LOGINPerspectiva de AlessiaSeis años después.El sol de la Toscana tiene una densidad distinta al de nuestra Isola di Serecchia. Aquí, en las colinas de Florencia, la luz se derrama sobre los viñedos como oro líquido, pintando las pendientes de un verde oliva y un ocre que parece sacado de una pintura renacentista. Nos había tomado tiempo, negociaciones y muchas discusiones en la mesa familiar, pero finalmente el imperio Russo-Miller había cruzado el Atlántico para establecer su base europea definitiva. Ya no éramos los estudiantes de intercambio que se escondían en un apartamento del Distrito V en París; éramos los directores de una de las firmas vinícolas más respetadas del continente.Estaba de pie en el porche de nuestra casa de piedra, sosteniendo una taza de café humeante mientras contemplaba la extensión de las tierras. A mis veintiocho años, la rigidez mandona que heredé de mi madre se había suavizado, transformándose en la seguridad de una mujer que sabe exactamente cuánto costó
Lucas acunó mi rostro con sus manos grandes, esas mismas manos que me habían sostenido en la ducha helada de París y que habían derribado a Max en el sótano. Se inclinó y me besó.No fue un beso de cortesía. Fue el beso de dos personas que habían estado conteniéndose durante toda la noche, un choque de labios hambriento, desesperado y dolorosamente consciente. Su lengua buscó la mía con una urgencia que me hizo soltar un jadeo ahogado que se perdió en su boca. Mis manos se enredaron en su cabello castaño, tirando de él, pegando mi cuerpo al suyo hasta que no quedó un solo milímetro de aire entre los dos. El sabor a vino tinto y a la promesa del futuro nos envolvió por completo.A lo lejos, en el patio, la voz de Dominic empezó a resonar a través de los altavoces de la casa, iniciando la cuenta regresiva oficial.—¡DIEZ! ¡NUEVE! ¡OCHO! —el grito unísono de la familia llegó como un eco distante.Lucas profundizó el beso, su mano bajando por mi espalda para apretarme contra su cadera, re
Perspectiva de AlessiaTres meses. Ese fue el tiempo exacto que logramos mantener a flote nuestro secreto en Isola di Serecchia. Ochenta y cuatro días de miradas cruzadas sobre los viñedos, de roces eléctricos en los pasillos de la bodega y de huidas clandestinas a la playa de Tucacas bajo la excusa de que necesitábamos "aire fresco de la costa". París había sido el escenario de nuestra caída, pero el viñedo familiar se había convertido en el laberinto donde Lucas y yo perfeccionamos el arte del espionaje doméstico.El regreso de Francia no había sido fácil. Marco había tardado un mes completo en recuperar su movilidad total, asistido por una Samantha que no se despegaba de su lado (y que usaba la fisioterapia como excusa para seguir metiéndose en problemas con él). Mis padres, tras el terremoto de París, habían sellado su pacto de amor con una renovación de votos silenciosa en la capilla del pueblo, una ceremonia donde mi padre no dejó de mirar a Cloe como si el mundo entero se fuera
Perspectiva de AlessiaParís, por fin, volvía a oler a cruasanes, a café recién hecho y a esa lluvia mansa que ya no arrastraba fantasmas del pasado. La tormenta gótica que nos había envuelto durante semanas se había disipado, dejando tras de sí un cielo de un azul pálido que parecía darnos una tregua definitiva. El laberinto de piedra y sombras en el que Max había intentado enterrar nuestra cordura se había convertido en un mal recuerdo, un expediente cerrado con el sello de la gendarmería francesa.Maximiliano —el falso heredero, el hijo de la envidia y del resentimiento— dormía ahora tras los muros de concreto de una prisión de alta seguridad en las afueras de la ciudad, es
Perspectiva de AlessiaEl sótano se había convertido en una cámara de ejecuciones psicológicas, un lugar donde cada palabra golpeaba con la fuerza de un proyectil y cada verdad destrozaba un pedazo de mi existencia. Me quedé inmóvil en la silla, con las muñecas ensangrentadas por el roce de las bridas y las lágrimas secándose sobre mis mejillas. La revelación de mi propio origen —el idilio prohibido en aquel bar italiano, el romance clandestino de mis padres a espaldas de un hombre implacable— seguía dando vueltas en mi cabeza. Pero mi madre, con el labio partido y la pierna derecha empapada en sangre, no había terminado. Tenía una última carta que jugar, un secreto tan pesado que ni siquiera mi padre, Dominic, cono
Perspectiva de AlessiaEl olor a pólvora quemada flotaba en el aire estancado del sótano como una neblina tóxica. Mis oídos aún pitaban por el disparo que Max había lanzado al techo, pero el verdadero terror no radicaba en el ruido, sino en la absoluta frialdad con la que él me miraba. Max disfrutaba de mi pánico. Disfrutaba ver cómo la primogénita de los Russo, la chica que se creía dueña del mundo en la universidad, estaba ahora reducida a un manojo de nervios y lágrimas, atada a una silla de metal.—¿No vas a hablar, Cloe? —preguntó Max, girándose lentamente hacia mi madre. El cañón de su arma descendió, dejando de apuntar a su cabeza para bajar







