LOGINPOV de Ava
Cuando llegué al consultorio del médico, me congelé en la entrada. El doctor estaba allí, pero no estaba solo.
—Ava, ya estás aquí… —La cara del Dr. Smith cuando entré no era nada alentadora, e inmediatamente entré en pánico.
—¿Le pasa algo malo a mi bebé? —pregunté, todavía desde la puerta, y antes de que pudiera responder, una voz profunda y ronca me atrajo hacia el hombre sentado frente a él.
—¿Sra. Ava Brown? Pase, por favor. —Había algo en su voz que me ayudó a calmarme, pero solo por un segundo, antes de que las alarmas en mi cabeza empezaran a sonar.
—¿Quién es usted? —pregunté de inmediato en cuanto detallé su apariencia.
Vestido con una camisa blanca y jeans que no hacían más que resaltar su físico esculpido; mis ojos recorrieron desde su marcada mandíbula hasta su cuerpo tonificado.
Olía a peligro.
—Sra. Brown, por favor pase y siéntese para que podamos hablar —dijo el Dr. Smith, sacándome de mi trance. Cuando aclaró su garganta, recuperé la compostura, ocultando mi rostro sonrojado con el cabello.
Sosteniendo su mirada penetrante, pregunté, con la voz un poco más temblorosa de lo que hubiera querido:
—¿Hablar de qué, doctor? ¿Hay algún problema?
—Por favor, siéntese —dijo finalmente el Dr. Smith, con una voz cargada de incomodidad. Yo no sabía qué demonios estaba pasando allí, pero la expresión corporal del Dr. Smith hacia el extraño misterioso me gritaba que saliera corriendo.
Con el corazón a mil por hora, di un paso atrás, con los ojos fijos en el extraño, pero él simplemente sonrió y dijo:
—Relájate, princesa.
—¿Qué? —pregunté. El comentario tan casual de este metiche me tomó desprevenida, y sentí que la vergüenza me subía a las mejillas.
—Apenas te sentaste y ya clavaste los dedos en la silla. Relájate, no muerdo —respondió con una sonrisa burlona y un brillo divertido en los ojos.
Puse los ojos en blanco, tratando de parecer indiferente, pero sentía el pecho a punto de estallar. Me giré hacia el Dr. Smith, quien parecía que iba a ponerse a llorar.
—¿Qué está pasando? —exigí, intentando mantener la voz firme—. Y se lo voy a preguntar por última vez, ¿quién es este hombre? —pregunté, señalando al extraño que seguía sonriéndome.
¡Qué maldito descaro el de este tipo!
El Dr. Smith vaciló mientras su mirada viajaba nerviosa entre el extraño y yo.
—Ah, Ava, él es… eh… el Sr. Beckham —tartamudeó.
—¿Y? —lo interrumpí—. ¿Y desde cuándo tartamudea usted? ¿Hay algo pasando aquí que yo deba saber? —pregunté apresuradamente, poniéndome de pie.
El Dr. Smith soltó entonces una bomba.
—Gracias por venir tan rápido, Ava —dijo, con la voz temblorosa.
—¿Puede ir directo al grano, por favor? Me está asustando. Si algo está mal, dígalo ya para buscar una solución.
—Me temo que para esto no hay solución. Hubo un error en el procedimiento de fecundación in vitro. —Hizo una pausa, respirando hondo antes de soltar la devastadora noticia—. No se usó el esperma del Sr. Brown para fertilizar su óvulo.
—¿Qué? —Sentí como si me hubieran lanzado un balde de agua fría. Mis ojos se quedaron fijos en los del Dr. Smith, buscando alguna señal de que esto fuera una broma de mal gusto.
¿Qué carajo estaba diciendo? ¿Que el bebé que llevaba dentro no era de mi esposo y que el esperma de un extraño —específicamente el del tipo que no me quitaba los ojos de encima— había sido usado para crear a mi hijo?
—Lo siento mucho, Sra. Brown, sé cuánto deseaba esto —añadió, y sentí una lágrima rodar. Mi mundo se estaba desmoronando en un solo día, y sentía que no podía respirar.
