INICIAR SESIÓNMientras conducía en dirección al hospital público de la ciudad, Théo observaba a la mujer que estaba a su lado en el coche. Su cabello estaba desordenado; las cejas parecían nunca haber sido arregladas en la vida. Llevaba una camisa vieja con un rasgón al costado y un pantalón vaquero gastado, que probablemente había sido comprado en una tienda de segunda mano. En los pies, usaba unas sandalias viejas.
«Apuesto que tiene un clavo debajo, sosteniendo la correa de la sandalia», pensó.
Se río solo, ya que nunca imaginó que alguien como ella entraría algún día en su coche.
—Señor, no tengo dinero ahora, pero voy a conseguir. Por favor, tenga un poco de paciencia. Le pasaré mi número de teléfono y luego usted me manda el valor. Si es alguna pieza que se pueda comprar por internet, dígame, que puedo comprarla y dividirla en la tarjeta.
Théo estaba nervioso, pero la ingenuidad de la mujer le robó una sonrisa. ¿Ella pensaba que podría comprar un faro de Rolls-Royce en internet?
—¿Y cuánto crees que cuesta un faro de estos? —preguntó con burla.
—No sé, su coche parece muy elegante. Espero que no pase de trescientos reales.
—¿¿Tres cientos reales?? —Casi se atraganta de tanto reír—. ¡Estás muy metida en problemas!
Maia miraba el rostro del hombre llena de miedo, esperando que realmente la llevara al hospital. Con el desespero de ese momento, terminó entrando en su coche sin pensar que él podría hacerle algún daño por el perjuicio causado.
—Voy a arreglarlo —dijo preocupada—. Estaba tan desesperada por llegar al hospital que ya no vi nada en mi camino.
—¿Cómo es tu nombre otra vez?
—Maia Ferreira.
—¿Dijiste que tu hija está en el hospital?
—Sí, mi bebé de dos años se sintió mal en la guardería y salí del trabajo para venir directo para acá.
—¿Qué tiene ella?
—Se desmayó.
—¿Tan pequeñita y se desmayó?
—Mi hija tiene un pequeño problema en el corazón, ella no es una niña común —dijo triste.
—¿Tu marido está allá con ella ahora?
—No, no tengo marido. Intenté llamar al irresponsable de su padre, pero no me contestó.
Théo notó la expresión de tristeza de la mujer, pero lamentablemente, sus preguntas tenían otras intenciones. Él no se preocupaba por los problemas de ella, solo quería encontrar una solución para el suyo, y parecía haber encontrado a la persona perfecta para ayudarlo.
Al llegar al hospital, Maia bajó del coche agradeciendo por el aventón y prometiendo pagar los gastos del vehículo. Entró a la recepción buscando noticias de su hija, sin percibir que Théo seguía allí, con el celular en la mano.
Marcó el número de su abogado y le pidió que lo encontrara en el hospital lo más rápido posible.Después de unos treinta minutos, Fábio llegó al lugar donde Théo lo esperaba.
—¿Qué haces en un hospital público? —preguntó preocupado, observando el cuerpo del hombre para ver si estaba herido.
—Encontré a la esposa perfecta.
—¿Qué? —preguntó, sin entender nada.
—Digamos que, en vez de caer del cielo, vino en bicicleta directo hacia mí.
—¿Qué historia es esa? —cuestionó Fábio.
—Mira esto —apuntó al faro roto del coche.
—¡Vaya! Eso saldrá caro —lamentó.
—Exactamente, ¡carísimo! La loca que chocó contra mí no tiene noción de cuánto cuesta este faro, y basta mirarla para notar que no tiene condiciones ni de pagar la bombilla del intermitente.
—¿Y adónde quieres llegar con eso?
—Haré que pague de otra forma, ella va a estar en mis manos, ¿entiendes? Cuando le muestre el valor del daño, se desmayará, y ni vendiendo el corazón conseguirá el dinero. Entonces le propondré que se case conmigo.
—Théo, ¿estás loco? ¿Ves a una extraña en la calle y quieres proponerle matrimonio?
