INICIAR SESIÓN—Debí no haber venido desde el principio.
Sexiola estaba sentada en el salón. Cerró los ojos un instante, y de pronto una imagen vaga de aquella noche de pasión cruzó su mente. Los abrió de inmediato. —¡Cariño! Se sobresaltó al ver que Axelion ya estaba sentado a su lado. —¿Qué ocurrió en el ascensor? ¡¿Cómo es que conoces a mi tío Damien?! Sexiola posó su taza de té con lentitud. Lo miró con expresión impasible, saboreando el pánico que se reflejaba claramente en aquellos ojos azules. —Su tío solo me pidió que asumiera la responsabilidad —respondió ella con tranquilidad. En su interior, se preguntaba qué haría Axelion si supiera que su tío le había propuesto aquel trato descabellado. Axelion se inclinó hacia adelante con los ojos muy abiertos. —¿Responsabilidad de qué?! ¡Dímelo! ¡No habrás hecho nada imprudente con él, verdad! ¡Hablamos de Damien Vance! ¡Puede destruir a quien se le cruce por delante! Sexiola se recostó en el respaldo del asiento. —¿Por qué te preocupas tanto, Axel? ¿No decías que soy ingenua y aburrida? ¿Por qué entras en pánico si me acerco a tu tío? Axelion se quedó perplejo un instante. Aquella Sexiola, siempre dulce y sumisa, se sentía distinta. —¡No es eso! ¡Te quiero, cariño! Solo temo que ese hombre se aproveche de ti. ¡Damien Vance nunca ha tenido buenas intenciones con ninguna mujer! Sexiola contuvo una sonrisa irónica. El mismo hombre que la usaba como apuesta de cien mil dólares le hablaba de aprovechamiento. —Sé cuidarme sola, Axel —respondió ella con frialdad—. Será mejor que atiendas a Bianca. ¿No encaja ella mejor con tus gustos tan “salvajes”? —¡Sexiola! —Axelion apretó los dientes y la sujetó con rudeza por la muñeca, perdiendo la paciencia—. Ya basta, no seas infantil. Era solo un juego. Está bien, te pido disculpas. Como compensación, dedicaré este fin de semana solo a ti. Iremos a la casa de campo de mi familia. ¿Te alegras? Sus manos ardían en ganas de abofetearlo. Conocía demasiado bien sus maquinaciones. Sigue intentando ganar esa maldita apuesta, pensó. Sexiola se puso de pie. —Lleva a Bianca. No tengo el menor interés. —Parece que te he consentido demasiado —dijo él con tono venenoso—. ¿Por quién te crees? ¡No eres más que una chica vulgar a la que tuve la suerte de elegir como novia! Sexiola apretó los puños. La verdadera naturaleza de aquel hombre empezaba a revelarse. Sin decir palabra, se dio media vuelta y se marchó. Al atardecer, caminó hacia la piscina. Se detuvo al ver a Axelion sentado entre sus amigos, rodeado de botellas costosas. Bianca estaba recostada a su lado, con desparpajo. —¡Miren quién se dignó aparecer! —exclamó uno de los amigos señalándola. Estallaron risas burlonas al instante. —Déjame adivinar, Axel —dijo el de camiseta blanca desde el borde, haciendo girar unas llaves de lujoso automóvil—. Aún no lo has logrado, ¿verdad? Nuestra apuesta de cien mil dólares sigue en el aire. Bianca soltó una risita coqueta, avivando el ambiente. —¿Cómo iba a lograrlo? Mírenla, viste de lo más insípido. Seguro que a Axelion se le quitarán las ganas antes de tiempo. El de camiseta blanca se rió con más fuerza. —¡Entonces hagámoslo así! ¡Subo la apuesta a doscientos mil dólares si te atreves a seducirla aquí mismo y lanzarla a la piscina! ¡A ver qué tan “interesante” luce su cuerpo inocente empapado! Axelion se acercó a ella. Sexiola intentó apartarse, pero él fue más rápido. La atrajo contra su cuerpo. Sus amigos silbaron. —¡Suéltame, Axel! —luchó ella por zafarse. No pensaba darle a él ni a ninguno de ellos la satisfacción de verla rendida. —No me provoques, cariño —respondió él con voz helada. Antes de que pudiera apartarse, Axelion la besó con rudeza y le recorrió el cuerpo con manos brutales. ¡Basta! Se había pasado de la raya. Sexiola lo mordió en el labio hasta hacerlo sangrar. Él soltó un juramento. Con toda la furia acumulada en su pecho, ella lo empujó con fuerza, alzó la mano y le descargó una bofetada. Todos se quedaron mudos de asombro. —¡Maldito imbécil! —estalló ella. Axelion soltó una risa burlona. Se pasó la lengua por el labio herido y