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Tormento público

ผู้เขียน: Moon
last update วันที่เผยแพร่: 2026-09-03 18:54:44

Lila despertó con un jadeo, el cuerpo todavía zumbándole por el pecado vergonzoso que había cometido en la cocina la noche anterior. La luz del sol se filtraba por las cortinas, pero el vibrador rosa escondido bajo la almohada parecía quemarle un agujero en los pensamientos.

El móvil vibró en la mesita. Un mensaje de Damien.

Damien: Tarjeta de invitación adjunta. Enséñasela al conductor esta noche. No olvides nuestro trato, hermanita. Ponte el regalo si eres lo bastante valiente para desear lo que te voy a hacer.

Adjunto iba una invitación digital para la Gala Benéfica anual Harrington, uno de los eventos más prestigiosos del año, donde la élite de la ciudad se reunía para recaudar dinero para hospitales infantiles mientras presumía de riqueza y contactos. La lista de invitados estaba llena de multimillonarios, políticos y familias de dinero antiguo. El estómago de Lila se retorció. Esto no era un evento cualquiera. Era público. De alto perfil. Peligroso.

Debería tirar el vibrador ahora mismo. En cambio, después de una ducha larga y en conflicto en la que el agua caliente no alivió en nada el dolor entre los muslos, se encontró de pie frente al espejo. El vestido amarillo de verano de ayer ahora se sentía demasiado revelador. Las tetas llenas le tensaban la tela, los pezones ya endurecidos. Con las manos temblando y mil justificaciones susurrándole en la mente, cogió el juguete rosa.

Solo una última vez, se dijo, las mejillas ardiéndole de vergüenza. Un último momento de placer y después acabo con esta locura y saco estos pensamientos sucios de la cabeza para siempre.

Se deslizó el vibrador curvado dentro del coño apretado y virgen con un gemido suave. Encajaba justo, presionándole puntos sensibles que apenas empezaba a entender. La sensación de estar llena le aflojó las rodillas. Se colgó el bolso pequeño al costado y bajó.

Su mejor amigo, Jake, ya estaba sentado en el salón, impecable con un traje a medida.

—¡Lila! —Se levantó con una sonrisa brillante y la atrajo a un abrazo apretado antes de que ella pudiera reaccionar. Las manos le duraron un segundo de más en la cintura curvy. Ella se apartó rápido, el corazón desbocado por razones completamente distintas.

—¿Jake? ¿Qué haces aquí?

Él sonrió con cara de culpa.

—¿No viste mi mensaje anoche? Sé lo de la Gala Benéfica. Quiero ser tu acompañante. Mi ex va a estar ahí con su nuevo tipo. Si me ve contigo… a lo mejor se pone celosa y vuelve.

Lila lo miró incrédula.

—Eso es patético, Jake. No voy a ser tu peón en un juego estúpido.

Él insistió, sacando el encanto que normalmente le funcionaba.

—Vamos, Lila. Anoche no me respondiste y tuve que inventarme este plan. Tú no te duermes temprano, ¿qué te tuvo despierta hasta tan tarde?

La mente le saltó al instante a la encimera de la cocina. Sus dedos frotándole con desesperación el coño empapado mientras gemía el nombre de Damien al correrse. El calor le inundó la cara.

—Yo… estaba estudiando —murmuró, evitando su mirada.

El conductor llegó poco después. En todo el trayecto hasta el recinto, el corazón de Lila latía a mil. El vibrador se le movía con cada bache, mandándole chispas por el centro. No dejaba de imaginar los ojos grises de Damien sobre ella, sus promesas sucias, su mano en el mando.

¿Y si lo enciende delante de todos? ¿Estoy loca? Debería quitármelo ahora mismo. Pero no lo hizo.

El recinto de la gala era impresionante: una finca de jardín de lujo llena de lámparas de cristal, flores frescas y las familias más ricas de la ciudad. Jake le rodeó la cintura con el brazo al entrar y se sentaron cerca del frente. Los ojos de Lila barrearon la multitud desesperados hasta clavarse en los de Damien.

Él estaba al fondo, devastadoramente atractivo con un traje negro que le ceñía los hombros anchos y el cuerpo poderoso. Esos ojos grises penetrantes se le clavaron con una intensidad oscura. Se llevó una copa de champán a los labios y lamió el borde despacio, de una forma que le mandó una descarga de calor directo al clítoris. Lila apretó los muslos y se mordió el labio.

