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Doctor 5

last update Fecha de publicación: 2026-06-06 07:26:08

La leche manó del pezón como cascada, cayendo en la lengua del doctor.

Con un gruñido voraz, agarró el pecho y se metió a la boca el pezón, succionando con fuerza y avidez, enloquecido con el sabor, con la delicia que estalló en sus papilas gustativas.

Lena se agitó, el mundo dio vueltas a su alrededor, llevó las manos, antes rígidas, hacia la melena de Moran y hundió su cabeza contra su pecho.

Se movió con cada succión, acalorándose más y más, moviéndose sobre la camilla, mojando su vientre con la leche que salía del otro pecho, mismo que estaba siendo amasado con la mano masculina que pellizcaba el pezón y apretaba el seno.

La electricidad corrió por su cuerpo como pólvora, la sensación de la boca caliente chupando su néctar hizo que su cuerpo hiciere cortocircuito, que su coño se apretara contra sí misma y que todo su cuerpo se cubriera de sudor.

Jadeó y lloriqueó, mientras Moran no le dio tregua, frenético por el manjar que cayó en su paladar y tragaba gustoso, deseando dejarla seca.

Se acercó a su entrepierna y comenzó a moverla contra la húmeda cavidad de Lena, rozando su clítoris y mandándola al espacio con un simple toque que la hizo alcanzar el orgasmo tan deseado.

Su cuerpo estalló con la energía acumulada, su cuerpo vibró, su canal se cerró deseando tener algo que lo colmara, mientras sus senos llenaban la boca de Moran con leche y su vientre, mojando la ropa del doctor en el proceso que no dejaba de embestir la bragueta contra la entrada de Lena.

Ella gritó y se agitó, hasta que su cuerpo cayó laxo, casi sin aliento, resoplando para obtener un poco de oxígeno, mientras Moran no daba tregua con su succionar, solo pasó a la otra teta, a la que le dio el mismo trato.

―¡Por favor, doctor! ―exclamó en medio de un jadeo, con los ojos cerrados, acariciando el cabello de Moran quien solo gruñó y le mordió el pezón, mandando un impulso eléctrico por todas sus terminaciones nerviosas que terminó en su entrada, abriéndola y cerrándola en un mismo acto.

Succionó con más fuerza, sacando más leche, haciendo que su paciente se contorsionara y metiera las uñas en su cuero cabelludo. No le importó, estaba enardecido con la sensación que su leche le estaba dando, era ambrosía pura que deseaba tener en su boca por el resto de su vida. Era una delicia que nunca probó, el mejor sabor del mundo y la forma en la que llegaba a su paladar lo ponía más bruto, gruñendo, sin parar de mover las caderas, como un ser bestial que ya no piensa, y solo necesita corromper el alma inocente de la jovencita que yacía bajo su cuerpo.

No pudo más, necesitaba tenerla, necesitaba probar su cuerpo por completo. Succionó con fuerza, tragó la leche que era su perdición y bajó por su cuerpo, regando besos, amando esa piel aterciopelada que lo tenía atontado.

Descendió por el monte de venus sin vello alguno. Le encantó eso de ella, parecía lampiña y le gustó poder recorrer su cuerpo sin que se le quedara algún pelito en la boca.

Pasó la lengua por el monte de venus de Lena, quien suspiró entendiendo lo que estaba por ocurrir.

Supo que no lo iba a soportar, pero no le importó, solo quería darle gusto, incluso si eso implicaba que su cuerpo iba a levitar y que su cabeza haría explosión.

El corazón le cabalgaba en el interior, sus nervios estaban caldeados y se sentía presa del deseo.

Moran se alejó unos centímetros y bajó las manos de sus senos que ya estaban más relajados, acarició su vientre y guio las manos hasta los suculentos labios vaginales, deseoso de probar su elíxir más dulce, era que tenía su oficina con el aroma frutal rondando en el aire.

Estaba tan mojada que lo hizo ronronear como un felino.

Sus dedos se metieron entre los pliegues y la terminó de abrir revelando unos labios perfectos, colmados de sangre que los hinchaban y los hacían ver más rosados, más llenos de vida.