escupió. —Parece que mi mascota se ha vuelto salvaje. Necesitas que te dominen. Axelion la alzó en vilo y la arrojó al agua helada de la piscina. Sus gruesos lentes se desprendieron y se hundieron. Una carcajada estruendosa estalló en la orilla. Bianca aplaudía de júbilo. Sexiola emergió a la superficie, tosiendo y sintiendo arder la garganta y los ojos. Su vestido, fino y empapado, se le pegaba al cuerpo, revelando por primera vez su esbelta silueta, siempre oculta bajo ropa holgada. —¡Vaya! ¡Resulta que no está nada mal! —gritó uno de los amigos tomándole una foto con su teléfono—. ¡Qué cuerpo tiene cuando se empapa así! Axelion sonreía satisfecho, con los brazos cruzados, observando cómo ella luchaba por salir del agua, temblando y con los ojos encendidos en ira. —Jamás te perdonaré esto, Axel —lo miró ella con profundo odio. —Ay, cariño… Solo era un juego. No te lo tomes tan a pecho. El alboroto en torno a la piscina se extinguió de golpe, sumido en un silencio gélido. Damien había aparecido. Se acercó con paso firme hasta el borde. Aquellos ojos afilados la recorrieron fríamente: primero a ella, empapada en el agua, y luego se posaron en Axelion y sus amigos. —¡¿Tío Damien?! —exclamó Axelion, perdiendo el color de su rostro al instante. Los amigos que antes se burlaban se pusieron de pie rígidos, aterrorizados. Ninguno se atrevía siquiera a respirar fuerte. Damien se quitó su lujosa chaqueta negra. Sin vacilar, se arrodilló junto al borde y le tendió una mano firme. —Toma mi mano, pequeña —ordenó con voz grave y serena, cortando a través del caos. Sexiola, tiritando, lo miró a través de una visión borrosa. Con dedos temblorosos, tomó su mano. De un solo tirado firme, Damien la sacó del agua y la envolvió en su chaqueta, cubriendo su figura de las miradas de todos los presentes. Se puso de pie y la rodeó por los hombros con protección. Sus ojos, oscuros y helados, se clavaron por completo en Axelion y los demás. —Tu conducta es vergonzosa, Axel —dijo con severidad. Y guió a Sexiola lejos de allí. Damien se inclinó hacia ella y le apartó suavemente las pestañas empapadas con el pulgar. —¿Y bien, pequeña? —susurró junto a su oído—. ¿Sigues queriendo rechazar mi oferta de ver a este canalla arrodillado?—¡Vendré a recogerte más tarde para que almorcemos juntos!Aquellas palabras cálidas y firmes brotaron con naturalidad de los labios de Damien Vance mientras ambos permanecían justo frente a la entrada de la división de pasantes.Todos los empleados de la zona interrumpieron de pronto sus actividades y contemplaron con incredulidad la inusual escena que se desarrollaba ante sus ojos. Por primera vez en la historia de Vance Group, el personal presenciaba cómo el máximo ejecutivo de la empresa, famoso por su frialdad, dirigía una mirada cálida y profundamente adoradora hacia una mujer. La mayoría de las empleadas observaba a Sexiola con una envidia desmedida.—Que tengas un buen día de trabajo, Damie —respondió Sexiola, con un ligero rubor en sus mejillas.Aunque se sentía algo cohibida al saberse observada por tantas personas, en lo más profundo de su corazón disfrutaba cada segundo de aquellas miradas de admiración y envidia dirigidas hacia ella.—Tú también, señora Vance —respondió D
—¿Por qué sonríes así?—preguntó Damien, mirando de reojo a Sexiola, que estaba sentada en el asiento del copiloto.Esta vez, Sexiola no se negó a acompañar a Damien a la oficina. Por supuesto que no se negó, pues su condición de señora Vance ya se había anunciado públicamente.Sexiola levantó la mano que su esposo sujetaba con firmeza.—Me agarras como si fuera a escaparme.—No podrás escapar de mí —respondió Damien con seriedad.La sonrisa de Sexiola se ensanchó aún más. El automóvil se detuvo. Ella soltó la mano de su esposo, y Damien no hizo ningún comentario.Sexiola se sintió un poco decepcionada. Había pensado que Damien seguiría tomándola de la mano delante de los empleados. Después de una semana de vacaciones, aquel era su primer día de trabajo desde que todos habían reconocido oficialmente su matrimonio.—¡Damien!Aquella voz detuvo los pasos de ambos. Una mujer hermosa y sensual se acercó a ellos. Era la misma mujer que habían visto en el evento de aquella noche.La mujer a