Durante toda la gala intentó concentrarse en los votos. Imposible. Cada vez que miraba atrás, Damien la estaba mirando. Posesivo. Hambriento. Como si ya la tuviera.

Jake se dio cuenta.

—¿Por qué coño te mira tu hermanastro así?

Lila se encogió de hombros, intentando restarle importancia.

—No lo sé.

Los celos le cruzaron los ojos a Jake. Antes de que ella pudiera detenerlo, le sostuvo la cara y la besó con fuerza, sin aviso, allí mismo en medio de la gala.

Lila se quedó helada. Era su primer beso aparte del de Damien, y se sentía completamente mal. Falta de respeto. Cuando Jake se apartó con una sonrisa engreída, la voz del presentador retumbó por los altavoces.

—¡Miren a estos dos tortolitos! ¿Quizá una pareja hecha en el cielo?

La gente aplaudió y se rió. La rabia le explotó a Lila por dentro. Le dio a Jake una bofetada fuerte en la cara; el sonido resonó nítido.

—¿Qué coño te pasa? —siseó, con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Me besaste sin mi consentimiento!

Salió disparada del asiento y corrió fuera del recinto, ignorando a Jake llamándola. Le dolían los pies de correr con los tacones. No le importó. Solo quería irse a casa.

No había taxis a la vista. Desesperada, sacó el móvil y llamó a Damien. Él contestó al segundo tono, la voz baja y divertida.

—¿Ya me extrañas, hermanita?

—Por favor… ven a llevarme a casa —suplicó, con la voz temblando—. No puedo quedarme aquí.

Damien se rió con oscuridad.

—¿Olvidaste nuestro trato, nena? ¿Llevas mi regalito dentro de ese coño virgen y apretado ahora mismo?

A Lila se le trabó la respiración.

—Puedo… puedo quitármelo. Ya no me interesan tus juegos enfermos.

—Oh, pero yo creo que sí —ronroneó, la voz cayendo a ese registro sucio que la dejaba débil—. Vi cómo le diste la bofetada a tu noviecito. Joder, eso estuvo de puta madre. Se me palpitó la polla viendo a mi hermanastra inocente sacar por fin un poco de fuego. Estoy en la sala VIP de arriba. Sube a verme.

—No voy a subir —dijo ella, terca, plantándose aunque la lluvia empezaba a caer lloviznando y la tela fina se le pegaba a las tetas pesadas y a las curvas—. Baja tú.

—Dame un segundo.

Lila esperó, temblando. Entonces la golpeó. Una vibración súbita y potente le estalló en lo hondo del coño. El juguete cobró vida en un nivel bajo, presionándole sin tregua el punto G y el clítoris.

—¡Ah! —jadeó, las rodillas fallándole. Se apoyó en una columna, apretando los muslos—. Damien… ¡apágalo!

La risa oscura le llegó por el teléfono.

—Sabía que te lo pondrías, niña sucia. Qué hermanastra tan buena y tan ganas, andando con un vibrador enterrado en el coño de virgen en una jodida boda. Sube a la azotea y toma lo que has estado deseando.

—¡Apágalo! —gimió ella, cambiando de pie en pie mientras las vibraciones se intensificaban. Un hombre cercano le lanzó una mirada sospechosa. Atragantó un gemido y se mordió el labio con fuerza.

—Cuanto más tardes, más lo subo —advirtió Damien, la voz espesa de lujuria—. No veo el momento de verte deshacerte en público por mí, nena. Ese coño apretado apretándose alrededor de mi juguete mientras los demás creen que solo eres una chica dulce e inocente. Pero los dos sabemos que ahora eres mi hermanastra sucia.

Las piernas de Lila temblaron con violencia. El placer subía rápido a pesar de la lluvia y la humillación. Intentó volver adentro a buscar privacidad, pero las vibraciones aumentaron otra vez y la hicieron tropezar.

—Damien… por favor… —gimió bajito, las lágrimas mezclándose con la lluvia en las mejillas.

—Sube a la azotea, Lila. O lo dejo así hasta que te corras ahí mismo, delante de todos.

Con eso, colgó. El vibrador le zumbaba sin piedad dentro, ahora más fuerte, empujándola cada vez más al borde mientras ella estaba sola bajo la lluvia torrencial, el vestido empapado pegándole a cada curva, los ojos buscando desesperados el camino a la azotea.

Estaba atrapada. Y una parte de ella… la más oscura, la más secreta… no quería que parara.

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