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PRÓLOGO

Autor: Lyonel Moon
last update Data de publicação: 2024-03-14 07:56:13

           El cielo era completa negrura, adornada únicamente por la luna que esa noche era una como una sonrisa siniestra. Saga había peleado en batallas a lo largo de su vida, batallas que había tenido que combatir sólo con una espada en mano y su habilidad, otras con la ayuda del virtuosismo. Había peleado con habilidad y resistido con la fortaleza de un roble. Pero incluso el roble más resistente puede quebrarse bajo la tormenta.

           Saga caminaba, sintiéndose roto, un paso tras otro. Ninguna batalla había parecido tan extenuante y difícil como aquella caminata que estaba emprendiendo. Con cada paso que daba sentía una pesadez en el cuerpo, sus pies amenazaban con trastabillar en la tierra y su visión se emborronaba haciendo que viera manchas en formas de criaturas o monstruos que sabía que no eran reales.

           «Los monstruos reales no son los de los cuentos que dicen que asechan en la oscuridad ni bajo las camas de los niños, sino que son los que llevamos dentro de lo más profundo de nuestros corazones», se dijo a sí mismo para mantenerse despierto.

           El rey entró en el bosque adentrándose en las mismas tinieblas, sintiéndose como un despojo hecho hombre en busca de su redención y de lo que significaba todo para él.

           —No te preocupes, mi luz —le hablo dulcemente a la mujer que yacía en sus brazos—. Ya casi llegamos.

           El tiempo transcurrió de manera diferente a su alrededor, sentía como los árboles arañaban su piel y se clavaban en su carne hasta hacerla sangrar, sentía la oscuridad volviéndose más fuerte, más peligrosa. Las sombras caminaron a su lado con la silueta de un rey terrible y poderoso con una corona de espadas, la sustancia de su cuerpo era la de un humo negro y maligno; su rostro, una profunda oscuridad, estaba contrastado por unos ojos monstruosos, uno de un color azul y el otro esmeralda.

           La figura caminaba a su lado con sus brazos cruzados en la espalda, se movía con elegancia demoniaca mientras de vez en cuando iba apartando las ramas de los árboles para que Saga pudiera avanzar. Cuando se cansó de usar sus manos, le dio forma a una espada de filo corrupto que cortaba las ramas haciendo que emitieran un humo negro.

           —No tienes por qué tener esa cara tan larga —la voz de la criatura sonó como el crujido del hielo—. La salvaremos, solo tienes que confiar en mí. 

           Podía notar que la respiración de Elyna cada vez era más dificultosa y eso lo hacía seguir moviéndose hasta así atravesar todo aquel infierno. El crujir de una rama bajo sus pies le recordó al crujir de unos huesos. Su mente dio un vistazo a todas las cosas que había ocurrido a lo largo de su vida, todas las cosas que había tenido que hacer y las que se había negado. Todo aquello parecía ser un castigo por sus pecados, pero él no estaba dispuesto a dejar que su esposa pagara por él.

            El rey llegó a lo que alguna vez consideró el paraíso, pero aquella cascada que alimentaba de agua el lago no lo llenaba, porque su verdadero cielo estaba muriendo en sus brazos.

           El terrible monstruo se quedó parado en la orilla, lo suficientemente alejado del agua para no tocarla. Aunque la luna no estuviera llena ese día, el agua seguía emitiendo aquel brillo hermoso y sobrenatural el cual solía emitir. Saga entró en el agua con su esposa, sintió su cuerpo recuperarse y el embotamiento de su mente comenzó a cesar. Cuando el agua tocó el cuerpo de ella, ella abrió los ojos y sus miradas se cruzaron.

           —No dejaré que te vayas. —Dijo Saga, firmemente.

           Ella desvió su mirada y miró a la herida que tenía en el vientre, la sangre manchaba su vestido y aunque no llegó a verlo ahora, antes sí que había visto como la herida se había tornado negra como la muerte. Ella volvió su mirada a la de su amado y le miró con ojos preocupados.

           —¿A qué costo pagaremos tu capricho?

           —El que sea necesario para mantenerte con vida —respondió tajante.

           —Me dejarás con vida solamente para morir a manos del aquel monstruo, otra vez… —susurró.

           —No…, estarás a salvo. Lo prometo.

           —No. —negó ella—. No lo estaré. Nadie estará a salvo si mueres y el que queda es él.

           No la escuches, Saga, transmitió el terrible rey de sombras desde la orilla.

