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last update Data de publicação: 2021-12-03 19:48:30

Leticia no podía creer que estaba ahí por sus propios medios, pero si, estaba metida en medio de un nido de alfas y betas sobre todo machos que podían partirle el cuerpo a la mitad si la atacaban en conjunto y algo más. Aun así, aparentaba estar tranquila y así era como se sentía. Estaba tan acostumbrada a estar con lobos alfas, debido a las escuelas especializadas que había cursado, que ya les había perdido el miedo. Además, tenía a uno en la casa que realmente si intimidaba. Su padre no se daba a querer.

Horas antes, después de llegar a su casa había arrojado los papeles que le había dado ese alfa y se había metido en la ducha. Su corazón palpitaba nervioso y no sabía el por qué. El olor de aquel lobo rubio era algo que estaba pegado a su piel, ni siquiera cuando se restregó con la esponja este salió. Era como si quisiera marcarla sin necesidad de una mordida. Tendría que decirle que se detuviera de no hacerlo más, si era que se encontraban de nuevo. Si este olor de hacía más fuerte estaría en problemas, sobre todo con su padre.

Salió desnuda dejando una ola de vapor en el baño y se sentó en la cama secándose el cabello con una toalla. Había cerrado la puerta de su cuarto con llave desde adentro previniendo que nadie entrara y viera su cuerpo delgado totalmente diferente al alfa que imitaba ser. La punta de los dedos de la otra rozó los bordes del sobre y se sintió curiosa por su contenido en su interior así que lo abrió. Lo que encontró le pareció lo suficientemente interesante para terminar de leerlo.

Ahora estaba ahí, mirando a aquel mismo lobo sentado despreocupadamente y que la recorría de arriba abajo con aquellos ojos penetrantes. Juró que el color de estos bailaba entre verde y dorado. Esperaba que fuera su imaginación.

-Sabía que vendrías- le respondió él con una sonrisa lobuna dejando a la vista esos colmillos que llamaban tanto la atención. Por un momento la nuca de Leticia palpitó.

Leticia inclinó la cabeza hacia un lado haciendo que el cabello suelto cayera haciéndole sombra a uno de sus ojos.

-Me pareció interesante- fue lo único que dijo.

-La chica tiene agallas- escuchó a uno de los lobos aparte de ellos dos hablar.

-Tienes más agallas que mucho- otro de vocabulario de calle dijo.

Leticia los ignoró. Su atención estaba centrada en el joven delante de ella que tampoco rompía la conexión de miradas. Era como si el mundo se hubiera reducido para ellos dos en aquel lugar.

-Sabes que no puedes entrar, así como así -Rayan se levantó y caminó hacia ella deteniéndose delante de su cuerpo. Leticia tuvo que alzar la cabeza, pero en ningún momento mostró sumisión a pesar de que la parte omega dentro de ella dictaba que se arrodillara e hiciera lo que aquel imponente lobo alfa le pidiera –Tendrás que pasar una pequeña prueba de iniciación. Tienes que demostrar que vales para estar aquí-

-Vaya, no pensé que aquel que casi se arrodilla para pedirme que me uniera me pusiese condiciones para entrar. Me sorprendes- soltó la loba con ironía.

El rostro de Rayan se volvió serio y alzó su mano derecha envolviendo los dedos en el delgado cuello de Leticia y bajando la cabeza hasta que sus narices se tocaron, como que esta escena ya se había repetido antes. Y por alguna razón había notado que la cercanía con aquella loba más pequeña a pesar de ser alfa, era algo que no detestaba cuando normalmente los de su misma escala apenas podían soportar tocarse aun si eran de sexo diferente. Estaba en su naturaleza y no lo podían evitar.

-¿Quién fue el que te rogó?- cuestionó mostrando sus colmillos –No me importa tu lengua afilada pero te advierto que si logras entrar tendrás que tratarme con respeto. Soy el jefe aquí- le advirtió

Leticia entrecerró los ojos, divertida.

-Pides cada vez más, alfa. Pensándolo mejor creo que renunciaré a tu propuesta- presionó tentando su suerte- No tengo intenciones de pasar tanto trabajo con alguien que quiere dominarme-

Los dedos en su cuello no apretaban, pero tampoco cedían. Y así se quedaron largos segundos hasta que Rayan se enderezó y la soltó metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.

