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Nunca me imaginé que iba escribir la historia de mi vida . Y mucho menos que iba a ser tan diferente a como pensé que sería . Nunca fui un hombre que creyó en el destino , siempre pensé que uno era quien decidía todo en su vida . Que nada esta escrito . Pero hoy soy testigo que no es así .
Muchas veces creemos que ya todo en nuestra vida está hecho .Todo lo planeamos de una manera pero resulta que la vida nos sorprende y todo cambia de repente . Pero lo más increíble . Es que muchas veces la vida nos da algo mucho mejor que lo que teníamos , o al menos así fue en mi caso .Soy Kevin Collins y así empieza mi historia . Quince años atrás_Sargento Collins _ Permiso para entregar una carta para usted señor ! _ Habla el soldado Gómez . Mientras me saluda con firmeza ._Gracias soldado _ Contesto Seriamente , mientras recibo la carta .Sabía de quién era . Así que me aparte para leerla . Era de la chica que siempre había amado , desde la secundaria Sábana había sido la única chica en mi vida . Nunca me había enamorado de nadie más .Y para mí suerte , me había aceptado cinco años atrás . Nunca me había atrevido a decirle lo que sentía. Hasta que entre a la marine y me llene de valor Y en uno de mis permisos a casa le pide que fuera mi novia y ella acepto . No sé los niego fue el mejor día de todos .Sabana era linda ! tenía sus ojos azules , cabello negro y un bello cuerpo . La amaba mucho . Y estaba decidido a pedirle que fuera mi esposa al regresar a casa .Ya tenia todo planeado , dónde viviríamos , cuántos hijos tendríamos , todo ! solo falta que ella acepte .En la carta ella decia que me amaba y que estaba ansiosa por verme . Eso me hacía sonreír en medio de esta vida llena de dolor y muerte . Era lindo saber que alguien aparte de tu madre te esperaba ansiosa en casa .La vida de un marine no es fácil , solo hay estrés y situaciones que te llevan al límite . Pero cuando sabemos que alguien nos ama , eso nos da fuerza y valor .Al terminar de leer mi carta la guarde en la cajita donde guardaba todas las cartas de Sabana . Era mi tesoro . Nadie podía verla . esas cartas eran mi compañía en las largas noches de soledad, las leía una y otra vez.En ese momento de mi vida mi corazón solo tenía amor para Sabana , jamás se me pasó por la cabeza sentir amor por otra mujer. a pesar de que estaba rodeado por hombres mujeriegos yo no era así . Solo tenía ojos para una sola mujer .los meses pasaron rápidamente y cuando me di cuenta ya estaba empacando mis cosas para regresar a casa. solo faltaba que llegará el helicóptero por nosotros , había llegado el momento de reencontrarme con la vida.Había llegado el momento de volver a ver al amor , El viaje fue muy largo . Atravesar el océano no es nada rápido . Pero llegamos con bien a suelo norteamericano después de dos días de viaje .Estaba emocionado por llegar a mi pequeña ciudad en el estado de Alabama. Era una ciudad pequeña pero muy hermosa . Cuando llegue la primera en arrojarse a mis brazos fue Sabana .Estaba tan bella ! eso fue lo que pensé en ese momento . La tomé en mis brazos muy fuerte , y le di un beso con todas mis ganas .Detrás de ella estaba mamá , y mi hermana Loren . Eran mis mujeres. mi familia . Solo eran ellas , mi padre había muerto diez años atrás en combate . Él fue también un marine .Estaba tan feliz de regresar a casa que parecía que fuera navidad . Era muy emocionante . Sabana y yo nos escapamos para estar solos y así poder disfrutar de su bienvenida .Fuimos a caminar y luego a nos escapamos a mi habitación , allí hicimos el amor con tantas ganas que creo que no fue por mucho tiempo , ustedes entenderán ¿verdad ? _ Fueron muchos meses de soledad.Al día siguiente invite a Sabana a un día de campo solo los dos . Era el momento de pedirle que fuera mi esposa .Kevin ¿ cómo se te ocurrió esto ? _ jamás habíamos hecho un dia de campo _ pregunta ella sorprendida _ Mientras ponía la sabana en el campo.Queria a hacer algo diferente para los dos _ le dije yo _ mientras sacaba la comida de la canasta .Ella me miró extrañada , sabia que había algo más , y no estaba equivocada.Yo la miré y le pide que sacara un pastelillo que había traído para ella . Cuando lo saco , su rostro cambio al ver el anillo que estaba encima de el .¿ Que es esto ? _ pregunto asombrada _ Mientras miraba el anilloYo lo tome y me puse de rodillas ante ella y le pregunté un poco nervioso_¿ Quieres ser mi esposa ?_Ella me miró y sonrió emocionada . Llevando sus manos a su boca me dijo_ ¡ Si ... si quiero _Yo me sentí el hombre más feliz del mundo en ese momento . Estaba tan emocionado . Sentía que lo tenía todo .lamentablemente los días pasaron demasiado rápido y tuve que volver a la soledad. pero me iba muy feliz porque Sabana había aceptado ser mi esposa y habíamos pasado varias semanas felices llenas de amor.En todo ese tiempo que estuve en casa planeamos muchas cosas ella y yo, una vida juntos un futuro juntos. Todo estaba ya listo . Nuestra vida estaba planeada . Nos íbamos a casar solo en cinco meses . Yo volvería para entonces y seriamos marido y mujer .Pero lo que yo no me esperaba era que ese no era mi destino , en ese momento para mí era imposible pensar en una realidad muy diferente. pero ya la vida estaba lista para darme una gran sorpresa.Se abrazaron con una desesperación desesperada, como dos náufragos que logran aferrarse a la balsa de salvación en medio de la peor de las tormentas oceánicas. Canela apoyaba la cabeza en el hombro empapado de David, sollozando sin control, liberando a través de sus lágrimas todos los días de agonía, las noches de insomnio, la humillación de la huida y el vacío insoportable que la ausencia de él había dejado en su vida. David la sostenía con fuerza, hundiendo el rostro en el cabello suelto de la joven, inhalando el aroma familiar a vainilla que la tormenta no había logrado borrar. Sentía que el corazón, que creía marchito y seco, volvía a latir con una fuerza inmensa, llenándole las venas de un calor vivificante que desafiaba el frío invernal de la ciudad. —Peróname, David... por favor, perdóname por ser tan tonta, por no escucharte esa mañana, por haber ido a la casa de esa infeliz a dejar que se burlara de nosotros —decía Canela entre sollozos, apretándose más contra su pecho—