—Ella está con la hija aquí en el hospital. Por lo que me dijo, la niña tiene algún problema. Puedo ofrecer pagar el tratamiento, no sé, algo así.
—Si ella tiene una hija, debe tener marido también.
—No, no tiene. Ya me aseguré de eso antes.
—Esto es una locura. Ni siquiera sabes qué tipo de persona es, y por lo que me dijiste, ¿crees que tu abuelo va a creer que te casaste con cualquiera?
—No tengo mucho tiempo, así que voy a apostar mis fichas en ella. Es solo comprar ropa y mandarla a ducharse, ¡no sé! —dijo impaciente.
—¿Estás hablando en serio? —Fábio preguntó incrédulo.
—Muy en serio. Ve adentro y descubre su nombre completo. Pide a tu personal que haga una búsqueda y encuentre todo sobre su vida.
—¿Tienes certeza? Théo, podemos encontrar a otra persona.
—¿Quién? Por el amor de Dios, dime, ¿quién? Mi abuelo llegará en dos días y necesito una mujer que pueda fingir ser mi esposa y que no abra la boca después.
—Está bien… —Dijo, dándose por vencido—. Haré lo que mandaste.
Fábio entró al hospital a buscar información sobre la mujer. Apenas descubrió el nombre completo, lo envió por correo a su equipo y, mientras esperaba respuesta, vio a una mujer llorando en la recepción. Parecía tener unos 25 años; por su forma de vestir, su voz estaba alterada.
—Señora, por favor, cálmese, estamos haciendo todo lo que podemos —dijo la enfermera.
—Mi hija va a morir si no consigue esta cirugía, ¿cómo quiere que esté tranquila?
Fábio comenzó a prestar atención a la conversación de la mujer y descubrió que se trataba de la persona mencionada por Théo. Entonces se acercó llamando su atención.
—Con permiso, ¿usted es Maia Ferreira? —preguntó.
—Sí —Sus ojos estaban rojos—. ¿Quién es usted? ¿Algún médico? —Miró la vestimenta del hombre.
—Me llamo Fábio Souza, soy el abogado del señor Théo Campos.
—¿Abogado de quién? —preguntó confusa.
—De Théo Campos, el dueño del vehículo con el que usted chocó más temprano.
—Ay, Dios mío… —Se llevó las manos a la cabeza—. ¿Por qué él mandó un abogado? Dije que buscaría una solución, pero ahora no es un buen momento. Mi hija está grave en la UCI; necesito encontrar una forma de conseguir una cirugía para ella. Por favor, pídale a su cliente que tenga paciencia. —Comenzó a llorar—. Sé que estoy equivocada y que él no tiene culpa de mis problemas, pero hoy no está siendo un buen día para mí. Le juro que pagaré cada centavo. Puedo ser pobre, pero tengo honra.
—Señora, por favor, discúlpeme. Volveré en otro momento.
Fábio salió avergonzado. Sabía que había sido muy rudo al abordar a la mujer en ese estado tan frágil.
Al salir del hospital, vio que Théo ya no estaba allí, así que le llamó. En el primer tono, él atendió.
—Y entonces, dame una buena noticia —dijo animado.
—No hagas eso, Théo —respondió Fábio inmediatamente.
—¿Qué? ¿Cómo así?
—La pobre mujer está pasando por un problema muy grande; busquemos a otra persona.
—¿Qué pasó, Fábio? Ya dije que tiene que ser ella, ¿se te ablandó el corazón? ¿Olvidaste que ella me debe?
—Estoy seguro de que el seguro cubrirá los daños de tu coche, ¿por qué amenazarla con eso? Su hija está en la UCI entre la vida y la muerte.
—¿Es tan grave? —preguntó.
—No sé exactamente el estado de la niña, pero la madre está muy abatida; no deberíamos involucrarnos con ella ahora.
—Más un motivo para conseguir lo que queremos. Mira lo que acabas de decir: si ella está desesperada, será más fácil convencerla.
—Théo, creo que es mejor…
—Haz lo que te dije —lo interrumpió—. Averigua lo que la niña necesita y recoge toda la información posible. Estoy en casa, más tarde vuelvo al hospital y hablaré con ella.