—Dr. Smith, por favor pare, me cuesta entender lo que dice —tartamudeé, temblando—. ¿Me está diciendo que estoy embarazada de un… un bastardo? —Las palabras me supieron amargas en la boca.
Una vez más, el extraño intervino:
—¡Mi feto no es ningún bastardo!
—¿Smith? —le supliqué que me dijera que esto era un chiste.
—Ava, lo siento, fue un error —se disculpó—. Conozca al padre de su bebé, el Sr. Zayn Beckham.
Estallé en una carcajada histérica cuando las piezas encajaron en mi cabeza.
Ethan.
Todo esto era un plan de Ethan para destruirme, para quitarme lo único que era mío solo porque no elegí nuestro matrimonio.
Sin pensarlo, me di la vuelta y salí corriendo del consultorio sin mirar atrás.
—¡Ava! —escuché que alguien gritaba detrás de mí. Al girarme, vi a un grupo de hombres amenazantes en trajes negros persiguiéndome. Un grito de terror estuvo a punto de escapar de mis labios, pero me lo tragué, usándolo como combustible para correr más rápido.
Nadie me iba a quitar a mi hijo. No lo iba a permitir. Ethan se podía ir al mismísimo infierno. ¡No iba a dejarme en la quiebra y luego arruinarme la vida!
Por suerte, el consultorio del Dr. Smith estaba en la planta baja. Pero justo cuando salí corriendo, pensando que podría camuflarme entre la gente, me topé con otro grupo de hombres vestidos de negro, parados como si hubieran estado esperándome. Detrás de ellos había una limusina, la cual supuse que usarían para secuestrarme y meterme a la fuerza.
Suelto una risa amarga; no podía creer hasta dónde era capaz de llegar Ethan para hacérmela pagar.
Ignorando sus gritos para que me detuviera, seguí corriendo. Al llegar a una intersección me frené en seco: estaba atrapada entre el tráfico pesado de la avenida y esos hombres de negro. Miré a ambos lados una vez más antes de lanzarme a la calle. Justo cuando estaba a punto de llegar al otro lado, la suela de mi tenis se desprendió y, al mismo tiempo, mis ojos se toparon con un enorme camión que venía directo hacia mí.
«¡Mierda!». En ese instante me quedé completamente congelada en medio de la calle, justo frente al camión que tocaba la bocina con fuerza. Mi mente se quedó en blanco. ¡Iba a morir!
Justo cuando toda esperanza parecía perdida, sentí un brazo fuerte rodearme la cintura, arrastrándome contra un pecho sólido.
—¡Respira! —ordenó una voz ronca y familiar.
Miré hacia arriba, asustada, directo a los penetrantes ojos azules del extraño, Zayn Beckham. Su rostro estaba a centímetros del mío, y no pude evitar pensar en lo provocativos que se veían sus labios. Por un segundo me olvidé del caos y de todo lo demás, excepto de la sensación de sus brazos alrededor de mí.
—¿Jugando al amor en medio de la carretera? —escuché gritar furioso al conductor del camión, antes de añadir—: ¡Están locos!
—¡¿Cómo pudiste ser tan descuidada con mi hijo?! —La voz furiosa de Zayn rompió el encanto, y la realidad de la situación me golpeó de golpe.
Antes de que pudiera reaccionar, Zayn me levantó en vilo en sus brazos, ignorando mis pataleos y mis gritos para que me soltara. Me llevó de vuelta al consultorio del Dr. Smith.
Al entrar, el lugar estaba vacío, y en cuanto me bajó, sus ojos no se apartaron de los míos.
—¡Tienes que ser un imbécil para aliarte con mi loco y ahora exesposo para quitarme a mi hijo! —le grité a Zayn, con la voz rota—. ¿Qué clase de monstruo eres? —escupí, pero la expresión de Zayn se mantuvo tranquila, incluso divertida.
Seguí despotricando, usando mi rabia como escudo.
—¡Déjame ir ahora mismo o llamo a la policía! —amenacé, tratando de sonar más valiente de lo que me sentía.
Él me tendió unos papeles.
—No vine aquí a negociar —dijo, con una voz baja y firme—. Además, tu codicioso esposo jamás podría pagarme.
