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choques de egos

last update publish date: 2026-09-23 17:52:08

Dante dio unos pasos hacia atrás, sin apartar los ojos de ella.

—Dime qué pasó en ese cuarto —insistió, con el ceño fruncido.

—¿Importa? —preguntó Iris, cruzándose de brazos con absoluta tranquilidad.

—Claro que importa. Que mi esposa esté cogiendo con mi padrastro me revuelve el estómago —espetó Dante, visiblemente disgustado.

—¿Tu esposa? —replicó Iris, levantando ligeramente una ceja—. Tu beneficiaria, querrás decir.

—¿Desde cuándo te volviste tan arrogante? —preguntó él, indignado, sin
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  • Este cuerpo no es mío    El divorcio

    Iris ingresó a su habitación y cerró la puerta detrás de sí, pero apenas dio unos pasos, unos zapatos negros perfectamente lustrados aparecieron atrás de ella y la obligaron a detenerse. Giró lentamente para descubrir quién la había seguido y se encontró con Dante, que acababa de entrar por el umbral. —Creo que no he terminado de hablar contigo —dijo con seriedad, cerrando la puerta tras de sí. —Yo sí terminé. Puedes irte, por favor —respondió Iris con absoluta calma, señalando la puerta con un leve movimiento de cabeza. —No lo haré hasta que me escuches lo que tengo que decirte —insistió Dante, acercándose unos pasos. —Habla —contestó Iris, cruzándose de brazos mientras lo observaba sin ninguna emoción. —No te quiero. Siempre quise decírtelo, pero eras tan frágil que no me salían las palabras. No quería herirte, pero ahora que te veo fuerte, creyéndote la Mujer Maravilla, voy a decirte todo lo que no pude decirte antes —confesó Dante con una seriedad que no dejaba lugar a dudas—

  • Este cuerpo no es mío    Iris pone a cada uno en su lugar

    Elisa mantenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono, aparentando estar completamente distraída, pero sus oídos permanecían atentos a cada comentario casi imperceptible de Carla y Victoria. Aunque parecía absorta en el aparato, analizaba cada gesto, cada palabra y cada cambio en sus voces. —Ay, querida Elisa… a tu querido esposito le gustan las cosas difíciles. ¿Y tú tenías que ser tan migajera? —susurró, negando ligeramente con la cabeza—. Me decepcionas, mujer. Le entregaste todo y todavía tenías que perseguirlo. Qué manera tan triste de rogar por cariño. Iris se levantó del sofá y comenzó a subir las escaleras, pasando cerca de Victoria y Carla sin dedicarles una sola palabra. Ambas siguieron sus movimientos con la mirada. Carla frunció el ceño, claramente molesta por aquella indiferencia, mientras Victoria la observaba con una mezcla de desconcierto y cautela. Iris continuó subiendo con el teléfono en una mano y el rostro completamente sereno. No necesitaba provocarlas ni

  • Este cuerpo no es mío    La rabia de los Valeri

    Carla ocupó directamente su lugar al lado de Dante. Él observó a Elisa, esperando encontrar algún rastro de celos detrás de aquella nueva arrogancia que, según él, había aparecido después del accidente. Sin embargo, no encontró absolutamente nada. Iris ni siquiera se molestó en mirar a Carla; estaba demasiado concentrada en comer y recuperar las fuerzas de aquel cuerpo para cumplir su misión y encontrar su verdadero cuerpo. Para ella, Dante podía sentarse junto a quien quisiera, besar a quien quisiera o tener una amante dentro de aquella misma casa. Nada de eso le provocaba el menor interés. Aquel hombre no era suyo, y ella tampoco sentía que le perteneciera a nadie. Si Dante esperaba verla sufrir por Carla, iba a llevarse una decepción. Iris levantó la copa, bebió tranquilamente y continuó con su cena, como si la mujer sentada junto a su supuesto esposo fuera tan irrelevante como cualquier otro objeto de aquella mesa. La rabia comenzó a crecer silenciosamente dentro de Dante, pero d

  • Este cuerpo no es mío    choques de egos

    Dante dio unos pasos hacia atrás, sin apartar los ojos de ella. —Dime qué pasó en ese cuarto —insistió, con el ceño fruncido. —¿Importa? —preguntó Iris, cruzándose de brazos con absoluta tranquilidad. —Claro que importa. Que mi esposa esté cogiendo con mi padrastro me revuelve el estómago —espetó Dante, visiblemente disgustado. —¿Tu esposa? —replicó Iris, levantando ligeramente una ceja—. Tu beneficiaria, querrás decir. —¿Desde cuándo te volviste tan arrogante? —preguntó él, indignado, sin apartar la mirada de ella. Iris lo observó con desdén y negó ligeramente con la cabeza. —¿Sabes qué? Ya no tengo ganas de hablar. Adiós —respondió con indiferencia antes de darse la vuelta y retirarse. Dante intentó retenerla, pero no alcanzó a reaccionar. Iris ya había salido del despacho y cerrado la puerta detrás de ella. Horas más tarde, durante la cena, Daniel bajó por las escaleras. Sus ojos buscaron inmediatamente a Elisa y, al encontrarla, sintió una incomodidad que no pudo disimula

  • Este cuerpo no es mío    El papel de Beatriz

    Beatriz miró a Iris horrorizada. No podía creer que Elisa fuera capaz de enfrentarse de aquella manera. La mujer que conocía siempre se había dejado someter sin oponer resistencia, pero la que tenía delante parecía completamente distinta y, en aquel momento, incluso más peligrosa que ella misma. —No sé qué te hizo esa caída, pero definitivamente esta no eres tú —aseguró Beatriz, con los ojos abiertos de par en par. —Ya no más, Beatriz. Tu juego se acabó —escupió Iris, clavándole la mirada con tanta firmeza que consiguió intimidarla. Beatriz bajó toda su guardia. Se sintió acorralada y, al no encontrar otra salida, intentó recurrir a la manipulación que tantas veces le había funcionado con Elisa. —Yo solo quiero que estés bien, Elisa. Te quiero como a una hija y debes seguir con el tratamiento —dijo Beatriz, suavizando la voz y tratando de aparentar preocupación.Una leve sonrisa torcida se dibujó en el rostro de Iris, y aquel gesto bastó para que Beatriz volviera a quitarse la más

  • Este cuerpo no es mío    Un enfrentamiento inesperado

    Después de revisar algunos archivos más de Elisa, Iris volvió su atención hacia aquello que realmente la inquietaba: su propia desaparición. Abrió las noticias y comenzó a buscar cualquier reporte relacionado con el río, el puente y el operativo de aquella noche. Como Iris Nox, era una agente brillante y respetada dentro de la agencia de investigaciones, conocida por su impecable trayectoria y por haber trabajado en casos que involucraban a personas demasiado poderosas para ser investigadas con facilidad. Sin embargo, no encontró ninguna noticia que mencionara su nombre ni un solo reporte sobre un cuerpo recuperado en el río. Aquello hizo que frunciera el ceño. Si había muerto frente a varios hombres armados, ¿por qué nadie hablaba de su cadáver? ¿Por qué no existía una búsqueda pública? Cuanto más investigaba, más extraño resultaba todo. Iris comenzó a sospechar que su desaparición no había sido un simple intento de asesinato, sino algo que alguien se había encargado de mantener en s

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