INICIAR SESIÓN—¡Estás loca, Sexiola!
El grito que resonó en su propia mente la devolvió a la realidad. Parpadeó, observando el techo lujoso y desconocido de aquella habitación. Se sentía destrozada, pero extrañamente ligera. Giró la cabeza hacia un lado. Ropa interior, un vestido rasgado y una camisa de hombre yacían esparcidos sobre la alfombra. Los recuerdos de la noche anterior la golpearon con fuerza. La rabia consumió su raciocinio. Sin dudarlo, se abalanzó sobre aquel desconocido, rodeó su cintura firme con las piernas y lo besó con desbocado frenesí. Él la recibió sin clemencia, arrastrándola hasta el último rincón de su conciencia en un incendio de pasión. Sexiola apartó las sábanas. Su piel, antes inmaculada, estaba cubierta de marcas rojas. Dios mío… He hecho el amor con un desconocido. «Cásate conmigo, y entonces haremos el amor con toda la locura que quieras esta noche.» Ningún hombre en su sano juicio le pide matrimonio a una desconocida en una isla privada tras conocerla apenas. Aquel hombre debía ser un criminal. Un mafioso. O quizá un asesino despiadado que planeaba retenerla encerrada en esta isla para siempre. El sonido del agua fluyendo desde el baño la llenó de pánico. Sexiola recogió su vestido y se lo puso de cualquier manera. Tomó también la camisa del hombre para cubrir las roturas de su vestido, y luego se calzó sus lentes, ahora dañados. —Mi madre me mataría si supiera esto —susurró temblando—. Perdóname, mamá. Giró el pomo de la puerta, se escabulló al exterior y corrió a toda prisa por el pasillo hasta regresar a su habitación. —Ojalá no volvamos a vernos —murmuró, como si fuera una plegaria. —¿Ver a quién? La voz de Bianca detuvo los pasos de Sexiola justo cuando su mano tocaba el pomo de la puerta del alojamiento. Sexiola la ignoró y siguió su camino. —¿Acaso no sabes que Axelion durmió conmigo anoche? Típico de Bianca; no pensaba dejarla irse tranquila. Sexiola cerró los ojos un instante. Solo unos minutos antes había logrado convencerse de mantener la calma. Y ahora, la mujer a la que su novio había besado la noche anterior aparecía frente a ella, como si quisiera destrozar lo poco que quedaba de su orgullo. Se dio media vuelta lentamente. Bianca permanecía a unos pasos de distancia, con una sonrisa triunfal. Su ajustado vestido negro dejaba ver unas tenues marcas rojas en su cuello. —Qué lástima —dijo Bianca acercándose y cruzando los brazos sobre el pecho—. Tú durmies sola, mientras que Axelion pasó la noche conmigo. Fue tan apasionado… Al escuchar esa palabra, el recuerdo de su propia noche de amor acudió a su mente sin ser llamada. Sexiola sacudió la cabeza de inmediato. Bianca sonrió con malicia. —Cariño, Sexiola… ¿Sabías que Axelion tiene un lunar en los glúteos? Ups, perdón. El corazón de Sexiola se sintió atravesado por un aguijón. No podía negar que los celos la consumían. Sin embargo, aquel dolor se transformó al instante en una frialdad glacial. De pronto, la imagen de Axelion junto a la columna de madera volvió a su mente: su tono de voz, su expresión… como si de verdad la detestara. ¡Estúpido! Sexiola sostuvo la mirada de Bianca con impasibilidad. —¿Y bien? ¿Necesitas que yo lo reconozca para sentir que has ganado? El semblante de Bianca se ensombreció. —¿No estás furiosa? —Siento lástima por ti —replicó Sexiola, acortando la distancia hasta quedar a un paso de ella—. Te enorgulleces tanto de haber seducido a un hombre que tiene novia. No sé qué es más vergonzoso: si haber sido su amante por una noche, o ser tan insignificante que te conformas con ser su mero desahogo. —¡Cómo te atreves! —Bianca alzó la mano para abofetearla. —¡Cariño! Una voz apresurada detuvo el movimiento de Bianca. Axelion corrió hacia ellas. Su rostro, por lo general apuesto, se veía ligeramente pálido, pero enseguida dibujó esa sonrisa dulce que solía usar para engañarla. —Cielos, ¿dónde te habías metido? —Axelion la abrazó por la espalda—. Fui a buscarte a tu habitación y no estabas. El cuerpo de