Aunque ya llevaba medio año trabajando en el club, aquel contacto todavía hizo que las palmas de Mariana se calentaran.De inmediato quiso retirar la mano, pero Alejandro la sujetó.Él levantó ligeramente la comisura de los labios. Su mirada era fría y ardiente al mismo tiempo.El rostro de Mariana también comenzó a calentarse. Intentó sacar la mano, pero él la apretó con más fuerza a propósito. Al instante, una risa baja y ambigua resonó junto a su oído.Unos segundos después, Alejandro finalmente la soltó.Mariana se acomodó rápidamente en su asiento, reguló su respiración e intentó controlar las emociones que amenazaban con desbordarse.—El señor Alejandro acaba de regresar al país. Por supuesto que tenemos que brindar con usted como se merece.Ernesto fue el primero en levantar la copa.Los demás también tomaron sus vasos y los alzaron.Alejandro permanecía sentado con las piernas cruzadas, completamente relajado. Un brazo descansaba sobre el respaldo del sofá detrás de Mariana,
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