Masuk—Elena está viva, pero el procedimiento no terminó como esperábamos. Gabriel cree que perdió todos sus recuerdos y que la transferencia fue un fracaso. No sabe que conservamos una parte de ellos fuera del sistema. Silvia todavía no recuerda lo que ocurrió en la segunda sala, y necesito que siga así hasta que pueda comprenderlo.Siento que Elena me aprieta la mano.La grabación continúa.—Durante la primera transferencia, el sistema utilizó recuerdos de ambas niñas para completar los vacíos de Elena. Eso provocó una reacción inesperada. Algunas memorias de Silvia aparecieron en el archivo de Elena, y ciertos recuerdos de Elena empezaron a manifestarse en Silvia. Gabriel interpretó el fenómeno como una oportunidad para reconstruir a su hija. Yo entendí que, si continuábamos, ninguna de las dos podría distinguir con claridad qué experiencias le pertenecían.Me quedo inmóvil. De pronto, muchas de las imágenes que recuperé durante las últimas semanas adquieren un significado diferente. Alg
La voz de mi madre sigue resonando en los altavoces cuando el archivo termina, y durante varios segundos soy incapaz de apartar la mirada de la pantalla. Acabo de abrazar a Elena después de pasar años creyendo que estaba muerta, descubrí que Adrián participó en el procedimiento que la hizo desaparecer y ahora tengo que enfrentarme a una grabación en la que mi propia madre me pide que impida que mi hermana recupere sus recuerdos. Cada nueva respuesta parece venir acompañada de una traición más personal que la anterior.—Reproducilo otra vez —le pido a Elena.Ella no se mueve de inmediato. Mira el mensaje que anuncia el reinicio de Fase Cero y después me observa con una cautela que me resulta difícil soportar.—¿Estás segura?—Quiero escucharla de nuevo. Necesito saber si dijo exactamente eso.Elena vuelve a ejecutar el archivo. La voz de mi madre llena la habitación, repite las mismas palabras y termina con aquella petición que me hace sentir que todavía soy una nena a la que los adult
Durante unos segundos, lo único que consigo mirar es la cara de Adrián. La mujer que acaba de entrar al pabellón asegura ser Elena, mi hermana, la nena a la que recuerdo abrazando en una habitación blanca, y acaba de decir que él sabe algo sobre su muerte que nunca se atrevió a contarme. Adrián no intenta defenderse ni pregunta quién es ella. Se queda inmóvil frente a la puerta, con los ojos fijos en Elena y una expresión que jamás le había visto, una mezcla de horror y reconocimiento que me hace comprender que sus palabras han tocado un recuerdo verdadero.—Adrián —digo, procurando mantener la voz firme—. ¿Qué pasó esa noche?Él me mira por fin, pero tarda en responder. Sus dedos se cierran alrededor de los míos y noto que tiene la mano helada. Hace apenas unos minutos me había prometido que no volvería a ocultarme nada, que aunque la verdad pudiera destruir lo poco que todavía nos quedaba, prefería enfrentarla conmigo. Ahora tiene la oportunidad de cumplir esa promesa y parece que c
Durante varios segundos, nadie se atreve a hablar. La fotografía de mi madre permanece en la pantalla, acompañada por un nombre que no debería existir y una hora de registro que demuestra que alguien utilizó el sistema después de que Gabriel cancelara la transferencia. Sigo abrazada a Adrián, intentando ordenar las preguntas que se agolpan en mi cabeza, pero hay una que se impone sobre todas las demás: si Elena murió cuando tenía seis años, ¿por qué el sistema acaba de reconocerla como la operadora principal?—Eso es imposible —murmura mi padre.Gabriel se acerca al monitor y revisa los datos. Su rostro ha perdido el color, y cuando intenta acceder al registro, la pantalla le exige una autorización que ya no reconoce.—Elena no tenía acceso a esta sección —dice—. Nadie podía modificar estos archivos sin mi contraseña.—Acabás de cancelar el procedimiento —le recuerda Mateo—. El sistema debería estar desconectado.—La transferencia se detuvo, pero el respaldo siguió activo. Alguien lo
La voz de mi madre vuelve a sonar por los altavoces, repitiendo el anuncio de la recuperación de la memoria original, y por primera vez desde que entramos en la clínica veo a Gabriel perder la seguridad que lo acompañó durante todos estos años. Se queda frente al panel, mirando los indicadores rojos, con una mano apoyada en el borde de la mesa. Mateo corre hacia los controles, pero una descarga lo obliga a apartarse antes de que pueda desconectar el sistema.—¡Apagalo! —le grita Gabriel.—¡Vos lo activaste! —responde Mateo, sujetándose la muñeca—. ¡Yo te dije que no iba a funcionar!—La secuencia estaba incompleta. Alguien modificó el archivo original.Mi padre empieza a forcejear con las ataduras, desesperado por liberarse, y yo me acerco para ayudarlo. Adrián me acompaña, aunque no deja de observar a Gabriel, que ahora introduce códigos a toda velocidad en la consola.—¿Qué está pasando? —pregunto mientras intento desatar las manos de mi padre.—La máquina está buscando una memoria
La frase de mi hermano se queda suspendida entre nosotros, y durante unos segundos soy incapaz de comprenderla. Lo tengo delante, vivo, con los ojos abiertos y la mirada fija en mí, pero hay algo que no encaja. El hombre que me ayudó a buscar a nuestro padre está conectado a una máquina, mientras que el que tengo enfrente asegura que no debo confiar en Adrián.Mi primera reacción es buscar una explicación que no implique aceptar ninguna de las dos posibilidades.—¿Qué acabás de decir? —pregunto.Mi hermano intenta incorporarse, pero los cables sujetos a su pecho se tensan y lo obligan a recostarse de nuevo. Una alarma empieza a sonar en uno de los monitores. Gabriel se acerca para revisar los indicadores, aunque mi hermano lo aparta con un movimiento brusco del brazo.—No lo dejes acercarse a vos —insiste—. Él sabe lo que te hizo.Adrián me toma de la mano y se coloca a mi lado. Su expresión ha cambiado, pero no intenta interrumpir la conversación ni responder por mí. Espera a que sea