—Está bien, tú mandas.
—Mira el lado positivo, ella también conseguirá lo que quiere; con certeza hará cualquier cosa por su hija.
[…]
A las diez de la noche, cuando Maia estaba en la habitación del hospital al lado de su hija, pensando en qué hacer para salvar su vida, una enfermera llegó para avisarle que alguien quería hablar con ella.
Caminando hacia el lugar donde la persona la esperaba, entró en una pequeña oficina y casi se desmayó al ver a Théo Campos y a su abogado, Fábio Souza.
—¿Qué están haciendo aquí a esta hora? —preguntó ya con lágrimas en los ojos, temiendo lo que pudiera suceder.
—Señora, no se preocupe, vinimos para ayudarla —dijo Fábio, intentando calmarla.
—¿Ayudarme? —preguntó confundida.
—Exactamente. Supe que su hija necesita una cirugía de emergencia y ser transferida a un hospital especializado. Sé que los costos son muy altos y que usted no tiene condiciones de pagarlos.
—¿Cómo supieron eso? ¿Y cómo quieren ayudarme? —preguntó desconfiada.
—No importa cómo lo supimos, pero ¿está viendo esto en su mano? —Théo la interrumpió, señalando el sobre en manos del abogado—. Si usted firma los papeles que están adentro, su hija será transferida al mejor hospital del país y realizará la cirugía inmediatamente.
—¿Cómo así? ¿Qué papeles son esos y por qué quieren ayudarme?
—Quiero hacerle un favor, ya que también necesito un favor suyo.
—¿Favor? ¿Qué quiere de mí?
—¡Cásate conmigo!
Saliendo de allí, caminaron para comer en otro lugar.Mientras caminaban, Maia cuestionó al marido.—¿Por acaso vas a contarle a tu abuelo lo que pasó ahí ahora?—Claro, él con certeza va a querer hacerle una visitita a su vieja amiga.—Para con eso, Théo, tu abuelo ya parece tener problemas de más, déjalo en paz. Por la forma en que estaba Lilian, parece estar sufriendo por todo lo que hizo. ¿Crees que es fácil trabajar con un jefe que está encima de ti todo el tiempo, esperando solo una falla para mandarte directo a la calle?—Sé que no es fácil y no estoy menospreciando eso. —Replicó.—Vamos a dejar eso de lado, ¿por favor? —pidió, abrazándolo y dándole un beso.—Tú haces eso porque sabes que yo no resisto a la forma en que pides las cosas. —Rió. —Está bien, no voy a decir nada, pero necesito enseñarte algunas cosas sobre el mundo. En ciertas ocasiones, es necesario vengarse de otras personas cuando se tiene la oportunidad.—Gracias por la lección, pero creo que la gente mala cae so
Théo miró a su esposa sin entender por qué había hecho aquella invitación. No era porque había perdonado al abuelo que significaba que lo quería cerca otra vez.A veces, el perdón significaba eso, estar en paz con nosotros mismos, dejando de cargar un rencor que solo nos perjudica. Sin embargo, dejando muy claro que mantendría una distancia, impidiendo que la persona tuviera la oportunidad de herir de nuevo.—Vamos a pensar en eso con más calma después. Acabamos de llegar y tú necesitas descansar; es mejor que vayamos al hotel ahora mismo. —Habló, intentando no parecer grosero.—Está bien, después podemos hablar sobre eso. —dijo ella.Al percibir que su marido no había quedado muy contento con la conversación, terminó sintiéndose un poco precipitada al hacer una invitación antes de consultarlo primero.—Voy a pedir que preparen el cuarto de ustedes, mientras alguien irá a buscar sus maletas. —Dijo Joaquim.—No es necesario. —Théo lo interrumpió. —Esta noche la pasaremos en el hotel; s
