INICIAR SESIÓNSexiola regresó a su oficina. Sus pasos se detuvieron en seco al descubrir a varios técnicos del edificio ocupados desmontando y reemplazando su silla de trabajo. La silla que estaban instalando tenía un aspecto muy distinto al del resto de las sillas de los empleados: se veía mucho más lujosa, robusta y evidentemente costosa.—Por Dios, ¿ya habías presentado el reporte de daños a la división de infraestructura? —preguntó Sexiola en voz baja, junto a Freya.—Tenía planeado reportarlo —susurró Freya, acercando el rostro—. ¿Sabes qué? De repente Bianca me ordenó directamente que fuera a reportarlo a la división de instalaciones de la oficina. Qué raro que esa víbora de repente se preocupe tanto por la seguridad de tu trasero.Sexiola observó a Bianca desde la distancia con una mirada cargada de sospecha. Desde que Axelion la traicionara con tanta crueldad, le resultaba sumamente difícil volver a confiar en las buenas intenciones de aquellos dos.«¿Qué otra jugada sucia estarán tramando
Sexiola por supuesto no estaba dispuesta a creer que un hombre tan consentido como Axelion fuera capaz de hacer un sándwich por su cuenta. Su sospecha resultó certera. Los dedos de Sexiola despegaron, a propósito, la etiqueta de un restaurante de categoría que aún seguía pegada en la esquina de la caja.—Se te olvidó quitar la etiqueta de la tienda —Sexiola le mostró el rótulo.Axelion se rascó la nuca sin picazón alguna, riendo con torpeza. —Perdóname, cariño. Pero al menos valora mi esfuerzo. Sí compré de verdad tu té de jazmín favorito, ¿no?Sexiola miró de reojo la taza de té sobre la mesa. Esta vez Axelion sí había acertado con su bebida preferida. No sabía de dónde había sacado esa información, pero no tenía ganas de gastar energía en averiguarlo.—Como el sándwich de este restaurante es realmente delicioso, me lo voy a comer —Sexiola jaló la silla y se sentó con calma.Sexiola devoró el platillo por completo, y luego se limpió los labios con una servilleta. —Sí que estaba delic
—¡Suéltame, Axel! —chilló Sexiola, tratando de zafarse del firme agarre en su muñeca.Axelion ignoró por completo la advertencia, y en cambio apretó aún más los dedos. —Acompáñame un momento, no protestes tanto.El hombre siguió arrastrando a Sexiola por el pasillo principal hasta obligarla a entrar en el ascensor privado. Damien, que pasaba casualmente por la zona, alcanzó a sorprender aquel forcejeo justo por la rendija de la puerta a punto de cerrarse.—¿Necesita que intervenga y lo verifique personalmente, señor Vance? —preguntó Alex con presteza, susurrando a su lado.Damien se quedó completamente inmóvil, su expresión endureciéndose con frialdad. —No hace falta.Damien retomó su andar con calma. Apenas dio dos pasos, se detuvo de golpe.—Averigua exactamente a dónde se llevó a Sexiola —ordenó Damien con voz directa, sin darse la vuelta.Alex contuvo una leve sonrisa que estuvo a punto de asomar. —Entendido, señor.Unos minutos antes de que ocurriera el incidente en el pasillo, e
—¿Crees que voy a caer tan fácil ante tus ridículas y cursis zalamerías? —Sexiola soltó un resoplido áspero, apartando la mirada de los ojos de Damien, que la acechaban con insistencia. Con las manos tomó otro trozo de pollo frito y empezó a comerlo con apetito, sin cuidarse de etiqueta ni de elegancia alguna en la mesa; se veía natural, sin rastro de fingimiento.—Ni siquiera he hecho nada para que caigas en mis encantos —respondió Damien con calma, sorbiendo su sopa sin la menor preocupación.Esa voz firme y, a la vez, relajada hizo que Sexiola se atragantara violentamente. La comida pareció bloquearle la garganta y provocó una serie de hipidos incontrolables.Damien le acercó un vaso con agua tibia. —Bebe esto primero.Sexiola lo tomó dócilmente y bebió hasta terminarlo, sin apartar la vista del rostro de Damien. El hombre que tenía enfrente era, sin duda, un enigma difícil de descifrar; sin embargo, con esos pequeños gestos sencillos, siempre lograba despertar en su pecho una extr
—¿Por qué andas descalza? ¿Dónde están tus pantuflas? —preguntó Damien con su tono habitual, grave pero cálido, mientras su mirada se detuvo largo rato en esos pies pálidos, sin nada que los cubriera.Sexiola, que acababa de bajar del piso de arriba, respondió con indiferencia mientras se sentaba a la mesa.—No las vi arriba. ¿Llevas mucho en casa?—¿Has dormido profundamente esta tarde? —respondió él con tranquilidad, sin hacer caso a su pregunta.Sexiola soltó un largo suspiro, con una expresión de melancolía que no pasó desapercibida para Damien. Durante el resto de la jornada, la inquietud no la había abandonado. Las expectativas de todos en la oficina —una esposa elegante, hermosa, de piernas largas y esbeltas— resonaban sin cesar en su mente.Hasta se había comparado con ellas antes de dormir. De no ser por la beca y por la protección que necesitaba frente a las maquinaciones de Axelion, jamás habría aceptado casarse en secreto con él.En ese momento, una criada se acercó y dejó
—¡Señor Vance! —Jillian se acercó con una expresión fingida de súplica, haciéndose la víctima—. Dígame, señor. ¿Es malo que solo le pida a Sexiola que muestre los diseños que llamaron su atención? ¡Solo quería aprender de su trabajo!—¡Mentira! —la interrumpió Freya de inmediato—. ¡No fue así para nada! Ella dijo claramente que Sexiola se había insinuado...Las palabras de Freya se quedaron a medias. Miró a Sexiola a su lado; esta negó suavemente con la cabeza, pidiéndole con la mirada que no dijera nada delante de Damien y del gerente Johanson.Damien observaba la interacción entre las tres con atención.—¿Insinuado con quién? —preguntó con voz grave y pesada, cargada de advertencia.—¡No invente cosas! —gritó Jillian, alarmada—. ¡Yo nunca dije que Sexiola se insinuó con el señor Vance!Se calló de golpe, dándose cuenta del error fatal que acababa de cometer. Nadie había mencionado a nadie, y ella misma se había delatado ante todos.El gerente Johanson soltó un largo suspiro, mirándo







