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4. Reglas Quebrantadas

Autor: Némesis
last update Data de publicação: 2023-12-20 00:17:07

Capítulo 4

El día ha sido agotador; estos tacones de aguja me están matando, aunque debo admitir que completan perfectamente mi imagen profesional.

Carolina, la otra secretaria, me ha puesto al tanto de todo lo que debo saber sobre el funcionamiento de la oficina. Para ser honesta, no es nada del otro mundo, pues ya he desempeñado este oficio anteriormente, pero el ritmo aquí es vertiginoso.

D'Angelo Enterprises es una de las compañías más reconocidas a nivel nacional. No solo cuentan con la tecnología más avanzada, sino que su modelo de negocio se basa en adquirir pequeñas empresas para potenciar su producción y calidad.

Además, son dueños de varias de las discotecas más exclusivas del país; un verdadero imperio de cristal y acero que domina la ciudad.

Mi oficina (que en realidad está en medio de la oficina de Ethan y del otro CEO) es un sueño: espaciosa, con muebles de diseño y enormes ventanales de vidrio polarizado que dan hacia el exterior. Desde aquí puedo contemplar todo Nueva York desde las alturas, viendo cómo la vida transcurre allá abajo mientras yo habito en este gigante que parece tocar el cielo.

Sin embargo, no dejo de pensar en el hermano de Ethan. Según lo que él me contó, Zack llegará en un par de días.

Espero que no sea una mala persona; ruego porque tenga el mismo carisma que Ethan, aunque por los pasillos ya me he dado cuenta de que el ambiente entre los empleados es algo frío, casi gélido, como si todos temieran cometer un error bajo su mando.

Es mediodía y tengo un hambre de muerte. Decido tomarme mi descanso e ir a comer algo en la cafetería que vi justo enfrente del edificio.

Me encamino al escritorio de Carolina y, al escuchar mis pasos, ella levanta la mirada. Me observa con una expresión que grita "¿ahora qué quieres?".

¿En serio? He sido lo más cordial posible con ella y aún no entiendo por qué se comporta de esa manera tan hostil. Simplemente no la comprendo.

—Oye Carolina, ¿quieres ir a comer algo? Yo muero de hambre —le ofrezco con mi mejor sonrisa.

Su cara es todo un poema; se queda impactada, como si no pudiera creer que le haya pedido que me acompañe. ¿Pero qué piensa que soy? ¿Un monstruo?

—Emm... bueno, yo traje mi almuerzo —balbucea confundida.

—Ah, bueno, no importa —insisto mientras me acomodo el bolso al hombro—. Vamos igual, así nos hacemos compañía mientras yo como algo.

Ella duda un segundo y mira con recelo hacia la puerta cerrada de la oficina principal.

—¿El Señor ya salió a almorzar? —pregunta en voz baja.

—No lo sé, creo que no.

—Bueno... después que él vaya podremos ir nosotras.

¿Qué? Tiene que ser una broma. Mi estómago no entiende de jerarquías.

—A ver, déjame ver si entiendo —digo señalando con el dedo la oficina de mi jefe—. ¿Tienes permitido comer solo después de que él vaya a almorzar?

—Algo así —responde ella encogiéndose de hombros—. Es más bien una regla de su hermano, el señor Zack. Así que, esté él presente o no, ya estoy acostumbrada a eso.

No lo puedo creer. Todavía no conozco a Zack y ya me está cayendo fatal. Menudo tirano.

—No, querida. La hora de la comida es un momento sagrado, y nadie, por muy jefe que sea, me va a impedir eso. No, señor.

—No creo que quieras ver molestos a los señores, créeme —me advierte Carolina con un miedo real en los ojos— No te conviene, eres nueva y vas a perder tu empleo antes de empezar siquiera.

—Bueno, pues ya veremos. Tengo hambre, y cuando tengo hambre me pongo de muy mal humor.

Sin más, me encamino a la oficina de mi... jefe. Toco ligeramente la puerta y escucho un "adelante" de su parte. Me asomo un poco; Ethan está concentrado, con la mirada fija en su portátil y el ceño fruncido por los negocios. Aprovecho el momento.