Sentados de vuelta y observando al señor Joaquim, la pareja decidió que escucharían lo que el hombre tenía que decir.—Desde la última vez que tuvimos nuestra conversación, pensé que deberíamos haber llegado a un acuerdo antes de volver aquí. —Joaquim comenzó. —Durante todo este tiempo que estuve aquí, consideré volver y buscarlos otra vez, pero la verdad es que sentí mucha vergüenza de todo lo que pasó.—¡Claro que era para sentir vergüenza! —exclamó Théo.Maia vio que su marido se estaba alterando, entonces tocó su mano suavemente, pidiéndole con la mirada que escuchara al abuelo antes de cualquier cosa.—No sé qué me pasó para llegar a tal punto, estuve tan ciego que ya no pensé en nada, ni en tu vida ni en tus sentimientos, solo quería que hicieras lo que te ordené, creyendo que serías una marioneta en mis manos. Lo siento mucho, Théo, de verdad lo siento, y quiero que sepas que, si pudiera volver en el tiempo, jamás habría interferido en tu vida como lo hice.—Si realmente lo sie
Ocho meses después de casarse, Maia decidió inscribir a Lis en una guardería, donde su hija se socializaría con otros niños. Entonces, empezó a sentirse sola en casa, queriendo hacer algo para ocupar su tiempo, ya que trabajar fuera de casa estaba fuera de cuestión en ese momento, aún más cuando descubrió el nuevo embarazo.—Ya te dije que no quiero que te esfuerces mucho, no hay necesidad de eso; no olvides que estás embarazada.—Pero el embarazo nunca fue una enfermedad y el médico dijo que mi gestación no es de ningún riesgo.—No me importa, quiero que descanses y te mantengas saludable.—Pero ya no soporto quedarme dentro de esta casa todo el día.—Mira, no puedo aceptar la idea de que trabajes fuera.—Pero no quiero aprovecharme de ti. —Dijo ella, con miedo de que él pensara que se estaba aprovechando de su situación financiera.—¿Y desde cuándo te aprovechas de mí? Te di una tarjeta para que hagas lo que quieras y, cuando llega la factura, parece que no la usas.La pareja conver
Cuando entró en el avión, Maia parecía una niña de tan eufórica que estaba; ni Lis parecía tan animada como ella.—No puedo creer que vamos a viajar, Lis y yo nunca paseamos fuera de la ciudad, estoy tan emocionada.—Te aseguro que te encantará el lugar, es muy tranquilo y no hay muchas personas cerca, serán unos días solo de paz y tranquilidad.—No tengo palabras para expresar lo emocionada que estoy.Théo abrazó a su esposa; ella tampoco imaginaba lo animado que él estaba. Sería la primera vez que saldrían como una pareja de verdad. Llegaron por la noche a la casa de campo y todo ya estaba preparado para su estadía allí. Lis y Júlia dormirían en un cuarto, mientras Théo y Maia se quedarían en una de las suites de la casa, que tenía vista a un río que pasaba a unos metros, en el fondo del terreno.—Aquí de día parece el paraíso. —Él dijo, mientras se preparaba para acostarse.—Ya quiero explorar todo este lugar.—No te preocupes por eso, tendrás mucho tiempo para conocerlo todo, pero
Cuando salió de casa por la mañana, Théo fue directo a la empresa. Ya que el abuelo había decidido que lo sacaría de la presidencia, había convocado una reunión con todos los accionistas. Aunque no quisiera ir, debía estar allí, ya que era uno de ellos.Ya no estaba preocupado por si continuaría siendo el CEO o no; las acciones e inversiones que poseía podrían proporcionarle, por el resto de su vida, una buena calidad de vida. Cuando entró en su oficina, se encontró de frente con su abuelo. Joaquim Campos ya lo esperaba desde hacía mucho tiempo dentro de aquella sala.—Pensé que no vendrías. —Dijo al nieto.—Estaba ocupado. —Théo explicó.—¿Cómo quieres seguir en la dirección de una empresa si no cumples con tus compromisos? —preguntó.—¿Y quién dijo si quiero o no? —Lo interrumpió. —Durante ocho años honré este compromiso, llegando antes que todos y saliendo de aquí a veces hasta de madrugada, sin contar los días en que llegué a dormir en esta oficina. ¿De verdad vas a medir mi capac







