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Estrenando Cuñadita
Estrenando Cuñadita
作者: Lucía Tormentas

Capítulo 1

作者: Lucía Tormentas
—Cuñado, es mi primera vez, despacito…

Era de noche. La muchacha, que no llevaba puesto nada más que medias, estaba arrodillada frente a mí, con la cara sonrojada, y levantó la mirada hacia mí con unos ojos empapados.

—Cállate y chúpalo…

Le metí el dedo en la boca, y ella, dócil, lo envolvió y lo lamió. Su lengüita se agitaba con ganas, y un gemido nasal le salía suavecito.

Ese era el sonido más sensual que una muchacha podía hacer…

***

Me llamo Octavio Bravo y soy un hombre recién casado. Hace un tiempo, mi cuñadita, que todavía está en la preparatoria, vino a pasar unos días y se quedó en mi casa.

La muchachita, con el cuerpo ya bien desarrollado, estaba todos los días con una blusita de tirantes y shorts cortos, sin siquiera ponerse el brasier.

Ya sea caminando o sentada, los pechos se le marcaban siempre firmes y paraditos, la cinturita fina y ondulada, las nalgas redondas y carnosas siempre respingonas… para cualquier hombre era imposible no tener pensamientos.

Y mucho menos para un cuñado como yo, de alma calenturienta y descaro lujurioso; la palabra “cuñadita”, para mí, era la tentación definitiva…

A veces la molestaba en broma, claro, para aprovechar y meterle mano: un roce en el busto, una tocadita en las nalgas, un apretón en la cinturita, y por supuesto tampoco dejaba escapar sus largas piernas blancas.

Desde entonces descubrí que mi cuñada tenía una debilidad fatal: aun si uno la fastidiaba, no se atrevía a resistirse, solo aguantaba todo sin quejarse.

Una vez entré al baño listo para ducharme y vi que mi cuñada se había olvidado de recoger los calzones que se había quitado.

Apenas levanté esa tanguita para admirarla, ella me la arrebató y se la abrazó contra el pecho. Yo hice como que iba a quitársela otra vez, pero terminé agarrándole con ganas, firme, un pecho suave y terso.

En casa estaba siempre solo con blusita de tirantes, sin brasier: al tocarla se sentía como si le rozara la piel desnuda.

No quería soltarla, y hasta le di unos cuantos apretones más.

Mi cuñada se quedó paralizada un par de segundos, y cuando vio el tremendo bulto entre mis piernas, gritó un “¡ay!” y se fue corriendo con la cara roja, dándose media vuelta.

Después de ese manoseo, sentí que ya estaba ardiendo en deseo.

Me bañé rapidísimo y, con el miembro duro como piedra, corrí a la recámara. Vi que mi esposa ya estaba dormida de costado y, sin decir ni una palabra, me trepé a la cama.

Le agarré la cintura fina por detrás, la puse en cuatro y le bajé los calzones hasta las rodillas, enrollados en una bola.

—Mmm… mi amor… ¿qué te pasa?… ¿quién te dio un afrodisíaco?

Mi esposa se despertó medio atontada con la sacudida, tardó medio minuto en reaccionar y, sin siquiera voltear, levantó las nalgas hacia atrás.

—Des… despacito… todavía no me mojo…

—Solo quería cogerte, ¿no puedo?

Mi esposa es muy sensible y además sabe gemir muy rico. Normalmente le hacía bien los preliminares antes de pasar al grano.

Pero esa noche, sabiendo que había alguien en la casa, contra toda costumbre se aguantó los gemidos.

Pensando en mi cuñada ahí afuera, quise hacer un escándalo para que escuchara, y a propósito le dije palabras sucias a mi esposa para picarla mientras embestía duro contra sus nalgas suaves y resbaladizas.

—¿Te gusta? ¿Te gusta así, cogiéndote así?

A mi esposa se le escapó, sin poder contenerse, un gemido largo. Alzó las nalgas bien altas y un gemido meloso y nasal se le escapaba uno detrás del otro; la coquetería le salía hasta por los poros.

—Mmm… ah… ¡esto es una violación!… qué rico…

En ese momento me di cuenta de que la puerta de la recámara, no sé desde cuándo, se abrió una rendija, y una sombra se movió.

¿Era mi cuñada espiando?

Con la mirada de reojo alcancé a echar un vistazo disimulado.

En efecto: mi cuñada, en calzoncitos, estaba medio agachada detrás de la puerta, con la boquita entreabierta, el pecho subiendo y bajando con una respiración agitada, y las mejillas sonrojadas, con los ojos clavados en lo que yo hacía.
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