LOGINEn un café cercano, Aurora miraba fijamente su bebida, con los ojos todavía muy abiertos.Beatriz removía su café, mirando a la nada, con la mirada también vidriosa. Aquel recuerdo de la playa nudista era algo que querían olvidar, pero estaba difícil.— Y ahora, ¿cómo voy a encontrar a alguien para sustituir al actor si sigo acordándome de aquel viejo desnudo?Beatriz respiró hondo y dijo:— Jefa, ¿será que no se puede hacer con un montaje? Creo que esta vez me he traumatizado de verdad.Aurora miró a Beatriz entornando los ojos y le dio un empujón, diciendo:— ¡Ni se te ocurra intentar llevarme a la iglesia otra vez! La última vez que dijiste que te habías traumatizado, al día siguiente ya habías olvidado el trauma y te pasaste todo el tiempo hablando de abdominales.— Aquella vez fue diferente… Esta vez fue mucho peor.— Ah, ¿fue diferente, eh? Justo te iba a preguntar eso mismo: ¿qué te hizo aquel ángel para que quedaras tan traumatizada?A Beatriz se le pusieron las mejillas rojas
Santorini era especialmente maravillosa en verano. Aurora miró la vista desde el balcón, respirando hondo. Una brisa fresca del mar golpeó su cabello, trayendo aquella sensación que necesitaba: la sensación de que todo marchaba por el rumbo correcto, tranquilo como las aguas mansas del Mediterráneo.Brazos cálidos rodearon su cintura por la espalda, y el perfume de verbena y limón inundó sus sentidos. Extrañamente allí, con él, todo parecía haberse resuelto ya, aunque, en su mente, existieran muchos cabos sueltos por atar.Felipe la hizo girar, poniéndola frente a él, y depositó un beso ligero en su frente. Ella observó los ojos de él. Se le veía más ligero, al igual que ella, a diferencia de la mirada que veía en su rostro cuando no se estaban entendiendo —aquella mirada más pesada, angustiada, cargada de cierta culpa o arrepentimiento—. Pero ahora parecía que todas aquellas nubes negras se habían disipado; se parecía más al joven que ella conoció en el pasado.Ella le rodeó el cuell
A luz del sol invadía la habitación mientras Aurora se colocaba la mano cubriéndose los ojos. La impresión que tuvo fue que acababa de cerrar los ojos y, de repente, ya era de mañana.Se levantó poniéndose la mano en la espalda, sintiendo una molestia dolorosa, y esa molestia le decía que realmente se había dormido hacía pocas horas.Se estiró y se frotó los ojos mirando a su alrededor. La habitación estaba vacía como los otros días, pero los músculos de las piernas doloridos le mostraban que no, que aquella no había sido una mañana cualquiera.Se puso una bata y salió del habitación. Fue caminando por el apartamento, mirando las estancias, hasta que un ruido en la cocina le llamó la atención.Se quedó observando en el quicio de la puerta a aquel hombre alto, sin camisa, usando su delantal rosa y picando verduras con sus gafas de montura dorada, concentrado en la tarea como si estuviera desarrollando un gran proyecto de programación.Dio pasos cuidadosos descalza y se acercó lentament
Felipe sonrió, sin negar ni confirmar.— ¿Por qué te ríes? ¡Le puse una calificación baja al SPA por tu culpa y todavía escribí un texto enorme sobre el servicio de final feliz, y ahora todos los que lo leen deben estar riéndose de mi cara!Ella le dio un puñetazo en el pecho y él le tocó la nariz, diciendo:— Entonces creo que es mejor que borres la reseña. Pero no es tarde para… — tragó saliva — para hacerlo bien.— ¡Tú ni siquiera sabes hacer masajes! La mano estaba dura, no sabía apretar y, cuando me apretó, casi me lastimó y hasta me hizo sonar la espalda. ¿Cómo puedo confiar?Él miró el rostro de ella quejándose y sonrió.Tras eso, entrelazó sus dedos con los de ella, inmovilizando sus manos, y la besó apasionadamente.Aurora sintió que toda la rabia desaparecía, que su cuerpo se calentaba y se retorcía por dentro. Los labios de él moviéndose sobre los suyos le quitaban el aliento y cualquier rastro de indignación.Él la soltó, con los ojos ardiendo mientras miraba su rostro. Su
Aurora corrió por el camino de madera del muelle, a orillas del mar. Ahora, aquella brisa suave de cuando llegaron se había transformado en un viento frío que azotaba sus cabellos, deshaciendo su peinado. Ella solo quería alejarse lo más lejos posible de aquel lugar; el dolor en su corazón pulsaba a cada paso. Pasó seis años creyendo que todo lo que vivieron solo le importaba a ella misma. Seis años escondiendo aquel dolor que la atormentava cuando nadie estaba mirando. Seis años creyendo en una mentira que alguien implantó entre ellos, jurando estar haciendo el bien. Todos pensaron en Felipe, ¿pero y ella? ¿Acaso sus sentimientos no valían nada? De repente, sintió su brazo ser jalado de un sacudón y su rostro chocó contra un pecho duro. Sintió aquel perfume que tanto amaba, pero no podía admitir por causa de los rencores del pasado. Felipe la abrazó tan fuerte que se sintió aplastada en sus brazos, escuchando su corazón martillear en su oído. Las lágrimas mojaban la camisa de él m
Ellos fueron a la mesa, la fiesta continuó y Aurora se fue frustrando cada vez más. Había chicas cerca, sí, pero no vio a nadie dirigir ninguna mirada sospechosa hacia Felipe.Estaba tan atenta que Felipe tuvo que llamarla varias veces para que comiera.La fiesta avanzó y la pista de baile comenzó a desordenarse; un chico borracho empezó a hacer un baile loco y terminó cayendo sentado al suelo.Poco después, llegaron dos de ellos, se sentaron en la misma mesa y comenzaron a discutir una teoría loca:— ¡Te digo que no, viejo! Esa historia del gato nunca habría funcionado. El gato habría abierto un agujero en la caja incluso antes de morir.— ¡Por eso se llama teoría! ¡Teoría!— Yo tengo gatos y sé lo que digo. Schrödinger debía estar borracho cuando pensó en eso, o nunca tuvo gatos...Felipe se movió incómodo y Aurora lo observó. Se veía fuera de lugar; ¿sería por la vergüenza que sus amigos estaban pasando o porque realmente estaba ocultando algo?Ella ahora comenzó a dudar de su prop