—Vamos a salir a comer, ¿necesitas que te traiga algo de regreso? —le suelto con naturalidad.

Él levanta la mirada, sorprendido. Al verme, su expresión se relaja y me regala una hermosa sonrisa, pero esta cambia al instante cuando procesa mis palabras.

—¿Vamos? ¿Con quién vas a comer y a dónde? —pregunta con un tono que roza lo posesivo.

—Con Carolina y al café de enfrente. Entonces... ¿seguro que no quieres nada? Okey, nos vemos en un rato. ¡Adiós!

Doy media vuelta y cierro la puerta antes de que tenga oportunidad de replicar. No voy a darle espacio para que saque a relucir sus reglas de oficina; mi apetito no espera.

—Andando, muero de hambre —le digo a una Carolina que parece haber visto un fantasma.

—¿Así? ¿Ya podemos irnos? Oye, no quiero que me despidan, necesito mi trabajo.

—Nadie te va a despedir, solo vamos a comer. No es un crimen.

—Si tú lo dices... —murmura temerosa, lanzando una última mirada hacia la oficina de Ethan. Antes de levantarse, toma de su cartera una barra de cereal y una manzana.

—¿Eso es lo que vas a comer, en serio? —le pregunto una vez que estamos en el elevador de personal, señalando su escaso almuerzo.

—Sí, ¿algún problema con eso?

—Hey, cálmate. Sé que no te agrado y aún no entiendo por qué, pero vamos a trabajar juntas. ¿Por qué mejor no tratamos de llevarnos bien? Dijiste que necesitabas tu trabajo; yo también el mío. Hagamos que esto sea fácil.

—Eso dicen todas —responde ella con amargura.

¿Todas? ¿A qué se refiere con eso? Me deja con la duda mientras las puertas del ascensor se abren.

Llegamos a la cafetería. Es un lugar encantador, espacioso y con una elegancia moderna. Tomamos asiento en una de las mesas junto al ventanal que da a la avenida. Al momento, se acerca un chico muy apuesto que nos pregunta qué deseamos ordenar. Carolina, fiel a su rigidez, solo pide una botella de agua.

—A mí me traes dos sándwiches de pavo con un refresco de uva, por favor, y de postre un trozo grande de pastel de chocolate —pido con decisión.

—Vaya... no eres de esas mujeres que solo cuidan lo que comen. Me agradas —me dice el mesero con una sonrisa de lado que lo hace ver aún más guapo.

—Pues sí. Si algo me gusta, lo como y ya está —respondo divertida.

—Genial. Un gusto conocerte, me llamo Dylan —dice extendiendo su mano hacia mí. Yo la tomo con naturalidad---. Un placer. Soy Di...

No pude terminar de hablar cuando un carraspeo seco y cargado de autoridad interrumpió la presentación.

Era Ethan. Estaba de pie junto a nuestra mesa, observando a Dylan con una mirada tan fría que podría congelar el ambiente.

Si las miradas mataran, ese pobre muchacho ya estaría muerto. Nunca había visto esta faceta tan territorial de Ethan.

Sé que se preocupa por mí, pero esto se siente diferente.

—Señoritas, ¿ya ordenaron? —dice Ethan, desviando la mirada hacia nuestras manos, que aún estaban unidas.

Rápidamente la suelto, sintiendo un calor repentino, y me acomodo en mi silla. Me doy cuenta de que toda la cafetería ha bajado el volumen para observarnos; tener al presidente de la compañía allí de pie es todo un evento.

—Sí, ya ordené. Carolina todavía no ha pedido nada sólido, estamos esperando nuestro pedido —le digo tratando de suavizar la tensión— ¿Qué haces aquí?

Ethan no me responde a mí. Clava sus ojos en Dylan, quien parece ser el único que se atreve a sostenerle la mirada.

—¿Y bien? ¿Qué esperas? —le espeta Ethan con voz de mando.

Dylan solo rueda los ojos con un suspiro de fastidio y se retira a buscar nuestro pedido, dejando una estela de tensión eléctrica en la mesa.

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