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Author: Shinee
last update publish date: 2026-07-31 19:32:55

—¿Tío? ¿Acaba de decir Axelion que ese hombre es su tío?

 

Los ojos de Sexiola se abrieron de par en par tras sus gruesos lentes. Giró de inmediato hacia el hombre que tenía al lado. ¿Ese hombre imponente que había compartido su cama la noche anterior era nada menos que el tío de Axelion?

 

Sexiola estuvo a punto de gritar. ¿Qué clase de broma era esa? Su novio la había convertido en una apuesta, y ella se había entregado precisamente a los brazos del tío de ese mismo hombre.

 

Cuando Damien se acercó, un denso aroma a sándalo y tabaco invadió sus sentidos: el mismo aroma que la había arrastrado al placer la noche anterior.

 

—¿Te marchas así nomás tras causar todo ese desorden con tus propias manos, niña traviesa? —Damien ni siquiera volvió la vista hacia su sobrino. Sus ojos permanecieron fijos en ella, afilados y profundos como la noche.

 

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Sexiola. Aquella mirada parecía desnudarla por completo.

 

—¿Se conocen? —Axelion los miraba alternativamente, completamente confundido.

 

—¡No! —respondió Sexiola de inmediato.

 

Damien arqueó una ceja. Sexiola comprendió que su respuesta no le había gustado. —Permíteme recordártelo, niña.

 

Sexiola se puso nerviosa. Aunque hervía en rabia por la conducta despreciable de Axelion, revelar lo suyo ante él no formaba parte de sus planes.

 

—Tío, ella es Sexiola, mi novia. Si ha causado algún problema o ha roto algo, yo me haré cargo de los daños —dijo Axelion con firmeza.

 

—¿Tu novia? —La voz de Damien sonó gélida. Luego su mirada volvió a posarse en ella, como exigiendo una explicación—. ¿Así que eres esa novia suya a la que él besó a otra mujer justo delante de sus ojos?

 

Sexiola bajó la mirada, maldiciendo su propia torpeza. ¿Por qué había tenido que desahogar su dolor precisamente con él? ¿Y por qué tenía que ser Damien quien la escuchara?

 

Solo de imaginar lo que había ocurrido entre ellos la noche anterior, sentía que se consumía de vergüenza. No podía quedarse allí, bajo aquella mirada que parecía arrancarle la piel.

 

—Con su permiso —dijo, decidida a huir.

 

De entre todos los hombres del mundo… ¿por qué precisamente el tío de su despreciable novio?

 

—¡Espera, cariño! —Axelion la sujetó de la mano—. ¿A dónde vas? Necesitamos hablar.

 

—Suéltame, Axel —intentó zafarse ella. Desde que conocía sus planes viles, cada caricia de aquel hombre le resultaba dolorosa.

 

—No antes de que hablemos.

 

—Te ha pedido que la sueltes —intervino entonces Damien, con su inconfundible voz de barítono.

 

Sexiola se quedó asombrada al ver cómo Axelion temblaba ante su propio tío.

 

Damien ignoró a su sobrino, que permanecía rígido como una estatua, y tomó a Sexiola de la muñeca. Su agarre era firme, no le causaba daño, pero exigía obediencia absoluta. La guio hacia el ascensor privado.

 

—¡Tío, espere! ¡Nosotros…! —Axelion intentó seguirlos, pero una sola mirada de Damien lo detuvo en seco.

 

Sexiola se atrevió a mirar hacia atrás un instante. Vio a Axelion allí de pie, inmóvil, con el rostro pálido y la frustración dibujada en él.

 

Dentro del ascensor, un silencio denso los envolvió por completo. Sexiola se apartó hacia una esquina.

 

Retiró su mano con suavidad, tratando de mantener la calma aunque su pecho se agitaba con violencia.

 

—Gracias por ayudarme delante de su sobrino.

 

—¿Así que no me conoces? —Una sonrisa peligrosa asomó en los labios de Damien.

 

Sexiola se pegó a la pared, conteniendo el aliento.

 

—¿Q-qué quiere decir? —Trató de fingir que no lo reconocía—. Es la verdad. No lo conozco.

 

Él acortó la distancia hasta arrinconarla en el rincón del ascensor. Apoyó un brazo en la pared, junto a su cabeza, envolviéndola por completo con su presencia y su aroma.

