LOGIN—Señor, ¿todavía tiene pepinos en su casa? Présteme uno... Un huracán se acercaba y la mejor amiga de mi hija se quedó atrapada en mi casa. Por la noche, vino a buscarme con las mejillas encendidas para pedirme un pepino, y me dijo: —Es que tengo un poco de hambre. Quiero comer un pepino para entretenerme. Al ver las dos puntitas que se le marcaban bajo el camisón, se me encendió la sangre y le dije: —Este señor tiene algo más sabroso que un pepino.
View MoreCada gota de sudor entre los deditos de sus pies, cada rastro de sus jugos, mis papilas gustativas lo capturaron todo y cada uno de mis nervios se estremeció.Jimena forcejeó un momento y después dejó de moverse; se recostó cómoda en la silla.Me dejó el pie ahí, estirado, para que hiciera con él lo que quisiera.Saqué la lengua otra vez y recorrí su pie, del talón a los dedos y de los dedos al talón.Cada centímetro de piel en la planta de su pie fue saboreado por mi lengua.Jimena tenía la cara encendida, los ojos entrecerrados, y dijo disfrutando:—Señor, qué bien lame. Me da una sensación como de cosquilleo suavecito... se siente bastante rico.Y es que los momentos más felices entre dos personas son cuando ambos disfrutan por igual.Que Jimena dijera eso me puso muy contento.Le tomé el otro pie y seguí lamiendo, hasta dejar limpio hasta el último rastro de sudor.Jimena tenía una expresión de puro placer; parecía disfrutarlo bastante.Me dijo en tono juguetón: —Señor, de ahora e
Esas medias en realidad las había comprado yo a escondidas; cuando extrañaba compañía, las sacaba y las acariciaba un rato.Nunca imaginé que Jimena las fuera a encontrar.Al pensar en eso, de pronto me entró la inspiración.—Jimena, ¿te pones las medias para que te vea?A Jimena le dio risa en cuanto escuchó eso: —Así que le gustan las medias, señor. Pues me las pongo para usted, pero tiene que satisfacerme bien.Sonreí y asentí.Jimena tomó las medias, agarró el borde con los dedos y buscó la punta.Luego levantó la pierna derecha, tensó el empeine y deslizó la punta del pie por la abertura de la media.La media negra se amoldó a la forma de su pie; sus pies talla 4 eran tremendamente provocativos.Después se la subió hasta la pantorrilla, jalando el borde, y se la acomodó hasta la cintura.Hizo exactamente lo mismo con la otra pierna; con las medias puestas se veía muy sensual.Se paró y dio una vuelta: —¡Ya! ¿Se me ven bien?—Se ven increíbles, pareces un ángel.Jimena se rio encan
Se sentó junto a mi hija, la tomó de la mano y le dijo:—Ni tu papá ni yo estamos haciendo nada ilegal, ni nada que vaya contra la moral. Los dos estamos de acuerdo.—¿Quieres ver a tu papá sufriendo? No tiene a ninguna mujer, y la pasa mal.—¿O prefieres que se vaya a buscar a una cualquiera? Eso sería mucho peor, ¿no crees?—Yo también tengo mis necesidades, y entre tu papá y yo hay algo genuino. Nos gustamos.Cuando Jimena terminó de hablar, mi hija por fin levantó la cabeza, que había tenido hundida todo ese rato.Tenía los ojos aún más rojos, y con tono de reclamo dijo:—Entonces, ¿cómo se supone que te llame de ahora en adelante? ¿Compañera o mamá?Así que ahí estaba el problema. Eso era lo que no podía aceptar.Jimena le respondió: —Ni que estuviéramos casados. Seguimos siendo compañeras de clase, como siempre.Jalé a Jimena del brazo y la saqué de la habitación.Y le dije a mi hija: —Cálmate un momento.Cuando volvimos al cuarto, Jimena hizo un puchero y dijo furiosa:—¿Qué cl
Jimena me agarró la base con una mano, abrió la boca y se metió la punta.Su lengua no paraba de darle vueltas.Era demasiado buena en eso, la succión se sentía genial.No pude evitar jadear, y le pregunté con curiosidad:—Jimena, ¿cómo es que eres tan buena en esto? ¿Con quién aprendiste?Jimena lo sacó despacio de su boca y me lanzó una mirada traviesa.—Cuando estoy aburrida en mi casa me gusta ver porno. Todo lo aprendí de las películas.Dicho eso, volvió a metérselo a la boca.Su deseo iba en aumento, y pronto el cuerpo le ardía y se le aflojaba.Entonces se quitó el camisón.Debajo del camisón, efectivamente, no traía nada.Al ver ese cuerpo perfecto, la bestia que traía dentro despertó.La tumbé sobre la cama y me puse encima de ella.Me entregué con avidez a saborear cada rincón de su cuerpo.—Hueles increíble, Jime.Jimena, con la cara roja, cerró los ojos a medias y se pasó la lengua por los labios.—Papi, ya hazme tuya.Abrió las piernas y dejó al descubierto su intimidad.L






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