—Esa mujer seguramente solo busca tu fortuna, Damien. ¿Por qué se te embotó así la cabeza? —Selena todavía no lograba aceptar el hecho de que Sexiola ya formaba parte de los Vance. —No soy un hombre pobre que vaya a arruinarse de golpe solo porque mi esposa disfrute de mi dinero —dijo Damien con calma. —Selena, ya basta. Vinimos a cenar, no a armar un escándalo —intervino su esposo. El hombre temía que, si molestaban demasiado a Damien, la ayuda de los Vance hacia el grupo Sterling pudiera verse suspendida. Selena fulminó a su esposo con la mirada. —¿Cómo esperas que me quede callada, dejando que esa mujer serpiente juegue con mi hijo y luego seduzca a mi cuñado? ¿Es que los hombres de esta casa se quedaron ciegos? —Ten cuidado con tus tonterías, Selena —la reprendió Damien con frialdad—. No me gusta escuchar cosas malas sobre mi esposa. —¡Al diablo con esa esposa tuya tan barata! —Selena se encendió todavía más. —¡Detengan de inmediato toda esta discusión absurda, antes de que
—¿Qué te dijo tu madre? —preguntó Damien en cuanto Sexiola volvió a reunirse con él.El rostro de Sexiola se veía apagado. Damien la atrajo de inmediato hacia su regazo.—Tu madre está enojada.Sexiola negó con la cabeza.—Mi madre jamás me regaña. Solo quería confirmar si era cierta la noticia que vio en la televisión. No tenía idea de que aquel evento se iba a transmitir en vivo.—¿Y entonces? —sin darse cuenta, Damien contuvo la respiración.—Solo pude pedirle disculpas y prometerle que le explicaré la situación en persona.—Entonces, ¿tu madre no está enojada? —confirmó Damien.Sexiola volvió a negar con la cabeza.—Tal vez solo está decepcionada porque le oculté algo tan grande. Me siento culpable e inútil.Damien abrazó con fuerza el cuerpo de su esposa.—Vamos a afrontarlo juntas... juntos.Sexiola asintió.—No quería decepcionarla, pero la realidad es que ya lo hice —dejó escapar un largo suspiro—. Ahora debe de estar muriéndose de la angustia. ¿Por qué hice esto? Quiero abraz
—Buenos días —Damien se inclinó y le dio un beso en la frente—. ¿Dormiste bien? —el hombre colocó el desayuno sobre la mesita de noche.—Me duele todo el cuerpo —se quejó la mujer con una expresión tan tierna que Damien no pudo evitar capturar de inmediato los labios de su esposa.—Eres demasiado encantadora, cariño —tomó la bandeja—. Primero desayuna, así tendrás fuerzas —dijo el hombre con un guiño travieso.—¡Damie! ¡Ni se te ocurra empezar otra vez! —los ojos de Sexiola se abrieron de par en par.Damien se rio.—No. No voy a hacer nada sin tu permiso.Las mejillas de Sexiola se encendieron de inmediato. Damien siempre era hábil en todo, incluyendo el soltar frases tranquilizadoras que lograban hacerla sentir valiosa.Lo miró y le resultó difícil no admirarlo. Entonces, de repente, recordó lo sucedido la noche anterior, lo relacionado con la exnovia de Damien.Tenía muchísimas ganas de preguntarle al respecto, pero, al ver la atención que Damien le dedicaba, no quiso arriesgarse a
El enorme reflector se desplazó de inmediato, iluminando por completo la figura de Damien Vance y Sexiola, que acababan de regresar al salón de baile. Damien la condujo hasta subir al escenario. Todo el bullicio de las conversaciones de los cientos de invitados de la élite empresarial se apagó al instante. El silencio se extendió por cada rincón de la sala. El abuelo Michael, sentado en la primera fila, se quedó paralizado, mientras Axelion, de pie con la cabeza gacha cerca de las escaleras del escenario, apretaba los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos.Damien tomó el micrófono del podio y dirigió una mirada oscura e intimidante hacia la multitud de invitados. El aura de dominio que irradiaba silenció a todo aquel que lo miraba.—Muy buenas noches a toda la junta directiva, colegas de negocios y distinguidos invitados de Vance Group —dijo Damien con una voz grave y firme que resonó con fuerza a través de los altavoces—. Esta noche, frente a todos ustedes y frente al s