El reloj de la terminal de autobuses del pueblo marcaba las cuatro y cuarto de la mañana cuando David compró su boleto con destino a la capital. La terminal era un lugar desolado a esa hora; solo unos pocos comerciantes abrían sus puestos de café y pan, y el aire olía a humo de diésel y a tierra mojada. David subió al viejo autobús de pasajeros, acomodándose en un asiento junto a la ventana en la parte media del vehículo. Sostenía la mochila contra su pecho, como si dentro de ella llevara el talismán que le devolvería la vida. El motor del autobús arrancó con un rugido ensordecedor que hizo vibrar toda la estructura de metal. El vehículo comenzó a avanzar lentamente saliendo del pueblo, adentrándose en la autopista oscura que serpenteaba entre las montañas. David apoyó la cabeza contra el vidrio frío, mirando el paisaje exterior que apenas comenzaba a vislumbrarse con los primeros tonos grises del amanecer. No había podido dormir en toda la noche, pero no sentía cansancio. Su me
La llegada de Canela a la ciudad fue un choque cultural y emocional absoluto. El apartamento de la tía Elena estaba ubicado en un tercer piso de un edificio antiguo en un barrio residencial de clase media alta, rodeado de grandes avenidas, edificios de oficinas y un tráfico incesante que no se detenía ni un segundo. Para una joven acostumbrada al silencio del campo y al ritmo pausado del pueblo, el ruido de las bocinas, el murmullo constante de las multitudes y la velocidad con la que se movía la gente resultaban abrumadores. Elena, la hermana menor de Sol, era una mujer soltera, jefa de enfermeras en un hospital público importante. Era una persona pragmática, activa, pero dotada de una gran sensibilidad. Recibió a Canela con un enorme plato de sopa caliente y un abrazo sincero que reconfortó un poco el espíritu de la joven. —Sé que las circunstancias por las que vienes no son las mejores, mi niña —le dijo Elena esa primera noche, mientras compartían la cena—. Tu madre me contó
El amanecer del día siguiente llegó con una neblina densa que cubría los campos del pueblo, como si la naturaleza misma se uniera al ambiente de tristeza que rodeaba la casa de Canela. Eran las cinco y media de la mañana. El motor de un automóvil de alquiler roncaba suavemente frente a la entrada principal, rompiendo el silencio de la madrugada. En la cocina, Sol servía café caliente en unas tazas de porcelana, mientras Patrick terminaba de amarrar la maleta grande en el maletero del auto. El rostro del hombre reflejaba el cansancio de una noche de insomnio; las ojeras marcaban su semblante, y su actitud, usualmente enérgica, se notaba apagada. Canela bajó las escaleras lentamente. Vestía unos pantalones de mezclilla cómodos, una sudadera holgada y llevaba el cabello recogido en una coleta sencilla. No llevaba maquillaje; su rostro lucía lavado, pálido, y sus ojos reflejaban una madurez amarga que no correspondía a sus pocos años. Sostenía una pequeña mochila con sus pertenencia
En el otro extremo del pueblo, en una pequeña casa de paredes blancas y tejas de barro, David se encontraba encerrado en su habitación. El cuarto estaba en penumbras; las cortinas permanecían cerradas, impidiendo el paso de la luz del sol. David estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la base de su cama y las rodillas pegadas al pecho. Tenía la misma ropa de la noche anterior, arrugada y con el olor del sudor de la fiesta y de la desesperación. Su mente era un caos de imágenes que se repetían en un bucle tortuoso. Recordaba el momento exacto en que salió del baño, sintiéndose el hombre más afortunado del mundo por tener a Canela como novia. Recordaba la aparición repentina de Caterine, sus palabras venenosas, su mirada fría y calculadora. Y luego, el movimiento rápido y felino con el que ella lo había empujado contra la pared del pasillo. David había intentado zafarse, pero Caterine se había aferrado a su camisa con una fuerza sorprendente, estampando sus labios c
El silencio en la habitación de Canela se sentía denso, casi sólido. Las paredes, que alguna vez habían sido testigos de sus risas, de sus tardes de música y de las largas llamadas telefónicas con David, ahora parecían cerrarse sobre ella como un recordatorio constante de su desgracia. Sobre la cama matrimonial de sábanas gastadas descansaba una vieja maleta de lona azul, abierta de par en par, esperando ser llenada con los restos de una vida que Canela deseaba desesperadamente dejar atrás. Con las manos temblorosas, la joven doblaba una blusa blanca. Sus ojos, hinchados y enrojecidos por las horas de llanto ininterrumpido, fijos en la nada. Cada prenda que guardaba se sentía como un clavo más en el ataúd de sus ilusiones. Recordaba el vestido azul de la fiesta, aquel que se había puesto con tanta emoción, pensando que esa noche sería mágica. Ahora, ese vestido estaba arrugado en el fondo del armario, una reliquia maldita de la noche en que su corazón se partió en mil pedazos. —







