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3. La Propuesta de Trabajo

Autor: Némesis
last update Fecha de publicación: 2023-12-20 00:16:13

Capítulo 3: El Imperio D'angelo

Un nuevo día comienza y la ansiedad me consume como un fuego lento. No sé cuál es el trabajo que Ethan tiene en mente para mí y eso me mantiene en un estado de nerviosismo constante. No es que me asuste el trabajo duro —siempre que sea lícito, estoy dispuesta a todo—, pero el desconocimiento me desespera, y Ethan, que me conoce bien, parece disfrutar un poco de ese misterio.

A las ocho de la mañana en punto, el chófer de Ethan me deja en el estacionamiento subterráneo de la empresa. Es la primera vez que pongo un pie aquí. De hecho, me doy cuenta con un poco de vergüenza de que aún no sé a qué se dedican exactamente él y su amigo. Desde que nuestra amistad comenzó, me he centrado tanto en su compañía que he sido un poco despreocupada respecto a sus negocios.

—Señorita, el señor me dio instrucciones de escoltarla hasta su oficina —anuncia el chófer con una formalidad impecable.

—Está bien, señor Jones. La verdad, nunca he estado en este lugar y resulta un poco intimidante —confieso, mirando las columnas de concreto pulido y los autos de alta gama que nos rodean.

Subimos en un elevador privado de paredes espejadas y acabados en oro rosado. Según Jones, este ascensor está reservado exclusivamente para los presidentes de la empresa. Iba a cuestionar por qué se me permitía usarlo, pero en ese momento las puertas se deslizaron con un suave siseo, revelando un vestíbulo que gritaba poder y sofisticación. Nos dirigimos al escritorio de la secretaria de recepción.

—Buen día, señorita Méndez. Por favor, anuncie al señor D'angelo que la señorita Smith ya está aquí —dice Jones con voz firme.

—Buen día, señor Jones. Enseguida —responde ella.

Antes de marcar, me dedica un escaneo minucioso con la mirada. Sus ojos me recorren de arriba abajo, lo que me pone realmente nerviosa y me hace dudar de mi elección de vestuario. Me pregunto si estaré a la altura de este lugar. Ayer mismo fui de compras con Ethan y elegimos piezas exclusivas, así que intento recuperar la confianza.

Siento que me veo espectacular. Llevo un vestido azul rey de mangas cortas que se ajusta a mi figura y termina a mitad del muslo; lo combiné con unos tacones de plataforma negros adornados con pedrería azul que brillan con cada paso. Llevo el cabello suelto, cayendo en ondas naturales sobre mis hombros, y lo mejor de todo: no llevo una gota de maquillaje. Mi piel está tan bien cuidada que no necesito ocultarla, y es algo de lo que me siento profundamente orgullosa.

Me siento bella, así que le sostengo la mirada, le regalo una sonrisa educada y levanto la barbilla con la elegancia de una diva.

La chica marca un número interno y anuncia nuestra llegada. En menos de tres minutos, Ethan sale de una de las imponentes puertas de madera oscura.

—Señor Jones, puede retirarse —ordena Ethan.

El chófer asiente y se marcha. Ethan le informa a la secretaria que no quiere interrupciones y me guía hacia el interior de una oficina que derrocha elegancia y pulcritud. El aroma a sándalo y cuero nuevo inunda mis sentidos.

Por un momento me quedo embobada mirándolo. Se ve increíblemente apuesto con ese traje de tres piezas en color gris; el tono hace que sus ojos grises resalten de una manera casi hipnótica, y su cabello platinado, perfectamente peinado, me encanta.

—Tome asiento frente al escritorio —me indica con una formalidad que me resulta extraña pero fascinante.

Se sienta frente a mí y me mira fijamente. Su mirada es intensa, cargada de una energía que me estremece.

—Bien, ya estás aquí. ¿Todo bien? —me pregunta. Desde que llegué a su casa, no ha dejado de preocuparse. Cada vez que vuelve del trabajo, su primera pregunta siempre es sobre mi bienestar. Sé que lo hace de corazón, y esa protección es algo que me hace sentir a salvo.

