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Capítulo 4.

Auteur: W. Wheat
No había nada más; solo esa misma frialdad distante de siempre.

El orden de las presentaciones se definió por sorteo, y me tocó pasar antes que Yvonne.

Caminé con calma hacia el frente, abrí mi presentación y expliqué cada concepto de diseño, junto con la inspiración que había detrás de nuestro proyecto. Mientras hablaba, me obligué a no pensar en nada más.

Al terminar y bajar del estrado, los aplausos fueron escasos.

Solo Nora, una pasante que me había acompañado desde la graduación, aplaudía con verdadero entusiasmo.

El rostro de Ethan seguía siendo indescifrable.

El director de nuestro departamento no dejaba de mirarlo de reojo, intentando descubrir qué estaba pensando.

Entonces llegó el turno de Yvonne.

Ella, con total naturalidad, buscó la mirada de Ethan y ambos se dedicaron una sonrisa.

Los presentes en la sala intercambiaron miradas, con los rostros brillando de curiosidad.

Nora se inclinó hacia mí y susurró:

—Sophie, ¿vamos a perder?

Esbocé una sonrisa apenas perceptible.

Yvonne terminó su presentación.

Los aplausos que recibió fueron mucho más fuertes que los míos. Incluso los directivos aplaudieron con evidente entusiasmo.

Los labios de Ethan se curvaron en una ligera sonrisa.

Poco después, anunciaron un descanso de media hora.

Últimamente, los rumores sobre Ethan e Yvonne me rodeaban por completo, hasta el punto de sentir que apenas podía respirar. Cada mirada de Ethan hacia mí era tan fría que sentía cómo se me oprimía el corazón.

Entre los comentarios de la oficina, poco a poco fui descubriendo más detalles sobre su pasado: había sido Ethan quien había dado el primer paso y buscado a Yvonne.

Él la acompañaba hasta su dormitorio todos los días, le llevaba el desayuno y aparecía sin falta, lloviera o tronara. Todos sus compañeros de la universidad sabían cuánto la amaba.

Me quedé paralizada en mi silla. En cuanto vi a Ethan e Yvonne salir juntos, tan cerca el uno del otro, sentí que me ardía la nariz. El hombre por cuyo amor tanto había luchado siempre había tenido en su corazón a la mujer que más odiaba.

Solo quedábamos Nora y yo en la sala de reuniones. Ella me tomó la mano.

Cuando terminó el receso, anunciaron el resultado. Ethan y los representantes de Cole Group ya se habían marchado.

El director de nuestro departamento dio a conocer el veredicto: hubo tres votos y todos fueron para Yvonne.

Mientras escuchaba el resultado, sentí que los ojos me ardían y la vista se me nublaba, pero me obligué a contener las lágrimas. El director intercambió una mirada de aprobación con Yvonne, mientras varios compañeros se reunían a su alrededor.

—Yvonne, eres increíble.

Salí de ahí en silencio, pero Yvonne me siguió.

—Sophie.

Me detuve.

Sus labios se curvaron en una sonrisa.

—Aunque seas su esposa, yo siempre seré su prioridad. Todo aquello por lo que tanto luchaste, a mí me llega sin el menor esfuerzo.

Tenía razón. A los catorce años, Yvonne me había arrebatado el amor de Richard con la misma facilidad. Y ahora, también se había quedado con el corazón de Ethan.

A lo lejos, los directivos escoltaban a Ethan hacia el ascensor; él lucía despreocupado y sereno. Una ola de agotamiento absoluto me recorrió por dentro. Ya no tenía deseos de discutir con Yvonne y el amor que sentía por Ethan también se había desvanecido.

Mantuvieron la puerta del ascensor abierta y nuestro director, ansioso por quedar bien, nos invitó a Yvonne y a mí a acompañar a Ethan.

Apenas el ascensor comenzó a descender, el director empezó a adularlos.

—Señor Cole, usted e Yvonne hacen la pareja perfecta. Realmente se ven maravillosos juntos.

Varios de los presentes se sumaron enseguida:

—Es cierto. He oído que el señor Cole e Yvonne ya están casados. Es un esposo tan dedicado que eligió nuestra empresa solo por ella.

Escuché aquellos comentarios completamente entumecida, incapaz de sentir la más mínima emoción.

De repente, sentí que alguien me observaba con intensidad. Miré de reojo y descubrí que el rostro de Ethan se había puesto tenso.

Mantuve la calma mientras nuestros ojos se encontraban.

El director me dio un leve codazo en el brazo y me hizo un gesto para que yo también dijera algo.

—Sophie, ¿no crees lo mismo? El señor Cole e Yvonne hacen una pareja maravillosa.

—Sí —respondí—. Así es.

Un destello de pánico cruzó los ojos de Ethan, habitualmente indiferentes. Sus labios se entreabrieron, como si estuviera a punto de decir algo.

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  • Esta vez, me elijo a mí.   Capítulo 5.

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