Sexiola se tensó. Aquel abrazo, que antes le resultaba tan reconfortante, ahora le provocaba asco. Lentamente, se zafó de los brazos de él. Finges ser el novio atento solo para ganar tu apuesta. Veamos hasta dónde llega tu actuación, pensó Sexiola. —Estaba en mi habitación —respondió ella con una sonrisa suave, perfectamente fingida—. De hecho, fuiste tú quien no apareció en toda la noche. El pánico cruzó fugazmente los ojos de Axelion. Miró de reojo a Bianca. —Yo… bebí demasiado anoche, cariño. Entré por error a otra habitación. Seguro que lo entiendes, ¿verdad? —Por supuesto —asintió ella, como si le creyera—. Estoy aprendiendo a comprender muchas cosas. Incluyendo lo que Bianca acaba de decirme: que pasaste la noche con ella. El rostro de Axelion perdió todo el color al instante. —¡Cariño, te equivocas! ¡Puedo explicártelo! —No entres en pánico —lo interrumpió Sexiola con una calma inquietante—. Si ella fue capaz de acompañarte toda la noche, seguro que no le molestará acompañarte también a desayunar. Que disfruten su desayuno, Axelion. Sexiola se dio media vuelta para irse, satisfecha al ver el rostro desencajado de él y cómo su plan empezaba a desmoronarse. —¡Espera, cariño! —Axelion la sujetó con rudeza de la muñeca, perdiendo el control. En ese preciso instante, las puertas del ascensor privado al fondo del pasillo se abrieron. Salió de él un hombre alto y fornido, vestido con un impecable y lujoso traje. Su presencia era imponente y arrolladora. Sexiola se quedó petrificada. Aquel aroma… no podía equivocarse. Alzó la vista y sus miradas se cruzaron. Sexiola sintió que las rodillas le temblaban. Por todo lo sagrado, jamás había visto a un hombre tan imponente como aquel con quien había compartido su noche. La mirada afilada del hombre se clavó de inmediato en ella. —¿Intentas huir? Sexiola se quedó helada. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? —¡Tío Damien! ¡Usted también está aquí! —exclamó Axelion, y Sexiola sintió que la tierra se abría bajo sus pies. ¡¿Tío?!
—¿Todavía estás enojada conmigo?Damien depositó un beso suave y cálido sobre el dorso de los delicados dedos de Sexiola. En ese momento, ambos estaban sentados disfrutando de un almuerzo exclusivo en el lujoso despacho de Damien.—Esta mañana conseguiste que todas las mujeres de la oficina se murieran de envidia por mí. ¿Cómo podría seguir enojada contigo? —respondió Sexiola con una sonrisa radiante y encantadora.Damien soltó una risa suave y espontánea. Era muy fácil devolverle el buen humor a su esposa. Extendió los palillos, tomó un camarón rebozado y se lo llevó cuidadosamente a la boca.Damien disfrutaba de verdad cada segundo que pasaba con Sexiola. Alimentar a su esposa mientras contemplaba sus hermosos rasgos y la veía comer con tanto apetito le proporcionaba una satisfacción muy particular.—Jillian ni siquiera se atrevió a mirarme hoy —parloteó Sexiola con las mejillas abultadas por la comida.Damien apretó los labios, haciendo un gran esfuerzo por contener la risa al imag
—¡Vendré a recogerte más tarde para que almorcemos juntos!Aquellas palabras cálidas y firmes brotaron con naturalidad de los labios de Damien Vance mientras ambos permanecían justo frente a la entrada de la división de pasantes.Todos los empleados de la zona interrumpieron de pronto sus actividades y contemplaron con incredulidad la inusual escena que se desarrollaba ante sus ojos. Por primera vez en la historia de Vance Group, el personal presenciaba cómo el máximo ejecutivo de la empresa, famoso por su frialdad, dirigía una mirada cálida y profundamente adoradora hacia una mujer. La mayoría de las empleadas observaba a Sexiola con una envidia desmedida.—Que tengas un buen día de trabajo, Damie —respondió Sexiola, con un ligero rubor en sus mejillas.Aunque se sentía algo cohibida al saberse observada por tantas personas, en lo más profundo de su corazón disfrutaba cada segundo de aquellas miradas de admiración y envidia dirigidas hacia ella.—Tú también, señora Vance —respondió D