—Sí, tranquilo. No he vuelto a tomar antidepresivos desde que estoy aquí, gracias a ti —confieso. Mi estado de ánimo tiempo atrás era oscuro; la ansiedad me impedía dormir y dependía de la medicación. Es un tema que prefiero no tocar, pues me pone sentimental o de mal humor, así que decido cambiar de rumbo—. Este lugar es intimidante, Ethan. No sabía que trabajabas en un sitio así; de hecho, no sé a qué te dedicas exactamente, ni qué se supone que haré yo aquí.

Él asiente, respetando mi silencio sobre el pasado, y se inclina hacia adelante.

—Hay un par de cosas que aún no sabes. Primero, soy uno de los presidentes de este conglomerado. Las Empresas D'angelo son de las más importantes tanto a nivel nacional como internacional.

Cuanto más habla, más impactada quedo. No sabía que era un magnate; yo pensaba que era un empresario exitoso, pero esto está en otro nivel. No es que me importe su dinero —nunca he sido una mujer interesada—, pero la revelación me deja sin palabras. Sin embargo, algo me causa curiosidad.

—Dijiste que eras "uno de los presidentes". ¿Eso significa que hay otros?

—Sí, mi hermano.

—¿Hermano? Creí que no tenías hermanos.

—Biológicamente, no los tengo —aclara él con voz pausada—. Mi amigo Zack y yo fuimos adoptados por la misma familia, por eso compartimos el apellido. Somos hermanos de vida, no de sangre. Para el ojo público, somos los Hermanos D'angelo. Nuestro padre se retiró hace un par de años y nos dejó al mando de todo. Pero basta de historia, vamos a lo importante: ¿querías trabajar, no es así? Vas a tener el puesto más relevante de esta oficina. Serás nuestra secretaria. Como verás, somos dos presidentes y una sola secretaria de planta; la señorita Méndez no se da abasto con todas las tareas y necesita ayuda. ¿Crees que puedas con ello?

Me quedo helada por un segundo. ¿Es en serio? Hace tiempo trabajé como secretaria para costear mis gastos universitarios. Nunca pude terminar la carrera de Gerencia Empresarial por razones que me duelen recordar; me faltaba apenas un semestre cuando tuve que congelar todo y huir de mi país, lejos de mi familia y de mi vida anterior.

Una sonrisa, amplia como la del gato de Cheshire, se dibuja en mi rostro.

—Puedo con eso y mucho más —le aseguro con entusiasmo—. Antes de conocerte ya trabajé en esto, así que tengo experiencia. El resto de la historia ya la conoces.

—Si lo que quieres es retomar tus estudios, puedes hacerlo —me dice con sinceridad—. Sabes que te apoyaré en todo lo que necesites.

—Lo sé, y te lo agradezco, pero no es justo que esté sin hacer nada. Me gusta ganarme la vida por mis propios medios. Si retomo la carrera, me gustaría ser yo quien cubra los gastos.

—Realmente eres terca —dice él con una pequeña risa—. Nadie puede sacarte una idea de la cabeza cuando se te mete, pero me parece bien. Eres una mujer capaz de lograr lo que se proponga.

—Gracias. Entonces, dime... ¿cuándo comienzo?

—Hoy mismo.

Ethan toma el teléfono y pide la presencia de la señorita Méndez. En pocos minutos, ella entra a la oficina tras recibir el permiso.

—Señorita Méndez, ella es la nueva secretaria. Quiero que la ponga al tanto de todo de inmediato, para que cuando mi hermano llegue, ella esté lista para procesar los datos del exterior.

La cara de la mujer es todo un poema; la sorpresa y quizás un poco de recelo cruzan sus facciones. No se esperaba que la "invitada" del jefe terminara siendo su colega.

—Entendido, señor. ¿Su lugar de trabajo será junto al mío, en la recepción? —pregunta ella.

—No —sentencia Ethan con voz autoritaria—. Ella estará instalada aquí mismo, dentro de la oficina.

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