Solté una burla, sintiendo una oleada de resentimiento, pero Zayn aún no terminaba conmigo. Dio un paso más hacia mí.
—Este hijo es mío —sentenció con firmeza—. Mi esperma, mi ADN. Y logré que Ethan renunciara a cualquier derecho legal futuro a cambio de… una pequeña propina. —Hizo una pausa, clavando sus ojos en los míos.
¿De qué carajo estaba hablando?
—No entiendo, ¿qué quieres decir? —pregunté, con la voz apenas superior a un susurro.
—¿No estás al tanto de los negocios de tu esposo? Diez millones de dólares no son ninguna broma para un hombre en la bancarrota —dijo Zayn, con una voz completamente desprovista de emoción.
—¿Y crees que te voy a creer? Eres un mentiroso patético. Ethan jamás haría algo así.
—Nuestro contrato está incluido en lo que te acabo de entregar. Él mismo mencionó que tú no tendrías ningún problema con esto —respondió, señalando el documento.
Desesperada, revisé los papeles con las manos temblando violentamente mientras buscaba el bendito contrato. Y entonces, lo vi. Las palabras se borraron ante mis ojos mientras leía, pero el significado era sumamente claro. Ethan, efectivamente, había renunciado a todos los derechos. Me quedé sin aire y estallé en llanto.
El día de hoy era una pesadilla; era mi propio infierno en vida. Ethan, el hombre en el que había confiado, el hombre al que había amado, no solo me había pedido el divorcio, sino que me había traicionado de la forma más baja y cruel posible.
PERSPECTIVA DE AVA Me quedé helada, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. —¿Qué dijiste? —pregunté, girándome hacia él. —Sophia se acuesta con mi tío. ¿Qué? ¡¿Cómo era eso posible?! —¿Y desde cuándo tú…? —Me enteré el día que discutimos en el hospital. No solo se acuesta con mi tío, sino que están casados y tienen tres hijos. ¡No me jodas! La revelación me dejó en shock… ¿Cómo es que nadie sospechó nada? Mi mente voló de inmediato a aquella vez que los vi sentados juntos en la sala. ¡Las señales siempre estuvieron ahí! —Ava, sé que te he lastimado mil veces, pero esto… nada de lo que dije en la cocina era verdad —continuó Zayn, acercándose a donde yo estaba. —No te me acerques —dije, con voz baja y firme, haciéndolo detenerse—. Intenté darte señales, te guiñé el ojo varias veces y sé que no fue suficiente, pero… —¿Pero qué, Zayn? ¡Debiste habérmelo dicho! —lo interrumpí—. Al menos antes. Estuvimos juntos todo el día y no dijiste una sola palabra. ¿Cómo querías que me
PERSPECTIVA DE ZAYN La vi alejarse. De todos los momentos posibles, ¡a esta infeliz se le tenía que ocurrir aparecer justo ahora! No era así como tenía pensado encarar a Sophia; ¡este no era el maldito plan! Ava… la había vuelto a lastimar. Verla romper en llanto me rompió el corazón en un millón de pedazos, pero no me quedaba de otra: necesitábamos la ubicación. El investigador privado que contraté me había estado presionando todo el día. El plan original era agarrarlos con las manos en la masa, pero todos los intentos por dar con la casa donde se escondían habían fallado. Por eso sugirió que le pidiera matrimonio a Sophia: sabíamos que correría a contárselo a Andrew y así obtendríamos la dirección. Tenía pensado ponérselo al tanto a Ava esta misma noche antes de hacer cualquier movimiento, pero ver a Sophia mentirme en la cara e intentar hacerme sentir culpable —cuando le tiene tres hijos a mi tío— me dio un asco profundo. Parecía el momento perfecto para actuar, pero mi único