 

—¿No me conoces? —Dejó escapar una risa baja y grave. Sus dedos acariciaron con suavidad un mechón de cabello junto a su nuca, haciendo que la piel de ella se erizara—. Todavía recuerdo cómo tus manos se aferraban a mis hombros anoche.

 

El pecho de Sexiola subía y bajaba luchando contra aquel calor que la invadía.

 

—Basta.

 

—¿Debo recordarte cómo esas manos tuyas recorrían mi cuerpo? —susurró él, inclinándose hasta que su aliento cálido rozó los labios de ella—. Y tu voz… tan hermosa suplicando mi nombre.

 

—¡Basta! —Sexiola se cubrió el rostro de pura vergüenza. Aquel hombre era verdaderamente peligroso y descarado. Y ella ya no podía fingir más.

 

Damien esbozó una sonrisa torcida.

 

—Bien. Entonces no has olvidado lo que acordamos.

 

Sexiola bajó las manos.

 

—Sobre eso… creo que hay un malentendido que debemos aclarar.

 

Damien sonrió levemente, una sonrisa tan peligrosa como cautivadora.

 

—No hay malentendido. Hicimos el amor. Por lo tanto, serás mi esposa. —Apartó con delicadeza un mechón de cabello que cubría su rostro.

 

Sexiola contuvo el aliento, sintiendo que el corazón se le desbocaba. Aquel roce la estremecía tanto que se sorprendió de su propia reacción.

 

Las puertas del ascensor se abrieron en la planta principal. Sexiola soltó el aire sintiendo alivio.

 

Damien soltó una risa.

 

Maldición… hasta su risa es maravillosa, pensó ella.

 

Dos guardias de impecable uniforme los esperaban fuera e inclinaron la cabeza respetuosamente.

 

—Su automóvil está listo, señor Damien —dijo uno de ellos con formalidad.

 

Damien se irguió lentamente y ajustó su reloj sin dejar de mirarla, mientras ella permanecía inmóvil.

 

—Guárdate esos lentes tan… cursis —le susurró al oído, rozando apenas el marco de sus gafas—. Tus ojos y tu cuerpo, tan hermosos anoche, merecen ser vistos. Hasta pronto, mi futura esposa.

 

No. Sexiola no podía permitir que esto siguiera así. Corrió tras él hasta su automóvil.

 

—¡Señor Damien! Debemos hablar.

 

Damien le hizo una seña para que subiera.

 

—Sobre lo que dijimos anoche…

 

—Necesito una esposa para poner fin a la presión familiar de contraer matrimonio —la interrumpió él con voz profunda y sugerente—. Cásate conmigo por contrato. A cambio, obtendrás el estatus de tía de ese novio despreciable tuyo. Podrás pisotear su orgullo cuanto quieras, y yo me aseguraré de que se arrodille ante ti.

 

A Sexiola se le cortó la respiración. ¿Jugar con fuego, y precisamente con el tío de su ex novio?

 

La idea parecía insensata, prohibida… pero la chispa de venganza en su mirada brilló con más fuerza que nunca.

 

—¿Entonces… es solo un matrimonio por contrato?

 

—Sí —respondió él con brevedad.

 

Sexiola inclinó la cabeza y lo miró con una leve sonrisa irónica. La tensión que la oprimía el pecho se disipó, sustituida por una alerta creciente.

 

—¿Por quién me toma, señor Vance? —dijo ella con frialdad, acomodándose los lentes—. Acabo de escapar de las garras de su sobrino, que es una auténtica fiera. ¿Y ahora me pide que me lance a la boca del lobo, que es su propio tío?

 

Damien no apartó la mirada ni un instante. Un brillo de interés cruzó sus ojos oscuros. Cualquier otra mujer habría suplicado por estar en su lugar, pero aquella chica de gruesos lentes lo miraba con desafío y desconfianza.

 

—¿Retractas tu palabra? —Su voz grave resonó con calma en el espacio reducido del automóvil.

 

—Sí, la rechazo —respondió ella con firmeza, enderezando la postura y sosteniéndole la mirada—. No sacrificaré mi vida solo para vengarme de un hombre tan superficial como Axelion. Yo misma le daré su merecido a mi manera.

 

Sexiola abrió la puerta y descendió del vehículo con la barbilla en alto, dejando atrás a Damien, que permanecía recostado con elegancia en su asiento.

 

Damien esbozó una tenue sonrisa, una sonrisa peligrosa que rara vez aparecía en su rostro impasible.

 

—No te me escaparás —murmuró él en voz baja, observando cómo se alejaba.

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