-No creo que lo hagas una vez que te tomaste la molestia de venir hasta aquí- sus ojos brillaron con victoria.

-Tienes mucha confianza en ti mismo- suspiró la omega

-Más de la que te imaginas cariño- se giró y volvió a dejarse caer sobre el sofá –Lo que tienes que hacer es resistir contra cinco lobos- comenzó a explicarle el proceso –Si puedes levantarte después de cinco minutos contra ellos, estás dentro, sino, no puedo asegurar tu futuro. Eres una loba pero tienes genes de alfa igual que yo, de seguro puedes con ellos-

-Y si ellos son los que no pueden pararse después de dichos cinco minutos- Leticia oyó algunos gruñidos a su espalda en respuesta a su provocación. Como cuando cavas tu propia tumba.

Rayan por su parte se corrió el cabello hacia atrás que rápidamente retomó su lugar sobre su frente. No quería reconocerlo, pero la conversación incitadora con esta loba lo estaba excitando de buena manera y eso era inusual. Era alguien bastante exigente. Ella era un reto divertido. 

-Parece que alguien tiene más confianza que yo- se burló 

Hizo seña con la cabeza a los lobos que había seleccionado anteriormente para que lucharan con la chica. Les había indicado que era de vital importancia que ella entrara dentro de la pandilla por lo que debían contenerse lo más que pudieran. Aunque por la forma en que ella había esquivado los golpes en su primer encuentro como que esta pelea sería entretenida de ver. No todos los días se veía a un lobo macho limpiando el suelo debido a una hembra.

Leticia fue rodeado rápidamente, aunque esta solo giró la cabeza estudiando a los cinco hombres fornidos que le sacaban al menos una cabeza de altura y bastantes kilos de musculatura. Calculó en su mente la cantidad de movimientos que debía hacer en esos cinco minutos y llegó a la conclusión que al menos algunos golpes, recibiría. Era pequeña y ágil, con una buena base de entrenamiento, pero cinco eran bastantes contra uno solo. Maldito alfa. Ya se la descombraría un día, pero empezando ahora tenía otras cosas en las que concentrarse…

Y empezaron, ella esperándolos en posición, pero… cuando se iban a abalanzar contra ella, alguien entró corriendo y pasó por al lado del grupo cayendo de rodillas delante de Rayan.

-Jefe, jefe- respiraba agitado- se van a encontrar hoy, los contrabandistas que comercian la droga X- dijo atropellando las palabras.

El alfa se levantó alarmado.

-Todos muévanse, no podemos dejar pasar esta oportunidad, la paga es alta-

Leticia se quedó aturdida viendo como el grupo de hombres se movía rápidamente corriendo hacia el exterior y la dejaban sola. Como si lo anterior fuera solo una fantasía.

-Tú vuelve ahora, estaremos ocupados- Rayan le gruñó con expresión seria cambiando su color de ojos, y retomó la marcha cuando unos delgados dedos se enrollaron en su brazo y lo detuvieron.

-Llévame contigo, quiero ver que es lo que hacen- las palabras de Leticia no vacilaban- Prometo no estorbar, puedo defenderme por mis propios medios- 

Rayan chasqueó la lengua y entrecerró los ojos enfocándola. Sus dedos se cerraron en torno a la barbilla de ella y la atrajo hacia él. Sus labios estuvieron a centímetros de tocarse.

-Una vez que nos acompañes no habrá vuelta atrás- su voz era grave y su aliento mentolado acariciaba los labios de ella.

Leticia solo hizo un sonido de afirmación con la garganta y Rayan gruñó en respuesta. Y tomó la mano que lo retenía entre la suya y la arrastró corriendo por el edificio hasta llegar a la salida, en la parte trasera del edificio. La mayoría de los alfas se habían montado en motos con compañeros atrás. Los que sobraban se habían trasformado en lobos habiendo de varios colores y tamaños. La civilización había evolucionado tanto que algunos ya no retomaban su forma lobuna tan fácilmente, eso sin quitar que la ropa era la que siempre sufría.

Uno de los chicos le lanzó un casco a Leticia al verlos llegar.

