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Capítulo 29

Autor: Ruth
El carro entró en la vieja unidad habitacional y se detuvo frente al edificio donde vivía Mariana.

Alejandro volteó a verla. Dormía profundamente.

El cielo seguía cubierto y no se sabía cuánto tiempo más duraría aquella lluvia.

Él también ajustó el asiento y se recostó.

Las ventanas aislaban casi por completo el ruido del exterior, y el sonido constante de la lluvia, parecido a un ruido blanco, hacía que fuera muy fácil relajarse.

Alejandro cerró los ojos y, sin darse cuenta, también terminó que
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  • Jugando con Fuego   Capítulo 30

    Por muy espacioso que fuera el carro, el espacio del lado del conductor seguía siendo limitado. No era para nada tan amplio como Alejandro había dicho, mucho menos más que su departamento.Mariana sabía perfectamente dónde lo había rozado hacía un momento y también se había dado cuenta de que Alejandro ya había reaccionado.Pero como ya había sucedido, solo podía fingir que no había notado nada.Intentó ignorar el calor de la palma que sentía en la cintura y, en cuanto tomó su celular, lo encendió rápidamente.De inmediato aparecieron una gran cantidad de mensajes sin leer. Mariana no les prestó atención. Abrió WhatsApp y se apresuró a agregar a Alejandro.Después de hacerlo, le recordó:—Acéptame.Alejandro solo vio en sus ojos la prisa por agregarlo. Parecía no importarle en absoluto la postura tan sugerente en la que se encontraban.Bajó la mirada y vio el mensaje que Mariana acababa de enviarle. Era su número de celular.—Mi número.Mariana pensaba que, por lo menos, debían te

  • Jugando con Fuego   Capítulo 29

    El carro entró en la vieja unidad habitacional y se detuvo frente al edificio donde vivía Mariana.Alejandro volteó a verla. Dormía profundamente.El cielo seguía cubierto y no se sabía cuánto tiempo más duraría aquella lluvia.Él también ajustó el asiento y se recostó.Las ventanas aislaban casi por completo el ruido del exterior, y el sonido constante de la lluvia, parecido a un ruido blanco, hacía que fuera muy fácil relajarse.Alejandro cerró los ojos y, sin darse cuenta, también terminó quedándose dormido.Un fuerte trueno despertó a Mariana.Miró hacia el parabrisas. La lluvia era tan intensa que apenas podía distinguirse lo que había afuera.Al darse cuenta de que todavía estaba dentro del carro, volteó de inmediato.Alejandro seguía dormido, con los ojos cerrados.No la había despertado.Mariana se quedó observando su rostro con atención.Tenía la piel muy bien cuidada, las cejas pobladas y alargadas, y la nariz alta y recta. Sus labios tenían una forma bien definida y las co

  • Jugando con Fuego   Capítulo 28

    La lluvia caía con fuerza y sin descanso, levantando una fina neblina blanca sobre el suelo.Mariana le preguntó a Alejandro:—¿Te sientes mal?Alejandro la miró.—Estoy perfectamente. ¿Tú viniste a consulta?Mariana negó con la cabeza.—No. Vine a visitar a un paciente.Alejandro no siguió preguntando.—Alejandro.Al escuchar que alguien lo llamaba, Mariana volteó.Eran Valeria y Rodrigo.Rodrigo seguía vestido de traje. Incluso en el hospital, parecía haber venido por algún asunto de trabajo, salvo por el paraguas que llevaba en la mano derecha.Valeria vestía una blusa verde y pantalones blancos. Llevaba el cabello suelto sobre los hombros, lacio y bien acomodado, y se veía fresca y delicada.De pie junto a Rodrigo, parecía darle un poco de color al lugar.Sonrió al saludar a Mariana.—Tú también estás aquí.Mariana asintió ligeramente.Valeria no hizo más preguntas y se dirigió a Alejandro:—Acabo de hablar con el director del hospital. Aceptó darle prioridad al asunto.Alejandro

  • Jugando con Fuego   Capítulo 27

    El corazón de Mariana dio un vuelco.—¿Qué le pasó a Arturo?Catalina se secó las lágrimas.—El médico dijo que lo mejor sigue siendo un trasplante de riñón. Solo así habría una posibilidad de resolver el problema de raíz.Mariana frunció el ceño.—Eso ya lo sé. El médico lo había mencionado antes.Catalina la miró con ansiedad.—Hace rato escuché que el hospital recibió un riñón de un donante. ¿Puedes preguntarle al médico si podrían asignárselo primero a Arturo?Solo entonces Mariana entendió.Catalina la había llamado con tanta urgencia no porque el estado de Arturo hubiera empeorado de repente.Sin darse cuenta, soltó un suspiro de alivio, aunque todavía sentía una opresión en el pecho.Se esforzó por contener sus emociones y explicó con calma:—Mamá, un trasplante no puede hacerse simplemente porque haya un órgano disponible. Arturo está relativamente estable por ahora. Tenemos que esperar a que haya un riñón compatible con él. Cuando le corresponda, el hospital nos avisará.Catal

  • Jugando con Fuego   Capítulo 26

    A Mariana le pagaban el sueldo diariamente.Poco después de salir del trabajo, recibió en el celular una notificación del banco informándole que acababan de hacerle un depósito.Al ver la cantidad, fue directamente al área de finanzas para preguntar:—¿No habrá un error en el cálculo?La persona encargada volvió a revisar la hoja.—No. Ernesto dejó indicado que, a partir de hoy, te aumentaran la comisión.Mariana se sorprendió.Ernesto siempre la había tratado bastante bien.Ella sabía por qué, pero no esperaba que él mismo le aumentara la comisión.Al salir del área de finanzas, se encontró con Ernesto en la planta baja.Mariana se detuvo a saludarlo.—Ernesto.Él sonrió.—¿Ya terminaste por hoy?Mariana se quedó frente a él con actitud respetuosa.—Sí. Muchas gracias.Ernesto sabía perfectamente por qué se lo agradecía y no fingió no entender.—No tienes que agradecerme. Te lo ganaste con tu propio trabajo.Mariana había averiguado cuánto pagaban otros clubes y ninguno ofrecía condic

  • Jugando con Fuego   Capítulo 25

    El departamento era tan pequeño que todavía quedaba en el aire el aroma fresco y tenue de Alejandro.Mariana salió al balcón, abrió la ventana para ventilar y, al bajar la mirada, alcanzó a ver su carro alejándose.Se quedó un momento apoyada en el barandal antes de volver al interior. Recogió la bitácora de vuelo que había quedado junto al sofá y entró a la recámara.***Alejandro iba sentado en el carro, pero seguía pensando en la expresión seria de Mariana cuando se negó a mudarse.Mientras esperaba el cambio de luz en un semáforo, volteó hacia la calle. Los edificios de departamentos de aquella zona eran bastante viejos y cerca había un mercado al aire libre. La mayoría de las personas que iban y venían eran vecinos de edad avanzada. En pleno día laboral, casi no se veía gente joven.¿Cómo podía Mariana estar acostumbrada a vivir ahí?De pronto sonó su celular.Alejandro contestó y enseguida escuchó la voz ansiosa de Ignacio.—¿Dónde demonios estás?Delante de él seguían cruzan

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