           Cada segundo que pasa, es un segundo que pierdes y la sentencias a morir. Debes salvarla. ¿Acaso quieres dejarla morir? ¿Permitirás que tu amada muera? ¿Dejarás sin madre a tus hijos?

           Él apretó los parpados.

           —Tengo miedo… miedo de perderte —sollozó el hombre.

           —No tienes porqué, amor mío. Recuerda la promesa: siempre estaremos juntos. Y si un día nos perdemos…

           —… prometo que te encontraré donde sea que te encuentres —finalizó él—. Te amo, mi luz, mi amor, mi millonésima y una estrella.

           —Creemos algo hermoso —dijo ella con voz dulce y suave, con los ojos cerrados—. Una obra de arte que proteja a nuestros hijos y al mundo entero.

           ¡TU ESPOSA MORIRÁ, MORIRÁ SI NO LA SALVAS!, Rugió la criatura.

           Pero él solo escuchó a Elyna y se sumergió en el poder.

           La conexión en ambos surgió y el dolor de ella fue el de él, las lágrimas salieron del rostro del hombre al saber que su esposa estaba cargando con semejante dolor, y al mismo tiempo sintió un gran orgullo de que ella lo soportara con tanta fortaleza.

           Saga y Elyna fueron uno en alma y pensamientos y dieron forma a su nueva obra. El agua del lago comenzó a brillar más y más, primer como cientos de linternas hasta que luego fue una sola. Una sola luz intensa que se alzó como un pilar blanco hasta los confines del cielo.

           La luz tomó la forma de una cruz enorme que cubrió todo aquel lugar. Saga pudo escuchar los aullidos de terror de la criatura que amenazaba con ser el peor azote que había conocido todo hombre o mujer. Y él mismo lloró de dolor. Lloró desconsoladamente al sentir la desconexión con el alma de su esposa quien había muerto por fin.

           Parte de la cruz se quebró y el grito de pena de Saga cubrió todo aquel bosque. Así sumergido en el más profundo dolor mientras abrazaba el cuerpo de su esposa fallecida sintió como la criatura trataba de salirse por una de las fisuras de la cárcel de luz que había erigido junto a su esposa.

           Saga se hinchió de poder, de mucho más del que podía ser usado por él y dejó que lo colmara haciendo que su misma carne comenzara a brillar como un albor. Sintió su piel arder y la misma agua donde estaba comenzó a incrementar de temperatura. 

           PUEDES TRAERLA DE VUELTA, gritó a la desesperada el monstruo que ya no llevaba corona y tenía el aspecto de un hombre endeble y desgarbado.

           Pero no.

           Elyna no habría querido aquello. Él abrazó a su esposa y gritó furioso desplegando todo el poder del que disponía para modificar la prisión y sellarse incluso a sí mismo dentro.

           Y cuando la luz desapareció, no quedó ni rastro del rey, la reina ni de la pesadilla que había destruido sus vidas.

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Último capítulo

  • HIJOS DE LA NOCHE   30

    Ese día Evey se había puesto un vestido de color esmeralda que recordaba al color de los ojos de Eirfeen. El joven príncipe la había invitado a conocer a su padre, el rey, a lo que ella había aceptado con nerviosismo. La escala social con las personas a las que debía frecuentar y tratar había escalado bastante de golpe, había pasado de tratar con nobles pequeños de las casas de Descanso de Piedra, a la realeza de Felianor. En cierta parte, le hubiera gustado que las chicas que la solían molestar allá en su hogar la vieran ahora, de seguro hubieran quedado boquiabiertas al enterarse de que estaría en la misma sala que un rey y un príncipe. Incluso a ella misma le parecía algo increíble. Un llamado a su puerta llamó su atención y ella sonrió alegre de que su príncipe querido hubiera ido a buscarla tan pronto. Sin embargo, al abrir la puerta no se encontró con su príncipe, sino con dos caballeros de armaduras relucientes e inmaculadas. Los c

  • HIJOS DE LA NOCHE   29

    Al día siguiente ella se despertó sintiendo el cansancio de todas las cosas que habían pasado en los últimos días. Sin embargo, por incongruente que pareciera, la acalorada discusión con el príncipe Coledur le había ocasionado más cansancio mental que el que había experimentado cuando peleó con el nocturno. Recordar las palabras del aquel hombre de cabello azabache le hacía enojar. ¿Cómo se atrevía a acusar a Eirfeen de manipularla si desde un inicio se había mostrado muy atento con ella? Él le había dado un sitio en el que hospedarse y la había tratado con afecto. No le había dado hasta ahora ningún indicio de que estuviera utilizándola. Simplemente Eirfeen no era esa clase de hombre. Lo sabía. Ella suspiró y se levantó de la cama para prepararse para lo que tuviera que ofrecerle ese día que tiene frente a ella, el cual Evey esperaba que no fuera tan agitado y complicado como los últimos días que habían pasado. Luego de asearse y vestirse, ell