-Tú irás con Gavel- señaló a un lobo de gen alfa de piel achocolatada y ojos verdes. De mucho cabello, muy negro y lacio que le llegaba a la altura de los hombros y con un cuerpo de envidia. Su rostro era hermoso a pesar de ser tan masculino y de alguna forma intimidaba un poco –Él maneja rápido así que no te caigas, no nos detendremos a recoger tu cadáver-

Rayan la soltó y caminó hacia una moto negra, de metal lustroso y extremadamente llamativa. Resaltaba por encima de la de los demás.

-Esa es la bestia- Gavel se acomodó el casco en su cabeza antes de bajarse el cristal –Es la moto del jefe, y no deja que nadie la monte- le comentó- Al igual que no deja que nadie se monte encima de su lomo aun cuando es bastante grande en su forma lobuna. Es un tacaño-

Leticia se quedó admirando aquella belleza que pegaba con aquel lobo rubio también vestido de negro. Era como si estuviera hecha el uno para el otro. Y aun así la pregunta de cómo se vería en su forma original le llamaba la atención.

-Ahora sube, o el jefe me gritará a mí- a pesar de la apariencia tosca de aquel lobo que debía estar en sus treinta pero que no perdía el atractivo, su personalidad era bastante tranquila, o eso había podido determinar Leticia en las pocas palabras que habían intercambiado, no como cierto alfa que le hablaba como le viniera en gana.

La omega se sentó detrás de Gavel y se ajustó el casco. Aunque pretendía aguantarse de la parte trasera de la moto tuvo que renunciar a esta idea y rodear la estrecha y fuerte cintura del alfa, y apretarla como si su vida dependiera de ello. El tipo era un loco conduciendo y no fueron pocas las veces que casi se cae. 

Se prometió que nunca más montaría con él.

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Comentários (4)
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Marco Tiznado
Muy buen libro
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Jhordan Andres Espinosa Ortiz
me encantó super recomendado
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Giulisa Lizama Aguilar
me gusta mucho
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Último capítulo

  • Falso Alfa   Epílogo

    La brisa de la noche era agradable, golpeando contra el rostro tranquilo de Leticia. Estaba en paz, como nunca antes se había sentido. Su cabello se movía suave y fresco, escuchando cómo la puerta de la terraza que daba a la habitación era abierta. No estaba el olor familiar de feromonas, pero sí el del perfume que el alfa estaba usando y que era agradable y reconfortante. Una cálida manta fue puesta sobre sus hombros y el cuerpo de Rayan se sentó a su lado entre los cojines del sofá.-¿Ya acostaste a Peter?- le preguntó Leticia, recostando su cabeza sobre su hombro.Rayan alzó su mano y le acarició la mejilla con ternura. Estar así con ella era lo más reconfortante del mundo. siempre había soñado por estar así, sin preocupaciones, sin miedos, sin tener que ocultarse.-Estaba agotado, así que nada más bañarlo y vestirlo se quedó dormido. Estaba realmente emocionado por tener con quiénes jugar a partir de ahora. Realmente Cassandra se lo tenía bien escondido.Leticia sonrió recordando

  • Falso Alfa   223

    El patio de la casa estaba iluminado con varios focos de luz cálida. La mesa ya acomodada tenía varios platillos puestos que habían mandado a comprar a un restaurante. Rayan ayudó a Leticia a llegar hasta donde estaba Cassandra conversando con Gavel, y que al sentirla se giró hacia ella.-Prima- la beta, enfundada en un vestido blanco con bordes dorados, sonrió enormemente y caminó hacia ella. La abrazó besando su mejilla, haciendo que se tambaleara-. Pensé que ese maldito alfa te iba a acaparar y no dejarte venir.Rayan gruñó detrás, poniendo una mano sobre la espalda baja de Leticia para que no se cayera. Y bien que decía Cassandra que había que cuidarla y era la que se le lanzaba encima al punto de casi tumbarla al suelo.-No sé para qué te sigues mortificando si sabes cómo es- Gavel se rio apenas acercándoseles-. Te ves bien, Leticia- le sonrió.La omega la había visto en algunos viajes que solían hacer cuando los visitaban y recordaba las veces en que la había ayudado en el pasad