Con un bramido feroz, se dejó caer sobre el delirio que guardaba Lena entre sus piernas y se lo devoró sin importar que la paciente se agitara por lo sensible que se encontraba con el anterior orgasmo.

Repasó los pliegues con la punta de su lengua, haciendo que la energía en el cuerpo femenino creciera, que pequeños rayos la recorrieran desde la punta de los pies.

Tenía el clítoris gordito y pequeño y no tardó en buscar succionarlo, en querer arrancarle gritos a esa boquita pequeña de labios mullidos.

Lena se agitó, el calor se propagó con más prisa por sus extremidades, su interior clamó por algo a lo que sostenerse y se cerró apretándose a la nada, deseando tener algo que masajear, pero no, él solo la estaba devorando por fuera, lamiendo sus jugos, oliendo su aroma.

Acarició la cabeza de Moran y sus caderas se movieron en círculos, facilitándole el trabajo al doctor que la penetró con la lengua, buscando el origen de tan delicioso elíxir que le recreó el gusto.

Lena era el platillo más delicioso que probó en la vida, con su leche calientita, con sus jugos dulces que le supieron a gloria.

Ella no pudo más, la bola de energía hizo contacto con el núcleo, su cuerpo se incendió y todo en su interior se derritió llegando al segundo orgasmo en apenas unos minutos. Sin embargo, Moran no le dio tregua, y como un avorazado siguió comiendo la fruta prohibida hasta que los oídos de Lena solo fueron capaces de escuchar el latido de su corazón, cerrándose del todo. Su boca se abrió en un grito que salió sin sonido, mientras su pecho se arqueaba y sus caderas se afincaban.

Moran no se detuvo, necesitaba más, deseaba tenerla por completo a su merced pera a que el cuerpo femenino se estaba convulsionando sobre sus labios, sobre su lengua que fue apretada por el anillo de la entrada de su coño de donde emanaba su sabor dulzón.

Al ver que caía suelta, se alejó de su delirio y mientras Lena trataba de respirar y poner su cabeza en orden, se desvistió con prisa, notando que su ropa estaba mojada de leche y fluido.

Aspiró el aroma del consultorio, fascinado por la sensación de tener a su merced a tan sensitiva mujer que respondía a sus caricias, que le estaba regalando el mejor encuentro sexual de su vida.

Desnudo y fascinado, con una idea en mente, ayudó a Lena a bajar las piernas de los soportes.

―Necesito una prueba más ―indicó agarrando a la muchacha para levantarla de la camilla.

―Sí, doctor, las que deba hacer ―susurró ella con la voz tan suave y afrodisiaca que puso una sonrisa en la cara masculina, una sonrisa libidinosa que no adjuraba nada bueno para el cuerpo curvilíneo que se enfrentaba, por primera vez en días, a la satisfacción pura, con sus pechos más livianos y después de dos orgasmos, solo necesitaba sentir algo llenándola para aliviarse por completo, y justo eso es lo que pensó darle Moran.

La agarró antes de que cayera y la llevó contra su cuerpo viril. Lena lo miró con los párpados entornados y sin decir nada, lo besó, lo besó con sutileza, con inocencia, moviendo sus mullidos labios en un gesto que se le hizo dulce a Moran, pero él no quiso aquella muestra más parecida al amor que al deseo salvaje que lo consumía por dentro, por ello cambió el rumbo que llevaba aquel mimo y lo convirtió en un beso animal, en un beso voraz en el que devoró los labios de Lena, en el que metió su lengua en su boca y blandió una lucha de lo más sensual que le permitió probarse a la paciente y degustar la mezcla de sus esencias en la boca del doctor.

Los brazos de Lena se fueron a la nuca de Moran y arañó su cuello. Pegó su vientre a la erección y se frotó enardeciéndolo.

Un gruñido lobuno lo hizo separarse, agarrar el cuello femenino y delicado y con un movimiento brusco, la giró y le hizo apoyarse contra la camilla, con la mejilla en la mancha húmeda que dejó sus orgasmos.

Gimió al oler su aroma afrutado, al sentir su piel mojarse con su esencia.

El gesto, lejos de intimidarla, la puso más a tono, recobrando el deseo con más fervor.

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