PERSPECTIVA DE AVA —¿Qué carajos está pasando aquí? —volvió a exigir Zayn, con un tono firme y tajante. Dí un paso hacia atrás para tomar distancia de Carter antes de alzar la vista hacia Zayn: —En realidad, estábamos… —La señorita Ava se sintió un poco mal y pensé en ayudarla; le entró un insecto en el ojo —interrumpió Carter, manteniendo una expresión totalmente inexpresiva. Zayn carraspeó con fuerza y me acerqué a donde él estaba parado: —Sí, me estaba ayudando a sacarme algo del ojo. ¿Ya terminaste con tu llamada? —mentí. Sabía que no debía hacerlo, pero ¿cómo se suponía que le dijera a Zayn lo que Carter me acababa de soltar? La mirada de Zayn pasó de Carter a mí de forma rápida: —Sí, no habrá más llamadas por hoy. ¿Qué han comprado hasta ahora? Dejé salir un suspiro pesado. Aunque no se le veía muy convencido, al menos podíamos dejar el tema atrás. La tienda era bastante grande, así que encontramos todo lo que necesitábamos. Tras varios minutos recorriendo los pasillos y e
PERSPECTIVA DE AVA Me quedé helada un segundo, parpadeando rápidamente. No escuché bien, ¿verdad? Una sonrisa se me dibujó en el rostro; la respuesta era un «SÍ» rotundo, pero necesitaba asegurarme de que estuviera en sus cinco sentidos y no borracho. Alcé la cabeza para sostenerle la mirada, solo para darme cuenta de que se había quedado profundamente dormido. Se veía tan hermoso mientras descansaba. Mis dedos recorrieron los contornos de su rostro y, por un instante, me permití creer que este podía ser mi final feliz, pero… La sonrisa de mi rostro se transformó rápidamente en una mueca al recordar lo que había pasado horas antes. Había estado tan concentrada en Zayn que me olvidé de las amenazas. Tenía muchísimas preguntas y la principal era: ¿QUIÉN PODÍA ESTAR DETRÁS DE LOS MENSAJES? Al darle vueltas, mi mente comenzó a repasar a la gente que me rodeaba. Mis instintos le gritaban a una sola persona: Sophia. Pero sospechar de ella traía consigo muchas dudas. ¿Por qué me acosaría
PERSPECTIVA DE AVA Inmediatamente me escondí apoyando la cabeza sobre la mesa, muerta de miedo e ignorando todo lo que sucedía a mi alrededor. Lo único que retumbaba una y otra vez en mis oídos era ese estruendo… un disparo. —Señora —me llamó Carter, sacudiéndome levemente por el hombro, pero me negué a alzar la vista; el corazón me latía a mil por hora—. ¡Ava! —gritó esta vez, pero ni siquiera me inmute. —Solo fue una llanta ponchada, está llamando la atención —añadió Carter, bajando el tono de voz. ¿Una llanta ponchada? No, estaba completamente segura de que había escuchado… Y fue ahí cuando caí en la cuenta de que jamás vi ninguna arma; solo había escuchado el estruendo y asumí que era un disparo. Alcé la cabeza lentamente de la mesa para encontrarme con la mirada de casi todos en la cafetería sobre mí, mientras murmuraban de forma bastante audible. Carter tenía razón: solo había sido un neumático reventado y mi propia paranoia me había jugado una pésima pasada. Me miró con u
PERSPECTIVA DE AVA Él se fue… No, yo lo ahuyenté con mis palabras. El pecho se me oprimió mientras las lágrimas me rodaban por el rostro. Me sentía completamente vacía y el dolor en el pecho se duplicó. El silencio que dejó tras de sí era asfixiante, y lo que más me atormentaba era la mirada en sus ojos antes de cruzar la puerta: era como si le hubiera clavado un puñal directo al corazón. Jamás me había sentido así por nadie; él se las había arreglado para colarse en mi corazón y, aunque intenté con todas mis fuerzas ignorar lo que sentía, me fue imposible. Lo amaba… muchísimo, más que a mí misma, pero ¿por qué no dejaba de lastimarlo? Tal vez tenía demasiado miedo… Él me había demostrado un tipo de amor completamente diferente y se sentía demasiado bueno para ser verdad. Las dudas no dejaban de asaltarme: «¿Y si cambia igual que Ethan?». Y no me di cuenta de que, entre más lo sobrepensaba, más decisiones equivocadas tomaba y más lo lastimaba una y otra vez. No podía evitar pr







