel y se acomodó en los muebles como todo un rey. Desde ahí, miró fijamente a Izan. —¡Así que querías destruirme jugando tan sucio! —se levantó y se paró al frente. Apretó con fuerzas la ma

  • Esposa de un hombre cruel   EN LIBERTAD.

    La visita de Isabela a Marcos fue un punto a favor de este. Su abogado hizo uso de ese error para reabrir el caso. No era posible que la mujer que decía haber sido violada visitara a su violador cuando este le había hecho demasiado daño. —Elisa, Marcos fue herido en prisión —la anciana tocó su pecho. Si Gonzáles no le aclaraba de inmediato que se encontraba fuera de peligro, ella habría muerto del dolor. —Está bien, puedes irlo a visitar. —Tienes que sacar a mi nieto de ese lugar, me lo van a matar. —Lo sacaremos de ahí, Elisa. Ya verás que lo sacaremos. Confiando en que Marisa sacaría a Marcos de prisión, Elisa salió de la villa rumbo a la clínica. Por otro lado, Ramón se sentía furioso por el plan fracasado, más cuando supo que Isabela visitó a Marcos y eso les dio opción a los abogados de Marcos para abrir el caso. Si esto sucedía, si se reabría el caso de Marcos Heredia, Sara tenía que volver a declarar, y resultaba que esa mujer estaba muerta. Eso era otro problema más. —¿

  • Esposa de un hombre cruel   NECESITO ESCAPAR.

    Estaba planeado clavar la navaja las tantas veces que fueran necesarias, hasta el punto de hacer cernidero el abdomen de Marcos y destrozar todos sus intestinos y órganos. No obstante, otro grupo ingresó trayendo consigo a los guardias y evitando que eso sucediera. Marcos cayó al suelo y observó al hombre parado delante de él. —¡Guido! —curvó las comisuras al ver el rostro de su antiguo compañero de colegio. —El mismo. No reconociste mi voz. Creí que después de darte la navaja me seguirías y buscarías, pero sigues tan creído y arrogante como siempre, Marcos Heredia. Marcos sonrió y una línea de sangre se escapó por sus comisuras. —Aún no es tiempo, Marcos —lo sacudió Guido. Rápidamente lo sacaron de la celda y lo llevaron a la enfermería de prisión. Al ver la navaja clavada en el abdomen del prisionero, el doctor solicitó que fuera llevado a un hospital. De camino a este, se les informó a los familiares. El abogado se dirigió de inmediato al hospital, ocultando lo sucedido a Eli

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