  • HIJOS DE LA NOCHE   28

    Evey se encontraba atrapada por el príncipe debido a un descuido suyo. Momento antes había sentido mucho miedo de estar allí con Cabeza de Espejo, pero Coledur la había salvado. Ahora, sin embargo, tenía que responder por las travesuras que había estado haciéndole. Los ojos de él parecieran taladrar en ella, de manera invariablemente severa. Tener al príncipe Coledur tan cerca la hacía sentir nostalgia, recordaba haber pintado su rostro con maestría sin siquiera conocerlo. Eso la hizo considerar por primera vez que quizás ella necesitaba de Coledur de alguna forma. «No puede ser una mera casualidad. Las cosas que he vivido a lo largo del tiempo bajo el brillo de la luna siempre han tenido un significado, y esto debe ser uno de ellos», se trató de convencer a sí misma. Empero, una parte de ella sentía repelús del príncipe que actuaba de manera tan despectiva hacia ella y, aparentemente, hacia todo. Ella levantó su barbilla y se puso tan envarada como una espada que

  • HIJOS DE LA NOCHE   27

    Conseguir el sueño la noche anterior fue complicado, la noche había tenido bastante movimiento. Había acaecido una vorágine de sentimientos a la que no estaba acostumbrada, pero podía considerarse orgullosa de haber seguido en pie luego de todo aquello. No había salido corriendo cuando un nocturno enloquecido había corrido hacia ella a atacarla; había descubierto que estos podían ser afectados con sus poderes para hacer que se comportarán de una forma diferente a su forma base; había quizás logrado una complicidad con el caballero que la había salvado ya dos veces hasta el momento, y sobre todas las cosas, casi había besado al hombre por el que estaba sintiendo cosas. Pensar en eso hacía que le ardiera la cara de vergüenza y que su corazón comenzará a acelerarse y a la vez sentía una rabia creciendo en ella por haber sido interrumpida justo cuando iba a besarse con Eirfeen. El principe Coledur había sido bastante inoportuno al entrar en aquel lugar s

  • HIJOS DE LA NOCHE   26

    Evey sintió que su mundo fue ralentizado y pudo escuchar su propio corazón retumbando como los cascos de un caballo de carrera que galopa desbocado. El dulce aroma del príncipe embriago su olfato y sus labios se abrieron accediendo a recibir el beso prometido, un beso que había esperado y deseado, aunque consideraba no merecer. Un beso de un hombre con el que se sentía cercana, uno al que admiraba. La puerta se abrió y ella se separó del hombre de cabello plateado antes de que sus labios se unieran. Miró a la puerta atacada por el nerviosismo y se encontró con un hombre que parecía tallado en la roca misma con unos ojos fríos como el invierno más terrible que parecían taladrar en ella de manera severa. —P-Príncipe, Coledur —saludó Evey, haciendo una leve reverencia. —Milady —contestó él con fría educación. Los ojos del príncipe Coledur se centraron en Eirfeen a quien miró con reprobación, aunque para Evey aquel príncipe

  • HIJOS DE LA NOCHE   25

    Estaba regresando al palacio con la escolta que se le había asignado para protegerla, y que había sido superada por un solo nocturno. Ella los notaba avergonzados y desalentados, así que trató de subirles el ánimo. —Nos tomó por sorpresa a todos. Me alegra mucho que ninguno de nosotros haya salido muerto de aquel lugar. Gracias a ustedes no me pasó nada —sus palabras dulces parecieron animarlos un poco. Solo Marlon mantenía un gesto de irritación en el rostro. —Hubiéramos sido aplastados si no hubiera sido por el otro monstruo que apareció a ayudarnos —intervino el hombre calvo de aspecto zorruno— Es muy amable con sus palabras, milady, pero si tenemos que agradecerle algo a alguien, que sea al mismísimo Creador por haber hecho aparecer a ese demonio y que este no nos atacara a nosotros. Las palabras del hombre la hacían sentir enojo, pues su tono irónico le hacía ver que desconfiaba totalmente del caballero y que, además, parecía insinuar c

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