  • Falso Alfa   222

    Peter estaba desesperado por ver a su papá. Adoraba los días con sus abuelos, pero siempre terminaba extrañándolo. Así que en cuanto el auto se detuvo abrió la puerta y salió corriendo sin escuchar los gritos de Alex de que se podía caer.Lo que no esperó era que al entrar a la casa encontrara a una persona sentada en la sala. Y esa persona no era cualquiera. Abrió muy grandes sus ojos y la señaló.-La esposa de papá.Leticia, que escuchó sus palabras, se quedó pestañeando. Esposa. En sus recuerdos había fragmentos de varias personas llamándola así. Por lo visto la costumbre no cambiaba. No pudo evitar soltar una leve risita. Con que Rayan sí le había hablado bastante al cachorro.-Un gusto, soy Leticia- inclinó la cabeza-. Disculpa si no puedo levantarme para saludarte.-No te preocupes- el niño caminó hasta ella-, mi papá me dijo que tu salud no es muy buena y hay que cuidarte- estiró su pequeña manito-, mi nombre es Peter.Para ser un cachorro de 4 años, parecía bastante inteligent

  • Falso Alfa   221

    -Te la dejo unos minutos y la haces llorar- Rayan entró gruñendo a la habitación viendo el rostro de Leticia.Cassandra chasqueó la lengua.-Yo puedo, tú no- lo escuchó jadear mientras retiraba el suero de su brazo y le ponía una curita sobre el pinchazo.Leticia se preguntó si ellos de verdad se odiaban o se querían. Sonrió intentando sentarse en la cama. Al momento los dos estuvieron a su lado ayudándola.-Estoy… bien.-Sí, lo que tú digas. Ya tu fiebre bajó un grado, pero necesitas descansar- Cassandra ya le ponía sus lentes para que pudiera ver mejor.Leticia sonrió de lado.-¿Puedo desayunar abajo? No quiero pasarme todo el día en la cama.-Leticia- Rayan se apretó el entrecejo-. ¿Acaso no escuchaste que debes descansar?-Sí, pero quedarme aquí acostada solo hará que me ponga peor. Muchas veces tomar aire fresco me ayuda- habló con una seguridad que hizo que los otros dos soltaran un suspiro.-Ven, déjame ayudarte- Rayan la cargó en brazos y la acomodó contra él-. Vamos a desayun

  • Falso Alfa   220

    Una lágrima corrió por la mejilla de Leticia. Después otra, otra, hasta que comenzó a sollozar. Abrazándose fuerte a Rayan, perdiendo el control y llorando sin consuelo. Como si algo dentro de ella se hubiese roto y algo se moviese dentro.Rayan alzó su cabeza preocupado y la vio llorar. Le quitó las gafas y acunó sus mejillas empapadas.-Shhhhh. Estoy aquí. No llores, no llores, Leti -le besó la frente-. ¿Te duele? Lo siento.Era como si ocurriera otra vez; ver a Leticia así le partía el corazón.Pero ella negó, confundida, aturdida. Con escenas que se movían en su mente. Abrumada, con miedo, con todas las emociones a flor de piel. Rayan solo pudo abrazarla y girarla para que ella quedara arriba y más cómoda sobre su cuerpo. Sus manos le acariciaron la espalda mientras la omega lloraba contra su pecho.***No supieron cuánto tiempo estuvieron así. Leticia fue calmándose poco a poco. Tan lento que fue tortuoso y sus ojos quedaron rojos e hinchados. Rayan no sabía si hablar o no. Esper

  • Falso Alfa   219

    Leticia… no podía moverse. Esta sensación, este sentimiento que la calentaba, que la recorría. Ya lo había sentido antes. Quizás no en la misma cama, pero sí… con esas mismas manos, con esa boca.«¿Se sintió bien?»«¿Lo disfrutaste?»Preguntas que venían a su mente una y otra vez con la misma voz de ese alfa que ahora estaba en silencio. Cerró los ojos un momento intentando regular su respiración cuando sus gafas fueron retiradas.Abrió los ojos y, como era normal, todo su alrededor era difuso, solo reconocibles las siluetas a su alrededor, como la que se estaba moviendo. Rayan terminó de limpiar los cristales para colocarle las gafas de nuevo y que pudiera ver bien.-Hay que cuidarlas -se rio cuando las pupilas de la omega lo volvieron a enfocar.Leticia respiró profundo, controlando su respiración.-Tengo también… lentes de contacto, aunque no suelo usarlos mucho -sus mejillas estaban sonrojadas.Rayan soltó una leve carcajada.-Quizás para cosas como estas son prácticos, si deseas

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