—¿Por qué sonríes así?—preguntó Damien, mirando de reojo a Sexiola, que estaba sentada en el asiento del copiloto.Esta vez, Sexiola no se negó a acompañar a Damien a la oficina. Por supuesto que no se negó, pues su condición de señora Vance ya se había anunciado públicamente.Sexiola levantó la mano que su esposo sujetaba con firmeza.—Me agarras como si fuera a escaparme.—No podrás escapar de mí —respondió Damien con seriedad.La sonrisa de Sexiola se ensanchó aún más. El automóvil se detuvo. Ella soltó la mano de su esposo, y Damien no hizo ningún comentario.Sexiola se sintió un poco decepcionada. Había pensado que Damien seguiría tomándola de la mano delante de los empleados. Después de una semana de vacaciones, aquel era su primer día de trabajo desde que todos habían reconocido oficialmente su matrimonio.—¡Damien!Aquella voz detuvo los pasos de ambos. Una mujer hermosa y sensual se acercó a ellos. Era la misma mujer que habían visto en el evento de aquella noche.La mujer a
—Esa mujer seguramente solo busca tu fortuna, Damien. ¿Por qué se te embotó así la cabeza? —Selena todavía no lograba aceptar el hecho de que Sexiola ya formaba parte de los Vance. —No soy un hombre pobre que vaya a arruinarse de golpe solo porque mi esposa disfrute de mi dinero —dijo Damien con calma. —Selena, ya basta. Vinimos a cenar, no a armar un escándalo —intervino su esposo. El hombre temía que, si molestaban demasiado a Damien, la ayuda de los Vance hacia el grupo Sterling pudiera verse suspendida. Selena fulminó a su esposo con la mirada. —¿Cómo esperas que me quede callada, dejando que esa mujer serpiente juegue con mi hijo y luego seduzca a mi cuñado? ¿Es que los hombres de esta casa se quedaron ciegos? —Ten cuidado con tus tonterías, Selena —la reprendió Damien con frialdad—. No me gusta escuchar cosas malas sobre mi esposa. —¡Al diablo con esa esposa tuya tan barata! —Selena se encendió todavía más. —¡Detengan de inmediato toda esta discusión absurda, antes de que
—¿Qué te dijo tu madre? —preguntó Damien en cuanto Sexiola volvió a reunirse con él.El rostro de Sexiola se veía apagado. Damien la atrajo de inmediato hacia su regazo.—Tu madre está enojada.Sexiola negó con la cabeza.—Mi madre jamás me regaña. Solo quería confirmar si era cierta la noticia que vio en la televisión. No tenía idea de que aquel evento se iba a transmitir en vivo.—¿Y entonces? —sin darse cuenta, Damien contuvo la respiración.—Solo pude pedirle disculpas y prometerle que le explicaré la situación en persona.—Entonces, ¿tu madre no está enojada? —confirmó Damien.Sexiola volvió a negar con la cabeza.—Tal vez solo está decepcionada porque le oculté algo tan grande. Me siento culpable e inútil.Damien abrazó con fuerza el cuerpo de su esposa.—Vamos a afrontarlo juntas... juntos.Sexiola asintió.—No quería decepcionarla, pero la realidad es que ya lo hice —dejó escapar un largo suspiro—. Ahora debe de estar muriéndose de la angustia. ¿Por qué hice esto? Quiero abraz
—Buenos días —Damien se inclinó y le dio un beso en la frente—. ¿Dormiste bien? —el hombre colocó el desayuno sobre la mesita de noche.—Me duele todo el cuerpo —se quejó la mujer con una expresión tan tierna que Damien no pudo evitar capturar de inmediato los labios de su esposa.—Eres demasiado encantadora, cariño —tomó la bandeja—. Primero desayuna, así tendrás fuerzas —dijo el hombre con un guiño travieso.—¡Damie! ¡Ni se te ocurra empezar otra vez! —los ojos de Sexiola se abrieron de par en par.Damien se rio.—No. No voy a hacer nada sin tu permiso.Las mejillas de Sexiola se encendieron de inmediato. Damien siempre era hábil en todo, incluyendo el soltar frases tranquilizadoras que lograban hacerla sentir valiosa.Lo miró y le resultó difícil no admirarlo. Entonces, de repente, recordó lo sucedido la noche anterior, lo relacionado con la exnovia de Damien.Tenía muchísimas ganas de preguntarle al respecto, pero, al ver la atención que Damien le dedicaba, no quiso arriesgarse a







